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La vitalidad, la gracia y el
dominio de la composición a tal
punto que le fue posible atrapar
con seguro empaque la luz de la
Isla, determinaron el seguro
valor de la obra del pintor
Cundo Bermúdez (1914–2008) y su
permanente presencia en la
visualidad cubana contemporánea.
Decididamente el pintor, nacido
en La Habana y fallecido este
octubre en la Florida, nos dejó
la impronta de la insularidad.
Una insularidad que no fue ajena
a la doble toma de conciencia de
la vanguardia de su época acerca
de que se respondía a una
identidad en la medida que se
asimilara el lenguaje más
avanzado a escala internacional
y de que, al mismo tiempo, la
imitación de modelos foráneos,
sin asideros espirituales,
estaba condenada al fracaso.
Así lo habían sabido los
adelantados que le precedieron
(Amelia, Víctor Manuel, Fidelio,
Enríquez, Lam, Pogolotti) y sus
coetáneos Portocarrero, Mariano
y Carreño, con quienes formó
filas en la renombrada Escuela
de La Habana.
En San Alejandro, Bermúdez
aprendió el oficio académico,
para prontamente superarlo,
atraído tanto por las novedades
como por una necesidad interna
de expresión. De tal manera
comenzó a explorar una zona
temática y conceptual muy
próxima a la vibración de
nuestra música, a la
idiosincrasia extrovertida de
los cubanos, al pulso de
nuestras calles, todo ello hecho
sin desbordamientos, más bien
ateniéndose a una visión muy
equilibrada del color y la
dinámica de la composición.
De él se expresó ya en los 40 el
gran pintor mexicano David
Alfaro Siqueiros: “Cundo
Bermúdez representa audacia en
las artes plásticas. Él sabe
cómo construir de una manera
sincronizada. Con tonos y
primeros planos situados en
profundidad pictórica, en
contraposición, él construye y
organiza, a veces de manera casi
milagrosa. Yo creo que este
artista ha tenido gran
importancia en la gama cromática
de la pintura moderna cubana".
Lo dijo luego de admirar en 1941
la exposición colectiva
organizada por José Gómez Sicre
en la Institución Hispano Cubana
de Cultura en La Habana.
Tres años después concurre a la
famosa Exposición de Pintura
Cubana en el Museo de Arte
Moderno de Nueva York (MOMA),
que abre las puertas de ese
circuito a la vanguardia
insular. El director del museo,
Alfred H. Barr, dice que la obra
de Bermúdez es "humorísticamente
arcaica, pero vigorosa y
original con sus armonías de
color metálico".
Los caminos de Bermúdez se
ensancharon en Francia, EE.UU.,
Italia y Alemania, donde algunos
avisados coleccionistas
compraron obras suyas exhibidas
en los 40 y los 50 en esos
países, y sobre todo al
participar en esa última década
en las Bienales de Venecia y Sao
Paulo.
Entre nosotros tuvo la decencia
de oponerse a la Bienal
Hispanoamericana, con la que la
dictadura de Batista quiso
congraciarse con el franquismo.
Se unió entonces a la
contrabienal.
En 1956 tuvo dos motivos para
celebrar. Ese año ganó el primer
premio en la Exposición de Arte
del Caribe que se realizó en
Houston y exhibe una importante
y elogiada muestra individual en
el Lyceum habanero. Otra
importante obra la realizó en
esos años: un mural en el hotel
Habana Libre. Lamentablemente la
obra se destruyó.
Si bien Bermúdez no entendió, o
no quiso entender los cambios
sociales que se operaron en
nuestro país tras el triunfo de
enero de 1959 —de hecho emigró
en 1967—, nunca pudo hurtar su
mirada a la insularidad que
llevaba en sus pupilas. Quizá
por ello se radicó durante
largos años en Puerto Rico para
tener cerca al Caribe. Los
puertorriqueños sienten orgullo
por el mural que el artista
pintó en el Edificio Caribe, del
Viejo San Juan.
La obra de Cundo Bermúdez, parte
de la cual se halla atesorada en
el Museo Nacional de Bellas
Artes de la capital cubana, ha
ido valorizándose con el tiempo.
En una ocasión comentó con
ironía que un cuadro suyo
valorado en una Sotheby’s por
medio millón de dólares lo había
vendido en los años 50 en apenas
200 pesos.
Pero más que en los valores del
mercado, debemos prestar
atención a la propia pintura de
Bermúdez. Luz, color, cubanía,
universalidad, profundidad y
lirismo son perspectivas que nos
adentrarán en el análisis y
disfrute de su obra hoy y
siempre. |