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Con el sello de la Editorial
Oriente, de Santiago de Cuba, ve
la luz un nuevo poemario de la
poeta Carmen Serrano, titulado
Por aquí andan mis ángeles;
nombre que merece una somera
historia del desplazamiento de
esos seres alados en el cielo de
la poesía cubana. No es
necesario detenerse en el
Paraíso, de Dante, porque
allí es tan abrumadora su
presencia que se tornan comunes
numéricamente, y todo parece
indicar que a mayor distancia de
los parajes divinos, los ángeles
resultan más humanos.
La simbología de los ángeles en
la poesía universal es muy rica
y diversa, por tanto, constituye
un riesgo todo acercamiento al
fenómeno; incluso aunque se
dispusiese del espacio requerido
para llevar a cabo “tal
propósito”. En fin, ¿qué es el
ángel y su plural simbología o
imagen? Gabriel Marcel, filósofo
francés y autor, entre otros
muchos libros, de
Prolegómenos para una metafísica
de la esperanza, se apoya en
Werner Günther para decirnos que
los ángeles son "concreciones
radiantes de ser, esencias de
belleza, de fuerza, de duración,
que tienen dominio propio en el
doble reino de la vida y la
muerte." Después Marcel, con una
mano sobre el hombro de Romano
Guardini, deja que este asegure
que los ángeles de las
Elegías del Duino, de Rainer
María Rilke, "no son mensajeros
del Dios vivo, son dioses
nuevos". Por eso debe aceptarse
como buena la afirmación del
filósofo francés cuando supone
que "de una manera completamente
general la intuición del Ángel
debe haberse presentado a Rilke
como una liberación". No
obstante, no es ocioso recordar
que las primeras elegías surgen
a partir de 1912, años convulsos
que preceden a la Primera Guerra
Mundial y que llevan a no pocos
creadores a refugiarse en la fe
y otros a dudar de ella, y que
el grueso de estas elegías son
escritas en 1922.
El ángel rilkeano, pues, es un
símbolo o imagen que marca los
límites de un hombre no acogido
a ninguna religión, pero que
defiende sus ideales de belleza
y necesita creer en algo en una
época adversa al hombre y sus
valores espirituales; porque de
no haber sido así hubiera
asumido a Dios o a otra
divinidad suprema.
Los que hayan leído, que supongo
sean muchos, la "Inicial
angélica", de Juan Marinello,
que sirve de prólogo o
introducción a la edición
príncipe de Júbilo y fuga,
de Emilio Ballagas, han
disfrutado de una breve y
hermosa reseña de la entrada o
aparición de los ángeles en el
quehacer poético de Cuba. No
está de más recordar que esta
llegada tiene universales
antecedentes —en una relación
más amplia, pero siempre
incompleta—, representados por
poetas de la categoría Milton,
Klopstock, Blake, el ya citado
Rilke y otros.
De modo incidental: en el
ambiente poético de lengua
española tener ángel equivalía a
tener gracia y luz espirituales,
cualidad que se le adjudicó a
Lorca más que a ningún otro
poeta español. Atmósfera que no
era total en él, ni en ningún
ser humano, pues Vicente
Aleixandre se encarga de dejar
en claro que Lorca no era un ser
hecho de una sola pieza, cuando
dijo: "a Federico se le ha
comparado con un niño, pero se
le puede comparar con un ángel,
con un agua ("mi corazón es un
poco de agua pura", decía él en
una carta), con una roca; en sus
más tremendos momentos era
impetuoso, clamoroso, mágico
como una selva".
Los ángeles divinos son
inmutables, y lo inmutable por
tierno que parezca a la postre
resulta frío y duro. Esto
explica que Rilke afirmara que
"todo ángel es terrible." Sin
embargo, el ser humano angélico
está abierto a todos los
sentimientos y valores, por lo
cual es más cercano y verdadero
que esos seres alados y
perfectos que terminan siendo
para el hombre sensible, más
rígidos y terribles que el ángel
carente de dones divinos. Desde
luego, la imagen del ángel en
determinado tiempo, se sentía a
sus anchas, más ajustada y
justificada, en el marco de la
poesía pura, y tal simbología en
el medio cubano en que la
filosofía es poco menos que
"meterse en camisa de 11 varas",
al decir de Fayad Jamís,
prefirieron disolverse en la
imagen niña de poetas como Brull
y Ballagas, pues Eugenio Florit
según Marinello, hacía suyos "a
esos ángeles de élitros de acero
y ebonita que hacen vibrar
eléctricamente el aire nadando".
