Un panel de escritores
latinoamericanos abrió lo que
José Manuel Espino denominó
“segundo round” de la Merienda
de Locos, con la presentación de
los títulos que ponen, en esta
Feria, a disposición de los
niños y jóvenes cubanos.
Compareció nuevamente Manuel
Peña, escritor y estudioso de la
literatura infantil, de Chile,
Mercedes Franco, de Venezuela, y
un singular personaje, Luis
Darío Bernal, introducido como
de Colombia y Venezuela.
Un niño no crece bajo una
campana de cristal
El conversatorio “La literatura
infantil en tiempos de reguetón”
comenzó con la actuación del
coro infantil Solfa, con el
tradicional “Carpintero (que
ahora vas a trabajar)” y
“Zumba”, una canción que alienta
la batalla contra el mosquito,
tan ingeniosa y original que
demuestra que es posible con
talento salvar un tema manido
(sorpresa uno), a ritmo de ¡reguetón!!!!!!!!!!!!!!!!!!
(sorpresa dos).
Ana María Ojeda, asesora musical
de la división para niños y
jóvenes del ICRT, definió el
reguetón como un género
demasiado simple, posible de
componer por amateurs
masivamente, y que aún así
desconcierta más por las letras,
pletóricas de vulgaridad.
Admitió que el reguetón es uno
de los géneros musicales que más
ha atraído a los niños, por lo
contagioso y lo generalizado, y
que por esto estrategias como la
de “Zumba” —un reguetón de nuevo
tipo, adecuado, correcto,
educativo— pueden ser utilizadas
constructivamente como
alternativas. No obstante, la
imposibilidad de controlar la
música que se escucha en las
casas, los centros de recreación
y las escuelas, junto a una
mediana ausencia de la canción
infantil en la discografía,
ponen al reguetón para adultos
en situación ventajosa.
El reguetón no va a desaparecer
a corto plazo, apuntó Alain
García de los Santos, director
por tres años del programa
televisivo musical infantil
Alánimo, y explicó la escasez de
canciones y videos clip
infantiles para difundir en los
programas para niños y lograr
así que este público consuma
música más interesante. Mientras
que en el pasado festival
Cubadisco se presentaron siete
CD de música infantil, no hay
videos que acompañen los temas.
Mayán Ávila, musicóloga y
directora de la Schola Cantorum
Coralina aseveró: “No podemos
luchar contra el reguetón”.
Muchas personas que censuran el
reguetón no lo conocen, no lo
han bailado ni lo han visto
bailar. “Nos hemos encasillado
en que es agresivo”, y hay
algunos que “sin ser un producto
intelectual se pueden escuchar
[…]. Ir contra el reguetón está
mal […] los errados somos
nosotros”. Y comentó la
desprovisión actual de ofertas
musicales para niños, “Barquito
de papel era de nosotros, no de
ellos […] ellos consumen lo de
los grandes”, cuando se sabe que
el niño del presente se
diferencia del niño del pasado.
Para Mayán Ávila no todo en este
género tan popular y extendido
también entre los niños —mal que
nos pese— es desechable; existe
un área aprovechable en el
reguetón, como lo demuestra
“Zumba”.
“No es el género lo que define
la calidad”, sostuvo Olga Marta
Pérez, autora y editora, quien
se declaró “consumidora
empedernida de música infantil”.
“Lo importante es que el niño
pueda consumir una obra de
calidad, más simple o menos
simple, pero con vuelo poético
[…] que los niños sean
partícipes de una obra que los
deje marcados, que puedan
recordar con alegría”.
El debate osciló entre el
rechazo radical al reguetón y
consideraciones sobre el
reguetón atentamente conducido
como estrategia para acercar a
los niños y jóvenes a lo que se
reconoce como correcto, y
desviarle del vulgar reguetón
tradicional, una especie de
si-no-puedes-con-tu-enemigo-únete-a-él.
Muy interesantes resultaron los
comentarios de José Juan Ortiz,
representante en Cuba de la
UNICEF. En su opinión el
reguetón es una manifestación
cultural y como tal merece
protección. Se le rechaza y al
mismo tiempo se acepta el
bolero, que tiene letras
“machistas y deleznables”.
