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de 2009

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Niños, autores y libros. Una merienda de locos

Platos de postre, mas no la última cena

Denise Ocampo • La Habana

 Fotos: Equipo de La Jiribilla

 
Con el conversatorio Retos de la literatura infantil latinoamericana en el siglo XXI. En el 50 aniversario de Casa de las Américas abrió la última sesión del encuentro Niños, autores y libros. Una merienda de locos.

Enid Vian, Premio Casa de las Américas 1979 en literatura infantil, abordó el desafío que constituyen para la literatura las nuevas tecnologías. En su opinión, el libro actual debe ser muy atractivo para contrarrestar el uso que de algunos medios puede hacer el niño en la actualidad, y el escritor debe dar lo máximo, hacer un libro instructivo, entretenido, reflexivo y crítico de la realidad. Para poder enfrentar los retos actuales “la lectura debe ser más sustanciosa”, insistió.

El escritor venezolano Armando José Zequera —quien en 1979 compartiera el Premio Casa con Enid Vian— observó que el gran aporte inicial del concurso Casa de las Américas, con su categoría de literatura infantil, radicó en que puso a esta serie a la altura de lo que muchos consideran “gran literatura”. Cuando apareció este concurso, en el resto de los países la escritura para niños y jóvenes era patrimonio de profesores jubilados o en ejercicio, militares retirados, y en buena medida el Premio Casa rompió con eso. Aún así, sostiene el escritor venezolano, una parte de la producción contemporánea para niños es más moralizante que literaria, como si fueran libros de autoayuda; persiste a menudo la “dictadura del final feliz”; señorea el uso del diminutivo, cuando en realidad los niños ven el mundo exactamente al contrario, todo les parece grande; se cree que hay temas prohibidos, mientras lo que verdaderamente importa no es el tema, sino que se le trate con sabiduría. Trascender todo esto constituye un reto. El Premio Casa sigue contribuyendo al premiar libros que rompen con los estereotipos descritos, declaró.

La también venezolana Mercedes Franco, por su parte, habló del Premio Casa como de un promotor espiritual de la literatura para todo público. A su modo de ver, obras con las características apuntadas por su coterráneo desestimulan y alejan de la literatura porque los niños prefieren lo emocionante, lo misterioso, lo inusual. Abogó por el rescate de la oralidad y por vincular así al niño con sus orígenes. En su opinión el escritor para niños debe escribir más desde su infancia, escribir lo que le gustaba leer cuando niño.

Magaly Sánchez, presidenta de la sección de Literatura Infantil de la UNEAC, ha visto en el Premio Casa, desde sus inicios, un espaldarazo a la serie literaria infantil y juvenil en Cuba y Latinoamérica. El premio se distingue por la rigurosa selección de su jurado y, en tanto, todo Premio Casa es un libro ejemplar.

La presidenta del Comité ecuatoriano del IBBY, Leonor Prado, señaló la importancia del apoyo de Cuba a la literatura infantil y juvenil. En contraste, en Ecuador apenas son reconocidos los escritores de esta literatura, aun cuando es la que más se escribe, se publica, se vende y, por tanto, se lee. A diferencia de Mercedes Franco, Leonor Prado opina que el escritor para niños no debe escribir centrándose en su propia infancia, puesto que los niños de hoy son distintos a los de ayer. “Debemos tomar el mundo para poder entregárselo a ellos”, propuso.

El escritor y especialista en literatura infantil chileno Manuel Peña recalcó la necesidad de un mejor conocimiento entre los países latinoamericanos y lo deseable de una biblioteca común que pudieran leer todos los niños del continente. En Chile el panorama se ha vuelto más favorable. En la actualidad, editoriales como Alfaguara y SM han estado apoyando la literatura infantil, y se ha estimulado a los autores con premios y concursos como El Barco de Vapor. Para 2010 se programa el primer Congreso de Literatura Infantil Latinoamericano, para escritores y editores del área.  Estrategias como estas pueden servir para responder al reto actual. Peña siente que es una necesidad “tendernos las manos y conocernos mejor”, y que ese es uno de los valores de la Feria Internacional del Libro que se celebra en Cuba.

En opinión de Carlo Frabetti la literatura infantil latinoamericana sí es visible en Europa, donde hasta hace un par de décadas esta literatura pertenecía a la iglesia o era una prolongación del sistema educativo o una vía de adoctrinamiento para inculcar la moral cristiano-burguesa. Aunque esto persiste, en los últimos diez o quince años se nota un cambio y está apareciendo literatura más crítica dirigida a la imaginación y a la reflexión, y en eso Cuba y Latinoamérica en general constituyen un referente. De cualquier manera, hay países de Europa donde se presta especial atención al libro infantil, porque es un gran negocio, y los aspectos formativos están en segundo plano; es un fenómeno que debe ser observado.