Hombre sincero, el autor de
Liberación tenía en alta
autoestima su incursión
transitoria por la poesía
incontaminada o pura, y calificó
a los suyos como "ángeles
genuinos". Y aunque los de
Marinello precedieron a los de
Brull y Ballagas, muy pronto se
fundieron al pueblo con el fin
de participar en los anhelos de
este, ya que por libérrima
decisión había suplantado el yo
por el nosotros.
Cuando salió de las prensas, el
único libro de poemas publicado
por Marinello, algunos críticos
advirtieron en el breve conjunto
de textos una vibración nueva en
el desarrollo de nuestra
continuidad sensible. Boti
calificó esta poesía pura como
una lírica "acuciada por
problemas metafísicos pero sin
terrores teológicos". A su
generación, la de Marinello, esa
actitud estética le llegó a
través de la obra de Juan Ramón
Jiménez; por eso el autor del
poema "Y esta eterna nostalgia"
se pregunta si fue Brull, con
sus Poemas en menguante
el que "nos trajo los ángeles de
París, nacidos de la cabeza de
Jean Cocteau. Tal vez de la
misma procedencia parisiense,
pero con iniciativa propia y con
singular sabor de lo español
universal son los ángeles de
Rafael Alberti, pintados "con
luces de difícil y previa
intimidad", pero seguramente más
cercanos a los de Marinello que
a los de Brull y Ballagas. Así,
pues, en cualquier parte que la
poesía más o menos pura plante
sus tiendas, allí estarán los
ángeles custodiándolas y
protegiéndolas de los peligros
de la incomprensión. El libro
que la poeta pone a disposición
de los lectores, está custodiado
a la entrada por un exergo de un
ángel de Rafael Alberti y a la
salida o cierre del poemario
cuida uno de los ángeles
metafísicos de Rilke. Aquí en
necesario aclarar que el que
escribe esta presentación había
leído, hace ya algún tiempo,
buena parte de los textos que
figuran en el poemario, pero
indudablemente el libro fue
enriquecido y ha dado lugar a
estas palabras complementarias.
Por aquí andan mis ángeles, ¿es
un título que sustancia el
contenido del poemario? La
respuesta queda a criterio de
cada lector, porque se ha ido
generalizando la opinión de que
lo importante en relación con el
nombre de un libro es su poder
de sugerencia y no la síntesis
de su contenido; sobre todo
cuando se refiere a los géneros
de creación, como la poesía, la
narrativa, etcétera.
Rafael Alberti, el más
persistente cultor de la imagen
del ángel en la poesía de lengua
española, comenzó, como nuestra
poeta lo hace ahora, valiéndose
de escasos y aislados poemas
referidos a esos seres que con
el gaditano se hacen más
terrestres y puros, como puede
advertirse en "El ángel
confitero", único ser alado
presente en El alba del
alhelí; "Los ángeles
albañiles", solitario guardián
en los predios de Cal y canto
y se produce la eclosión cíclica
con Sobre los ángeles,
extraordinario libro que
estableció una simbología o
imagen de muy alta categoría
poética.
Los ángeles de Carmen Serrano
son desenvueltos y activos,
ángeles fieramente humanos
—parafraseando aquí el venturoso
título dado por Blas de Otero a
uno de sus libros de poesía—; y
como aún no son muchos, deben
custodiar a poemas, por ejemplo
como el titulado "El gran
emperador", dedicado a un ser
candoroso y terrestre, que no
aspira a nada más que tutearse
con la belleza en voz baja, sin
estridencias, que ha merecido
esta joyita nacida de la
admiración sincera y que
sobresale entre otros excelentes
poemas de variadas motivaciones.
Podrá la poeta configurar un día
un ciclo de poemas referidos a
la simbología o imagen del
ángel, pero seguramente se ha
dado cuenta de que hay seres a
veces cercanos que motivan con
tanta fuerza y potencia, por su
callada ternura, que los mismos
y altísimos ángeles rilkeanos.
Podrá venir ese ciclo, pero el
libro que presentamos hoy es
excelente y perfila a la poeta
como una de las voces a tener en
cuenta en el quehacer poético de
Cuba. |