“Siempre hablamos para los
niños, no con los niños. Si a
ellos les gusta, ¿por qué no?”
Sugirió que la propia
simplicidad del reguetón pudiera
funcionar como motivador para
introducir a los niños pequeños
en la música, en tanto los niños
podrían aprender creando ritmos
sencillos. “No caigamos en el
error de hacer al reguetón lo
que al rock’n’roll. Cuidado con
los estereotipos”.
En sentido general, tanto
ponentes como otros
participantes acusaron la
escasez de música para niños en
los medios, y la consiguiente
reacción infantil de satisfacer
esa carencia en la música para
adultos. Cierto que existen los
excelentes video clip de Liuba
María Hevia, pero son solo tres,
y el único productor de video
clip para niños es el ICAIC, con
grabaciones de archivo y dibujos
animados. Una compositora cubana
excelente, Rita del Prado, no
tiene discografía en el país,
excepto algún viejo cassette.
Las causas parecen hallarse en
eso que las ciencias sociales
reconocen como economía de la
cultura, y son por eso difíciles
de solucionar; en la sociedad se
expresan inevitablemente las
consecuencias. Justo por eso, es
posible asentir ante la frase de
José Manuel Espino, “No creo que
un niño crezca en una campana de
cristal”. Hay que encontrar
opciones. Fue una discusión
incontenida y prolongada,
obviamente inapresable en estas
pocas líneas.
… y lo que ve el público es solo
la pantalla
El debate acerca de la música
infantil, y especialmente sobre
el reguetón, acaparó atención y
tiempo, y esto conspiró en
cierta medida contra la
siguiente temática a analizar:
la televisión en tiempo de
culebrones, pero también esta
evidencia de lo candente de un
fenómeno que genera más
incertidumbre y malestares que
respuestas preparó los ánimos
del público y afinó el sentido
crítico y la precisión de los
próximos oradores.
La televisión y la radio son,
según investigaciones del Centro
de Investigaciones Sociológicas
del ICRT y del Instituto Cubano
de Investigación Cultural Juan
Marinello, las prácticas
culturales más importantes de la
población cubana, apuntó Tania
Licea, antigua especialista del
ICRT y hoy de la UNICEF. Siendo
estos medios los que ocupan el
lugar más alto en la escala del
consumo cultural en nuestro
país, cualquier estudio de la
cultura en Cuba debe poner a la
televisión en el centro del
debate, subrayó. Al analizar
este medio, habrá elementos que
siempre será necesario tener en
cuenta; algunos de ellos: Las
particularidades de la TV, de
modo que trasladar desde otros
géneros no sea un acto mecánico.
Los niños tienen diferentes
géneros, edades, niveles
socioeconómicos, territoriales,
etc. Es necesaria una
complementación de los espacios,
puesto que en ocasiones solo se
mira con una perspectiva, y la
cultura es una red que demanda
una visión más integral. Existe
el peligro del
sobredimensionamiento de la TV
como fenómeno, cuando a veces se
le adjudican problemas cuya
solución no está a su alcance o
a su nivel. Aunque pensemos que
los programas de nuestra propia
infancia nos ponían en contacto
con lo mejor de la cultura, la
nostalgia trae el riesgo de la
inmovilidad, y todos los
programas de ayer no
interesarían a los niños de hoy.
El trabajo necesita coherencia,
pero también una sostenibilidad
que garantice su duración. Es
preciso que haya participación
de la niñez y la adolescencia;
es aconsejable trabajar con
ellos, no solo para ellos,
rompiendo modelos donde
predomine la verticalidad.
“Elogiamos la intención, pero el
público no ve la intención, ve
la pantalla”, afirmó por su
parte Vicente González Castro,
estudioso y director de
televisión y profesor del
Instituto Superior de Arte,
comentando sobre la escasez de
recursos, y señaló la
importancia de una convergencia
de las diferentes instituciones.
Asimismo, enumeró una serie de
cuestiones y dificultades. Se
hace pertinente un estudio de
mercado para determinar qué hace
falta en cada espacio o a cada
público; por ejemplo, las edades
entre los siete y los once años
y los pequeños en edad temprana
padecen los efectos de estar en
la tierra de nadie de la
programación. En general, los
programas muestran homogeneidad
de factura, guiones, estilos y
públicos.
