Año VII
La Habana

14-20 de FEBRERO
de 2009

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Niños, autores y libros. Una merienda de locos

Nuevos platos y platos rotos

Denise Ocampo • La Habana
 Fotos: Equipo de La Jiribilla

 
Un panel de escritores latinoamericanos abrió lo que José Manuel Espino denominó “segundo round” de la Merienda de Locos, con la presentación de los títulos que ponen, en esta Feria, a disposición de los niños y jóvenes cubanos. Compareció nuevamente Manuel Peña, escritor y estudioso de la literatura infantil, de Chile, Mercedes Franco, de Venezuela, y un singular personaje, Luis Darío Bernal, introducido como de Colombia y Venezuela.
 

Un niño no crece bajo una campana de cristal

El conversatorio “La literatura infantil en tiempos de reguetón” comenzó con la actuación del coro infantil Solfa, con el tradicional “Carpintero (que ahora vas a trabajar)” y “Zumba”, una canción que alienta la batalla contra el mosquito, tan ingeniosa y original que demuestra que es posible con talento salvar un tema manido (sorpresa uno), a ritmo de ¡reguetón!!!!!!!!!!!!!!!!!! (sorpresa dos).

Ana María Ojeda, asesora musical de la división para niños y jóvenes del ICRT, definió el reguetón como un género demasiado simple, posible de componer por amateurs masivamente, y que aún así desconcierta más por las letras, pletóricas de vulgaridad. Admitió que el reguetón es uno de los géneros musicales que más ha atraído a los niños, por lo contagioso y lo generalizado, y que por esto estrategias como la de “Zumba” —un reguetón de nuevo tipo, adecuado, correcto, educativo— pueden ser utilizadas constructivamente como alternativas. No obstante, la imposibilidad de controlar la música que se escucha en las casas, los centros de recreación y las escuelas, junto a una mediana ausencia de la canción infantil en la discografía, ponen al reguetón para adultos en situación ventajosa.

El reguetón no va a desaparecer a corto plazo, apuntó Alain García de los Santos, director por tres años del programa televisivo musical infantil Alánimo, y explicó la escasez de canciones y videos clip infantiles para difundir en los programas para niños y lograr así que este público consuma música más interesante. Mientras que en el pasado festival Cubadisco se presentaron siete CD de música infantil, no hay videos que acompañen los temas.

Mayán Ávila, musicóloga y directora de la Schola Cantorum Coralina aseveró: “No podemos luchar contra el reguetón”. Muchas personas que censuran el reguetón no lo conocen, no lo han bailado ni lo han visto bailar. “Nos hemos encasillado en que es agresivo”, y hay algunos que “sin ser un producto intelectual se pueden escuchar […]. Ir contra el reguetón está mal […] los errados somos nosotros”. Y comentó la desprovisión actual de ofertas musicales para niños, “Barquito de papel era de nosotros, no de ellos […] ellos consumen lo de los grandes”, cuando se sabe que el niño del presente se diferencia del niño del pasado. Para Mayán Ávila no todo en este género tan popular y extendido también entre los niños —mal que nos pese— es desechable; existe un área aprovechable en el reguetón, como lo demuestra “Zumba”.

“No es el género lo que define la calidad”, sostuvo Olga Marta Pérez, autora y editora, quien se declaró “consumidora empedernida de música infantil”. “Lo importante es que el niño pueda consumir una obra de calidad, más simple o menos simple, pero con vuelo poético […] que los niños sean partícipes de una obra que los deje marcados, que puedan recordar con alegría”.

El debate osciló entre el rechazo radical al reguetón y consideraciones sobre el reguetón atentamente conducido como estrategia para acercar a los niños y jóvenes a lo que se reconoce como correcto, y desviarle del vulgar reguetón tradicional, una especie de si-no-puedes-con-tu-enemigo-únete-a-él.

