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Hace apenas unos meses Annia Bú
Maure era solo una estudiante del
Instituto Superior de Arte
deseosa de volcar en la práctica
actoral toda su vocación y
talento. Hoy, su vida es otra.
Los dioses rotos,
película cubana de Ernesto
Daranas, recientemente estrenada
en el Festival Internacional del
Nuevo Cine Latinoamericano, se encargó de
abrirle las puertas del séptimo
arte y, con una alta dosis de
profesionalismo, responsabilidad
y dedicación, esta joven actriz
consiguió salir airosa de la
prueba que suponía la
realización de un protagónico
tan polémico como el que
colocaban en sus manos.
En el filme ella interpreta el
personaje de Sandra, una
muchacha
de origen marginal que se
desenvuelve en el mundo del
proxenetismo y que funde en su
espiritualidad todo un caudal de
pasiones y sentimientos que
logran humanizarla ante los ojos
del espectador. La
caracterización del personaje y
el desempeño en el mismo le han
merecido no pocos elogios por
parte de la crítica que la
considera “una de las grandes
revelaciones del cine cubano en
el pasado año”. En entrevista
concedida a La Jiribilla,
Annia nos cuenta sobre su
llegada a Los dioses… y
lo vivido gracias a esta
película.
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A pesar de que en estos momentos
se te puede ver interpretando
distintos personajes en otras
películas como la Marthica de El cuerno de
la abundancia, Los dioses
rotos fue la puerta que te
permitió entrar al mundo del
cine. ¿Cómo llegaste a ella?
Estaba cursando el cuarto año de
la carrera de actuación en el
Instituto Superior de Arte y
aunque había tenido pequeñas
experiencias en el audiovisual,
estaba un poco más concentrada
en los trabajos de la escuela.
Un muy buen amigo que estudió
conmigo, me hizo unas fotos y
las entregué en varias agencias
de actores. Un buen día me
llaman para convocarme al
casting de una nueva
película cubana. Me presenté y
me entregaron unos monólogos,
recuerdo que desde que los leí
percibí que había mucho
sentimiento, mucha veracidad en
aquellos textos. Me preparé en
uno de ellos y allá fui, con
toda la fe del mundo y una
emoción muy grande.
Este no era el casting
para el personaje de Sandra, ni
siquiera sabía de él. Aprobé esa
ronda y luego pasé otra con
Silvia Águila, quien nos apoyó
mucho. En todo momento me sentí
cómoda, el director me inspiraba
mucha confianza y desde el
inicio experimenté una gran
conexión con este trabajo. Un
día me llama Daranas y me dice
que estoy convocada para el
casting de uno de los
personajes protagónicos, Sandra,
ahí fue donde me temblaron las
piernas porque sentí la enorme
responsabilidad que implicaba la
oportunidad que tenía entre mis
manos y que no podía
desaprovechar. Hicimos la prueba
Carlos Ever Fonseca y yo, y casi
sin darnos cuenta ya estábamos
leyendo el guión, participando
en las pruebas de vestuario y
concertando los ensayos. Fue
increíble y aunque no dejo de
confesar que había temor por mi
parte, estaba muy segura de que
debía darlo todo.
El personaje de Sandra, una
joven marginal que se sumerge en
el mundo del proxenetismo, es,
sin duda, uno de los puntales de
la historia. ¿Cómo fue el
proceso de construcción del
mismo si se toma en cuenta lo
polémico que resulta el tema de
la prostitución? ¿Cómo lograr
fabricar un personaje que, a
pesar de lo “censurable” de sus
actitudes, no deje de ser
humano, no esté carente de
valores y sentimientos?
Cuando comencé en el mundo de la
actuación, lo primero que
aprendí es a no juzgar a ningún
personaje. Más allá de tu
educación, de tus valores, de tu
historia de vida, cuando vas a
encarnar un personaje tienes que
entenderlo y defender sus
razones, claro, no es que
cambies tu vida, sino que debes
tener los ojos y el alma bien
abiertos y ponerte en el lugar
de los demás, pero de verdad. Y
así fue como me enfrenté a
Sandra, sin ningún tipo de
prejuicio.