A nivel mundial las nuevas
tecnologías de la información
han eliminado los límites para
los niños, en tanto facilitan el
acceso a todo tipo de discursos
no siempre adecuado. La TV
ofrece mensajes impalpables y
fugaces, y esto genera en los
niños una pérdida de capacidad
para reflexionar y borra la
memoria, pues cada mensaje anula
el anterior; se vive en lo
inminente. A la par de que la
animación en 3D ha difuminado la
frontera entre la realidad y la
ficción, muchas producciones
hacen reconstrucciones
históricas y no hacen la
advertencia, de modo que los
niños confunden las recreaciones
con la vida.
No hay consistencia entre la
ética y la estética de los
programas. Los horarios para
niños y para adultos no son
siempre respetados. Muchos
programas no fomentan la
libertad de pensamiento, al
presentar niños que repiten
textos aprendidos que no los
reflejan a ellos sino a los
adultos. Hay exagerada
politización en muchas canciones
infantiles. En el mundo actual
la escuela es cada vez más
incompetente ante la TV, y esta
última, sugirió, en el contexto
de problemas sociales,
familiares y educacionales,
tiene el papel de “tirar el
salvavidas social”. Existen
guiones para niños, que resultan
vacíos, cuando lo que se
necesita es que el receptor
aprenda; usando diminutivos no
se garantiza un programa
infantil. “Mientras más culto es
el niño, menos ve televisión”,
concluyó.
Elsa Hernández, antes
perteneciente al ICRT y
actualmente teatrista, confesó:
“Ahora que trabajo con niños me
sorprendo; no conocemos al
niño”, y esbozó algunos
elementos sobre la literatura
adaptada para la TV. Preguntó
Emila Gallego, presidenta del
Comité cubano del IBBY: ¿De qué
niño hablamos? ¿Del que queremos
que sea? ¿Del que idealizamos?
“Hay que buscar las causas de
las cosas”, reclamó, e hizo un
llamado a determinar las razones
por las cuales emergen
violencias como las del reguetón
y la telenovela. Soledad Cruz,
periodista, escritora y miembro
de la Sección de Literatura de
la UNEAC, cerró brevemente
calificando el encuentro como
una provocación sobre temas que
habría que profundizar.
¿Conclusiones?
El contrarreloj de la
presentación de las colecciones
para jóvenes Veintiuno y Ámbar,
de la Editorial Gente Nueva,
como conclusión de la sesión de
este martes, evidencia lo
necesario de más horas para el
debate y de espacios más
adecuados para el análisis de
estos temas. De hecho, los
conversatorios “La literatura
infantil en tiempos de reguetón”
y “La literatura infantil en
tiempos de culebrón” en poco
tocaron la literatura, más bien
quedaron atrapadas en temas
neurálgicos relacionados con la
recepción de la música y la TV
como fenómeno social. Si bien la
celebración de este sexto
encuentro Una merienda de locos
en la sala Alejo Carpentier de
la sede de La Cabaña, a
diferencia de otros anteriores
en una sala pequeña y menos
visible de la Feria del Libro,
se puede interpretar, como
apuntara Tania Licea, como un
paso adelante en la aceptación
de ese conjunto otro que a
menudo resultan ser quienes
orientan su trabajo a los niños
y jóvenes, la emotividad, la
intensidad, lo agudo y por
momentos doloroso de las
intervenciones demuestran que
hay mucho que decir, y que es
angustiosamente impostergable.
Merienda por venir
Para este miércoles se anuncia
el conversatorio Retos de
la literatura infantil
latinoamericana en el siglo XXI.
En el 50 aniversario de Casa
de las Américas, con autores
cubanos y extranjeros ganadores
y jurados del Premio Casa de las
Américas, presentaciones sobre
literatura infantil y juvenil en
Galicia, y acerca del álbum
infantil ilustrado y su
aplicación didáctica; y la
entrega del Premio Anual La Rosa
Blanca 2008, por la sección de
literatura infantil de la UNEAC,
esta vez además con un premio
especial para escritores
extranjeros publicados en Cuba. |