Es la labor de imprenta
misteriosa:
Propaganda de espíritus,
abiertos
Al error que nos prueba, y a la
gloria,
Y a todo lo que brinda al alma
un cielo,
Cuando el deber con honradez se
cumple,
Cuando el amor se reproduce
inmenso.
(De noche en la imprenta,
José Martí)
El libro es un objeto bifronte:
cultural y comercial. ¿Quién lo
hubiera pensado, en el siglo
XIX?
Martí, aunque no pudo dedicarse
de lleno a la labor editorial,
fue un editor de raza. En sus
textos, concibió al libro en la
dualidad que caracterizaba
también su pensamiento: como
eslabón cultural imprescindible
en su proyecto
latinoamericanista y traducido
en “groseras estadísticas
económicas”, esenciales para que
la empresa editorial se
mantuviera y pudiera concretarse
su ideal educativo para la
América nuestra.
Martí editor,
es un título que ya se suma a la
amplia gama de aristas que hoy
conocemos de la obra del
Maestro: periodista, poeta,
ensayista, orador… Sus autores,
Misael Moya ―profesor de la
Universidad Central de Las
Villas y editor de la revista
Islas, de esa institución― y
Yosbany Vidal ―graduado de
Letras por la propia Universidad
y editor de Ediciones Ávila―,
dividieron el volumen en dos
partes fundamentales: primero,
se dedican varias páginas a la
descripción teórica de las
funciones editoriales; luego,
ofrecen al lector un análisis
del desempeño martiano en cada
una de esas funciones.
Gestión, dirección editorial,
corrección, traducción o
distribución, son algunas de las
facetas que se nos revelan en
estas líneas, donde los cerca de
30 años que dedicó a la labor
editorial se nos revelan de
forma amena y acompañados de una
cronología.
Con los autores de Martí
editor conversó La
Jiribilla, a solo minutos de
su presentación en la XVIII
Feria.
Ambos se desempeñan como
editores y además como
investigadores de la obra
martiana. ¿Por cuál de las dos
vías llegan al Martí editor?
Misael Moya: En primer lugar,
desde hace algunos años, los
colegas del Centro de Estudios
Martianos me han insistido en
que me ocupe de esa arista de
Martí editor. Ellos, al
trabajar la Edición Crítica, se
han tenido que enfrentar a
criterios ya definidos en el
siglo XIX por el propio Martí,
como todo un editor. Entonces,
los especialistas se enfrentaron
a la problemática de qué hacer:
si respetar aquellos que fueron
sus criterios o responder con
criterios nuevos. Pienso que
ellos han sido los primeros que
tuvieron que enfrentarse al
hecho de que Martí fue, entre
otras muchas cosas, editor;
pero, lógicamente, no han tenido
el tiempo para profundizar, para
cambiar sus temas de
investigación y volcarse a la
búsqueda de cómo Martí ejerció
las distintas funciones
editoriales.
Por eso, nos llegó a nosotros la
sugerencia: porque trabajamos
investigando temas editoriales y
además temas martianos, de modo
que decidimos unirlos a ambos.
Luego, en la medida en que uno
estudia a Martí, se percata de
que el hombre tiene una arista
que no se toca, por ejemplo,
cuando se habla de su
periodismo. Como periodista,
Martí se enfrentaba a su arista
editorial y el tema ha sido una
ausencia en las investigaciones
sobre su obra. Por todas esas
vías es que llegamos al tema de
Martí editor. Descubrimos, con
alegría, que había mucho más de
lo que pensamos sobre la
práctica editorial de Martí.
¿Qué caracterizó al proceso de
selección de los textos, de
investigación bibliográfica?
¿Cómo definirían su metodología?
Yosbany Vidal: Nos centramos
principalmente en los textos
autorreferenciales de José
Martí, sobre todo en su
epistolario, aquellos textos de
apuntes donde pudiésemos
encontrar información que nos
acercara al desempeño de Martí
como editor y nos ilustraran
sobre su visión de las distintas
funciones editoriales, tal y
como él las concebía en el siglo
XIX. En este sentido, nos
preocupaba saber cómo su visión
pudiera aportar enfoques
distintos a la profesión en
nuestro tiempo.
Por eso, buscamos textos que nos
refirieran la labor de Martí no
como críticas que aludan a su
desempeño, sino que demuestren
su desempeño a partir de sus
propias concepciones, en sus
propias palabras.
¿Cuánto puede aportar la visión
martiana a la edición en nuestro
tiempo, teniendo en cuenta que
muchas de las concepciones o
metodologías hoy utilizadas no
existían en el siglo XIX?
Misael: Aporta, en primer lugar,
en el sentido de encontrarnos
con concepciones que tienen
total vigencia, aunque parezca
imposible. Si estuviera vivo,
Martí sería un editor de gran
competencia en el ejercicio de
todas las funciones editoriales.
En su tiempo, fue un gran
revolucionario también como
editor, uno de los pioneros en
plantear una literatura infantil
escrita por los propios niños.
En La Edad de Oro, dejó
para nosotros muchas ideas nada
despreciables para su tiempo.
Aunque finalmente muchas de
ellas fueron malogradas, sí
alcanzó a dejarnos un legado
impresionante: una conciencia
lingüística que probablemente no
encontremos en sus coetáneos,
bien expresadas y algunas ya
estudiadas. La importancia de
esto para nosotros es esa: todo
editor debe tomar partido con la
lengua, los neologismos, los
préstamos… y Martí tenía plena
conciencia de todo eso y lo dejó
claramente expresado.
En nuestro tiempo, estaría en
perfectas condiciones de
conducirse como editor y de
hacer aportes impresionantes a
la cultura desde ese campo,
además de las que ya hizo.
Yosbany: Siempre vemos a Martí
volcado al tema literario, al
periodismo o a la educación;
pero una de las funciones
editoriales en la que más se
desempeñó fue en la
comercialización. Esto nos
permite verlo como un
intelectual práctico, que sacaba
cuentas matemáticas para lograr
la equidad en la distribución de
las revistas y para negociar con
diferentes entidades. Incluso,
muchas veces sacrificando lo que
hoy día es la ganancia: la
mayoría de las veces, Martí no
obtenía ninguna ganancia, sino
que esta iba hacia los
distribuidores de sus textos.
Por eso, la mirada de ver a
Martí como hombre, como
intelectual práctico en asuntos
de comercialización, es
renovadora. Descubrirla en él es
ver, como ya estamos
acostumbrados, síntomas de
anticipación para su tiempo.
Útiles y reveladoras en el
nuestro. |