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A los confines del universo
humano intenta llegar Tania
Vergara a través de la
coreografía. La danza, su
lenguaje predilecto, le ha
servido para filosofar sobre
diversos tópicos de la
existencia, de modo que cada
obra suya no es un simple
contenedor de gestos y formas;
sino un sustentado discurso, una
tentación al intelecto y las
emociones, un conjunto de retos
para bailarines y público. El
otorgamiento del Premio
Iberoamericano de Coreografía
2008 a esta creadora cubana,
nacida en Camagüey ―ciudad de la
región central de Cuba―, marca
un antes y un después para la
directora de la compañía
danzaria Endedans, que, aunque
multipremiada en distintos
eventos nacionales, desde este
momento será vista como un
referente.
"En un porcentaje significativo
de mis obras trato de ser muy
directa, de llevar un mensaje y
un concepto dentro de ese
mensaje o tras ese mensaje,
ambas cosas son posibles.
Primero, porque eso es necesario
para mí, normalmente las obras
que trato con Endedans tienen un
tema como las relaciones entre
los seres humanos, que es lo que
más trabajamos. La relación no
solo del ser con otro ser sino
del ser consigo mismo. Tengo
varias coreografías en las que
introduzco diálogos de una
persona, y sobre todo en los
solos, que son diálogos consigo
mismo, en el qué decir; me baso
en elementos que son principios
estéticos en mis obras: el crear
una imagen visual muy atractiva
capaz de reflejar la poética que
refiero, o sea, que ilustre la
temática, desarrolle la idea,
pero siempre con un atractivo
visual, ya sea a través del uso
del vestuario, telas, telones,
de utilería que funcione de ese
modo."
A Tania la conocimos en La
Habana gracias a un Encuentro
Internacional de Academias de
Ballet. Su nombre era la
respuesta a la interrogante de
muchas personas que aplaudíamos
de pie, en el Teatro Nacional,
“Así la vida renace”, una pieza
suya inspirada en un tango de
Astor Piazzolla que ―debido al
éxito― fue reprogramada varias
veces dentro del evento. Luego,
escuché hablar de una obra donde
tres bailarinas danzaban con un
telón negro, sus partenaires las
manipulaban a través de él. El
resultado visual, según me
aseguró Maiuly Sánchez, una
amiga muy avezada en materia
danzaria, era impactante, seduce
desde el título “Las manos que
nunca me tocaron”.
"Durante la obra el hombre no se
ve y carga a la mujer. Yo no
tenía ni siquiera la tela cuando
empecé a trabajar con los
bailarines, primero con los
varones solos, y ellos no
entendían la danza que les
proponía. Cuando por fin
logramos un huequito en el
teatro y empezamos a trabajar
con la tela física casi tuvimos
que cambiar la obra por
completo, pero se le sacó
bastante partido a la idea de la
tela y fue muy rico ese momento
de empezar a buscar cosas
nuevas. Ellos mismos decían:
'mire yo puedo agarrarla por un
pie' o 'esto así no'. Los
bailarines empezaron a buscar
formas nuevas, fue un trabajo
interesante y agradable. Me
sorprendió el éxito de 'Las
manos que nunca me tocaron'
porque la obra dura cuatro
minutos nada más. La monté sobre
una pieza de Mozart
que es una joyita de la cultura
universal, y entonces creo que
la poesía de la danza, el
título, la cadencia con que
bailan las bailarinas: todo el
tiempo se mueven conteniendo el
movimiento, con economía
gestual, no hay nada grande,
siempre como reprimiendo,
también es muy agradable el
acompañamiento sonoro, muy
parco. La pieza de Mozart no es
orquestada sino a base de piano,
y todo lo anterior visual y
auditivamente resulta muy
agradable. Esta obra sorprendió
y gustó tanto, una de las cosas
que más me agradan de ella es
que lo mismo la ve un niño, que
las acomodadoras del teatro, que
un artista de la plástica, un
intelectual, cualquier persona,
con cualquier nivel de
percepción, disfruta la obra y
la apropia de una manera
sorprendente."
