Tiene la voz grave, de acentos
impecables, palabras precisas,
la barba enmarañada, la mirada
profunda. Con él la literatura
es un camino y un viaje; también
delirio y locura. Cuando
conversa, no se sabe bien cuál
es la realidad; cuál, la
ficción; o cuál, la vida o si
confluyen las tres y se hacen
una, como en los buenos cuentos.
Emmanuel Tornés es el clásico
profesor de las películas, de
los que hacen de la entrevista
una clase, de los que nos creen
barro en sus manos y saben que
se necesita poesía para modelar
la arcilla. Cree que “contar es
un placer” y por eso, el pasado
año, presentaba en la Feria una
selección de lo mejor del cuento
latinoamericano contemporáneo.
Este crítico, narrador y
ensayista, con la certeza de
que literatura es el arco
invisible que nos transporta
entre los poros y las estrellas,
trae ahora una selección del
cuento cubano actual, que aborda
la temática de las relaciones de
pareja.
Están allí los amores deseados y
fracasados, los mal vistos por
la sociedad, los prostituidos y
los condenados, los feministas y
los machistas, los travestidos y
los desnudos, los descarnados,
los que buscan las sensaciones,
las excitaciones y los que creen
todavía en la belleza, en el
idilio y la ternura.
Elegir entre tantos temas y
tantos narradores debe ser muy
difícil. ¿Cómo fue su trabajo de
selección en ambas obras?
Existe una gran diferencia entre
antología y selección: son dos
términos diferentes, y, por
tanto, dos operaciones disímiles
a la hora de articular un
volumen en cualquier género
literario.
Por antología entendemos una
obra que ofrece una muestra de
textos literarios que han sido
ya valorados por la crítica como
obras de trascendencia.
La selección, por su parte, no
precisa esta característica, si
bien hay un elemento en común y
es que se debe tratar obras de
calidad. Por eso, acude a otros
objetivos que no necesariamente
tienen que ver con la excelencia
de la obra elegida. Debe ser un
buen texto; pero no
necesariamente antológico, pues
en la selección convocamos
además muchos otros temas, a
veces ocultos a la hora de armar
el libro.
Con la primera obra, Contar
es un placer, pretendía
sacar a la luz toda una serie de
autores que trabajan actualmente
el cuento en Latinoamérica, que
no eran muy conocidos en Cuba,
aunque debía incluir, por
supuesto, a los consagrados. En
el caso de Entre los poros…,
quise representar más bien este
género partiendo solo de
escritores cubanos, con el mismo
concepto de selección.
Sin embargo, en Contar es un
placer (2008) no se percibe
un criterio de selección
temático, mientras que en
Entre los poros y las estrellas,
la que presenta este año…
escoge como hilo conductor el
tema de las relaciones de
parejas. ¿Qué lo motivó a elegir
ese tema para articular el
libro?
Me sedujo el hecho de que, desde
hace tiempo, vengo observando un
serio conflicto que se ha
agilizado sobre todo desde
finales del siglo XX,
relacionado con la disolución de
la pareja debido a realidades
muy complejas, no solo
particulares de la Cuba
contemporánea.
Por eso, quise mostrar mi
inquietud a partir de las voces
de los otros: cómo los
escritores están tratando de
reflejar esta problemática en
los cuentos, entre tantos otros
subtemas.
Es, por supuesto, un tema muy
viejo, pero creo que pocas veces
ha cobrado una dimensión tan
neurálgica, tan profunda en la
sociedad, como en la etapa que
va de fin de siglo hacia acá.
La obra hablará por sí sola: a
veces nos quedaremos asombrados
de tantas posibilidades que nos
muestra la literatura sobre este
conflicto, desde miradas tan
diversas como pueden ser las
particularidades de cada
narrador.
Yo siempre pienso que la
literatura nos hace vivir en
nuestra propia piel, lo que
otras artes o ciencias no pueden
transmitir. De ahí la
importancia de este
acercamiento: ver cómo las
relaciones de pareja se
convierten en un problema
central de nuestra sociedad y en
una preocupación constante de
nuestros escritores.
