Año VII
La Habana

14-20 de FEBRERO
de 2009

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Entrevista con Emmanuel Tornés Reyes

Entre los poros, las estrellas y el placer de contar

Marianela González y Liomán Lima • La Habana

 


Tiene la voz grave, de acentos impecables, palabras precisas, la barba enmarañada, la mirada profunda. Con él la literatura es un camino y un viaje; también delirio y locura. Cuando conversa, no se sabe bien cuál es la realidad; cuál, la ficción; o cuál, la vida o si confluyen las tres y se hacen una, como en los buenos cuentos.

Emmanuel Tornés es el clásico profesor de las películas, de los que hacen de la entrevista una clase, de los que nos creen barro en sus manos y saben que se necesita poesía para modelar la arcilla. Cree que “contar es un placer” y por eso, el pasado año, presentaba en la Feria una selección de lo mejor del cuento latinoamericano contemporáneo.  

Este crítico, narrador y ensayista,  con la certeza de que literatura es el arco invisible que nos transporta entre los poros y las estrellas, trae ahora una selección del cuento cubano actual, que aborda la temática de las relaciones de pareja.

Están allí los amores deseados y fracasados, los mal vistos por la sociedad, los prostituidos y los condenados, los feministas y los machistas, los travestidos y los desnudos, los descarnados, los que buscan las sensaciones, las excitaciones y los que creen todavía en la belleza, en el idilio y la ternura.

Elegir entre tantos temas y tantos narradores debe ser muy difícil. ¿Cómo fue su trabajo de selección en ambas obras?

Existe una gran diferencia entre antología y selección: son dos términos diferentes, y, por tanto, dos operaciones disímiles a la hora de articular un volumen en cualquier género literario.

Por antología entendemos una obra que ofrece una muestra de textos literarios que han sido ya valorados por la crítica como obras de trascendencia.

La selección, por su parte, no precisa esta característica, si bien hay un elemento en común y es que se debe tratar obras de calidad.  Por eso, acude a otros objetivos que no necesariamente tienen que ver con la excelencia de la obra elegida. Debe ser un buen texto; pero no necesariamente antológico, pues en la selección convocamos además muchos otros temas, a veces ocultos a la hora de armar el libro.

Con la primera obra, Contar es un placer, pretendía sacar a la luz toda una serie de autores que trabajan actualmente el cuento en Latinoamérica, que no eran muy conocidos en Cuba, aunque debía incluir, por supuesto, a los consagrados. En el caso de Entre los poros…, quise representar más bien este género partiendo solo de escritores cubanos, con el mismo concepto de selección.

Sin embargo, en Contar es un placer (2008) no se percibe un criterio de selección temático, mientras que en Entre los poros y las estrellas, la que presenta este año… escoge como hilo conductor el tema de las relaciones de parejas. ¿Qué lo motivó a elegir ese tema para articular el libro?

Me sedujo el hecho de que, desde hace tiempo, vengo observando un serio conflicto que se ha agilizado sobre todo desde finales del siglo XX, relacionado con la disolución de la pareja debido a realidades muy complejas, no solo particulares de la Cuba contemporánea.

Por eso, quise mostrar mi inquietud a partir de las voces de los otros: cómo los escritores están tratando de reflejar esta problemática en los cuentos, entre tantos otros subtemas.

Es, por supuesto, un tema muy viejo, pero creo que pocas veces ha cobrado una dimensión tan neurálgica, tan profunda en la sociedad, como en la etapa que va de fin de siglo hacia acá.

La obra hablará por sí sola: a veces nos  quedaremos asombrados de tantas posibilidades que nos muestra la literatura sobre este conflicto, desde miradas tan diversas como pueden ser las particularidades de cada narrador.

Yo siempre pienso que la literatura nos hace vivir en nuestra propia piel, lo que otras artes o ciencias no pueden transmitir. De ahí la importancia de este acercamiento: ver cómo las relaciones de pareja se convierten en un problema central de nuestra sociedad y en una preocupación constante de nuestros escritores.

