Año VII
La Habana

14-20 de FEBRERO
de 2009

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MARTÍ EDITOR

Develando el misterio de las noches de imprenta

M. G. Lavandero • La Habana

 
                                                                 Es la labor de imprenta misteriosa:
                                                                             Propaganda de espíritus, abiertos
                                                                        Al error que nos prueba, y a la gloria,
                                                                      Y a todo lo que brinda al alma un cielo,
                                                                  Cuando el deber con honradez se cumple,
                                                                      Cuando el amor se reproduce inmenso.

                                                                       (De noche en la imprenta, José Martí)
 

El libro es un objeto bifronte: cultural y comercial. ¿Quién lo hubiera pensado, en el siglo XIX? 

Martí, aunque no pudo dedicarse de lleno a la labor editorial, fue un editor de raza. En sus textos, concibió al libro en la dualidad que caracterizaba también su pensamiento: como eslabón cultural imprescindible en su proyecto latinoamericanista y traducido en “groseras estadísticas económicas”, esenciales para que la empresa editorial se mantuviera y pudiera concretarse su ideal educativo para la América nuestra.

Martí editor, es un título que ya se suma a la amplia gama de aristas que hoy conocemos de la obra del Maestro: periodista, poeta, ensayista, orador… Sus autores, Misael Moya ―profesor de la Universidad Central de Las Villas y editor de la revista Islas, de esa institución― y Yosbany Vidal ―graduado de Letras por la propia Universidad y editor de Ediciones Ávila―, dividieron el volumen en dos partes fundamentales: primero, se dedican varias páginas a la descripción teórica de las funciones editoriales; luego, ofrecen al lector un análisis del desempeño martiano en cada una de esas funciones.

Gestión, dirección editorial, corrección, traducción o distribución, son algunas de las facetas que se nos revelan en estas líneas, donde los cerca de 30 años que dedicó a la labor editorial se nos revelan de forma amena y acompañados de una cronología.

Con los autores de Martí editor conversó La Jiribilla, a solo minutos de su presentación en la XVIII Feria.

Ambos se desempeñan como editores y además como investigadores de la obra martiana. ¿Por cuál de las dos vías llegan al Martí editor?

Misael Moya: En primer lugar, desde hace algunos años, los colegas del Centro de Estudios Martianos me han insistido en que me ocupe de esa arista de Martí editor. Ellos, al trabajar la Edición Crítica, se han tenido que enfrentar a criterios ya definidos en el siglo XIX por el propio Martí, como todo un editor. Entonces, los especialistas se enfrentaron a la problemática de qué hacer: si respetar aquellos que fueron sus criterios o responder con criterios nuevos. Pienso que ellos han sido los primeros que tuvieron que enfrentarse al hecho de que Martí fue, entre otras muchas cosas, editor; pero, lógicamente, no han tenido el tiempo para profundizar, para cambiar sus temas de investigación y volcarse a la búsqueda de cómo Martí ejerció las distintas funciones editoriales.

Por eso, nos llegó a nosotros la sugerencia: porque trabajamos investigando temas editoriales y además temas martianos, de modo que decidimos unirlos a ambos. Luego, en la medida en que uno estudia a Martí, se percata de que el hombre tiene una arista que no se toca, por ejemplo, cuando se habla de su periodismo. Como periodista, Martí se enfrentaba a su arista editorial y el tema ha sido una ausencia en las investigaciones sobre su obra. Por todas esas vías es que llegamos al tema de Martí editor. Descubrimos, con alegría, que había mucho más de lo que pensamos sobre la práctica editorial de Martí.

¿Qué caracterizó al proceso de selección de los textos, de investigación bibliográfica? ¿Cómo definirían su metodología?

Yosbany Vidal: Nos centramos principalmente en los textos autorreferenciales de José Martí, sobre todo en su epistolario, aquellos textos de apuntes donde pudiésemos encontrar información que nos acercara al desempeño de Martí como editor y nos ilustraran sobre su visión de las distintas funciones editoriales, tal y como él las concebía en el siglo XIX. En este sentido, nos preocupaba saber cómo su visión pudiera aportar enfoques distintos a la profesión en nuestro tiempo.

Por eso, buscamos textos que nos refirieran la labor de Martí no como críticas que aludan a su desempeño, sino que demuestren su desempeño a partir de sus propias concepciones, en sus propias palabras.

¿Cuánto puede aportar la visión martiana a la edición en nuestro tiempo, teniendo en cuenta que muchas de las concepciones o metodologías hoy utilizadas no existían en el siglo XIX?

Misael: Aporta, en primer lugar, en el sentido de encontrarnos con concepciones que tienen total vigencia, aunque parezca imposible. Si estuviera vivo, Martí sería un editor de gran competencia en el ejercicio de todas las funciones editoriales. En su tiempo, fue un gran revolucionario también como editor, uno de los pioneros en plantear una literatura infantil escrita por los propios niños. En La Edad de Oro, dejó para nosotros muchas ideas nada despreciables para su tiempo. Aunque finalmente muchas de ellas fueron malogradas, sí alcanzó a dejarnos un legado impresionante: una conciencia lingüística que probablemente no encontremos en sus coetáneos, bien expresadas y algunas ya estudiadas. La importancia de esto para nosotros es esa: todo editor debe tomar partido con la lengua, los neologismos, los préstamos… y Martí tenía plena conciencia de todo eso y lo dejó claramente expresado.

En nuestro tiempo, estaría en perfectas condiciones de conducirse como editor y de hacer aportes impresionantes a la cultura desde ese campo, además de las que ya hizo.  

Yosbany: Siempre vemos a Martí volcado al tema literario, al periodismo o a la educación; pero una de las funciones editoriales en la que más se desempeñó fue en la comercialización. Esto nos permite verlo como un intelectual práctico, que sacaba cuentas matemáticas para lograr la equidad en la distribución de las revistas y para negociar con diferentes entidades. Incluso, muchas veces sacrificando lo que hoy día es la ganancia: la mayoría de las veces, Martí no obtenía ninguna ganancia, sino que esta iba hacia los distribuidores de sus textos. 

Por eso, la mirada de ver a Martí como hombre, como intelectual práctico en asuntos de comercialización, es renovadora. Descubrirla en él es ver, como ya estamos acostumbrados, síntomas de anticipación para su tiempo. Útiles y reveladoras en el nuestro.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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