¿En qué medida contribuyó a ese
objetivo el hecho de reunir
autores de distintas épocas y
estilos narrativos?
Me sirvió, ante todo, para
demostrar, una vez más, que el
tema de la pareja es eterno y
también que los escritores de
este país ―o una parte
sustancial de sus buenos
escritores― pertenecientes a
generaciones pasadas, están en
sintonía con los escritores
jóvenes. Tal vez una
confirmación de que las nuevas
épocas, aunque se pertenezca a
promociones diferentes, imponen
una sensibilidad común, una
voluntad única y diversa para
abordar ciertas temáticas.
Y en un tercer elemento, casi
todos los escritores reunidos
acuden a ciertos recursos de la
estética de entre siglos, a la
manera de narrar de ese período;
pero, a la vez, como una
influencia mutua: por un lado,
la experiencia de los
consagrados y; por el otro, la
técnica irreverente de los más
jóvenes.
Si bien, como nos dice, en
Entre los poros… reúne
autores de distintas
promociones, los cuentos
seleccionados pertenecen a una
etapa en particular: la del fin
de siglo. ¿Qué lo llevó a
escoger este período?
Aunque se pudo haber ido más
atrás, se tomó este período
porque creo que, en el caso de
Cuba ―a diferencia del resto de
América Latina― es a finales de
los años 80 cuando comienza a
fraguarse una visión sobre la
posmodernidad un poco más
intensa, que se va a desarrollar
con la crisis de la década
siguiente.
Aunque en un principio algunos
autores no pueden escapar del
todo a la visión ―digamos―
utópica que prevalecía antes de
los 80, comienzan por esta época
a “despertar de la inocencia” y
tratar los temas y la literatura
de una manera más rica,
problematizadora y activa. A
partir de ahí ya se empiezan a
dar los quebrantamientos más
fuertes, que luego desembocaron
en toda la crisis y rispicidad
de los 90.
¿Y cuáles serían esos elementos
que considera que marcaron la
diferencia en el tratamiento del
tema de la pareja en la
literatura cubana antes y
después de ese período?
En primer lugar, pienso que en
la narrativa de los 90 entran a
funcionar mayores apoyos en
elementos narrativos que no
concurrían en la literatura de
los 80 hacia atrás, o quizá no
con la misma intensidad y hasta
agresividad.
Antes de estos años, había sido
solo eso: el tema de la pareja,
sin que la literatura ingresara
ella misma una reflexión. Pero a
partir de los años 90 hacia acá
el tratamiento comienza a ser
mucho más desenfadado,
intencional, crítico, expansivo
y con una perspectiva mucho más
universalista.
Sin embargo, desde el prólogo,
usted nos anuncia que “aunque no
faltan los cuentos de gran
belleza amorosa, no esperemos
hallar el consabido happy end”.
¿Es que existe también una
visión pesimista por parte de
nuestros narradores en relación
con esa temática en la
actualidad?
No me atrevería a decir que
totalmente pesimista, aunque no
pocos de los textos den esa
ilusión.
Si se analizan profundamente,
creo que, en el fondo, es más
bien la intencionalidad de
“arrancarle la piel” al lector
para hacerlo cobrar más
conciencia sobre el problema que
se le está planteando; porque no
es menos cierto que mucha gente
ha querido dulcificar la mirada
desde diversas posiciones y
esferas ―no necesariamente desde
la literatura―, para dar otra
imagen de una realidad que es
contrastante y de la cual no nos
podemos sustraer; puesto que
sustraernos sería engañarnos.
Por
eso, pienso que el supuesto
pesimismo o desencanto que vemos
en estos cuentos, es un poco
para hacer despertar con mucha
más fuerza al lector. Por tanto,
si lo miramos desde ese ángulo,
hay en el fondo una quimera, una
esperanza, solo que mucho más
objetiva y realista. No deja de
ser cierto que el sabor que
dejan es a veces el de la
ausencia de una solución, aunque
las distintas voces que
conforman el texto aporten, al
menos, la ilusión de que vamos a
evitar que suceda la catástrofe.
