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El Centro Cubano de
Investigación Cultural Juan
Marinello otorgó al profesor
camagüeyano Luis Eduardo Álvarez
Álvarez el Premio Nacional de
Investigación Cultural 2008, por
su dedicación al trabajo
científico en este campo, y por
su labor docente y orientadora
en la formación de las nuevas
generaciones de investigadores.
Fernando Rojas, Viceministro de
Cultura, destacó la obra de
Álvarez como historiador en
Camagüey, cuyo centro histórico
fue declarado recientemente por
la UNESCO Patrimonio Cultual de
la Humanidad. “Mucho de lo que
sabemos de esta provincia se lo
debemos a él” afirmó.
El jurado de este galardón
estuvo compuesto por Graziella
Pogolotti, Eduardo Torres
Cuevas, Araceli García Carranza,
Yolanda Wood y Fernando Martínez
Heredia, todas relevantes
figuras de las Ciencias Sociales
en Cuba.
En sus palabras de
agradecimiento, Álvarez
destacó la importancia
de la investigación de la
cultura patria en la
preservación de la libertad y la
identidad colectiva de la
nación. Para él, la obra de
quienes se dedican a esta
“profesión de sacrificio” debe
estar signada por dos máximas
martianas: “ser bueno es el
único modo de ser dichoso” y
“ser culto es el único modo de
ser libre”.
En la ceremonia de entrega del
premio, que se llevó a cabo en
la sala Alejo Carpentier de la
Fortaleza de San Carlos de La
Cabaña, sede principal de la
Feria Internacional del Libro,
también se presentó el último
título de Álvarez Visión
martiana de la cultura,
escrito junto a su compañera
sentimental Olga García Yero.
El título, obra de la Editorial
Ácana de Camagüey, extrae del
conjunto de la obra martiana sus
reflexiones sobre la cultura, y
nos revela a un Martí
profundamente contemporáneo y
conocedor de los temas
antropológicos. El investigador
Pedro Pablo Rodríguez, opinó que
este libro ayuda a comprender
que el concepto de cultura del
Apóstol no se limita al arte y
la literatura, sino que en él
“están presentes los conceptos
de justicia social y equidad
entre los hombres”.
Rodríguez dijo que el trabajo de
Álvarez y Yero fue
extremadamente complejo, porque
Martí no dejo libros que
agruparan sus campos de estudio.
Ello obligó a los autores a
sostener sus puntos de vista en
el análisis del propio
pensamiento del Apóstol. Este
texto “hay que situarlo entre
los más importantes escritos
sobre este tema en los últimos
años”, concluyó. |