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Ante la pérdida del safari a la jungla
“Tiempo es el espacio de las ideas”
José de la Luz y Caballero.
“Las mariposas
emparejadas ya amarillean en el Agosto
sobre la hierba
del jardín del oeste.
Si has de venir
por los vados del río Kang
Por favor,
házmelo saber de antemano
Y yo saldré a
recibirte,
Iré
hasta Cho-Fú-Sa.”
Ezra Pound.
I
efectivamente
el absurdo es un aire de galerna
buceando por entre los ramajes del cerebro.
los años se han ido acumulando
y en los patos de yeso
las vestiduras caen
como pésimas telas de escenario.
pasa el ángel quebrando
el pasadizo fatal para la muerte
y todo se arma
como en los puzzles de vidriera
aquí la estatua
aquí el friso de los espasmos
aquí la voladura de los Maines.
toda memoria es desmemoria
vértebra solitaria de un país en mudanza
por donde el mar hace la roca
y la plataforma yace como cuerpo desnudo
paloma sin las alas
flecha en la diana
por donde corre un hilillo de sangre.
en el reloj se teje la mismísima vida
y puede el columpiar de una brujita
llevarme a la planicie de los caminos
que conducían a la jungla.
despierta estoy pero dormida
y comienza aquel traspatio
terminado en el jardín sin quebrantar.
la mano de mi madre es toda una fortuna
su huesito central
tiene una vertiente en ciernes
hacia los cielos adheridos.
ahí van los instrumentos con los mapas.
renacen las paredes
y entre el gran farallón de la floresta
me deslizo en silencio
hacia el abrumador trasfondo de la tierra.
II
no se trataba de ensayar la vida
entre los árboles del patio:
la irrealidad llegaba como una anciana forma
a cabalgar los troncos de los plátanos
con su leche de aguadas
suspirando por leves oquedades marinas.
simples animalillos
decoraban los tocones de piedra
y el árbol del aguacate
padeciendo su sombra tan inmensa
enrejaba los soles
emplomando en los hálitos
como cascadas de luciérnagas
brillantes todavía en el arder de la tarde.
ya Milton lo predijo
el paraíso se acaba perdiendo siempre
y en la giba que crece
los ojos torturados de Caravaggio.
la cabeza pendiente
y Goliat en uno mismo
partido el talón de Aquiles
en un puñado de terrones y sueños.
la circunstancia es grave
la soledad enorme
persiguiéndonos.
III
renombradas paredes
donde un sesgo de claridad
tiene su apoyatura.
igualmente renace el cadáver
de la ausencia obligada
y vuelve un Krisna a adormecer los lirios
que nacen poderosos
de la redonda planta en el agua de la fuente musgosa.
en el acto creador de poner la semilla
germina un tiempo prometido
sucediendo ante todos el brote de la rama
y tallos enajenados por un aire caliente.
en 1945 fue el primer paso del safari
cuando llegué a la vida
y en el primer grito de mi garganta insólita
el resoplar ardido de los miles de muertos
encasillados todos en su hueso y su estambre.
el mar enrojecido
parecía copioso fuego
de un gigantesco campo de concentración
en el que el horno cribaba
sangre y pupila inquieta y múltiple.
nací sin inocencia
con el crimen montado en mi cadera
y luego crecí con el ojo de Einstein
mirando por los prismáticos:
el hongo
el hongo eterno
arrasador de frutas y ciudades
verdadera Naturaleza en demolición
absurda cuesta para no dormir
y eslabón de la muerte.
IV
comenzar el camino
era un baño de hierbas y libertad
ranura para la moneda de la vida.
cuántas crisálidas rompieron
en el tronco de los gigantes vermes coloreados
y en la cabeza de mi abuelo
la tatahua con su número de lotería
vertió polvillo en la frente arrugada
porque él sabía del clima
y de las tormentas imposibles.
en los días acuosos me tiraba en el portal
a contemplar la nube ennegrecida
con un rayo de luz
atravesando lluvias y caminos.
el poste se incendió
y el ave muerta
parecía una golondrina congelada
con sus patas al borde de las alcantarillas.
es por la noche
cuando se preparan los equipajes
y al día siguiente
el Zambeze estaría crecido para cruzarlo
desde un observatorio tan alto
como la torre óptica de Pintó.
el viaje seguiría
en los ojos de cuarzo de la lagartija
que me miraba astuta.
un acontecimiento sería inútil
sino tuviera su consabida dicha.
planeteaba de sueño
y el ponche junto a la cama inocente
esperaba por la continuación de los safaris.
Lina de Feria: Poetisa
cubana. Nació en Santiago de Cuba, en 1945. Su primer
libro, Casa que no existía, obtuvo en 1967 el
Premio David de la UNEAC compartido con Wichy
Nogueras. Obtuvo el Premio Nacional de la Crítica, en
1991 con el libro A Mansalva de los Años, en 1996
con El Ojo Milenario, en 1997 con Los Rituales
del Inocente y en 1998 con A la llegada del
delfín. Fue Jefa de Redacción de la revista cultural
El Caimán Barbudo. En el año 2003 le fue otorgada
la Orden de la Cultura Nacional y en el año 2005, estuvo
nominada al Premio Nacional de Literatura. Ha sido
merecedora del Premio Nicolás Guillén de Poesía 2008 con
su cuaderno Ante la pérdida del safari a la jungla.
Sus poemas figuran en múltiples antologías publicadas
en Cuba, España, México, Venezuela, Argentina, Chile,
Uruguay, Nicaragua, Francia, EE.UU., Gran Bretaña,
Austria, Suiza y Checoslovaquia. |