La No. 2 no había tenido hasta las
horas de la tarde indicio de que el
enemigo anduviese cerca. En ese
espacio del día apareció el tesorero
del M-26-7 en Las Tunas, Pedro
Humberto Reyes, quien había sido
mandado a buscar para entregar
cierta cantidad de dinero a la
columna. Este individuo traicionó
posteriormente a la Revolución y
vino entre los mercenarios de Playa
Girón. Su posición por aquella época
era la típica de los adinerados
oportunistas: estaba contra el
régimen y ayudaba a los
revolucionarios, pero con el fin de
obtener prebendas. Fue de los que
creyeron que en Cuba habría
únicamente un cambio de hombres y no
la transformación completa de un
sistema. En aquella oportunidad,
Camilo dejó una nota como constancia
del dinero que recibió.
La comida fue abundante y acompañada
con refrescos, algo extra. También
consiguieron una guitarra y se
cantó. Los visitantes, además de los
refrescos trajeron una botella de
coñac que compartimos con ellos. Fue
una tarde alegre y también una
inconsciente despedida a la
provincia oriental.
El inesperado “guatequito” tocó a su
fin, pues había que partir. La
marcha se inició entre las 6:30 y
las 7 p.m., más o menos, la hora
habitual de salida. En aquella
ocasión, todos montan a caballo,
pues los que no poseían cabalgadura
propia lo hicieron en las ancas de
los que las tenían. Cabalgaron unas
seis horas hasta llegar a los montes
de Santa Rosa, como a las cuatro de
la madrugada del día 7.
CHE: “Septiembre 7.- La lluvia es
tan inclemente que apenas podemos
avanzar a lo largo de la finca La
Bahía. La tropa está tan agotada que
nos obliga a buscar caballos,
entramos y cruzamos la arrocera
Bartle y esa misma noche decidimos
cruzar el río, acampamos en la finca
El Berraco, en tierra del municipio
de Guáimaro, provincia de
Camagüey...”
El trayecto hasta el lugar señalado
fue violento por lo intransitable de
la vía. Nuevamente la reprimenda de
Guevara cayó sobre el grupo que
confundiendo la orden se tiraron a
dormir en espera del resto de la
tropa, en vez de continuar la
marcha.
El campamento de ese día se instaló
entre los terrenos de Palmarito de
Jobabo y Santa Isabel de Virama, y
vivaquearon en el batey de este
último punto. Allí los atendió el
jefe de un grupo de colaboradores,
Ángel Salgado, conocido por el Cojo,
que conocía de su llegada. Desde
aquel lugar, enterado del campamento
de su homólogo, le escribe:
"Camilo:
"Estoy en casa de tu tocayo Camilo
López, cerca de allí, y salgo esta
tarde para la arrocera. Esta ya debe
estar tomada a estas horas porque
pensaba tirarme el lance de coger
camiones allí, aunque ahora dicen
que no hay jeeps, ni nada en la
arrocera y hay 400 guardias en
Jobabo. Probablemente bolas; pero
hay que coordinar acciones. Mándame
a decir tu rumbo o ten prevenida a
la gente para no fajarnos en caso de
topar como dicen que haremos.
CHE Septiembre 7-58
2:45 A las 4 sale el primero
para la arrocera.”
Escucharon por la radio la amenaza
de una nueva perturbación ciclónica,
lo que auguraba más agua en los días
venideros. El rancho continuó siendo
bueno y amplio. Al final de la tarde
se pusieron nuevamente en marcha con
la guía de los colaboradores
Salvador Cuello, Urbano Saborí y
otros. Una parte de la columna va a
caballo y otra a pie. El cruce del
río Virama fue fácil, aunque se
mojaron de arriba abajo nuevamente.
Partiendo del relato de Joel, se
interna en las tierras camagüeyanas
entre las 20:00 y 20:30 horas del
7 de septiembre, al cruzar el
río Jobabo. Atrás quedaba la
hospitalaria y querida provincia
oriental.