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Cuando me propuse hallar a Tania
Vergara, una primera figura del
Ballet Nacional me la retrató:
ojos verdes y grandes, el cuerpo
no extremadamente delgado pero
enseguida la reconocerás porque
tiene la elegancia de la forma
de la bailarina. Esa marca
indeleble la delata, enseguida
la encontré. Tuve la suerte de
verla danzar en uno de los
salones de la compañía danzaria
cubana de mayor prestigio en el
mundo, mientras montaba “A los
confines de la tierra”, su obra
ganadora del Premio
Iberoamericano de Coreografía
2008.
"Lo va a estrenar el Ballet
Nacional en el 21 Festival
Internacional de Ballet de La
Habana, eso me hace muy feliz.
Para mí es como subir de pronto
una escalera con un peldaño muy
alto. Trabajar con el Ballet
Nacional de Cuba (BNC) era un
sueño también. Empecé a concebir
'A los confines de la tierra'
cuando escuché el último disco
de Luar Na Lubre, una agrupación
de música gallega en la que se
encuentra un cubano que estudió
desde niño con mi esposo y
conmigo; y siempre nos regala
los discos del grupo. Coincidió
con que este año la Feria
Internacional del Libro se había
dedicado a Galicia y se había
hablado de la emigración gallega
en términos tan fuertes como que
más de tres millones de gallegos
vinieron a las América. Todo
eso confluyó en que yo fuera
pensando no en hacer un homenaje
a Galicia; sino de alguna manera
recrear el ambiente de una aldea
gallega y la idea de la
separación. Traté de respetar
los matices musicales, una de
las primeras cosas que hice
cuando filmé el ballet fue
enviarlo a los músicos de Luar
Na Lubre a ver qué pensaban
ellos. Lo tradicional es
respetable y las canciones son
tradicionales, hay temas del
disco que son dedicados a
personas populares dentro de
Galicia y otros que son casi una
nana, o canciones de despedida a
los marineros, que forman parte
de la cultura gallega. No quería
que me sucediera que ellos
vieran una obra que nos los
reflejara, que no tuviera puntos
de contacto con el espíritu del
disco. Esas cosas marcaron mucho
el camino por el que fui
trazando 'A los confines de la
tierra'."
La conquista del Premio
Iberoamericano de Coreografía
2008 solo sorprende a quienes
desconocen a Tania. El lauro,
necesario y justo, brindará un
impulso a la obra coreográfica
de Vergara, también servirá para
atraer la atención de diversos
críticos y artistas, y
posibilitará que un número de
creaciones valerosas,
interesantes, originales,
inteligentes, se difunda.
"Una obra mía, estrenada en los
primeros días de agosto, 'Rocío
de ciudad', parte de un
personaje muy cándido, ingenuo,
dulce, muy fantasioso. Lo
interpreta una bailarina que lo
mismo saca unas orejitas, que
una planta, una peluca y trata
entonces de ser más femenina,
más mujer. En contraposición con
este personaje, al otro lado del
escenario, hay un hombre detrás
de un buró, que es estéril,
cuadrado, el bailarín trabaja a
base de muecas, el uso de brazos
es cerrado, todo lo contrario a
la muchacha. Su diálogo es con
el buró y consigo mismo, no
descubre ningún objeto. Y en ese
diálogo de ambos, o sea, en ese
monólogo de cada uno consigo
mismo y después en el diálogo
que establecen los dos, se
desarrolla una historia muy
simple sobre: ¿por qué tu mundo
no tiene nada? ¿por qué tu mundo
es vacío? Y el hombre del buró
ataca y trata de destruir a la
persona fantasiosa, creadora,
que necesita un mundo lleno de
vivencias diferentes, nuevas,
vitales."
