Por sexta vez en la historia de
la Feria Internacional del Libro
de
La Habana
se acondiciona la mesa y se pone
sobre el tapete la literatura
infantil y juvenil. Comienza el
encuentro Niños, Autores y
Libros. Una Merienda de Locos,
auspiciado por la Editorial
Gente Nueva, a contracorriente
de la tendencia mundial que
acusa una marcada inclinación a
la mercantilización del libro y
a asumir el libro infantil como
uno de sus mejores negocios.
Enrique Pérez Díaz, director de
la editorial, inauguró esta
aventura de tres sesiones, con
la declaración de un espacio
abierto a la imaginación y la
soltura, donde el objetivo
máximo será el crecimiento
humano de sus lectores.
Contar cuentos es hacer regalos
Se anunciaba un panel de
invitados, de esos que implican
participaciones precisas,
teóricas, datos, quizá. Sentados
a la mesa los chilenos Elena
García-Huidobro, narradora oral,
y Manuel Peña, escritor; Leonor
Prado, escritora y presidenta
del comité del IBBY de Ecuador,
y el reconocido escritor cubano
José Manuel Espino, que habría
sido el moderador si la
moderación no fuera un
contrasentido para el espíritu
creativo. De tal suerte, el
propio Espino hizo el primer
llamado a la improvisación, al
pedir que Elena García-Huidobro
hiciera alguna narración.
“Contar un cuento es hacer un
regalo”, afirmó la narradora, y
regaló una historia conmovedora
que hablaba de la identidad y de
la otredad, de los sueños y del
deseo de saber. A continuación,
Manuel Peña, quien se presenta
en esta Feria con Las visitas
del hada escarlata y uno de
los Cuentos chilenos para
niños cubanos, reveló los
comienzos de su actividad
literaria, tan fascinante como
un cuento, y sugerente en
particular para los niños y
adolescentes recién iniciados
que concurrían a la convocatoria
de Gente Nueva. Para terminar
esta primera parte, Leonor Prado
decidió cambiar su conferencia
prevista por algo que movilizó a
todo el público, un juego de
retahíla de palabras. Así, los
regalos como plato entrante.
El libro que ellos sueñan
Por primera vez, la merienda de
locos trasciende el estudio y la
crítica de la literatura
infantil y juvenil, para
explorar otras áreas no menos
pertinentes. Es exclusivo de la
literatura para niños y jóvenes
el hecho de definirse por su
destinatario, a diferencia de
las clasificaciones temáticas,
genéricas, geográficas, etc. que
distinguen la literatura para
adultos. En consonancia con esta
peculiaridad, los organizadores
del evento decidieron invitar a
la merienda a los locos más
importantes: los “locos
bajitos”. Niños y adolescentes
ganadores del concurso “El libro
que soñamos” tomaron la palabra
no solo para definir sus
intereses, también para hacer
sus propuestas. De esta manera,
Magaly Sánchez, presidenta de la
sección de Literatura Infantil
de la UNEAC, prestó su voz a la
timidez de Jonathan Sánchez, de
8 años, quien demostró en su
poesía una sensibilidad de verde
claro y carmín encendido: baste
una de sus líneas: “vengo del
monte sembrando la vida”, para
avisar la sencillez formal y la
madurez conceptual de su poesía.
Melanie Falcón, de diez años,
sorprendió con la arriesgada
poética de lo cotidiano en su
narración. Claudia Mazorra, de
14 años, abogó por la
creatividad y la fantasía en su
libro soñado; como tema
probable, el rescate de la
protección del medio ambiente;
como personajes, reclamó la
presencia de hadas y ángeles;
puso el pie forzado de “Un día
se borraron los buenos
sentimientos de la tierra y…”.
Demandó “(…) que los libros nos
enseñen un cosmos de señales
para el mejoramiento humano”,
insistiendo en la preocupación
ética. Amalia Gómez, también de
14 años, también abogó por
“libros llenos de imaginación”,
y contra toda sospecha de previa
preparación de los niños y
adolescentes, por sorpresa llamó
a una pequeña del público y le
preguntó qué le gustaría leer.
Autores todos, atención: hace
falta un cuento sobre un gato de
color azul. Con locos bajitos de
tal audacia, sin lugar a duda,
la merienda de locos será un
banquete tan interminable como
la historia de Michael Ende.
El niño buscado
Como contraparte a “El libro que
soñamos”, un grupo de autores se
congregó para definir al niño
para el cual escriben. “El niño
que buscamos” resultó ser una
mirada diversa en lo geográfico
y lo generacional, con Magaly
Sánchez, Nelson Simón, Omar
Felipe Mauri, Alberto Hernández,
Anely Fundora y Teresa Cárdenas.
Magali Sánchez dijo escribir
para niños de todas edades e
intereses, en un intento por
satisfacer sus peculiaridades
psicológicas, sus gustos, sus
necesidades. Si bien antes
escribía para adolescentes, ha
ampliado el diapasón a niños de
la enseñanza primaria, niños
distintos, desde el más
intelectual hasta el más
hiperquinético. “Intento
estudiar la psicología, la
inteligencia, y que esto pase al
subconsciente”, confesó, aun si
no se sienta a escribir con el
propósito deliberado de atender
con su obra estas cuestiones
directamente. Subrayó la
relevancia de que el escritor
entre en contacto con los niños
y los escuche, y distinguió la
iniciativa El caminante,
de la Editorial Gente Nueva,
consistente en que cada mes un
autor visite una escuela a fin
de intercambiar con los
estudiantes, de manera que el
autor se acerque a su receptor,
y este, a su vez, al libro que
se le destina.