¿En qué medida contribuyó a ese objetivo el hecho de reunir autores de distintas épocas y estilos narrativos?

Me sirvió, ante todo, para demostrar, una vez más, que el tema de la pareja es eterno y también que los escritores de este país ―o una parte sustancial de sus buenos escritores― pertenecientes a generaciones pasadas, están en sintonía con los escritores jóvenes. Tal vez una confirmación de que las nuevas épocas, aunque se pertenezca a promociones diferentes, imponen una sensibilidad común, una voluntad única y diversa para abordar ciertas temáticas.

Y en un tercer elemento, casi todos los escritores reunidos acuden a ciertos recursos de la estética de entre siglos, a la manera de narrar de ese período; pero, a la vez, como una influencia mutua: por un lado, la experiencia de los consagrados y; por el otro, la técnica  irreverente de los más jóvenes.

Si bien, como nos dice,  en  Entre los poros… reúne autores de distintas promociones, los cuentos seleccionados pertenecen a una etapa en particular: la del fin de siglo. ¿Qué lo llevó a escoger este período?

Aunque se pudo haber ido más atrás, se tomó este período porque creo que, en el caso de Cuba ―a diferencia del resto de América Latina― es a finales de los años 80 cuando comienza a fraguarse una visión sobre la posmodernidad un poco más intensa, que se va a desarrollar con la crisis de la década siguiente.

Aunque en un principio algunos autores no pueden escapar del todo a la visión ―digamos― utópica que prevalecía antes de los 80, comienzan por esta época a “despertar de la inocencia”  y tratar los temas y la literatura  de una manera más rica, problematizadora y activa. A partir de ahí ya se empiezan a dar los quebrantamientos más fuertes, que luego desembocaron en toda la crisis y rispicidad de los 90.

¿Y cuáles serían esos elementos que considera que marcaron   la diferencia en el tratamiento del tema de la pareja en la literatura cubana antes y después de ese período?

En primer lugar, pienso que en la narrativa de los 90 entran a funcionar mayores apoyos en elementos narrativos que no concurrían en la literatura de los 80 hacia atrás, o quizá no con la misma intensidad y hasta agresividad.

Antes de estos años, había sido solo eso: el tema de la pareja, sin que la literatura ingresara ella misma una reflexión. Pero a partir de los años 90 hacia acá el tratamiento comienza a ser mucho más desenfadado, intencional, crítico, expansivo y con una perspectiva mucho más universalista.

Sin embargo, desde el prólogo, usted nos anuncia que “aunque no faltan los cuentos de gran belleza amorosa, no esperemos hallar el consabido happy end”. ¿Es que existe  también una visión pesimista por parte de nuestros narradores en relación con esa temática en la actualidad?

No me atrevería a decir que totalmente pesimista, aunque no pocos de los textos den esa ilusión.

Si se analizan profundamente, creo que, en el fondo, es más bien la intencionalidad de “arrancarle la piel” al lector para hacerlo cobrar  más conciencia sobre el problema que se le está planteando; porque no es menos cierto que mucha gente ha querido dulcificar la mirada desde diversas posiciones y esferas ―no necesariamente desde la literatura―, para dar otra imagen de una realidad que es contrastante y de la cual no nos podemos sustraer; puesto que sustraernos sería engañarnos.

 Por eso, pienso que el supuesto pesimismo o desencanto que vemos en estos cuentos, es un poco para hacer despertar con mucha más fuerza al lector. Por tanto, si lo miramos desde ese ángulo, hay en el fondo una quimera, una esperanza, solo que mucho más objetiva y realista. No deja de ser cierto que el sabor que dejan es a veces el de la ausencia de una solución, aunque las distintas voces que conforman el texto aporten, al menos, la ilusión de que vamos a evitar que suceda la catástrofe.