Habla con igual pasión de todas
sus obras. Usa las palabras
necesarias y precisas, porque en
ella emerge el deseo de
representar la idea de la
coreografía. El titulaje, que
según los viejos periodistas es
un arte, y que tortura a veces a
no pocos escritores, para Tania
representa un goce.
"Comencé con un gran maestro, con
un libro de poesía de Thomas
Eliot. Fue una buena escuela.
Para los primeros títulos me
inspiré en él: 'En la hora
incierta antes de la mañana',
trata sobre mujeres con los ojos
vendados que luego empiezan a
quitarse las vendas unas a
otras. 'Estrategia baldía', está
basado en el libro de Eliot La
tierra baldía. La poesía es el
arte de decir sintetizando,
buscar los títulos en las
palabras de Thomas Eliot me
ayudó, ahora son mis palabras.
Por ejemplo, 'Rocío de ciudad'
es el agua que vemos al
amanecer, esa lagrimita o gotica
de agua pura del amanecer dentro
de la ciudad. Me agrada que
desde el título pueda, sin
describir la coreografía, decir
un poquito sobre ella. Tengo
obras como 'Estuche', que son
dos mujeres dentro de un vestido
y refiere la idea de lo que yo
muestro y lo que trato de
esconder. Las dos bailarinas
tienen que moverse dentro del
mismo vestido. Es una obra muy
escueta de recursos, muy
teatral. El 98% de las
obras de Endedans son más
teatrales que danzadas. El
título de 'Estuche' se me
ocurrió en un autobús pensando
en cómo logro representar lo que
tengo, y vino como si Dios me lo
dijera, incluso pensé: la
primera palabra que venga a mi
mente la voy a utilizar, y vino
'Estuche'. Yo misma me quedé
asombrada de cómo ella sola
consigue resumir la idea de que
escondes una cosa sin tener que
emplear más palabras como en
otras piezas mías: 'El drama de
la memoria', o 'La luna ha
perdido su memoria', o 'El otro
hábitat', los títulos eran más
largos, y este con una sola
palabra logra resumir la idea de
lo que muestro y lo que
escondo."
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Los recursos escenográficos como
medios expresivos son
protagonistas vitales en gran
parte de las coreografías de la
creadora, quien no se conforma
con articular acciones solo con
bailarines; sino que los reta
continuamente a utilizar el
espacio según un concepto, a
usar el vestuario, objetos
comunes, o telones; en medio del
movimiento, e incluso, algo más
complejo, les solicita que
dancen a través de ellos.
"Cuando hablo de que utilizo el
vestuario, pienso en una de mis
obras favoritas, una de las
primeras, y uno a veces se
aferra a las primeras cosas
porque fue con lo que
experimentó de una manera más
ingenua, creo que 'El alucinado'
logró resumir y encausarme en un
camino que después iba a seguir
en otras obras, no similares a
esta pero me marcó. En 'El
alucinado' un hombre carga a una
mujer sobre sus hombros, ambos
aparecen con grandes faldas
negras, él queda debajo de la de
ella y por tanto no se ve. La
muchacha parece un icono de
virgen del catolicismo y da la
impresión de que vemos una sola
persona, eso sorprende al
espectador porque un bailarín no
tiene ese tamaño. La bailarina
está cargada pero no queda
claro, no es evidente porque yo
refuerzo la oscuridad en el
diseño de luces, utilizo la
oscuridad, cenitales que engañan
la vista, hasta que se descubre
el rostro hermético, duro, de
mirada fija del hombre. Se llama
'El alucinado' porque trata de
reflejar la alucinación de este
hombre por una mujer. En aquella
obra utilicé el recurso de la
falda y las luces, después creé
'Estuche', donde dos bailarines
comparten un mismo vestido, me
gusta trabajar el elemento de la
tela. Ahora, no en mi criterio
personal sino en el del público,
donde he logrado mejor el
espíritu de sorpresa, de asombro
y poesía a la vez, es en 'Las
manos que nunca me tocaron' y en
'A los confines de la tierra',
donde también introduzco el
trabajo con telones. La idea de
personas que se esconden en un
telón se ha usado en el aparataje teatral, no sé
exactamente dónde surge pero es
algo que se ha visto ya en
teatro y danza, yo simplemente
lo utilicé para hacer de eso la
obra."