También en el prólogo usted
comenta que una de las
características de la
cuentística cubana actual es la
experimentación con ciertos
“temas tabúes” como la
homosexualidad o la
prostitución, por solo citar dos
ejemplos. ¿Hasta qué punto
considera que este hecho
responde a una necesidad de
expresión estética de nuestra
época o a la posibilidad de
inscribirse en mercados
internacionales, donde estos
temas son tan cotizados?
Los dos elementos se conjugan, a
veces inconscientemente y cada
uno de ellos tiene sus propias
posibilidades. Pero al final, el
resultado: la literatura, o es
buena o mala.
Hay autores que a veces hacen
ingresar en sus textos excesivas
dosis de determinados elementos
llamados contemporáneos, sin
darse cuenta de que todo lo que
es excesivo en literatura es
dañino para la Literatura.
Se piensa frecuentemente que con
poner mayor cantidad de sexo, de
erotismo, o alteridades, ya se
tiene una receta para el
triunfo. Sin embargo, la buena
literatura tiene su
trascendencia en el poder del
misterioso equilibrio, y eso a
veces solo lo da la experiencia.
Está otro elemento, en el que no
vale la pena abundar y es el de
ciertos mercados que imponen,
por ejemplo, la sexualización de
la literatura como pasaporte
para el triunfo.
Creo que el escritor, aunque no
desconozco que tiene que vivir,
debe ante todo buscar la manera
de que su obra alcance el rango
de buena literatura. Y eso,
como ya decía, solo se alcanza
en el equilibrio. Por tanto,
queda claro que los excesivos
planteos de determinados temas
no hacen la Literatura. Por
supuesto, mucho han hecho y han
triunfado, pero algo es seguro:
su meta es el olvido, más tarde
o más temprano.
Después de estas dos
selecciones, ¿cómo cree que se
inscribe la cuentística cubana
dentro de las tendencias de la
narrativa latinoamericana
contemporánea?
Otras veces he dicho que la
cuentística cubana ―contrario a
lo que algunos dicen― es una
cuentística de primerísimo rango
en el idioma español. Dentro de
ella hay, por supuesto, todas
las escalas: cuentos excelentes,
otros muy buenos, regulares y
malos. Como ya decíamos, hay
quienes quieren vivir del cuento
sin escribir buenos cuentos;
pero, de modo general es, sin
chovinismos, una de las mejores
a nivel continental como la de
Argentina, México, Chile o Perú.
Lo somos desde el siglo XIX, a
pesar de que hemos tenido baches
muy graves.
Y por cierto, a diferencia de
Contar es un placer, donde
aparecen varios, en el que
presenta hoy solo incluye un
relato breve. ¿Cómo valora el
estado del minicuento en Cuba?
Aunque tal vez me faltó un poco
más de tiempo para espigar más
la narrativa cubana en el área
del microrrelato; sospecho que
aún falta madurez en la práctica
de este género, que es tal vez
una de las formas más difíciles
del cuento. Creo que uno de sus
problemas medulares es que aún
le falta hallar la poesía que
están escribiendo. Muchos
autores olvidan que no es solo
escribir un renglón o dos, sino
que esas líneas sean capaces de
hacer saltar “de los poros a las
estrellas”.
¿Y nuestra narrativa en general,
considera que cuenta ya con las
herramientas necesarias para
tensar ese arco invisible que se
encuentra “entre poros y las
estrellas”?
No es solo que cuenta: las tiene
desde hace tiempo. La zona sagaz
y talentosa de nuestra narrativa
está muy bien cimentada.
Los jóvenes de hoy saben mucho
más que los de ayer. Nuestra
realidad cultural y social ha
tenido muchos tropiezos, por
varias razones, y las nuevas
generaciones han tenido que
buscarse alternativas. Creo que
es uno de los misterios de estos
tiempos: contradictoriamente,
perdimos la ingenuidad anterior;
pero nos dimos cuenta de que
debíamos ser más atrevidos en la
búsqueda, estar en sintonía con
el mundo, ampliar los conceptos
y la mirada, y decidirnos de
una vez a trascender la piel
para lanzarnos a las estrellas.
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