Año VII
La Habana
2008

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 CRÓNICAS DE LA REVOLUCIÓN  (16 Parte)
Crónicas de la Revolución 
William Gálvez • La Habana

La No. 2 no había tenido hasta las horas de la tarde indicio de que el enemigo anduviese cerca. En ese espacio del día apareció el tesorero del M-26-7 en Las Tunas, Pedro Humberto Reyes, quien había sido mandado a buscar para entregar cierta cantidad de dinero a la columna. Este individuo traicionó posteriormente a la Revolución y vino entre los mercenarios de Playa Girón. Su posición por aquella época era la típica de los adinerados oportunistas: estaba contra el régimen y ayudaba a los revolucionarios, pero con el fin de obtener prebendas. Fue de los que creyeron que en Cuba habría únicamente un cambio de hombres y no la transformación completa de un sistema. En aquella oportunidad, Camilo dejó una nota como constancia del dinero que recibió.
 

La comida fue abundante y acompañada con refrescos, algo extra. También consiguieron una guitarra y se cantó. Los visitantes, además de los refrescos trajeron una botella de coñac que compartimos con ellos. Fue una tarde alegre y también una inconsciente despedida a la provincia oriental.
 

El inesperado “guatequito” tocó a su fin, pues había que partir. La marcha se inició entre las 6:30 y las 7 p.m., más o menos, la hora habitual de salida. En aquella ocasión, todos montan a caballo, pues los que no poseían cabalgadura propia lo hicieron en las ancas de los que las tenían. Cabalgaron unas seis horas hasta llegar a los montes de Santa Rosa, como a las cuatro de la madrugada del día 7.

 

CHE: “Septiembre 7.- La lluvia es tan inclemente que apenas podemos avanzar a lo largo de la finca La Bahía. La tropa está tan agotada que nos obliga a buscar caballos, entramos y cruzamos la arrocera Bartle y esa misma noche decidimos cruzar el río, acampamos en la finca El Berraco, en tierra del municipio de Guáimaro, provincia de Camagüey...”

El trayecto hasta el lugar señalado fue violento por lo intransitable de la vía. Nuevamente la reprimenda de Guevara cayó sobre el grupo que confundiendo la orden se tiraron a dormir en espera del resto de la tropa, en vez de continuar la marcha.
 

El campamento de ese día se instaló entre los terrenos de Palmarito de Jobabo y Santa Isabel de Virama, y vivaquearon en el batey de este último punto. Allí los atendió el jefe de un grupo de colaboradores, Ángel Salgado, conocido por el Cojo, que conocía de su llegada. Desde aquel lugar, enterado del campamento de su homólogo, le escribe:
 

"Camilo:

"Estoy en casa de tu tocayo Camilo López, cerca de allí, y salgo esta tarde para la arrocera. Esta ya debe estar tomada a estas horas porque pensaba tirarme el lance de coger camiones allí, aunque ahora dicen que no hay jeeps, ni nada en la arrocera y hay 400 guardias en Jobabo. Probablemente bolas; pero hay que coordinar acciones. Mándame a decir tu rumbo o ten prevenida a la gente para no fajarnos en caso de topar como dicen que haremos.
 

                    CHE                  Septiembre 7-58 2:45 A las 4 sale el primero para la arrocera.”
 

Escucharon por la radio la amenaza de una nueva perturbación ciclónica, lo que auguraba más agua en los días venideros. El rancho continuó siendo bueno y amplio. Al final de la tarde se pusieron nuevamente en marcha con la guía de los colaboradores Salvador Cuello, Urbano Saborí y otros. Una parte de la columna va a caballo y otra a pie. El cruce del río Virama fue fácil, aunque se mojaron de arriba abajo nuevamente. Partiendo del relato de Joel, se interna en las tierras camagüeyanas entre las 20:00 y 20:30 horas del 7 de septiembre, al cruzar el río Jobabo. Atrás quedaba la hospitalaria y querida provincia oriental.