Por “Las manos que nunca me
tocaron” Tania Vergara Pérez
recibió los dos principales
lauros que entrega el séptimo
Panorama de las Artes Escénicas:
el Gran Premio Gloria Parrado y
el Eloísa Agüero de Osorio,
convirtiéndose en la persona de
menos edad galardonada con este
último, un reconocimiento a la
obra de la vida que otorga el
Consejo Provincial de las Artes
Escénicas. La joven coreógrafa,
que posee en su haber más de 150
obras, conquistó el Premio
Villanueva 2005, emitido la
Sección de Crítica de la Unión
Nacional de Escritores y
Artistas de Cuba (UNEAC); el
Premio “Anacaona Flor de Oro”,
conferido por la Fundación
Igneri de República Dominicana;
el Reconocimiento Jorge Luis
Betancourt, de la UNEAC de la
Provincia de Camagüey, y
múltiples premios nacionales y
provinciales. La creación en
Tania fue una necesidad que
brotó desde la infancia.
"Me atraía la coreografía desde
niña, siempre estaba creando. En
el grupo me decían 'la
coreógrafa', a veces no tan en
buena onda; porque mi maestra de
ballet decía que yo le cambiaba
todos los ejercicios, y me
regañaba con que yo no era
coreógrafa y tenía que hacer las
cosas tal y como ella decía.
Desde niña, por un problema de
inconformidad, de que mi grupo
no bailaba lo que quería, yo
montaba alguna cosita para el
grupo. Pero me parece que la
vena salió definitivamente
cuando no pude bailar en el
Ballet de Camagüey y me hice
profesora. Ese momento fue muy
doloroso para mí, porque yo
siempre quise bailar, además de
que estaba confiada en que iba a
bailar. Y creo que es como
cuando uno pierde uno de los
sentidos, el que es sordo
agudiza la vista o el tacto, el
ciego agudiza el oído. El hecho
de no poder bailar me obligó a
comunicarme, a expandirme, a
través de la coreografía. Y
desde el primer año empecé a
hacer coreografías, y en el
primer concurso en el que
participé gané un premio, y he
desarrollado una trayectoria
bonita de coreografías y
premios. Me he sentido
satisfecha en varios eventos
porque de un promedio de 15
coreografías de varios maestros,
siempre las mías resultaban
ganadoras. Sin embargo, de no
haber premios hubiera hecho
igual todas las obras, como
hubiera seguido haciéndolas
aunque no alcanzara el Premio
Iberoamericano, aunque no
obtenga ningún premio, porque en
mí es una necesidad. En este
momento yo necesito estar en un
salón y crear cosas nuevas."
Aunque se licenció en Artes
Danzarias en la especialidad de
Ballet, sorprende su dominio de
la música, la forma en que la
escucha, las acotaciones que
hace, su entrega como si cada
melodía le sugiriera una idea o
una historia. En el salón, tal
vez inconscientemente, cuando
Tania monta danza, les exige a
los bailarines, y luego se deja
abrazar por la música. Todavía
dudamos que haya estudiado solo
ballet.
