Año VII
La Habana

1 al 7 de NOVIEMBRE
de 2008

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Luz, color y gracia de Cundo Bermúdez

Virginia Alberdi Benítez • La Habana

 

La vitalidad, la gracia y el dominio de la composición a tal punto que le fue posible atrapar con seguro empaque la luz de la Isla, determinaron el seguro valor de la obra del pintor Cundo Bermúdez (1914–2008) y su permanente presencia en la visualidad cubana contemporánea.

Decididamente el pintor, nacido en La Habana y fallecido este octubre en la Florida, nos dejó la impronta de la insularidad. Una insularidad que no fue ajena a la doble toma de conciencia de la vanguardia de su época acerca de que se respondía a una identidad en la medida que se asimilara el lenguaje más avanzado a escala internacional y de que, al mismo tiempo, la imitación de modelos foráneos, sin asideros espirituales, estaba condenada al fracaso.

Así lo habían sabido los adelantados que le precedieron (Amelia, Víctor Manuel, Fidelio, Enríquez, Lam, Pogolotti) y sus coetáneos Portocarrero, Mariano y Carreño, con quienes formó filas en la renombrada Escuela de La Habana.

En San Alejandro, Bermúdez aprendió el oficio académico, para prontamente superarlo, atraído tanto por las novedades como por una necesidad interna de expresión. De tal manera comenzó a explorar una zona temática y conceptual muy próxima a la vibración de nuestra música, a la idiosincrasia extrovertida de los cubanos, al pulso de nuestras calles, todo ello hecho sin desbordamientos, más bien ateniéndose a una visión muy equilibrada del color y la dinámica de la composición.

De él se expresó ya en los 40 el gran pintor mexicano David Alfaro Siqueiros: “Cundo Bermúdez representa audacia en las artes plásticas. Él sabe cómo construir de una manera sincronizada. Con tonos y primeros planos situados en profundidad pictórica, en contraposición, él construye y organiza, a veces de manera casi milagrosa. Yo creo que este artista ha tenido gran importancia en la gama cromática de la pintura moderna cubana". Lo dijo luego de admirar en 1941 la exposición colectiva organizada por José Gómez Sicre en la Institución Hispano Cubana de Cultura en La Habana.

Tres años después concurre a la famosa Exposición de Pintura Cubana en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA), que abre las puertas de ese circuito a la vanguardia insular. El director del museo, Alfred H. Barr, dice que la obra de Bermúdez es "humorísticamente arcaica, pero vigorosa y original con sus armonías de color metálico".

Los caminos de Bermúdez se ensancharon en Francia, EE.UU., Italia y Alemania, donde algunos avisados coleccionistas compraron obras suyas exhibidas en los 40 y los 50 en esos países, y sobre todo al participar en esa última década en las Bienales de Venecia y Sao Paulo.

Entre nosotros tuvo la decencia de oponerse a la Bienal Hispanoamericana, con la que la dictadura de Batista quiso congraciarse con el franquismo. Se unió entonces a la contrabienal.

En 1956 tuvo dos motivos para celebrar. Ese año ganó el primer premio en la Exposición de Arte del Caribe que se realizó en Houston y exhibe una importante y elogiada muestra individual en el Lyceum habanero. Otra importante obra la realizó en esos años: un mural en el hotel Habana Libre. Lamentablemente la obra se destruyó.
 

Si bien Bermúdez no entendió, o no quiso entender los cambios sociales que se operaron en nuestro país tras el triunfo de enero de 1959 —de hecho emigró en 1967—, nunca pudo hurtar su mirada a la insularidad que llevaba en sus pupilas. Quizá por ello se radicó durante largos años en Puerto Rico para tener cerca al Caribe. Los puertorriqueños sienten orgullo por el mural que el artista pintó en el Edificio Caribe, del Viejo San Juan.

La obra de Cundo Bermúdez, parte de la cual se halla atesorada en el Museo Nacional de Bellas Artes de la capital cubana, ha ido valorizándose con el tiempo. En una ocasión comentó con ironía que un cuadro suyo valorado en una Sotheby’s por medio millón de dólares lo había vendido en los años 50 en apenas 200 pesos.

Pero más que en los valores del mercado, debemos prestar atención a la propia pintura de Bermúdez. Luz, color, cubanía, universalidad, profundidad y lirismo son perspectivas que nos adentrarán en el análisis y disfrute de su obra hoy y siempre.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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