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Con el conversatorio Retos de
la literatura infantil
latinoamericana en el siglo
XXI. En el 50 aniversario
de Casa de las Américas
abrió la última sesión del
encuentro Niños, autores
y libros. Una merienda de locos.
Enid Vian, Premio Casa de las
Américas 1979 en literatura
infantil, abordó el desafío que
constituyen para la literatura
las nuevas tecnologías. En su
opinión, el libro actual debe
ser muy atractivo para
contrarrestar el uso que de
algunos medios puede hacer el
niño en la actualidad, y el
escritor debe dar lo máximo,
hacer un libro instructivo,
entretenido, reflexivo y crítico
de la realidad. Para poder
enfrentar los retos actuales “la
lectura debe ser más
sustanciosa”, insistió.
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El escritor venezolano Armando
José Zequera —quien en 1979
compartiera el Premio Casa con
Enid Vian— observó que el gran
aporte inicial del concurso Casa
de las Américas, con su
categoría de literatura
infantil, radicó en que puso a
esta serie a la altura de lo que
muchos consideran “gran
literatura”. Cuando apareció
este concurso, en el resto de
los países la escritura para
niños y jóvenes era patrimonio
de profesores jubilados o en
ejercicio, militares retirados,
y en buena medida el Premio Casa
rompió con eso. Aún así,
sostiene el escritor venezolano,
una parte de la producción
contemporánea para niños es más
moralizante que literaria, como
si fueran libros de autoayuda;
persiste a menudo la “dictadura
del final feliz”; señorea el uso
del diminutivo, cuando en
realidad los niños ven el mundo
exactamente al contrario, todo
les parece grande; se cree que
hay temas prohibidos, mientras
lo que verdaderamente importa no
es el tema, sino que se le trate
con sabiduría. Trascender todo
esto constituye un reto. El
Premio Casa sigue contribuyendo
al premiar libros que rompen con
los estereotipos descritos,
declaró.
La también venezolana Mercedes
Franco, por su parte, habló del
Premio Casa como de un promotor
espiritual de la literatura para
todo público. A su modo de ver,
obras con las características
apuntadas por su coterráneo
desestimulan y alejan de la
literatura porque los niños
prefieren lo emocionante, lo
misterioso, lo inusual. Abogó
por el rescate de la oralidad y
por vincular así al niño con sus
orígenes. En su opinión el
escritor para niños debe
escribir más desde su infancia,
escribir lo que le gustaba leer
cuando niño.
Magaly Sánchez, presidenta de la
sección de Literatura Infantil
de la UNEAC, ha visto en el
Premio Casa, desde sus inicios,
un espaldarazo a la serie
literaria infantil y juvenil en
Cuba y Latinoamérica. El premio
se distingue por la rigurosa
selección de su jurado y, en
tanto, todo Premio Casa es un
libro ejemplar.
La presidenta del Comité
ecuatoriano del IBBY, Leonor
Prado, señaló la importancia del
apoyo de Cuba a la literatura
infantil y juvenil. En
contraste, en Ecuador apenas son
reconocidos los escritores de
esta literatura, aun cuando es
la que más se escribe, se
publica, se vende y, por tanto,
se lee. A diferencia de Mercedes
Franco, Leonor Prado opina que
el escritor para niños no debe
escribir centrándose en su
propia infancia, puesto que los
niños de hoy son distintos a los
de ayer. “Debemos tomar el mundo
para poder entregárselo a
ellos”, propuso.
El escritor y especialista en
literatura infantil chileno
Manuel Peña recalcó la necesidad
de un mejor conocimiento entre
los países latinoamericanos y lo
deseable de una biblioteca común
que pudieran leer todos los
niños del continente. En Chile
el panorama se ha vuelto más
favorable. En la actualidad,
editoriales como Alfaguara y SM
han estado apoyando la
literatura infantil, y se ha
estimulado a los autores con
premios y concursos como El
Barco de Vapor. Para 2010 se
programa el primer Congreso de
Literatura Infantil
Latinoamericano, para escritores
y editores del área.
Estrategias como estas pueden
servir para responder al reto
actual. Peña siente que es una
necesidad “tendernos las manos y
conocernos mejor”, y que ese es
uno de los valores de la Feria
Internacional del Libro que se
celebra en Cuba.
En opinión de Carlo Frabetti la
literatura infantil
latinoamericana sí es visible en
Europa, donde hasta hace un par
de décadas esta literatura
pertenecía a la iglesia o era
una prolongación del sistema
educativo o una vía de
adoctrinamiento para inculcar la
moral cristiano-burguesa. Aunque
esto persiste, en los últimos
diez o quince años se nota un
cambio y está apareciendo
literatura más crítica dirigida
a la imaginación y a la
reflexión, y en eso Cuba y
Latinoamérica en general
constituyen un referente. De
cualquier manera, hay países de
Europa donde se presta especial
atención al libro infantil,
porque es un gran negocio, y los
aspectos formativos están en
segundo plano; es un fenómeno
que debe ser observado.
Para Luis Darío Bernal la mejor
manera de vacunar al niño contra
la crisis de valores y el
bombardeo de violencia, sexo
desmedido, individualismo y
falta de amor que promueven los
medios es llenarlo de la mejor
literatura. El autor
colombo-venezolano piensa que
los niños están perdiendo su
arraigo todos los días, y que a
los escritores les corresponde
el compromiso tremendo de
cambiar el imaginario dañado por
lo peor de los medios. “Para
cambiar este mundo que está tan
mal tenemos que rescatar lo
nuestro”, concluyó.
