Año VII
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Cundo Bermúdez: el último de los grandes

Roberto Cobas Amate • La Habana

 

OBRAS DE Cundo Bermúdez en el Museo Nacional de Bellas Artes DE LA HABANA

 

Cundo Bermúdez, el último de los grandes maestros de La Escuela de La Habana, dejó de existir ayer a los 94 años de edad en la ciudad de Miami. Con él concluye un ciclo de oro de la pintura cubana, aquella que deslumbró a espectadores y críticos desde su aparición en los años 40, cuando un grupo de jóvenes pintores y escultores consagró la existencia de un sólido movimiento innovador caracterizado por la calidad y originalidad de sus propuestas artísticas. 

En su primera época la pintura de Cundo Bermúdez oscila entre el clasicismo renacentista y la fascinación por el arte popular. De su amor por lo clásico dan fe los extraordinarios Retrato de Luisita Caballero (1938) y el Retrato de Fina y Bella García Marruz (1940). Sin embargo, la consagración definitiva de su obra está vinculada con su amor a la vida urbana y a las costumbres tradicionales del hombre común. Así aparece la primera de sus obras consagratorias en la cual queda asentado su estilo, El balcón (1941), glorificación amorosa a la ciudad de La Habana y a sus personajes entrañables. Cundo descubre la esencia de su arte en el esplendor de lo cotidiano. En la recreación contemporánea de escenas populares como La barbería, El billar, El limpiabotas o Las comadres el artista encuentra los motivos medulares de su pintura, elevados a la categoría de arquetipos cubanos. 

Precisamente es en la década del 40 en la que la pintura de Cundo Bermúdez adquiere su perfil definitivo, alrededor del cual se moverá, a partir de los años 50, en variaciones de acentos y formas, entre el plano y el volumen, entre la representación y la abstracción. Paisajista ocasional, pintor de naturalezas muertas o retratos, de músicos o saltimbanquis, lo que define su mejor pintura son sus escenas extraídas del ambiente cubano y los interiores domésticos que fueron refinándose en el transcurso de los años hasta convertirse en espacios míticos. 

Cundo Bermúdez, artista de extraordinaria fecundidad creativa, mantuvo en alto su quehacer pictórico hasta sus últimos días. Las enfermedades no pudieron vencer su inquebrantable voluntad ni obligarlo a abandonar sus pinceles y colores. Como el propio Cundo expresó en frase definitiva: “Pintar es el bastón de mi vida, vivo para pintar”. 

La Habana, 31 de octubre de 2008

Roberto Cobas es curador del Museo Nacional de Bellas Artes.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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