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Celebro, con el privilegio de
ser parte de la genial idea de
esta colección por el
aniversario 50 del triunfo de la
Revolución. Felicidades a todos
aquellos, agrupados en el
Instituto del Libro, que
concibieron la idea, le dieron
forma y hoy nos la presentan en
esta Fortaleza del Libro.
En particular mi más ferviente
reconocimiento a Ana María Díaz
Canal, Cecilia Valdés Ponciano,
Mónica Cammanaro, Axel
Rodríguez, Maritza Vázquez y
Jorge Méndez, directora y otros
profesionales encargados de la
edición, diseño, corrección,
cubierta y composición de este
libro, bajo el rótulo de la
Editorial José Martí.
Aún con el trabajo pretérito que
supone tiene un libro que
compendia tantos
acontecimientos, hechos y
cifras, para mí ha sido muy
fácil hacerlo. Como sabiamente
ha dicho Ambrosio Fornet, al
referirse a la colección de 17
volúmenes, “estas son páginas
salvadas de una heroica y
dramática biografía colectiva en
el que cada uno no tardará en
reconocer su propio rostro”. Yo,
como seguramente se consideran
muchos de los aquí presentes,
soy una humilde protagonista de
esta gigante obra, que al decir
de Fidel es más grande que
nosotros mismos. Este libro es
una fehaciente demostración de
que nada cuanto ha hecho Cuba ha
sido sobre un jardín de rosas.
Es también una respuesta a
aquellas versiones
malintencionada que colocan a
Cuba en 1959 en una posición de
ventaja con respecto a muchos
países de América Latina,
pretendiendo quitarle valor al
proceso revolucionario.
Solo quiero apuntar al respecto
que en estas páginas hay cifras
de la época que competían con
las de Haití, en términos de
mendicidad, desnutrición,
desempleo, sin contar el grado
de dependencia económica extrema
al gran vecino del norte.
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Podría añadir muchos ejemplos,
pero vale recordar que fue a
Cuba donde primero se implantó
la trata negrera, donde primero
se implantó una enmienda
constitucional con el derecho de
intervención a perpetuidad y una
vergonzosa base naval que
todavía está ahí, intervención
que le arrebató a los mambises
la victoria ganada frente al
ejército español, y le permitió
a EE.UU. ejercer un dominio casi
absoluto sobre los recursos y la
economía del país; es aquí
también donde primero se
implantó un bloqueo económico, a
través del cual diez
administraciones de EE.UU. han
cometido contra Cuba un
verdadero genocidio; y ha sido
también por añadidura, donde por
primera vez, el Congreso de
EE.UU. aprueba una Ley, la Helms
Burton netamente injerencista y
extraterritorial y que elevó a
categoría de política de Estado
la guerra contra este país,
catapultando el bloqueo a todo
el orbe.
Se refleja igualmente en estas
páginas, que este es un país
carente de recursos naturales,
que ha vivido, durante siglos de
la caña de azúcar, y sin
embargo, hoy clasifica como una
economía del conocimiento, y que
muchos países del mundo, se
sirven del talento de sus
hombres y mujeres. Ahí está la
sabiduría de la Revolución, y a
no dudar tiene su génesis en la
campaña de Alfabetización, que
en breve cumplirá también a su
medio siglo de realización. Y es
que la Revolución Cubana ha sido
un proceso muy coherente y
siempre ha tenido como centro la
emancipación y el mejoramiento
humano.
En este medio siglo Cuba ha
resistido, no ha hecho
concesiones de principios, y va
emergiendo del período especial,
a contrapelo de mil obstáculos,
y si bien hemos sobrevivido a
tan dura y brutal prueba,
algunas heridas tenemos que
restañar de males que lastran a
nuestra sociedad y a nuestra
economía. Sigo, como muchos, el
descalabro económico en EE.UU.,
una crisis que va extendiendo
sus tentáculos y estrangulando
las pequeñas y grandes
economías, y sobre todo
asfixiando a los trabajadores y
a las clases pobres. Esa es una
gran amenaza que se cierne
también sobre Cuba, y nos
indica, cuán grande y difícil
será la contienda, pero crece
cada día más el ejército que nos
acompaña en esta batalla por la
vida, que en esta parte del
hemisferio se traduce en la gran
integración latinoamericana, con
Venezuela y el presidente Chávez
al frente.
Una sola cosa para terminar,
aunque para mí la más
importante. Es estilo, y he
seguido a quienes me han
antecedido en este arte de
ordenar palabras e ideas, de
dedicar a alguien nuestra
modesta obra, a mi hijo, por el
ejemplo que le queremos
transmitir, a familiares y
amigos muy entrañables. Pero por
sobre todos, y es la primera
línea de este libro: A Fidel, en
su trinchera fecunda". |