“Escribo para un niño utópico
que vengo siendo yo mismo”,
admitió Nelson Simón, director
de la Editorial pinareña Cauce.
“Escribo lo que me gustaría leer
o contar”. Señaló en los autores
en general la tendencia a perder
de vista al lector, a alejarse
del niño y de su entorno, de los
planes de estudio y su
incidencia en la formación
estética. Reivindicó la
importancia de abordar con
imaginación la realidad
contemporánea y señaló la baja
disponibilidad de nuevos títulos
de aventuras con compromiso con
la actualidad y la cubanidad.
“No es enajenar o hablar de
mundos totalmente imaginarios,
sino llevar la realidad a un
plano superior”.
Enfocado en el lector infantil,
Nelson Simón apostó por no
analizar la literatura de manera
tan personal, sino pensar con
mayor flexibilidad y respeto al
lector. Argumentó la necesidad
de reconocer la diversidad de
características de los niños
según sus diferentes edades y
alertó acerca de posibles
descuidos con respecto a zonas
de la literatura infantil.
Particularmente interesantes
resultaron sus razonamientos
sobre la complejidad de las
obras para las distintas edades
y su convergencia en los mismos
premios y concursos, que deja en
desventaja a los textos más
sencillos siendo los adecuados
para las edades más tempranas y
también decisivas en la
formación del gusto por la
lectura. El tema se vuelve
particularmente pertinente si
tenemos en cuenta que una de las
fuentes de publicación son
justamente los concursos. Por
otra parte, el director de Cauce
apuntó: “Nuestro niño ya no es
el niño aislado de hace años”, y
analizó la influencia de las
ferias internacionales del libro
y el “bombardeo” con nuevos
productos y maneras de hacer al
que está sujeto el niño de hoy.
En su opinión todo esto ha de
tener una incidencia en la
gestión de las editoriales, y
por tanto editores y escritores
necesitan que se abran nuevos
foros y espacios para el
diálogo.
Por su parte, el escritor
Alberto Hernández insistió en el
lugar de las generaciones, entre
la contemporaneidad y la
tradición. “A veces buscamos
fuera del niño (…) el niño
necesita reinventarse la
realidad de modo diferente a
como la ve”. Mostró la
preocupación, que evidencia en
su obra “por que el niño tenga
respuestas que no tuve”. “No me
limito ante ningún tema”,
insistió, reconociendo el valor
de una respuesta apropiada en un
momento imperioso. Afirmó su
búsqueda de un lector
inteligente, “que quiera ir de
mi mano, creciendo”, sin que el
niño tenga que empinarse a
comprenderlo, sino conformando
el discurso según los niveles
del receptor. Hernández
coincidió en la idea del
“bombardeo” de los nuevos
medios, y agregó que en
ocasiones el acceso de los niños
a estos es aún mayor que el de
muchos adultos. Subrayó la
utilidad de que el niño se
reconozca en lo que lee, para
“mirarse por dentro” y formarse
para su adultez.
Anelys Fundora compartió con el
público textos de su poemario
Mariposas de invierno. “He
encontrado aquí al adolescente
para el cual yo escribo”, y
añadió una frase que permite
entrever una cierta preocupación
hacia la existencia de la
motivación por la lectura: “Hay
un remanente de jóvenes que en
realidad está interesado”.
Preparado para leer un texto
preelaborado, el escritor Omar
Felipe Mauri decidió ceder a la
improvisación y conversar
algunas inquietudes y ofrecer
otro cuento-regalo. La
definición de cuál es el niño
para el que se escribe “exige un
estudio y una profundización.
Extrañamos géneros, zonas de la
creación que no hay; estamos
centrados en nuestra visión de
las cosas”. Enfatizó en la
relevancia de captar los estados
de ánimo y de prestar verdadera
atención a los niños. Finalizó
su intervención narrando un
cuento que terminó con una
declaración válida para el
momento particular y para su
obra en general: “Mi forma de
ser ante el altar de los niños
es hacer lo que he hecho”.
La voz de Teresa Cárdenas,
doblemente narradora, terminó
esta sección del encuentro con
uno de esos cantos-cuentos sin
edad alusivos a nuestros
orígenes africanos.
El final de estos primeros
platos de la merienda de locos
estuvo a cargo de Leonor Prado,
presidenta del comité
ecuatoriano de la IBBY, quien
ofreció un panorama de la
literatura infantil de su país.
Entre sus propios textos, ya
como autora, emergió esa
capacidad de los duendes para la
ubicuidad espacial y temporal.
Una de sus historias cuenta como
un duende visita a la escritora
y se la lleva a conocer los
sueños de los niños para que
ella sepa sobre qué escribir.
¿No es eso justamente lo que ha
intentado hoy la tropa de Gente
Nueva?
Platos por venir
Para la segunda sesión se
anuncia otra novedad entre lo
que ya es tradición en UNA
MERIENDA DE LOCOS. El debate
se abre a otros espacios como el
texto de la canción infantil
como literatura, con el
conversatorio La canción para
niños en tiempos de reguetón
y el tema del audiovisual para
niños, con el panel
¿Programación
infantil o la infancia en tiempo
de culebrones?
También habrá un momento
destinado a la reciente
colección para jóvenes
Veintiuno, que congregará
algunos de sus autores, como
Bianca Pitzorno (Italia), Carlo
Frabetti (España), Armando José
Sequera (Venezuela), Jostein
Gaarder (Noruega).
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