Muy interesantes resultaron los comentarios de José Juan Ortiz, representante en Cuba de la UNICEF. En su opinión el reguetón es una manifestación cultural y como tal merece protección. Se le rechaza y al mismo tiempo se acepta el bolero, que tiene letras “machistas y deleznables”. “Siempre hablamos para los niños, no con los niños. Si a ellos les gusta, ¿por qué no?” Sugirió que la propia simplicidad del reguetón pudiera funcionar como motivador para introducir a los niños pequeños en la música, en tanto los niños podrían aprender creando ritmos sencillos. “No caigamos en el error de hacer al reguetón lo que al rock’n’roll. Cuidado con los estereotipos”.

En sentido general, tanto ponentes como otros participantes acusaron la escasez de música para niños en los medios, y la consiguiente reacción infantil de satisfacer esa carencia en la música para adultos. Cierto que existen los excelentes video clip de Liuba María Hevia, pero son solo tres, y el único productor de video clip para niños es el ICAIC, con grabaciones de archivo y dibujos animados. Una compositora cubana excelente, Rita del Prado, no tiene discografía en el país, excepto algún viejo cassette. Las causas parecen hallarse en eso que las ciencias sociales reconocen como economía de la cultura, y son por eso difíciles de solucionar; en la sociedad se expresan inevitablemente las consecuencias. Justo por eso, es posible asentir ante la frase de José Manuel Espino, “No creo que un niño crezca en una campana de cristal”. Hay que encontrar opciones. Fue una discusión incontenida y prolongada, obviamente inapresable en estas pocas líneas.

… y lo que ve el público es solo la pantalla

El debate acerca de la música infantil, y especialmente sobre el reguetón, acaparó atención y tiempo, y esto conspiró en cierta medida contra la siguiente temática a analizar: la televisión en tiempo de culebrones, pero también esta evidencia de lo candente de un fenómeno que genera más incertidumbre y malestares que respuestas preparó los ánimos del público y afinó el sentido crítico y la precisión de los próximos oradores.

La televisión y la radio son, según investigaciones del Centro de Investigaciones Sociológicas del ICRT y del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, las prácticas culturales más importantes de la población cubana, apuntó Tania Licea, antigua especialista del ICRT y hoy de la UNICEF. Siendo estos medios los que ocupan el lugar más alto en la escala del consumo cultural en nuestro país, cualquier estudio de la cultura en Cuba debe poner a la televisión en el centro del debate, subrayó. Al analizar este medio, habrá elementos que siempre será necesario tener en cuenta; algunos de ellos: Las particularidades de la TV, de modo que trasladar desde otros géneros no sea un acto mecánico. Los niños tienen diferentes géneros, edades, niveles socioeconómicos, territoriales, etc. Es necesaria una complementación de los espacios, puesto que en ocasiones solo se mira con una perspectiva, y la cultura es una red que demanda una visión más integral. Existe el peligro del sobredimensionamiento de la TV como fenómeno, cuando a veces se le adjudican problemas cuya solución no está a su alcance o a su nivel. Aunque pensemos que los programas de nuestra propia infancia nos ponían en contacto con lo mejor de la cultura, la nostalgia trae el riesgo de la inmovilidad, y todos los programas de ayer no interesarían a los niños de hoy. El trabajo necesita coherencia, pero también una sostenibilidad que garantice su duración. Es preciso que haya participación de la niñez y la adolescencia; es aconsejable trabajar con ellos, no solo para ellos, rompiendo modelos donde predomine la verticalidad.

“Elogiamos la intención, pero el público no ve la intención, ve la pantalla”, afirmó por su parte Vicente González Castro, estudioso y director de televisión y profesor del Instituto Superior de Arte, comentando sobre la escasez de recursos, y señaló la importancia de una convergencia de las diferentes instituciones. Asimismo, enumeró una serie de cuestiones y dificultades. Se hace pertinente un estudio de mercado para determinar qué hace falta en cada espacio o a cada público; por ejemplo, las edades entre los siete y los once años y los pequeños en edad temprana padecen los efectos de estar en la tierra de nadie de la programación. En general, los programas muestran homogeneidad de factura, guiones, estilos y públicos.

