Año VII
La Habana

14-20 de FEBRERO
de 2009

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El siglo poético de Virgilio

Emmanuel Tornés • La Habana

 
Es un placer presentar un nuevo libro de mi amigo y colega Virgilio López Lemus, tanto más porque él, desde hace algunos meses, está lejos de nosotros prodigando sus bondades y saberes literarios por la villa de Flaubert. Poeta, ensayista, profesor universitario e investigador del Instituto de Literatura y Lingüística, López Lemus es en la actualidad uno de los más lúcidos e informados estudiosos de la poesía cubana de todos los tiempos y de manera especial de la que configura los diversos rostros de la centuria que dejamos atrás y de esta otra que ya transitamos y cuyo ritmo acelerado parece anunciarnos premonitoriamente los versos de la era polar. Basta revisar la ya impresionante bibliografía del autor para darnos cuenta de la decisiva impronta que va dejando en torno al tema que nos ocupa en libros y revistas de Cuba, América Latina y Europa.

Ahora, por intermedio de la Editorial Oriente y de la aguzada mirada de su directiva, aparece El siglo entero (2008), un penetrante estudio de Virgilio en torno a la poesía cubana de 1900 hasta el año 2000; es decir, desde los confusos años de la continuidad modernista, del postmodernismo y lo neorromántico, hasta la poesía de nuestra posmodernidad de entre siglos.

Enmarcados entre un prefacio nada convencional y unas conclusiones que invitan a la continuidad reflexiva, los contenidos de esta obra se articulan a través de seis capítulos los cuales internamente siguen una estructura analítica de tríptico –con la excepción del primero– para caracterizar el fenómeno poético en cuestión, examen fundado en la peculiar dinámica y complejidad del género; seguidamente dialoga con el acontecer de la praxis poética en Iberoamérica y los nexos concurrentes en ambas direcciones; por último, particulariza el análisis en autores y obras.

El volumen en cuestión investiga el devenir poético en el siglo de referencia a partir de la óptica de la identidad cultural. Hasta donde sabemos, nunca antes de Virgilio se había realizado en Cuba un estudio tan amplio sobre la poesía desde esta perspectiva gnoseológica. Cintio Vitier y algunos otros analistas lo hicieron
en su positividad o negación solo en forma parcial; nuestro autor, en cambio, y a sabiendas de los riesgos que implica siempre conciliar diacronía y sincronía, lo centrípeto y lo centrífugo en materia de arte, se echó a los hombros tan ardua y extensa faena; muy pronto le agradeceremos tan ingente esfuerzo.

Ante todo porque en estas páginas el enfoque de lo identitario no se acomete de manera maniquea, más bien se avanza con un criterio que puede ser polémico o discutible en algún punto (condición indicadora de buena salud cuando de pensamiento se trata), pero que para nada deja de ser en extremo riguroso, pues se ha ido en primer lugar a las fuentes de la poesía no solo a los textos de sus comentaristas; se ha cumplido la fatigosa labor de leer o releer minuciosamente cada poemario y cientos de poemas publicados en revistas y periódicos no solo entre 1900 y el 2000, sino incluso muchos otros aparecidos previo o después de esos años. A ello debe añadirse la exhaustiva revisión de ensayos acerca de la poesía presentes en antologías, publicaciones periódicas o en libros concebidos con ese objetivo. Y, como corresponde a un legítimo especialista, también fueron consultados numerosos títulos de historia, política, cultura y sociedad como apuntan las notas al pie del libro que comentamos y la rica y actualizada bibliografía que cierra el volumen.

Por esas razones asistimos a un examen de la poesía vivo y enriquecedor. Tan diversas miras culturales, la feraz miríada de lecturas y el natural talento y experiencia indagatoria de López Lemus, le han permitido aventurar ideas novedosas o mucho más ajustadas al verdadero acontecer literario. Por ejemplo, era común ver en los estudios sobre nuestra poesía o en los discursos académicos, que los inicios del siglo XX
los de instauración de la neocolonia habían sido años estériles en la creación poética debido a la desaparición prematura de los dos autores clave del modernismo en la Isla: Casal y Martí. El investigador en cambio, sin dejar de reconocer el alcance de este suceso, niega la presencia de semejante vacío; aunque ciertamente no comparezcan figuras de la talla de los poetas mencionados. Demuestra que la poesía siguió cultivándose, readaptándose a las nuevas circunstancias, a la dispersión; no hubo, en fin, ni vacío ni discontinuidad.