También en el prólogo usted comenta que una de las características de la cuentística cubana actual es la experimentación con ciertos “temas tabúes” como la homosexualidad o la prostitución, por solo citar dos ejemplos. ¿Hasta qué punto considera que este hecho responde a una necesidad de expresión estética de nuestra época o a la posibilidad de inscribirse en mercados internacionales, donde estos temas son tan cotizados?

Los dos elementos se conjugan, a veces inconscientemente y cada uno de ellos tiene sus propias posibilidades. Pero al final, el resultado: la literatura, o es buena o mala.

Hay autores que a veces hacen ingresar en sus textos excesivas dosis de determinados elementos llamados contemporáneos, sin darse cuenta de que todo lo que es excesivo en literatura es dañino para la Literatura.

Se piensa frecuentemente que con poner mayor cantidad de sexo, de erotismo, o alteridades, ya se tiene una receta para el triunfo. Sin embargo, la buena literatura tiene su trascendencia en el poder del misterioso equilibrio, y eso a veces solo lo da la experiencia.  

Está otro elemento, en el que no vale la pena abundar y es el de ciertos mercados que imponen, por ejemplo, la sexualización de la literatura como pasaporte para el triunfo.

Creo que el escritor, aunque no desconozco que tiene que vivir, debe ante todo buscar la manera de que su obra alcance el rango de buena literatura.  Y eso, como ya decía, solo se alcanza en el equilibrio. Por tanto, queda claro que los excesivos planteos de determinados temas no hacen la Literatura. Por supuesto, mucho han hecho y han triunfado, pero algo es seguro: su meta es el olvido, más tarde o más temprano.

Después de estas dos selecciones, ¿cómo cree que se inscribe la cuentística cubana dentro de las tendencias de la narrativa latinoamericana contemporánea?

Otras veces he dicho que la cuentística cubana ―contrario a lo que algunos dicen― es una cuentística de primerísimo rango en el idioma español. Dentro de ella hay, por supuesto, todas las escalas: cuentos excelentes, otros muy buenos, regulares y malos. Como ya decíamos, hay quienes quieren vivir del cuento sin escribir buenos cuentos; pero, de modo general es, sin chovinismos, una de las mejores a nivel continental como la de Argentina, México, Chile o Perú. Lo somos desde el siglo XIX, a pesar de que hemos tenido baches muy graves.

Y por cierto, a diferencia de Contar es un placer, donde aparecen varios, en el que presenta hoy solo incluye un relato breve. ¿Cómo valora el estado del minicuento en Cuba?

Aunque tal vez me faltó un poco más de tiempo para espigar más la narrativa cubana en el área del microrrelato; sospecho que aún falta madurez en la práctica de este género, que es tal vez una de las formas más difíciles del cuento. Creo que uno de sus problemas medulares es que aún le falta hallar la poesía que están escribiendo. Muchos autores olvidan que no es solo escribir un renglón o dos, sino que esas líneas sean capaces de hacer saltar “de los poros a las estrellas”.

¿Y nuestra narrativa en general, considera que cuenta ya con las herramientas necesarias para tensar ese arco invisible que se encuentra “entre poros y las estrellas”?

No es solo que cuenta: las tiene desde hace tiempo. La zona sagaz y talentosa de nuestra narrativa está muy bien cimentada.

Los jóvenes de hoy saben mucho más que los de ayer. Nuestra realidad cultural y social ha tenido muchos tropiezos, por varias razones, y las nuevas generaciones han tenido que buscarse alternativas. Creo que es uno de los misterios de estos tiempos: contradictoriamente, perdimos la ingenuidad anterior; pero nos dimos cuenta de que debíamos ser más atrevidos en la búsqueda, estar en sintonía con el mundo, ampliar los conceptos y la mirada,  y decidirnos de una vez a trascender la piel para lanzarnos a las estrellas.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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