A nivel mundial las nuevas tecnologías de la información han eliminado los límites para los niños, en tanto facilitan el acceso a todo tipo de discursos no siempre adecuado. La TV ofrece mensajes impalpables y fugaces, y esto genera en los niños una pérdida de capacidad para reflexionar y borra la memoria, pues cada mensaje anula el anterior; se vive en lo inminente. A la par de que la animación en 3D ha difuminado la frontera entre la realidad y la ficción, muchas producciones hacen reconstrucciones históricas y no hacen la advertencia, de modo que los niños confunden las recreaciones con la vida.

No hay consistencia entre la ética y la estética de los programas. Los horarios para niños y para adultos no son siempre respetados. Muchos programas no fomentan la libertad de pensamiento, al presentar niños que repiten textos aprendidos que no los reflejan a ellos sino a los adultos. Hay exagerada politización en muchas canciones infantiles. En el mundo actual la escuela es cada vez más incompetente ante la TV, y esta última, sugirió, en el contexto de problemas sociales, familiares y educacionales, tiene el papel de “tirar el salvavidas social”. Existen guiones para niños, que resultan vacíos, cuando lo que se necesita es que el receptor aprenda; usando diminutivos no se garantiza un programa infantil. “Mientras más culto es el niño, menos ve televisión”, concluyó.

Elsa Hernández, antes perteneciente al ICRT y actualmente teatrista, confesó: “Ahora que trabajo con niños me sorprendo; no conocemos al niño”, y esbozó algunos elementos sobre la literatura adaptada para la TV. Preguntó Emila Gallego, presidenta del Comité cubano del IBBY: ¿De qué niño hablamos? ¿Del que queremos que sea? ¿Del que idealizamos? “Hay que buscar las causas de las cosas”, reclamó, e hizo un llamado a determinar las razones por las cuales emergen violencias como las del reguetón y la telenovela. Soledad Cruz, periodista, escritora y miembro de la Sección de Literatura de la UNEAC, cerró brevemente calificando el encuentro como una provocación sobre temas que habría que profundizar.

¿Conclusiones?

El contrarreloj de la presentación de las colecciones para jóvenes Veintiuno y Ámbar, de la Editorial Gente Nueva, como conclusión de la sesión de este martes, evidencia lo necesario de más horas para el debate y de espacios más adecuados para el análisis de estos temas. De hecho, los conversatorios “La literatura infantil en tiempos de reguetón” y “La literatura infantil en tiempos de culebrón” en poco tocaron la literatura, más bien quedaron atrapadas en temas neurálgicos relacionados con la recepción de la música y la TV como fenómeno social. Si bien la celebración de este sexto encuentro Una merienda de locos en la sala Alejo Carpentier de la sede de La Cabaña, a diferencia de otros anteriores en una sala pequeña y menos visible de la Feria del Libro, se puede interpretar, como apuntara Tania Licea, como un paso adelante en la aceptación de ese conjunto otro que a menudo resultan ser quienes orientan su trabajo a los niños y jóvenes, la emotividad, la intensidad, lo agudo y por momentos doloroso de las intervenciones demuestran que hay mucho que decir, y que es angustiosamente impostergable.

Merienda por venir
 

Para este miércoles se anuncia el conversatorio Retos de la literatura infantil latinoamericana en el siglo XXI. En el 50 aniversario de Casa de las Américas, con autores cubanos y extranjeros ganadores y jurados del Premio Casa de las Américas, presentaciones sobre literatura infantil y juvenil en Galicia, y acerca del álbum infantil ilustrado y su aplicación didáctica; y la entrega del Premio Anual La Rosa Blanca 2008, por la sección de literatura infantil de la UNEAC, esta vez además con un premio especial para  escritores extranjeros publicados en Cuba.
 

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La Habana, Cuba. 2009.
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