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Desde los tiempos más remotos el
hombre ha dado testimonio de su
paso por la vida. Sobre piedra,
madera, arcilla, papel o
pantalla electrónica; en cuevas,
vasijas, utensilios de trabajo,
templos o rascacielos, estos
testimonios son evidencias
irrefutables de sus necesidades
y esperanzas, de sus miedos y
alegrías. Nadie duda de ellos,
aun cuando una filosofía tan
ilustre como la de Platón,
sostenga que lo que vemos en
este mundo son duplicados del
modelo original, ideal, que
existe fuera de este. Sin
embargo, junto a estos
testimonios —por cierto, bien
objetivos— existen otros que, no
por más enigmáticos e
incomprensibles para el hombre,
dejan de ser lo que son:
evidencias irrefutables de un
saber y un hacer que van más
allá de cualquier explicación o
referente conocido, a no ser
aquel que permite la intuición
humana y su imperiosa necesidad
—en todos los tiempos— de
conocer incluso aquello que
hasta el momento no tiene
comprobación cierta por el
trabajo científico. Estas
huellas de lo desconocido, son
el eje central de la selección
de textos que la Editorial
Capiro de Santa Clara, recoge
bajo el título Ovnilogía
cubana, recién presentada en
la sala Alejo Carpentier de la
Feria del Libro de La Habana.
Tal y como su título lo indica,
su principal particularidad
radica en que trata el tan
controvertido como polémico
fenómeno de los objetos volantes
no identificados —más conocido
por las siglas OVNI— desde
aquellos hechos históricos y
manifestaciones culturales que
caracterizan la identidad propia
de lo que damos en llamar lo
cubano.
En este registro de hechos y
manifestaciones,
es de observar también la
evolución de un pensamiento
acrecentado en el trabajo
investigativo y científico, en
el que no falta el puro
ejercicio de las bellas letras,
como se observa en los cuatro
artículos de Alejo Carpentier,
amén del propio interés de los
temas que abordan, entre los que
destacan las interpretaciones de
nuestro pasado aborigen desde
puntos de vista inéditos, o las
reflexiones sobre el impacto que
este fenómeno ha tenido en el
imaginario popular de las
culturas pasadas y presentes,
tanto como en nuestra sociedad y
la de otros pueblos. En
consecuencia, el presente título
es una selección actualizada de
la construcción de un
pensamiento nacional en relación
con los tópicos científicos y
pseudocientíficos que
problematizan este objeto de
estudio, y no una reiteración o
vuelta a lo ya hecho por otros,
como no pocas veces podemos
constatar en los textos y
revistas más comerciales
vinculados con el fenómeno OVNI
y los alienígenas en el
extranjero.
También recoge documentos
cuasi inéditos para el
público lector y hasta
especializado, como el que da fe
de la situación creada con el
caso “Dámaso”, en el que la
psicología del cubano y hasta
aspectos de su cotidiano de vida
quedan puestos de manifiesto en
un hecho singular de abducción,
o artículos periodísticos como
el que aborda el caso “Zárate”
en el semanario Juventud
Rebelde. Textos todos, sin
excepción, compilados bajo un
criterio que preferencia
aquellos valores de la cultura
nacional y universal con los
cuales es factible identificar
el fenómeno aludido. Con una
estructura concebida en cuatro
partes o capítulos, el discurso
tiende al contrapunto entre
pasado y presente, entre lo
particular y universal, sin
perjuicio de la dinámica que la
nueva conciencia y los medios de
comunicación han generado en
este inicio de siglo, incluso en
aquellos eventos en los que
están presentes los rasgos
idiosincrásicos del pueblo
cubano, por el cual, también en
este tema, somos iguales y
diferentes a otros pueblos.
El interés y carácter polémico
de estos textos, los convierten
en verdaderos signos de
interrogación de las tres
preguntas capitales que se ha
hecho siempre la humanidad: ¿De
dónde venimos? ¿Qué hacemos
aquí? ¿Hacia dónde vamos? El
sentido mismo de la vida, que de
forma tan pródiga y variada le
es concedido a nuestra especie
por la fe en sus dioses y en sus
propios congéneres; por su amor
a este planeta, que le ha
permitido ser lo que en sueños
ha querido ser; por amor,
también, a la pareja, a los
hijos, a las bellezas naturales
y a las del arte, al
conocimiento y a las ciencias,
parece encontrar en tales
preguntas el límite razonable
entre lo que sabemos y lo que
tal vez un día lleguemos a
saber. ¿Acaso los sueños tienen
límites? El universo está tan en
nosotros, que sentimos sus
latidos en cada uno de nuestros
corazones.
La ciencia y la religión se
abocan cada vez más a un mismo
destino. Asimismo, la
literatura, el arte y el diseño;
su intuición y particular manera
de acceder al conocimiento a
través de ese sexto sentido
inherente a su instrumental de
creación, alcanzado desde lo más
honesto y puro de lo humano
eterno, sigue imperturbable la
desconocida huella. “Algo viene
hacia nosotros”, parece decirnos
cada una de sus grandes
creaciones, desde las pinturas
rupestres hasta la última foto
satelital. No sé qué poder
alumbró a Miguel Ángel para
concebir esa metáfora visual
que, en el centro de la bóveda
de la Capilla Sixtina, ilustra
la creación del hombre con el
casi imperceptible roce del
índice divino de Dios… por la
propia soberbia del artista
—nada ajena a la estética y
filosofía dominante en su
tiempo— representado a imagen y
semejanza de su hijo. Pero sí
sé, que ese mismo índice, es el
que utilizó Steve Spilberg para
que su entrañable extraterrestre
se despidiera del primer amigo
que hizo en nuestro planeta. Si
me pidieran un epílogo para
tamaña aventura, diría que ET y
el niño son dos hermanos que
buscan incansablemente al padre,
para definir de una vez por
todas su identidad existencial
y, ¿por qué no?, estelar.
También nosotros somos hermanos
de ET. Estamos hechos del mismo
polvo con que se hicieron las
estrellas. También nosotros
buscamos una identidad mayor,
que nos permita reencontrarnos.
Dicho en términos más llanos:
una nueva y más justa
oportunidad para amarnos, para
reconocernos mejor en lo que
somos y en lo que podemos ser;
para volver de nuevo a lo
perdido, no como derrotados,
sino como vencedores de nuestra
pequeñeces morales y lo limitado
de nuestros sentidos presentes.
Amigos, los textos aquí
seleccionados —apenas una ínfima
parte del enorme caudal
bibliográfico relacionado con el
fenómeno OVNI dentro y fuera de
nuestra Isla—, por una parte,
son testimonios de que la
cultura cubana no ha estado en
ningún momento de su decursar
histórico ajena a ello, y, por
otra, que “algo” por explicar
aún forma parte de nuestra
existencia desde los más remotos
tiempos. Mucho antes de que
Europa tuviera noticias de la
existencia de un gran continente
entre ella y Asia, Herodoto
dijo: Lo más bello del mundo se
encuentra en los confines de la
Tierra. Hoy, aquí y ahora, desde
esta América Nuestra, corramos
las fronteras, y digamos con él:
Lo más bello de la Tierra se
encuentra en los confines del
universo. |