Año VI
La Habana
2008

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Pichi en bicicleta y dos con nostalgia
Amado del Pino • La Habana

El estreno de la más reciente comedia del cine cubano nos sorprendió en Murcia. Miré con ansiedad la cartelera  y  encontré El cuerno de la abundancia, que así se titula la película dirigida por Juan Carlos Tabío. Llamé a Tania y enseguida nos pusimos de acuerdo para verla lo antes posible.  Hace poco presentaron en Madrid, Barrio Cubadel inolvidable Solás, protagonizado por nuestro amigo Felito Lahera pero no llegó a las provincias. Esta vez sí que podíamos disfrutar de nuestras bromas, nuestros dolores y paisajes, recomendarla a los amigos españoles, estar más cerca de Cuba por un par de horas.

Compramos palomitas (rositas de maíz, sabrosas pero caras con un nombre u otro) y esperamos unos minutos hasta que la magia inundara la pantalla. Poca gente. Nosotros dos, otra pareja y un hombre en solitario. Seguramente después se llenaría la pequeña sala, pero los miércoles a las ocho y media de la noche los murcianos están cenando y al día siguiente el despertador manda. Además la promoción suele ser insuficiente hasta para el cine español. A veces aguantábamos un poco la risa o los comentarios. ¡Qué ganas de volverla a ver en un cine Yara enorme, cómplice y repleto hasta la última fila!

Ni este es el lugar ni en ningún otro pretendería escribir un análisis de la película. Aunque sí puedo decir que la recomiendo por auténtica, hermosa, sabia en obtener el punto agridulce. ¡Y las palmas reales qué lindas cuando llevas unos meses fuera! Esta vez no hay concesiones a un tonito o giros pretendidamente internacionales. Aunque filmado en coproducción, el filme es una obra rabiosamente cubana.

Lo demás emoción y hasta una buena dosis de nostalgia. Nos dieron ganas de aplaudir cuando aparece Héctor Quintero uno de nuestros más grandes dramaturgos con la cabeza rapada y desplegando una excelente interpretación.

Especialmente entrañable resulta el pedaleo de Jorge Perogurría (Pichi para cientos de cubanos) recorriendo las calles de su pequeño pueblo, o dejándonos gozar el paisaje de la campiña mientras se dirige al trabajo. Pichi, que sigue siendo un legítimo hombre de pueblo, maneja la bicicleta con formidable naturalidad. Su forma de ir de un lugar a otro con su vieja bici me recuerda el pedalear de primos, vecinos, amigos que no se dejan vencer por las contradicciones eternas de la vida o las particulares y ásperas de nuestro país.

Pichi en bicicleta es Perogurría juntando pintores para ayudar a las víctimas de la pareja de ciclones que nos golpeó hace poco; Pichi dándoles a los pedales sin retórica, sin puritanismo, enamorado de su espléndida mujer, dialogando con fervor y discrepando, respetuoso pero firme,  con el padre; solidario con la hermana carente de tantas cosas pero que conserva una sonrisa de cubana bella y sensual entre sus dientes marchitos.
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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