Invitada por sorpresa a la mesa
de la merienda de locos, la
conocida especialista cubana en
literatura infantil Alga Marina
Elizagaray rindió homenaje a la
figura de Haydée Santamaría,
principal impulsora de la Casa
de las Américas, y a su hija, la
recientemente fallecida Celia
Hart. Para Alga Marina, Casa
trascenderá sus 50 años porque
sigue siendo una institución
joven, que mantiene las metas,
las ideas, la creatividad de la
juventud, y es parte de lo más
valioso del proceso
revolucionario.
Por último, el escritor cubano
José Manuel Espino, quizá la
figura más visible de estas tres
sesiones del encuentro sobre
literatura infantil, precisó que
Casa da a conocer qué es lo que
ocurre en la literatura infantil
latinoamericana, ofrece
referentes a los autores cubanos
y brinda la oportunidad de leer
lo mejor del continente.
Nuevos premios La Rosa Blanca
El Premio La Rosa Blanca —en la
actualidad comparado, por su
importancia, con un Premio de
la Crítica— surgió cuando en
1985 la sección de Literatura
Infantil de
la UNEAC
lo concibiera con el fin de
galardonar los mejores libros
publicados en el año 1984 que
mostraban el desarrollo de la
literatura infantil y juvenil en
Cuba. Desde ese momento casi
todos los años ha sido entregado
a los libros cubanos más
relevantes y también a personas
y colectivos destacados por su
quehacer con niños y jóvenes.
En esta ocasión, el jurado
—formado por Emilia Gallego
(presidenta), Ivette Vian y
Alberto Hernández— determinó la
entrega del premio en la
categoría de “mejor texto” a
Vamos todos a cantar (Casa
Editora Abril, 2007), libro de
poemas y canciones de la
trovadora Teresita Fernández; el
premio correspondiente a “mejor
ilustración” se le adjudicó a
Mi mar y yo (de Alfonso
Silva, Editorial Gente Nueva,
2007), ilustrado por Alexis
Lago; el premio integral a
“mejor texto, ilustración y
edición” a Un libro con
muchos gatos (Ediciones
Unión, 2007), antología
realizada por Enrique Pérez
Díaz, ilustrado por Alein
Somonte y editado por Thelma
Jiménez; y el de “mejor
colección” a Rehilete (minilibros),
de la editorial pinareña Cauce.
Fueron entregados premios
especiales a “tres reconocidas
figuras destacadas en varias
especialidades de la Serie
Literaria Infantil y Juvenil,
atendiendo a sus altos méritos y
notable trayectoria profesional
mantenida durante muchos años”
(acta del jurado): Ubaldo
Ceballos, pintor e ilustrador
que ha realizado su obra en la
editorial Gente Nueva y la Casa
Editora Abril, e iniciador de la
historieta cubana en los años
60; Adrián Guerra, bibliotecario
entrañable para escritores,
críticos, editores y lectores,
promotor cultural, y “custodio
de la memoria histórica
documental del Premio literario
La Rosa Blanca y la Galería de
Autores de esta serie de la
biblioteca Rubén Martínez
Villena” (acta del jurado); y
José Manuel Espino, poeta,
narrador y dramaturgo, autor de
diez libros para niños, de los
cuales nueve han recibido algún
premio, y director de un taller
literario en la provincia de
Matanzas.
Este año por primera vez el
comité cubano del IBBY, la
editorial Gente Nueva, y la
Sección de Literatura Infantil
de la UNEAC han decidido
entregar premios especiales a
autores extranjeros que han
donado los derechos de obras
suyas para hacer posible la
edición cubana de estas. Se
trató de los venezolanos Armando
José Zequera y Mercedes Franco,
el colombo-venezolano Luis Darío
Bernal, el noruego Jostein
Gaarder, el italo-español Carlo
Frabetti, la italiana Bianca
Pitzorno, y el chileno Manuel
Peña.
Según refiere el plegable
informativo sobre este premio,
firmado por la Sección de
Literatura Infantil de la UNEAC,
“Figuras de la magnitud de Dora
Alonso, Eliseo Diego, Excilia
Saldaña, fueron acreedores de
este gran reconocimiento. Se
puede decir que todos los
grandes autores de literatura
infantil cubana, aquellos
considerados ‘clásicos’
recibieron alguna vez, ya fuera
por su obra total o por algún
libro en cuestión, este galardón
[…]”. La adición de nuevos
nombres a esta lista y las
palabras de Manuel Peña,
cerraron Niños, autores y
libros. Una merienda de locos,
la oportunidad para que los
hacedores de libros infantiles
—autores, editores, promotores—
puedan poner las cartas, o los
platos, sobre la mesa de la
Feria Internacional del Libro.
Queda la invitación a continuar
el debate en el encuentro
internacional sobre literatura
infantil y juvenil a celebrarse
el próximo mes de mayo en la
ciudad de Sancti Spíritus, un
nuevo empeño por darle a esta
literatura el reconocimiento que
merece y por estimular la
crítica y la creación de esta
piedra angular de la
subjetividad humana. |