 

La Antonio Maceo tuvo que acampar en los montes de Santa Rosa, pues no era seguro que pudieran llegar a un buen monte en el tiempo que faltaba para el amanecer. Durmieron algo y pasada la media mañana ya casi toda la tropa estaba en pie. Como de costumbre hasta esa fecha, tomaron café con leche. Los distintos pelotones se disponían a preparar el almuerzo, garantizado por los buenos suministradores y las favorables condiciones existentes para el regular abastecimiento de la guerrilla en aquel territorio.
 

Este campamento fue el último en esa provincia, pues ya estaban cerca del río Jobabo, límite entre Oriente y Camagüey. Aquí Alberto Sánchez, mayoral de una finca, facilitó cinco bestias. Su hijo, llamado Carlos, sirvió de práctico desde Santa Ana hasta Santa Rosa.
 

Como de costumbre, se mandó a explorar el camino que debía seguir la tropa pero se extremaron las medidas de precaución, ya que a partir del río Jobabo se entraba en un terreno desconocido para los rebeldes. El jefe invasor esperaba encontrar la pequeña guerrilla que sabía operaba al sur de Camagüey además, consideraba que la Dirección Provincial del M-26-7 estaba informada acerca del paso de las columnas para prestarle ayuda. La marcha se inició muy temprano; el práctico dijo que después del río Jobabo era necesario atravesar un tramo largo de terraplén y arroceras, desprovisto de árboles y sin ningún monte cerca.
 

Cuando comenzó la marcha, casi la totalidad de los columnistas montaba a caballo. Ya no era una tropa de infantería, sino de caballería, como en los tiempos en que nuestro Maceo realizó su gloriosa Invasión. A orillas del Jobabo, en el lugar conocido por El Estribo, se hizo una parada con el fin de explorar la ruta siguiente y llegaron a casa de Néstor Almeida; su hijo Alfredo sirvió de práctico hasta el próximo campamento, ya en Camagüey.
 

Como se ve, ambas columnas invasoras penetraron en la provincia de Camagüey en la noche del 7 de septiembre, aproximadamente a la misma hora, aunque por distintos lugares y no distantes uno del otro. Tomando como fecha de salida el 21 de agosto, la Antonio Maceo demoró 17 días y contando desde el 31 del mismo mes, la Ciro Redondo lo hizo en 7. Debe tenerse en cuenta que la causa de que la primera demorara más días, fue debido al tiempo que hubo que permanecer retenido a orillas del Cauto, pues era de vital importancia para la lucha revolucionaria que Camilo resolviera los graves problemas creados en la zona del Cauto durante su ausencia. Por nuestros cálculos, se vencieron 220 kilómetros.
 

Camagüey es la provincia de Cuba con menos accidentes en su relieve, debido a la intensa acción de la erosión durante siglos. Posee una gran llanura central, algunas elevaciones poco importantes al norte y sur (Sierras de Cubitas y de Najasa), bordeada por extensas llanuras costeras, con lugares cenagosos, seguidas de una amplia plataforma y cayería a lo largo de sus litorales.
 

La vegetación boscosa de la gran planicie camagüeyana fue devastada durante la neocolonia. En sus territorios existían 16 empresas azucareras yanquis, cubanas y holandesas, propietarias de 24 centrales.
 

La población de la provincia en 1958 era de unos 618 mil habitantes, según el censo de 1953, con una extensión territorial de 26 346 kilómetros cuadrados, con nueve municipios. El sur de Camagüey, por donde entraron las columnas invasoras, comprende en ese entonces los términos municipales de Santa Cruz del Sur y Florida, así como algunos territorios de Camagüey y Guáimaro. El relieve, muy llano hacia la zona costera, es ondulado hacia el interior. Se observan algunas aisladas alturas residuales, que forman el grupo de Najasa, integrado por las sierras de Najasa, Guaicanamar y Chorrillo, entre otras.

 

Continuará…

 
 

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La Habana, Cuba. 2008.
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