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A la mesa de presentación de la
sala Alejo Carpentier parecía no
caberle una mujer más. Ocho de
las más importantes narradoras
contemporáneas de nuestra Isla,
copaban las sillas frente a un
auditorio diverso en edades y
géneros, expectante ante la
cantidad de nuevos títulos de
firma femenina que la Editorial
Unión trae a la XVIII Feria
Internacional del Libro.
La evocación de esa imagen vale
tal vez más que las palabras. Si
décadas atrás las mujeres
dedicadas a la prosa de ficción
resultaban numéricamente menores
que los hombres, con regocijo
asistimos a una época en que la
garra de sus narraciones se
impone entre lo más
significativo de la literatura
cubana. Los rostros, de
Ester Díaz Llanillo; El
búfalo ciego y otros cuentos,
de Mirta Yáñez; Desencuentro,
de Nancy Alonso; La vida
tomada de María E, de Laidi
Fernández de Juan; El reino
de la noche, de Gina Picart;
La enfermedad del beso y
otras dolencias de amor, de
Rebecca Murga; Todas las
mujeres se desnudan, de
Aymara Aymerich y Little
Woman in blue jeans, de
Mylene Fernández Pintado;
conforman, junto a la reedición
de la antología Estatuas de
sal, el catálogo reciente de
la editorial de la Unión de
Escritores y Artistas de Cuba,
dirigida por Olga Marta Pérez.
Como bien aclaró esta editora,
no se trata de una colección
propiamente femenina, sino de la
muestra fehaciente del buen
trabajo de las narradoras
cubanas, de su sensibilidad e
imaginación para narrar la
realidad que las circunda. “Más
que un capricho feminista, se
trata del resultado de una
certeza”, comentó Pérez.
Marilyn Bobes, escritora que
junto a Mirta Yáñez tuvo a su
cargo la compilación de la
tradición narrativa de mujeres
en Cuba, recogida en Estatuas
de sal; tuvo a su cargo las
palabras de introducción para
estos nueve libros. Sintética y
profunda, como nos tiene
acostumbrados, Bobes logró
retratar en sus palabras el
sentido clave de cada textos.
Asimismo, resaltó la importancia
del camino recorrido hasta el
presente por sus colegas, una
escalada que bien debería
abandonar ese espacio habitual
que segmenta la escritura según
el género de sus autoras y que a
la larga, pudiera resultar
autoexclusivo. “Las narradoras
cubanas hemos conquistado un
espacio que bien merecería su
inclusión en la generalidad y
una salida de esta especie de
ghetto en el que ahora
resultamos con frecuencia
aisladas, a veces con muy buenas
intenciones, como es el caso de
las principales presentaciones
de un bloque femenino que
realiza la Editorial Unión
dentro de la Feria”, aclaró.
“Las autoras cubanas merecen y
deben ser tomadas en cuenta en
el amplio concierto de la
literatura cubana. Hacerlas
visibles es y no es ya, al mismo
tiempo, una tarea necesaria”.
En esta necesidad de otorgar un
espacio a las letras femeninas,
el trabajo de la Editorial Unión
constituye un pilar
indiscutible, reconocido por
todas las escritoras presentes
en la sala, quienes también
abordaron la calidad estética de
los libros, excelentes en su
diseño y edición.
Mirta Yáñez recordó los momentos
en que se gestaba el proyecto de
Estatuas de sal, por el
año 1995, empeño este al que no
faltaron miradas escépticas y
profetas maliciosos que
sentenciaban al olvido aquella
selección. Por fortuna, los
descreídos han visto frustradas
sus expectativas. No solo fue
válido aquel primer intento sino
que todas las allí incluidas
tienen hoy una obra sólida, con
evidentes marcas genéricas a la
vez que diversa en estilos,
tendencias y obsesiones
temáticas, desde la que las
escritoras han logrado dotar
—quién sabe si de forma
inconsciente—, de una mirada de
género a la literatura cubana,
una de sus marcas ineludibles en
los últimos tiempos. “Lo más
importante es que
afortunadamente hemos seguido
escribiendo, por lo que tenemos
que agradecerles no solo a las
que estamos sentadas aquí, sino
a todas las escritoras cubanas”,
reafirmó Yáñez.
Las que fueran estatuas de sal
en el pasado, hoy viran la
espalda y sonríen con seguridad,
pues han dejado atrás un camino
recorrido con esfuerzo; pero en
el que también se vislumbran
momentos de felicidad. Ellas,
las escritoras cubanas, van
labrando a su paso un constante
flujo de creatividades, con
nombres que se multiplican y
aseguran la continuidad de un
panorama cada vez más halagüeño
y en el que la Isla va siendo
contada en los atrevidos
ensueños de sus mujeres. |