Singulares son también sus ideas en relación con el posmodernismo y el papel en el lapso de Regino Boti, José Manuel Poveda y Agustín Acosta. En Cuba esta línea presenta modificaciones que no serán análogas, por ejemplo, a las de Ramón López Velarde en México. En su criterio no concurre un simple distanciamiento del modernismo clásico ni un acto de enojo ante el 98
que en mi opinión sí late arcanamente, sino una evolución de la lírica nacional.

Algo similar plantea respecto al neorromanticismo y sus aspectos renovadores; vale destacar que esta corriente trae al verso un despertar de lo erótico y un despliegue de imágenes más sinceras en la representación de lo carnal. Sin contar la novedad del léxico, el versolibrismo y el propio ritmo “moderno” del verso y el poema que aporta, por ejemplo, Regino Boti. Observa igualmente el crítico el relieve que por entonces adquiere esta poesía en el insular y cómo llega a sobrevivir a lo largo del siglo.

Al mismo tiempo Virgilio destaca el importante papel de la décima y señala cómo la poesía culta no la asimiló tanto en esos instantes, aunque cupo a Boti percatarse de su relieve, como lo confirma la publicación en 1919 de la colección La lira cubana. En tal sentido Boti no solo renueva la poesía llamada culta, sino que además difunde la popular partiendo de una clara voluntad identitaria.

Ahonda con sugerencias osadas en nuestro vanguardismo; recuerda cómo en esta etapa la lírica se universaliza e intensifica y adensa el sentir de la identidad. Se pregunta si habría que replantear el término de vanguardismo entre nosotros, dado el valor rizomático de la función estética y de lo tendencial en los autores de relevancia estética, juicio que, aunque resulta incitante, no deja de ser efectivo. Tal vez nuestro vanguardismo merezca calificarse también de tropical, camaleónico o híbrido en razón de sus fluctuaciones cromáticas. No se olvide que junto a las tres corrientes más definidas en ese tiempo: la poesía social, la negra y la pura, se manifestaron otras por el estilo de la neorromántica y la ironía sentimental. Tales cruzamientos o ambigüedades pueden percibirse, por ejemplo, en Emilio Ballagas.

De este modo vamos andando y dialogando con Virgilio por un siglo de poesía, decenios en los cuales nos sumergimos con otras tantas visiones heterodoxas como las que descubre al analizar los poetas y libros del Grupo Orígenes, y de manera especial las propuestas líricas de Lezama Lima, Virgilio Piñera y los restantes miembros de este memorable “taller renacentista” donde se indagó sobre lo cubano esencial y se reaccionó contra lo cubano epidérmico. Luego, tras su recorrido por la década del 50, explora el coloquialismo o poesía conversacional en las dos décadas siguientes; más tarde, señala los perfiles de la poesía de los 80 y el papel de la poesía de Lezama en los creadores del período. Por último, el capítulo final trata la compleja realidad de la década y su impacto en el ejercicio del género en los jóvenes de manera especial, aunque Virgilio no se permite olvidar el papel cumplido por autores de etapas precedentes que continúan escribiendo y anota las peculiaridades de esa poesía, espacio que considera en sí mismo un gesto de identidad.

Como atinadamente lo señala el propio autor, no es este un trabajo definitivo; ningún empeño de esta clase lo ha sido ayer ni lo será en el futuro; pero sus resultados sí son valiosos para entender tanto el sentido de la poesía como su manera de existir en cada momento. Aún más, nos permite conocer por medio del desciframiento de la poesía, cómo era la sensibilidad y la manera de ver la vida de los cubanos en las diversas etapas de su evolución. Al menos, esa es la agradable sensación que me deja haber acompañado a Virgilio en su recorrido por la poesía un siglo entero.

La Habana,19 de febrero de 2009.
 

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La Habana, Cuba. 2009.
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