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Recuerdo que junto a Daranas
construimos toda la vida de
Sandra antes de los sucesos que
se muestran en la película: su
niñez, su relación familiar, su
historia de amor con Alberto, su
tiempo en la cárcel. Comencé a
recorrer las calles donde se
desarrolla la historia, donde
creció y así se fue conformando
su universo. Daranas sabía muy
bien lo que quería y sin dejar
de escucharte te daba esos
indicios tan necesarios. En el
proceso descubrí que Sandra es
una muchacha que está revestida
de una coraza imprescindible
para enfrentarse al mundo en que
le tocó vivir, su pasión a veces
la ciega, es puro sentimiento y
aunque se equivoca mucho, ama,
pero sin ningún derecho de soñar
y creo que eso es lo que me
conmovió tanto de ella y me
permitió darme cuenta de que
había que salvarla del
estereotipo.
Por eso, más allá de su postura,
su manera de hablar, su
violencia tan necesarias para
caracterizarla, traté de
llenarla de mis emociones más
limpias. Quiero destacar que
recibí mucha ayuda de Daranas y
de la primera asistente de
dirección Emma Robaina, que nos
ayudó mucho a Carlos y a mí con
nuestras escenas, escenas de un
amor que transforma a Sandra y
Alberto en seres más humanos y
los devuelve, cuando se juntan,
a ese mundo puro, que hace mucho
creyeron perder.
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En esta primera incursión en el
cine tuviste la oportunidad de
compartir espacios con actores
ya consagrados como Isabel
Santos, Silvia Águila, Héctor
Noas, Mario Limonta, Patricio
Wood, por solo citar algunos… ¿Qué ha representado para ti el
hecho de poder trabajar con
ellos?
Imagínate, trabajar por primera
vez con actores tan talentosos,
compartir escenas con ellos fue
un gran honor, porque los admiro
desde mi infancia, también
constituyó un reto enorme, pues
enfrentarte a artistas de tanta
experiencia, exige de ti, que
estás iniciándote, un mayor
esfuerzo, una gran entrega. Pero
sobre todo fue una suerte tener
la valiosa oportunidad de
aprender mucho con ellos, no
solo como actores sino como
seres humanos. Para nosotros los
jóvenes ellos fueron, sin darse
cuenta, maestros. Y estos
grandes maestros con su obra nos
demostraron la enorme
responsabilidad que tiene el
artista. De verdad me siento
afortunada y sirva esta
entrevista para enviarles a
todos mi más sincero
agradecimiento.
¿Qué ha significado en tu
profesión esta primera película?
¿Se cumplieron tus expectativas
con ella?
Los dioses
rotos significa el comienzo
en un universo mágico y
atractivo: el mundo del cine.
Además de aprender de actuación,
incorporé conocimientos de
escenografía, vestuario,
maquillaje, planes de rodaje,
fotografía. Fortalecí mi
disciplina. Conocí a tremendos
profesionales del cine en el
rodaje y en la posproducción
que, amén de las carencias,
crean con un recurso humano
indispensable: su enorme
talento.
Además, el hecho de que Daranas
me diera esta oportunidad, me
abrió muchas puertas. Hoy,
cuando veo la película, fruto de
tantas energías, y percibo que
el público, aquel a quien
entregamos el trabajo, la ha
recibido con tanto entusiasmo,
me siento muy emocionada. Y más
allá de cubrir mis expectativas,
siento que este filme me da
nuevas ansias de seguir
creciendo como actriz, de volver
una y otra vez a dar lo mejor de
mí.
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Los dioses rotos
marcó el inicio oficial de una
carrera en el mundo de la
actuación, ¿en qué te encuentras
trabajando en estos momentos?
¿Tienes nuevos proyectos
fílmicos?
Ahora mismo espero el estreno de
Larga distancia, de
Esteban Insausti y Ciudad de
rojo, de Rebeca Chávez, dos
películas en las que participé y
se encuentran en posproducción.
Formo parte de la compañía
Teatro El Público, donde bajo la
guía de ese prestigioso director
que es Carlos Díaz, ansío
desarrollar y aprender más
acerca del arte de las tablas.
Y, por supuesto, esperando
estoy, con vehemencia, nuevos
proyectos de trabajo que vayan
apareciendo por el camino. |