Año VII
La Habana

31 de ENERO al
6 de FEBRERO
de 2009

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

ENREDOS

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?


Hace apenas unos meses Annia Bú Maure era solo una estudiante del Instituto Superior de Arte deseosa de volcar en la práctica actoral toda su vocación y talento. Hoy, su vida es otra. Los dioses rotos, película cubana de Ernesto Daranas, recientemente estrenada en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, se encargó de abrirle las puertas del séptimo arte y, con una alta dosis de profesionalismo, responsabilidad y dedicación, esta joven actriz consiguió salir airosa de la prueba que suponía la realización de un protagónico tan polémico como el que colocaban en sus manos.

En el filme ella interpreta el personaje de Sandra, una muchacha de origen marginal que se desenvuelve en el mundo del proxenetismo y que funde en su espiritualidad todo un caudal de pasiones y sentimientos que logran humanizarla ante los ojos del espectador. La caracterización del personaje y el desempeño en el mismo le han merecido no pocos elogios por parte de la crítica que la considera “una de las grandes revelaciones del cine cubano en el pasado año”. En entrevista concedida a La Jiribilla, Annia nos cuenta sobre su llegada a Los dioses… y lo vivido gracias a esta película.

A pesar de que en estos momentos se te puede ver interpretando distintos personajes en otras películas como la Marthica de El cuerno de la abundancia, Los dioses rotos fue la puerta que te permitió entrar al mundo del cine. ¿Cómo llegaste a ella?

Estaba cursando el cuarto año de la carrera de actuación en el Instituto Superior de Arte y aunque había tenido pequeñas experiencias en el audiovisual, estaba un poco más concentrada en los trabajos de la escuela. Un muy buen amigo que estudió conmigo, me hizo unas fotos y las entregué en varias agencias de actores. Un buen día me llaman para convocarme al casting de una nueva película cubana. Me presenté y me entregaron unos monólogos, recuerdo que desde que los leí percibí que había mucho sentimiento, mucha veracidad en aquellos textos. Me preparé en uno de ellos y allá fui, con toda la fe del mundo y una emoción muy grande.

Este no era el casting para el personaje de Sandra, ni siquiera sabía de él. Aprobé esa ronda y luego pasé otra con Silvia Águila, quien nos apoyó mucho. En todo momento me sentí cómoda, el director me inspiraba mucha confianza y desde el inicio experimenté una gran conexión con este trabajo. Un día me llama Daranas y me dice que estoy convocada para el casting de uno de los personajes protagónicos, Sandra, ahí fue donde me temblaron las piernas porque sentí la enorme responsabilidad que implicaba la oportunidad que tenía entre mis manos y que no podía desaprovechar. Hicimos la prueba Carlos Ever Fonseca y yo, y casi sin darnos cuenta ya estábamos leyendo el guión, participando en las pruebas de vestuario y concertando los ensayos. Fue increíble y aunque no dejo de confesar que había temor por mi parte, estaba muy segura de que debía darlo todo.

El personaje de Sandra, una joven marginal que se sumerge en el mundo del proxenetismo, es, sin duda, uno de los puntales de la historia. ¿Cómo fue el proceso de construcción del mismo si se toma en cuenta lo polémico que resulta el tema de la prostitución? ¿Cómo lograr fabricar un personaje que, a pesar de lo “censurable” de sus actitudes, no deje de ser humano, no esté carente de valores y sentimientos?

Cuando comencé en el mundo de la actuación,  lo primero que aprendí es a no juzgar a ningún personaje. Más allá de tu educación, de tus valores, de tu historia de vida, cuando vas a encarnar un personaje tienes que entenderlo y defender sus razones, claro, no es que cambies tu vida, sino que debes tener los ojos y el alma bien abiertos y ponerte en el lugar de los demás, pero de verdad. Y así fue como me enfrenté a Sandra, sin ningún tipo de prejuicio.

