Año VII
La Habana

14-20 de FEBRERO
de 2009

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Cira Romero

"Queda mucho Novás Calvo por descubrir”

Marianela González • La Habana

 
Lino Novás Calvo nació y murió fuera de Cuba; pero es un escritor cubano. “No venía de ningún país (…), sino de un monte, y de ese monte se metió en una gran ciudad.” La Habana de 1912 era pequeña, pero en comparación con As Grañas do Sor ―aldea gallega donde nació―, era todo un mundo.

No se sabe aún con certeza cuándo, ni bajo qué circunstancias, aquel hombre tímido y abandonado desde niño por el padre comenzó a inclinarse por la literatura; pero ya desde los años 50, la crítica latinoamericana lo reconocía como uno de los más grandes cuentistas de habla hispana. Como pocos escritores de su generación, Novás Calvo desarrolló un arte de contar propio, en sustancial relación con su contradictorio —y justificado— sentido de la vida y sus traumáticas experiencias personales, enmarcadas en un imaginario pleno de angustias y desencanto, de ambientes turbios e irreales donde los personajes parecen desintegrarse en la narrativa borrosa e indefinible. Sin embargo, quienes sean incapaces de entrever en sus cuentos, sus traducciones o su obra periodística una genuina —aunque compleja— visión de la sociedad cubana a partir de la década del 30, con incursiones en zonas antes preteridas del país en crisis, estarán cometiendo el grave error de desconocerla como patrimonio que ya es de nuestra cultura.

Para que no suceda, quien lo descubrió antes como ser humano y luego como escritor, dedica sus días a preparar textos como Laberinto de fuego. Epistolario de Lino Novás Calvo y Órbita de Lino Novás Calvo, obras que conjugan lucidez crítica y sensibilidad humana. Para muchos, Cira Romero ―investigadora del Instituto de Literatura y Lingüística― es la mayor conocedora de la vida y la obra del escritor de Cayo Canas.

“¡Eso dicen!”. Sonríe y comienza…

“Quien me acercó no al Lino Novás Calvo escritor, sino al Lino Novás Calvo hombre, con todos los conflictos que lo torturaron e hicieron de su vida una experiencia muy atormentada, fue el Dr. José Antonio Portuondo. Él, quien fue además uno de los más grandes amigos de Lino, hablaba mucho de él, de su sufrimiento interior y de su psicología compleja”.

¿Cómo llegaron a sus manos las cartas de Novás?

Cuando empecé a interesarme en aquel hombre, lo primero que hizo Portuondo fue prestarme las cartas que Lino le había escrito a él durante un lapso largo de tiempo, durante los años 40. Eran, en total, 29 cartas. Así, como ves, me acerqué por primera vez al Lino hombre, a su personalidad. Claro… es una personalidad tan atractiva y su epistolario es tan desgarrador, que lógicamente esas cartas me llevaron a su obra.

Las cartas de Lino las fui trabajando poco a poco. No me detuve solo con las que tenía Portuondo, sino que busqué en archivos la correspondencia que él envió a otros grandes intelectuales cubanos como Manuel Navarro Luna, José Antonio Fernández de Castro, Emilio Ballagas… y así, sucesivamente, fui recopilando casi 60 cartas. Conocerlas es conocer muy de cerca su mundo interior.

¿Cómo ha sido el trabajo de recopilación de sus cuentos, si tenemos en cuenta que la mayoría estaban dispersos?

Ciertamente, he hecho algunas recopilaciones de sus cuentos. Por ejemplo, la Editorial Oriente publicó unos 18 cuentos de Lino bajo el título Angusola y dos cuchillos, narraciones que estaban dispersas en publicaciones periódicas de Cuba y otras partes del mundo. Luego, recopilé para una editorial española El comisario ciego, una amplia selección de cuentos suyos. La mayoría, eran sus grandes cuentos escritos en Cuba en los años 40 —La noche de Ramón Yendía, Cayo Canas, Aquella noche salieron los muertos…—, aunque se incluían algunos que escribió en EE.UU., donde vivió desde los años 70.

He intentado que la obra se conozca, aunque ha sido difícil reunirla. Son libros que no me pertenecen, sino que se insertan en nuestra cultura para que todos nos regocijemos con ellos. Novás, como su obra, es imprescindible en la literatura cubana.

¿Se interesó alguna vez por su obra periodística?

Claro, porque su labor periodística no se puede desgajar de su labor como narrador; sus crónicas, artículos y reportajes, están concebidos desde la misma manera estructural y de disposición que sus cuentos. Por tanto, conocer esta parte de su obra es conocer la labor literaria de Lino.

Recopilé hace muy poco las crónicas que él publicó para un semanario gráfico titulado Orbe, del Diario de la Marina, que él escribió mientras estuvo en España. Él había nacido allá y en 1931 vuelve como corresponsal para aquel semanario, por lo que manda con bastante frecuencia estos trabajos hacia La Habana. Son reportajes que reflejan la vida española entre los años 1931 y 1933: sobre algún intelectual español, sobre los toreros, sobre la policía en Madrid, sobre las residencias de señoritas… en fin, un amplio espectro de la vida madrileña. En meses próximos aparecerá por una editorial española esa recopilación que hice de sus trabajos periodísticos.

Durante muchos años, la obra de Lino Novás estuvo no solo fuera de las ediciones cubanas, sino también preterido él mismo de cualquier análisis serio. ¿En qué medida esto acrecentó el abismo —más allá de la distancia geográfica— entre su obra y los lectores cubanos?

Este olvido tuvo como causa problemas coyunturales, felizmente salvados para gloria de la cultura cubana. Pero hay que reconocer que, por muchas razones —además de la que mencionas—, queda mucho por divulgar.

Las nuevas generaciones cubanas no conocen la obra de Lino Novás Calvo, o al menos no a profundidad. Es un escritor que se multiplicó y llegó, más o menos, a la generación de escritores como Eduardo Heras, quienes se le acercaron. Pero no es conocido ni siquiera por los jóvenes escritores cubanos. Por eso, también, mi necesidad de publicar junto al Epistolario… la Órbita de Lino Novás Calvo, donde hay un repaso a su obra narrativa.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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