Año VII
La Habana

14-20 de FEBRERO
de 2009

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Por aquí andan mis ángeles, de Carmen Serrano

Palabras complementarias

Alberto Rocasolano • La Habana

 
Con el sello de la Editorial Oriente, de Santiago de Cuba, ve la luz un nuevo poemario de la poeta Carmen Serrano, titulado Por aquí andan mis ángeles; nombre que merece una somera historia del desplazamiento de esos seres alados en el cielo de la poesía cubana. No es necesario detenerse en el Paraíso, de Dante, porque allí es tan abrumadora su presencia que se tornan comunes numéricamente, y todo parece indicar que a mayor distancia de los parajes divinos, los ángeles resultan más humanos.

La simbología de los ángeles en la poesía universal es muy rica y diversa, por tanto, constituye un riesgo todo acercamiento al fenómeno; incluso aunque se dispusiese del espacio requerido para llevar a cabo “tal propósito”. En fin, ¿qué es el ángel y su plural simbología o imagen? Gabriel Marcel, filósofo francés y autor, entre otros muchos libros, de Prolegómenos para una metafísica de la esperanza, se apoya en Werner Günther para decirnos que los ángeles son "concreciones radiantes de ser, esencias de belleza, de fuerza, de duración, que tienen dominio propio en el doble reino de la vida y la muerte." Después Marcel, con una mano sobre el hombro de Romano Guardini, deja que este asegure que los ángeles de las Elegías del Duino, de Rainer María Rilke, "no son mensajeros del Dios vivo, son dioses nuevos". Por eso debe aceptarse como buena la afirmación del filósofo francés cuando supone que "de una manera completamente general la intuición del Ángel debe haberse presentado a Rilke como una liberación". No obstante, no es ocioso recordar que las primeras elegías surgen a partir de 1912, años convulsos que preceden a la Primera Guerra Mundial y que llevan a no pocos creadores a refugiarse en la fe y otros a dudar de ella, y que el grueso de estas elegías son escritas en 1922.

El ángel rilkeano, pues, es un símbolo o imagen que marca los límites de un hombre no acogido a ninguna religión, pero que defiende sus ideales de belleza y necesita creer en algo en una época adversa al hombre y sus valores espirituales; porque de no haber sido así hubiera asumido a Dios o a otra divinidad suprema.

Los que hayan leído, que supongo sean muchos, la "Inicial angélica", de Juan Marinello, que sirve de prólogo o introducción a la edición príncipe de Júbilo y fuga, de Emilio Ballagas, han disfrutado de una breve y hermosa reseña de la entrada o aparición de los ángeles en el quehacer poético de Cuba. No está de más recordar que esta llegada tiene universales antecedentes —en una relación más amplia, pero siempre incompleta—, representados por poetas de la categoría Milton, Klopstock, Blake, el ya citado Rilke y otros.

De modo incidental: en el ambiente poético de lengua española tener ángel equivalía a tener gracia y luz espirituales, cualidad que se le adjudicó a Lorca más que a ningún otro poeta español. Atmósfera que no era total en él, ni en ningún ser humano, pues Vicente Aleixandre se encarga de dejar en claro que Lorca no era un ser hecho de una sola pieza, cuando dijo: "a Federico se le ha comparado con un niño, pero se le puede comparar con un ángel, con un agua ("mi corazón es un poco de agua pura", decía él en una carta), con una roca; en sus más tremendos momentos era impetuoso, clamoroso, mágico como una selva".

Los ángeles divinos son inmutables, y lo inmutable por tierno que parezca a la postre resulta frío y duro. Esto explica que Rilke afirmara que "todo ángel es terrible." Sin embargo, el ser humano angélico está abierto a todos los sentimientos y valores, por lo cual es más cercano y verdadero que esos seres alados y perfectos que terminan siendo para el hombre sensible, más rígidos y terribles que el ángel carente de dones divinos. Desde luego, la imagen del ángel en determinado tiempo, se sentía a sus anchas, más ajustada y justificada, en el marco de la poesía pura, y tal simbología en el medio cubano en que la filosofía es poco menos que "meterse en camisa de 11 varas", al decir de Fayad Jamís, prefirieron disolverse en la imagen niña de poetas como Brull y Ballagas, pues Eugenio Florit según Marinello, hacía suyos "a esos ángeles de élitros de acero y ebonita que hacen vibrar eléctricamente el aire nadando".

