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Lino Novás Calvo nació y murió
fuera de Cuba; pero es un
escritor cubano. “No venía de
ningún país (…), sino de un
monte, y de ese monte se metió
en una gran ciudad.” La Habana
de 1912 era pequeña, pero en
comparación con As Grañas do Sor
―aldea gallega donde nació―, era
todo un mundo.
No se sabe aún con certeza
cuándo, ni bajo qué
circunstancias, aquel hombre
tímido y abandonado desde niño
por el padre comenzó a
inclinarse por la literatura;
pero ya desde los años 50, la
crítica latinoamericana lo
reconocía como uno de los más
grandes cuentistas de habla
hispana. Como pocos escritores
de su generación, Novás Calvo
desarrolló un arte de contar
propio, en sustancial relación
con su contradictorio —y
justificado— sentido de la vida
y sus traumáticas experiencias
personales, enmarcadas en un
imaginario pleno de angustias y
desencanto, de ambientes turbios
e irreales donde los personajes
parecen desintegrarse en la
narrativa borrosa e indefinible.
Sin embargo, quienes sean
incapaces de entrever en sus
cuentos, sus traducciones o su
obra periodística una genuina
—aunque compleja— visión de la
sociedad cubana a partir de la
década del 30, con incursiones
en zonas antes preteridas del
país en crisis, estarán
cometiendo el grave error de
desconocerla como patrimonio que
ya es de nuestra cultura.
Para que no suceda, quien lo
descubrió antes como ser humano
y luego como escritor, dedica
sus días a preparar textos como
Laberinto de fuego.
Epistolario de Lino Novás Calvo
y Órbita de Lino Novás
Calvo, obras que conjugan
lucidez crítica y sensibilidad
humana. Para muchos, Cira Romero
―investigadora del Instituto de
Literatura y Lingüística― es la
mayor conocedora de la vida y la
obra del escritor de Cayo
Canas.
“¡Eso dicen!”. Sonríe y
comienza…
“Quien me acercó no al Lino
Novás Calvo escritor, sino al
Lino Novás Calvo hombre, con
todos los conflictos que lo
torturaron e hicieron de su vida
una experiencia muy atormentada,
fue el Dr. José Antonio
Portuondo. Él, quien fue además
uno de los más grandes amigos de
Lino, hablaba mucho de él, de su
sufrimiento interior y de su
psicología compleja”.
¿Cómo llegaron a sus manos las
cartas de Novás?
Cuando empecé a interesarme en
aquel hombre, lo primero que
hizo Portuondo fue prestarme las
cartas que Lino le había escrito
a él durante un lapso largo de
tiempo, durante los años 40.
Eran, en total, 29 cartas. Así,
como ves, me acerqué por primera
vez al Lino hombre, a su
personalidad. Claro… es una
personalidad tan atractiva y su
epistolario es tan desgarrador,
que lógicamente esas cartas me
llevaron a su obra.
Las cartas de Lino las fui
trabajando poco a poco. No me
detuve solo con las que tenía
Portuondo, sino que busqué en
archivos la correspondencia que
él envió a otros grandes
intelectuales cubanos como
Manuel Navarro Luna, José
Antonio Fernández de Castro,
Emilio Ballagas… y así,
sucesivamente, fui recopilando
casi 60 cartas. Conocerlas es
conocer muy de cerca su mundo
interior.
¿Cómo ha sido el trabajo de
recopilación de sus cuentos, si
tenemos en cuenta que la mayoría
estaban dispersos?
Ciertamente, he hecho algunas
recopilaciones de sus cuentos.
Por ejemplo, la Editorial
Oriente publicó unos 18 cuentos
de Lino bajo el título
Angusola y dos cuchillos,
narraciones que estaban
dispersas en publicaciones
periódicas de Cuba y otras
partes del mundo. Luego,
recopilé para una editorial
española El comisario ciego,
una amplia selección de cuentos
suyos. La mayoría, eran sus
grandes cuentos escritos en Cuba
en los años 40 —La noche de
Ramón Yendía, Cayo Canas,
Aquella noche salieron los
muertos…—, aunque se
incluían algunos que escribió en
EE.UU., donde vivió desde los
años 70.
He intentado que la obra se
conozca, aunque ha sido difícil
reunirla. Son libros que no me
pertenecen, sino que se insertan
en nuestra cultura para que
todos nos regocijemos con ellos.
Novás, como su obra, es
imprescindible en la literatura
cubana.
¿Se interesó alguna vez por su
obra periodística?
Claro, porque su labor
periodística no se puede
desgajar de su labor como
narrador; sus crónicas,
artículos y reportajes, están
concebidos desde la misma manera
estructural y de disposición que
sus cuentos. Por tanto, conocer
esta parte de su obra es conocer
la labor literaria de Lino.
Recopilé hace muy poco las
crónicas que él publicó para un
semanario gráfico titulado
Orbe, del Diario de la
Marina, que él escribió
mientras estuvo en España. Él
había nacido allá y en 1931
vuelve como corresponsal para
aquel semanario, por lo que
manda con bastante frecuencia
estos trabajos hacia La Habana.
Son reportajes que reflejan la
vida española entre los años
1931 y 1933: sobre algún
intelectual español, sobre los
toreros, sobre la policía en
Madrid, sobre las residencias de
señoritas… en fin, un amplio
espectro de la vida madrileña.
En meses próximos aparecerá por
una editorial española esa
recopilación que hice de sus
trabajos periodísticos.
Durante muchos años, la obra de
Lino Novás estuvo no solo fuera
de las ediciones cubanas, sino
también preterido él mismo de
cualquier análisis serio. ¿En
qué medida esto acrecentó el
abismo —más allá de la distancia
geográfica— entre su obra y los
lectores cubanos?
Este olvido tuvo como causa
problemas coyunturales,
felizmente salvados para gloria
de la cultura cubana. Pero hay
que reconocer que, por muchas
razones —además de la que
mencionas—, queda mucho por
divulgar.
Las nuevas generaciones cubanas
no conocen la obra de Lino Novás
Calvo, o al menos no a
profundidad. Es un escritor que
se multiplicó y llegó, más o
menos, a la generación de
escritores como Eduardo Heras,
quienes se le acercaron. Pero no
es conocido ni siquiera por los
jóvenes escritores cubanos. Por
eso, también, mi necesidad de
publicar junto al Epistolario…
la Órbita de Lino Novás Calvo,
donde hay un repaso a su obra
narrativa. |