Para Luis Darío Bernal la mejor manera de vacunar al niño contra la crisis de valores y el bombardeo de violencia, sexo desmedido, individualismo y falta de amor que promueven los medios es llenarlo de la mejor literatura. El autor colombo-venezolano piensa que los niños están perdiendo su arraigo todos los días, y que a los escritores les corresponde el compromiso tremendo de cambiar el imaginario dañado por lo peor de los medios. “Para cambiar este mundo que está tan mal tenemos que rescatar lo nuestro”, concluyó.

Invitada por sorpresa a la mesa de la merienda de locos, la conocida especialista cubana en literatura infantil Alga Marina Elizagaray rindió homenaje a la figura de Haydée Santamaría, principal impulsora de la Casa de las Américas, y a su hija, la recientemente fallecida Celia Hart. Para Alga Marina, Casa trascenderá sus 50 años porque sigue siendo una institución joven, que mantiene las metas, las ideas, la creatividad de la juventud, y es parte de lo más valioso del proceso revolucionario.

Por último, el escritor cubano José Manuel Espino, quizá la figura más visible de estas tres sesiones del encuentro sobre literatura infantil, precisó que Casa da a conocer qué es lo que ocurre en la literatura infantil latinoamericana, ofrece referentes a los autores cubanos y brinda la oportunidad de leer lo mejor del continente. 

Nuevos premios La Rosa Blanca

El Premio La Rosa Blanca —en la actualidad comparado, por su importancia, con un Premio de la Crítica— surgió cuando en 1985 la sección de Literatura Infantil de la UNEAC lo concibiera con el fin de galardonar los mejores libros publicados en el año 1984 que mostraban el desarrollo de la literatura infantil y juvenil en Cuba. Desde ese momento casi todos los años ha sido entregado a los libros cubanos más relevantes y también a personas y colectivos destacados por su quehacer con niños y jóvenes.

En esta ocasión, el jurado —formado por Emilia Gallego (presidenta), Ivette Vian y Alberto Hernández— determinó la entrega del premio en la categoría de “mejor texto” a Vamos todos a cantar (Casa Editora Abril, 2007), libro de poemas y canciones de la trovadora Teresita Fernández; el premio correspondiente a “mejor ilustración” se le adjudicó a Mi mar y yo (de Alfonso Silva, Editorial Gente Nueva, 2007), ilustrado por Alexis Lago; el premio integral a “mejor texto, ilustración y edición” a Un libro con muchos gatos (Ediciones Unión, 2007), antología realizada por Enrique Pérez Díaz, ilustrado por Alein Somonte y editado por Thelma Jiménez; y el de “mejor colección” a Rehilete (minilibros), de la editorial pinareña Cauce.

Fueron entregados premios especiales a “tres reconocidas figuras destacadas en varias especialidades de la Serie Literaria Infantil y Juvenil, atendiendo a sus altos méritos y notable trayectoria profesional mantenida durante muchos años” (acta del jurado): Ubaldo Ceballos, pintor e ilustrador que ha realizado su obra en la editorial Gente Nueva y la Casa Editora Abril, e iniciador de la historieta cubana en los años 60; Adrián Guerra, bibliotecario entrañable para escritores, críticos, editores y lectores, promotor cultural, y “custodio de la memoria histórica documental del Premio literario La Rosa Blanca y la Galería de Autores de esta serie de la biblioteca Rubén Martínez Villena” (acta del jurado); y José Manuel Espino, poeta, narrador y dramaturgo, autor de diez libros para niños, de los cuales nueve han recibido algún premio, y director de un taller literario en la provincia de Matanzas.

Este año por primera vez el comité cubano del IBBY, la editorial Gente Nueva, y la Sección de Literatura Infantil de la UNEAC han decidido entregar premios especiales a autores extranjeros que han donado los derechos de obras suyas para hacer posible la edición cubana de estas. Se trató de los venezolanos Armando José Zequera y Mercedes Franco, el colombo-venezolano Luis Darío Bernal, el noruego Jostein Gaarder, el italo-español Carlo Frabetti, la italiana Bianca Pitzorno, y el chileno Manuel Peña.

Según refiere el plegable informativo sobre este premio, firmado por la Sección de Literatura Infantil de la UNEAC, “Figuras de la magnitud de Dora Alonso, Eliseo Diego, Excilia Saldaña, fueron acreedores de este gran reconocimiento. Se puede decir que todos los grandes autores de literatura infantil cubana, aquellos considerados ‘clásicos’ recibieron alguna vez, ya fuera por su obra total o por algún libro en cuestión, este galardón […]”. La adición de nuevos nombres a esta lista y las palabras de Manuel Peña, cerraron Niños, autores y libros. Una merienda de locos, la oportunidad para que los hacedores de libros infantiles —autores, editores, promotores— puedan poner las cartas, o los platos, sobre la mesa de la Feria Internacional del Libro. Queda la invitación a continuar el debate en el encuentro internacional sobre literatura infantil y juvenil a celebrarse el próximo mes de mayo en la ciudad de Sancti Spíritus, un nuevo empeño por darle a esta literatura el reconocimiento que merece y por estimular la crítica y la creación de esta piedra angular de la subjetividad humana.

 

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