Año VII
La Habana

14-20 de FEBRERO
de 2009

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ASÍ ES FIDEL, DE Luis Báez

 Notas para la presentación

Aurelio Alonso • La Habana
 Fotos: Equipo de La Jiribilla

 
I

No cabe duda de que la consistencia y la brillantez de la labor periodística de Luis Báez es excepcional. Prácticamente una dedicación tan cincuentenaria como la revolución vivida hasta hoy por nuestro pueblo y bajo el liderazgo de Fidel. Luis Báez ha tenido la suerte de conocer muy de cerca al jefe revolucionario cubano, de disfrutar de su estimación y de su respeto como periodista y de acompañarle en numerosas misiones internacionales. Su talento, su “garra”, como se suele decir, se destacó desde temprano en los años 60, y desde sus primeras experiencias hasta hoy ha sido una constante, que hace de su nombre uno de los de mayor relieve en el periodismo político cubano de la Revolución.
 


II

Existe un libro dentro del trayecto de la obra de Luisito (creo que por Luisito le conocemos todos) que se convirtió, a mi juicio, en un hito particularmente importante en su producción profesional. Cuando vio la luz Secretos de generales en 1996, ya había publicado cuatro títulos, entre ellos Los que se fueron y Los que se quedaron, que gozaron de una extraordinaria acogida en el público cubano. Todavía se me acercan personas hoy preguntándome como conseguirlos. Pero Secretos... tiene el singular encanto de mostrar la realidad cubana, su historia reciente y su presente, a través de unas voces protagónicas que raramente se expresan. No recuerdo a quién escuché decir “los generales no están para hablar... “, en ninguna geografía y en ningún tiempo.

III

Estimo que lo novedoso de este reportaje radica precisamente ahí. En que los Secretos... no contienen secreto, porque de los generales no se esperaba que violaran secreto alguno, ni ellos iban a hacerla, sino por lo desacostrumbrado de que aceptaran hacer públicas sus experiencias, y esto proporcionaba al lector ese encuentro verdaderamente inédito. Considero que se abrió una etapa de madurez, la cual se expresa en la maestría exploratoria lograda en el periodismo de Luis Báez, al poner a hablar a los que no hablan haciendo públicos secretos que no son secretos. A partir de aquí se incrementan las entrevistas in extenso a figuras relevantes del proceso revolucionario; creo que los recuentos de vida, totales y parciales, tuvieron su primera expresión en sus Conversaciones con Juan Marinello. Desde entonces el abanico de sus técnicas de exposición se pule y enriquece mayormente en el testimonio humano que en el reportaje de acontecimientos de dimensiones épicas o similares, dominante en sus primeras obras.

IV

El libro que hoy presentamos no es el resultado de una entrevista, sino la recopilación de 485 testimonios, en forma de relatos anecdóticos breves, cuya virtud radica menos en la experiencia del entrevistado que en la presencia de Fidel en su memoria: la conformación de una visión de Fidel a través de los recuerdos de otros. Los miembros de las generaciones vivas que hemos atravesado estos años de historia más o menos cerca, o que hemos podido acercarnos alguna vez, como para intercambiar unas palabras o para escucharle en un plano más íntimo y no ante una pantalla de TV.

V

En la casi totalidad de los casos, testimonios directos, originales, solicitados por el entrevistador. La originalidad testimonial constituye uno de los méritos singulares de la obra. Los testimoniantes son figuras de distinto rango en la vida política y administrativa del país, de medios culturales y académicos, de la prensa, del deporte. Militares no hay tantos, tal vez porque ya contaron sus secretos en otra obra.

VI

El segundo de los grandes méritos es el efecto de diversidad obtenido en los testimonios y preservado en la edición. Muchos de ellos narran algún momento trascendente del proceso revolucionario, el cual el testimoniante vivió y del cual posee un recuerdo latente, a veces protagónico junto al líder. A veces recuerda cómo Fidel lo elogió o criticó, o cómo se manifestó ante alguna coyuntura, o cómo arribó a una decisión. Otros más numerosos registran momentos en los cuales se sintieron impactados en la intimidad por la agudeza del ingenio, o de la memoria, o la perspicacia, o la generosidad, o el sentido humano de Fidel. El trazado de los rasgos de la personalidad de Fidel Castro, su modo de conducir, de ejercer la autoridad, se nos revela a través de una especie de collage, felizmente desordenado (afortunadamente su orden es solo el alfabético) que incentiva la lectura desde las motivaciones, o las inclinaciones, de cada lector. Y digo felizmente porque no le impone ordenamiento a nuestra mirada, sino que nos transmite solo vivencias y facilita una grata espontaneidad al acercamiento personal del que lo lee a la construcción propia de su imagen.


VII

Quiero terminar esta presentación con una opinión, quizá atrevida, y es que la historia ha convertido ya a Fidel Castro en un género literario en sí mismo. Dio lugar primero a textos testimoniales hacia los 60, afines o críticos a su presencia. A medida en que se hicieron perceptibles regularidades y concepciones detrás de la estricta coyuntura cobró fuerza la ensayística, lo politológico. La entrevista que desde los 60 Lee Lockwood, J. Daniel, B. Walters y otros subrayaron, cobró bríos después de Betto, Borges, Mina y Ramonet. Luisito nos aporta ahora el recuento testimonial sobre la figura de cara a su testimonio directo. Pienso que todas estas formas de aproximación son legítimas y están llamadas a dejar un aporte imperecedero para el estudio de la figura política que irradia con mayor impacto la segunda mitad del siglo que concluyó.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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