Hombre sincero, el autor de Liberación tenía en alta autoestima su incursión transitoria por la poesía incontaminada o pura, y calificó a los suyos como "ángeles genuinos". Y aunque los de Marinello precedieron a los de Brull y Ballagas, muy pronto se fundieron al pueblo con el fin de participar en los anhelos de este, ya que por libérrima decisión había suplantado el yo por el nosotros.

Cuando salió de las prensas, el único libro de poemas publicado por Marinello, algunos críticos advirtieron en el breve conjunto de textos una vibración nueva en el desarrollo de nuestra continuidad sensible. Boti calificó esta poesía pura como una lírica "acuciada por problemas metafísicos pero sin terrores teológicos". A su generación, la de Marinello, esa actitud estética le llegó a través de la obra de Juan Ramón Jiménez; por eso el autor del poema "Y esta eterna nostalgia" se pregunta si fue Brull, con sus Poemas en menguante el que "nos trajo los ángeles de París, nacidos de la cabeza de Jean Cocteau. Tal vez de la misma procedencia parisiense, pero con iniciativa propia y con singular sabor de lo español universal son los ángeles de Rafael Alberti, pintados "con luces de difícil y previa intimidad", pero seguramente más cercanos a los de Marinello que a los de Brull y Ballagas. Así, pues, en cualquier parte que la poesía más o menos pura plante sus tiendas, allí estarán los ángeles custodiándolas y protegiéndolas de los peligros de la incomprensión. El libro que la poeta pone a disposición de los lectores, está custodiado a la entrada por un exergo de un ángel de Rafael Alberti y a la salida o cierre del poemario cuida uno de los ángeles metafísicos de Rilke. Aquí en necesario aclarar que el que escribe esta presentación había leído, hace ya algún tiempo, buena parte de los textos que figuran en el poemario, pero indudablemente el libro fue enriquecido y ha dado lugar a estas palabras complementarias.
Por aquí andan mis ángeles, ¿es un título que sustancia el contenido del poemario? La respuesta queda a criterio de cada lector, porque se ha ido generalizando la opinión de que lo importante en relación con el nombre de un libro es su poder de sugerencia y no la síntesis de su contenido; sobre todo cuando se refiere a los géneros de creación, como la poesía, la narrativa, etcétera.

Rafael Alberti, el más persistente cultor de la imagen del ángel en la poesía de lengua española, comenzó, como nuestra poeta lo hace ahora, valiéndose de escasos y aislados poemas referidos a esos seres que con el gaditano se hacen más terrestres y puros, como puede advertirse en "El ángel confitero", único ser alado presente en El alba del alhelí; "Los ángeles albañiles", solitario guardián en los predios de Cal y canto y se produce la eclosión cíclica con Sobre los ángeles, extraordinario libro que estableció una simbología o imagen de muy alta categoría poética.

Los ángeles de Carmen Serrano son desenvueltos y activos, ángeles fieramente humanos —parafraseando aquí el venturoso título dado por Blas de Otero a uno de sus libros de poesía—; y como aún no son muchos, deben custodiar a poemas, por ejemplo como el titulado "El gran emperador", dedicado a un ser candoroso y terrestre, que no aspira a nada más que tutearse con la belleza en voz baja, sin estridencias, que ha merecido esta joyita nacida de la admiración sincera y que sobresale entre otros excelentes poemas de variadas motivaciones. Podrá la poeta configurar un día un ciclo de poemas referidos a la simbología o imagen del ángel, pero seguramente se ha dado cuenta de que hay seres a veces cercanos que motivan con tanta fuerza y potencia, por su callada ternura, que los mismos y altísimos ángeles rilkeanos. Podrá venir ese ciclo, pero el libro que presentamos hoy es excelente y perfila a la poeta como una de las voces a tener en cuenta en el quehacer poético de Cuba.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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