Año VII
La Habana

14-20 de FEBRERO
de 2009

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La isla de las mujeres

Helen Hernández Hormilla • La Habana

 

A la mesa de presentación de la sala Alejo Carpentier parecía no caberle una mujer más. Ocho de las más importantes narradoras contemporáneas de nuestra Isla, copaban las sillas frente a un auditorio diverso en edades y géneros, expectante ante la cantidad de nuevos títulos de firma femenina que la Editorial Unión trae a la XVIII Feria Internacional del Libro.

La evocación de esa imagen vale tal vez más que las palabras. Si décadas atrás las mujeres dedicadas a la prosa de ficción resultaban numéricamente menores que los hombres, con regocijo asistimos a una época en que la garra de sus narraciones se impone entre lo más significativo de la literatura cubana. Los rostros, de Ester Díaz Llanillo; El búfalo ciego y otros cuentos, de Mirta Yáñez; Desencuentro, de Nancy Alonso; La vida tomada de María E, de Laidi Fernández de Juan; El reino de la noche, de Gina Picart; La enfermedad del beso y otras dolencias de amor, de Rebecca Murga; Todas las mujeres se desnudan, de Aymara Aymerich y Little Woman in blue jeans, de Mylene Fernández Pintado; conforman, junto a la reedición de la antología Estatuas de sal, el catálogo reciente de la editorial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, dirigida por Olga Marta Pérez. Como bien aclaró esta editora, no se trata de una colección propiamente femenina, sino de la muestra fehaciente del buen trabajo de las narradoras cubanas, de su sensibilidad e imaginación para narrar la realidad que las circunda. “Más que un capricho feminista, se trata del resultado de una certeza”, comentó Pérez.

Marilyn Bobes, escritora que junto a Mirta Yáñez tuvo a su cargo la compilación de la tradición narrativa de mujeres en Cuba, recogida en Estatuas de sal; tuvo a su cargo las palabras de introducción para estos nueve libros. Sintética y profunda, como nos tiene acostumbrados, Bobes logró retratar en sus palabras el sentido clave de cada textos. Asimismo, resaltó la importancia del camino recorrido hasta el presente por sus colegas, una escalada que bien debería abandonar ese espacio habitual que segmenta la escritura según el género de sus autoras y que a la larga, pudiera resultar autoexclusivo. “Las narradoras cubanas hemos conquistado un espacio que bien merecería su inclusión en la generalidad y una salida de esta especie de ghetto en el que ahora resultamos con frecuencia aisladas, a veces con muy buenas intenciones, como es el caso de las principales presentaciones de un bloque femenino que realiza la Editorial Unión dentro de la Feria”, aclaró. “Las autoras cubanas merecen y deben ser tomadas en cuenta en el amplio concierto de la literatura cubana. Hacerlas visibles es y no es ya, al mismo tiempo, una tarea necesaria”.

En esta necesidad de otorgar un espacio a las letras femeninas, el trabajo de la Editorial Unión constituye un pilar indiscutible, reconocido por todas las escritoras presentes en la sala, quienes también abordaron la calidad estética de los libros, excelentes en su diseño y edición.

Mirta Yáñez recordó los momentos en que se gestaba el proyecto de Estatuas de sal, por el año 1995, empeño este al que no faltaron miradas escépticas y profetas maliciosos que sentenciaban al olvido aquella selección. Por fortuna, los descreídos han visto frustradas sus expectativas. No solo fue válido aquel primer intento sino que todas las allí incluidas tienen hoy una obra sólida, con evidentes marcas genéricas a la vez que diversa en estilos, tendencias y obsesiones temáticas, desde la que las escritoras han logrado dotar —quién sabe si de forma inconsciente—, de una mirada de género a la literatura cubana, una de sus marcas ineludibles en los últimos tiempos. “Lo más importante es que afortunadamente hemos seguido escribiendo, por lo que tenemos que agradecerles no solo a las que estamos sentadas aquí, sino a todas las escritoras cubanas”, reafirmó Yáñez.

Las que fueran estatuas de sal en el pasado, hoy viran la espalda y sonríen con seguridad, pues han dejado atrás un camino recorrido con esfuerzo; pero en el que también se vislumbran momentos de felicidad. Ellas, las escritoras cubanas, van labrando a su paso un constante flujo de creatividades, con nombres que se multiplican y aseguran la continuidad de un panorama cada vez más halagüeño y en el que la Isla va siendo contada en los atrevidos ensueños de sus mujeres.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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