Recuerdo que junto a Daranas construimos toda la vida de Sandra antes de los sucesos que se muestran en la película: su niñez, su relación familiar, su historia de amor con Alberto, su tiempo en la cárcel. Comencé a recorrer las calles donde se desarrolla la historia, donde creció y así se fue conformando su universo. Daranas sabía muy bien lo que quería y sin dejar de escucharte te daba esos indicios tan necesarios. En el proceso descubrí que Sandra es una muchacha que está revestida de una coraza imprescindible para enfrentarse al mundo en que le tocó vivir, su pasión a veces la ciega, es puro sentimiento y aunque se equivoca mucho, ama, pero sin ningún derecho de soñar y creo que eso es lo que me conmovió tanto de ella y me permitió darme cuenta de que había que salvarla del estereotipo.

Por eso, más allá de su postura, su manera de hablar, su violencia tan necesarias para caracterizarla, traté de llenarla de mis emociones más limpias. Quiero destacar que recibí mucha ayuda de Daranas y de la primera asistente de dirección Emma Robaina, que nos ayudó mucho a Carlos y a mí con nuestras escenas, escenas de un amor que transforma a Sandra y Alberto en seres más humanos y los devuelve, cuando se juntan, a ese mundo puro, que hace mucho creyeron perder.

En esta primera incursión en el cine tuviste la oportunidad de compartir espacios con actores ya consagrados como Isabel Santos, Silvia Águila, Héctor Noas, Mario Limonta, Patricio Wood, por solo citar algunos… ¿Qué ha representado para ti el hecho de poder trabajar con ellos?

Imagínate, trabajar por primera vez con actores tan talentosos, compartir escenas con ellos fue un gran honor, porque los admiro desde mi infancia, también constituyó un reto enorme, pues enfrentarte a artistas de tanta experiencia, exige de ti, que estás iniciándote, un mayor esfuerzo, una gran entrega. Pero sobre todo fue una suerte tener la valiosa oportunidad de aprender mucho con ellos, no solo como actores sino como seres humanos. Para nosotros los jóvenes ellos fueron, sin darse cuenta, maestros. Y estos grandes maestros con su obra nos demostraron la enorme responsabilidad que tiene el artista. De verdad me siento afortunada y sirva esta entrevista para enviarles a todos mi más sincero agradecimiento.

¿Qué ha significado en tu profesión esta primera película? ¿Se cumplieron tus expectativas con ella?

Los dioses rotos significa el comienzo en un universo  mágico y atractivo: el mundo del cine. Además de aprender de actuación, incorporé conocimientos de escenografía, vestuario, maquillaje, planes de rodaje, fotografía. Fortalecí mi disciplina. Conocí a tremendos profesionales del cine en el rodaje y en la posproducción que, amén de las carencias, crean con un recurso humano indispensable: su enorme talento.

Además, el hecho de que Daranas me diera esta oportunidad, me abrió muchas puertas. Hoy, cuando veo la película, fruto de tantas energías, y percibo que el público, aquel a quien entregamos el trabajo, la ha recibido con tanto entusiasmo, me siento muy emocionada. Y más allá de cubrir mis expectativas, siento que este filme me da nuevas ansias de seguir creciendo como actriz, de volver una y otra vez a dar lo mejor de mí.

Los dioses rotos marcó el inicio oficial de una carrera en el mundo de la actuación, ¿en qué te encuentras trabajando en estos momentos? ¿Tienes nuevos proyectos fílmicos?

Ahora mismo espero el estreno de Larga distancia, de Esteban Insausti y Ciudad de rojo, de Rebeca Chávez, dos películas en las que participé y se encuentran en posproducción. Formo parte de la compañía Teatro El Público, donde bajo la guía de ese prestigioso director que es Carlos Díaz, ansío desarrollar y aprender más acerca del arte de las tablas. Y, por supuesto, esperando estoy, con vehemencia, nuevos proyectos de trabajo que vayan apareciendo por el camino.

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
IE-Firefox, 800x600