Año VII
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de 2009

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La verdadera Cuba de los 50

Carina Pino Santos • La Habana

Fotos: Equipo de La Jiribilla


“Este libro es un testimonio histórico y 
 fuente de primer orden para la historia social republicana”

Jorge Ibarra

Los años 50. En una Cuba que algunos añoran, otros no quieren ni recordar y los más desconocen aparece ahora en su segunda edición, nuevamente por la Editorial Arte y Literatura, a menos de una década de su primera edición y como uno de los títulos de la colección que hoy se presenta  identificada  como  50 Aniversario del Triunfo de la Revolución del Instituto Cubano del Libro.

Y es precisamente a Jorge Ibarra, homenajeado por esta, nuestra XVIII Feria Internacional del Libro de La Habana, a quien se debió el proyecto inicial de esta obra de Oscar Pino Santos,  sin su inapreciable iniciativa que además  incluyó “las primeras discusiones sobre cuáles trabajos seleccionar”, según escribiera el autor  en la primera página de Agradecimientos del libro, “este libro nunca habría visto la luz” y no podríamos tenerlo quizá en este perfil dedicado al medio siglo de nuestro bregar.

Un perfil de colección de alta eficiencia bibliográfica para nuestra memoria histórica, según subrayara Ambrosio Fornet, en la primigenia presentación general de los títulos que la integran, que nos da la posibilidad, expresó el editor y crítico literario, del “acceso inmediato al material o los datos que necesitamos y que de pronto se hallan fuera del alcance de nuestra memoria”, porque, sin estos 16 volúmenes, se preguntaba Fornet y nos preguntaríamos, entre otras páginas necesarias de consulta: ¿Dónde rayos habremos puesto aquel recorte del artículo de Pino Santos sobre el desempleo en Cuba en los años 50, o aquella tabla sobre los censos del siglo pasado?”

La alusión de Fornet apunta sobre los aportes que con especificidad señala Ibarra, en su “Prólogo” al libro de selección de reportajes y artículos para la revista Carteles, de Oscar Pino Santos: la influencia de sus escritos en la toma de conciencia revolucionaria en los medios universitarios y revolucionarios en los años 50, el enfoque marxista destilado, en un mensaje capaz de alcanzar a amplios sectores de la población y sin que la dirección de la revista lo percibiese en el contexto de la dictadura, asimismo resalta cómo sin emplear las categorías marxistas, el autor denunció los males de la República y en general del dominio imperialista de nuestra Isla en artículos que  develan la restricción azucarera, el sistema arancelario y fiscal, la deforestación, el latifundismo, los tratados de Reciprocidad Comercial firmados con EE.UU., y por tanto, la exclusión de las grandes mayorías populares de los supuestos beneficios y la crisis económica permanente, resultado de investigaciones del entonces periodista, y que fueron  descubiertos  mediante el lenguaje ameno y accesible que le caracterizó y con el que Pino Santos escribía sus reportajes para Carteles y Bohemia.

Aquella Cuba de los 50, vista con nostalgia dorada por algunos fuera de la Isla, “sin mayores problemas socioecónómicos puntualiza Oscar Pino Santos, en la “Introducción” de su libro—, cada vez más próspera y a la vanguardia del desarrollo en América Latina”  es negada contundentemente en el despliegue de estos, sus mejores reportajes de Carteles, cuando era un joven y avezado reportero, que respaldaba sus trabajos, según sus propias palabras, “con una investigación exhaustiva, una documentación o despliegue de evidencias irrebatibles y, muy singularmente, una exposición literaria cuidadosa”. Todo ello para reflejar la realidad de una isla que evidenciaba su crisis económica y la disminución del nivel de vida de las clases trabajadoras y de la clase media.

Aún más, si  el lector era lo suficientemente hábil para entrever en la lectura de las líneas de los trabajos de Pino Santos y podía llegar a la conclusión, según esclarece Ibarra, del “proceso catastrófico al que estaba abocada la República en la década de 1950”.

Uno de estos reportajes publicados en Carteles por Pino Santos, por ejemplo, y que se hallan en esta selección fue una contundente acusación del proyecto de dividir la Isla en dos, llamado Canal Vía-Cuba y fue esencial en la movilización de la opinión pública contra este hecho que no se consumó, dadas las protestas contra la dictadura que prometía realizar esto de acuerdo con los intereses norteamericanos.

Pino Santos, en la “Introducción” a Los años cincuenta subraya que, además de reflejar los hechos en vivo de la realidad del país “con datos y testimonios tan abrumadores como infalsificables”, estos trabajos suyos ofrecían la verdad de la “Cuba del capitalismo dependiente y subdesarrollado con su secuela de deformaciones económicas, estructurales, desigualdad social, desempleo en gran escala, analfabetismo y pobreza aquí y allá apabullantes…”

Mas no solo apunta el autor a la validez conceptual de sus propios textos y como respuesta a una tendencia inconsecuente de valoración de aquella última década capitalista en Cuba, sino también recuerda la calidad tipográfica y el diseño de Carteles y las excelentes fotos de alguien que se iniciaba en los azares del fotorreporterismo: su colega de aventuras periodísticas, el gran fotógrafo y Premio Nacional de Artes Plásticas, Raúl Corrales. Ambos, mochilas al hombro, el entonces joven periodista Pino Santos, con su libreta de notas y el no menos jovial colega con su vieja Leyka, no podían ni imaginar, entonces, que aquellos viajes al pie de la Sierra Maestra, por montañas, por los cayos del sur camagüeyano, o los pantanos de la Ciénaga de Zapata, entre otras zonas, dejarían un “testimonio histórico”, recuerda Ibarra en el “Prólogo” que es “también un testimonio de gratitud, pues nuestra toma de conciencia revolucionaria estuvo vinculada en más de un sentido a la lectura de los escritos de Pino Santos”.

Corrales, quien fue su colega y amigo durante toda la vida, contribuyó a su tarea periodística de manera trascendente ―según escribe Oscar en la introducción al libro “gracias a su poderoso instinto capaz de traducir la tarea de fotorreportero en un ejercicio de arte”. Y fue esencialmente también ese equilibrio, necesario en el periodismo, entre texto e imagen, el que hizo posible el alto impacto de esta sección de Carteles en su época.

Tanto las contribuciones de Pino Santos al periodismo de la época como las de Corrales a la historia de nuestra fotografía aún abren caminos a la investigación del periodismo y su incidencia en la vanguardia política de aquellos años, y según plantea Ibarra en el libro, están demandando búsquedas y enfoques contemporáneos que enriquezcan estos aportes.

Los años 50, selección de reportajes de la revista Carteles (realizados entre los años 1954-1958) que hoy vuelven a ver los lectores es, sin duda, una segunda edición  que me aventuro a asegurar, Oscar Pino Santos valoraría, principalmente por ser incluida como parte integrante de los 16 libros de la colección que homenajea el cincuentenario de nuestra Revolución Cubana: obra cimera a la que estuvo dedicada el pensamiento del autor y su propia vida.

A la Editorial Arte y Literatura, a su equipo de editores, a su directora y al joven diseñador Axel Rodríguez, debe agradecerse el cuidado de una edición que ha sido perfeccionada para el público lector cubano.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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