La Antonio Maceo tuvo que acampar en
los montes de Santa Rosa, pues no
era seguro que pudieran llegar a un
buen monte en el tiempo que faltaba
para el amanecer. Durmieron algo y
pasada la media mañana ya casi toda
la tropa estaba en pie. Como de
costumbre hasta esa fecha, tomaron
café con leche. Los distintos
pelotones se disponían a preparar el
almuerzo, garantizado por los buenos
suministradores y las favorables
condiciones existentes para el
regular abastecimiento de la
guerrilla en aquel territorio.
Este campamento fue el último en esa
provincia, pues ya estaban cerca del
río Jobabo, límite entre Oriente y
Camagüey. Aquí Alberto Sánchez,
mayoral de una finca, facilitó cinco
bestias. Su hijo, llamado Carlos,
sirvió de práctico desde Santa Ana
hasta Santa Rosa.
Como de costumbre, se mandó a
explorar el camino que debía seguir
la tropa pero se extremaron las
medidas de precaución, ya que a
partir del río Jobabo se entraba en
un terreno desconocido para los
rebeldes. El jefe invasor esperaba
encontrar la pequeña guerrilla que
sabía operaba al sur de Camagüey
además, consideraba que la Dirección
Provincial del M-26-7 estaba
informada acerca del paso de las
columnas para prestarle ayuda. La
marcha se inició muy temprano; el
práctico dijo que después del río
Jobabo era necesario atravesar un
tramo largo de terraplén y
arroceras, desprovisto de árboles y
sin ningún monte cerca.
Cuando comenzó la marcha, casi la
totalidad de los columnistas montaba
a caballo. Ya no era una tropa de
infantería, sino de caballería, como
en los tiempos en que nuestro Maceo
realizó su gloriosa Invasión. A
orillas del Jobabo, en el lugar
conocido por El Estribo, se hizo una
parada con el fin de explorar la
ruta siguiente y llegaron a casa de
Néstor Almeida; su hijo Alfredo
sirvió de práctico hasta el próximo
campamento, ya en Camagüey.
Como se ve, ambas columnas invasoras
penetraron en la provincia de
Camagüey en la noche del 7 de
septiembre, aproximadamente a la
misma hora, aunque por distintos
lugares y no distantes uno del otro.
Tomando como fecha de salida el 21
de agosto, la Antonio Maceo demoró
17 días y contando desde el 31 del
mismo mes, la Ciro Redondo lo hizo
en 7. Debe tenerse en cuenta que la
causa de que la primera demorara más
días, fue debido al tiempo que hubo
que permanecer retenido a orillas
del Cauto, pues era de vital
importancia para la lucha
revolucionaria que Camilo resolviera
los graves problemas creados en la
zona del Cauto durante su ausencia.
Por nuestros cálculos, se vencieron
220 kilómetros.
Camagüey es la provincia de Cuba con
menos accidentes en su relieve,
debido a la intensa acción de la
erosión durante siglos. Posee una
gran llanura central, algunas
elevaciones poco importantes al
norte y sur (Sierras de Cubitas y de
Najasa), bordeada por extensas
llanuras costeras, con lugares
cenagosos, seguidas de una amplia
plataforma y cayería a lo largo de
sus litorales.
La vegetación boscosa de la gran
planicie camagüeyana fue devastada
durante la neocolonia. En sus
territorios existían 16 empresas
azucareras yanquis, cubanas y
holandesas, propietarias de 24
centrales.
La población de la provincia en 1958
era de unos 618 mil habitantes,
según el censo de 1953, con una
extensión territorial de 26 346
kilómetros cuadrados, con nueve
municipios. El sur de Camagüey, por
donde entraron las columnas
invasoras, comprende en ese entonces
los términos municipales de Santa
Cruz del Sur y Florida, así como
algunos territorios de Camagüey y
Guáimaro. El relieve, muy llano
hacia la zona costera, es ondulado
hacia el interior. Se observan
algunas aisladas alturas residuales,
que forman el grupo de Najasa,
integrado por las sierras de Najasa,
Guaicanamar y Chorrillo, entre
otras.