"En la época en que me formé se
estudiaba apreciación musical,
pero era un estudio muy
elemental. No creo que sepa
mucho de música, lo que siempre
he cultivado el gusto. Mi bagaje
musical, modestia aparte, es
bastante amplio. Oigo música
brasileña, árabe, egipcia,
música de los confines de la
tierra
―exclama con una
sonrisa―, y me gusta tener todo
tipo de música. Cubana también,
devoro la de los años 40: feeling, bolero, Matamoros,
cosas así, y por mi trabajo he
podido vincularme a diferentes
sonoridades. Después de graduada
empecé a impartir clases, en
nivel medio, de Danzas
españolas, luego di Danzas de
salón, Danzas de carácter,
Ballet, pero en el momento en el
que surgió Endedans tuve que
disminuir progresivamente el
número de asignaturas que
impartía. Me casé por muchos
años con las Danzas de carácter,
soy buena maestra de eso y les
debo mucho. Mis clases de
ballet, que en este momento
incorporan elementos de la danza
moderna, tienen mucho de las
Danzas de carácter, mi sentido
del movimiento, del torso."
Fundar es un acto tan complejo
como nacer. Y más difícil que
crear un proyecto es mantenerlo.
En el 2002, Tania Vergara fundó
su propia compañía de danza en
Camagüey, y solo cuando uno la
tiene frente a frente se explica
cómo ha conseguido
desarrollarla. Ser buen
coreógrafo no es sinónimo de ser
líder más allá del salón, y ella
lo logra. Esto es algo que
entraña respeto, hacia y desde
ella, y sabiduría. Los motivos
para fundar fueron varios.
"Muchas razones, una vida
personal que estaba como cayendo
en un vacío, había tenido mis
dos hijos, y el momento de la
maternidad te llena, los niños
van creciendo y sientes que te
falta algo, no sé si es otra
maternidad porque surge una
necesidad de volver a crear.
Además necesitaba enrolar mi
vida personal en algo nuevo, en
lo profesional me sentía en la
nada. Impartía las danzas que
mencioné antes y que me gustan
mucho; pero no llevan a nada
porque la enseñanza del ballet
por supuesto que magnifica la
danza clásica y lo demás lo va
dejando como por debajo. Aunque
todos los años hacía cosas
nuevas, que me gustaban y
resultaban premiadas, eso no me
complacía porque al año
siguiente todo lo que había
hecho se perdía, no sentía que
se conservara una memoria. A
esto se sumó que empecé a
proponer obras más raras. Los
mismos coreógrafos del Ballet de
Camagüey me decían que la
Escuela no estaba apta para
bailar cosas así, que la
institución tenía un compromiso
con la danza clásica. Surgieron
comentarios como: 'no eres de
este lugar', o 'no encaja lo que
estás haciendo con el nivel de
la Escuela o con los intereses
de la Escuela'. Estos
comentarios dichos así parecen
desagradables pero venían de
personas muy amigas, con el
espíritu sano de ayudar. Incluso
el comentario de: 'tú no
perteneces aquí, eres de otro
lugar', que me hizo una amiga
mía, Sandra Pérez, que está
ahora en México, creo que fue
importante. Todo lo que he
explicado se iba tejiendo en mi
mente. Un buen día se me acercó
Reinaldo Labrada, quien es el
presidente de la Asociación
Hermanos Saíz (AHS) en Camagüey,
y me dijo que necesitaba que los
bailarines tuvieran mayor
incidencia dentro de la vida
cultural de la AHS, y yo le
cuento que lo que más quisiera
es tener mi propio grupo y hacer
como un laboratorio de una danza
diferente a la que se estaba
haciendo en la provincia. Él
puso todas sus ganas y me dio
mucha fuerza, porque por mí misma no lo hubiera hecho,
necesité que alguien me
empujara, y ya hoy pase lo que
pase, me siento en un camino tan
segura que no existe muro que se
levante que yo no pueda
atravesar."
Así ha sido, en el momento de su
fundación los integrantes de
Endedans eran algunos de sus
alumnos de la Escuela de Ballet,
y algunos artistas del Ballet de
Camagüey. Hubo problemas porque
los alumnos se graduaban y
pasaban a la compañía clásica, y
los horarios, las lastimaduras,
creaban conflictos. Decidió
empezar de cero otra vez, con
cuatro o cinco personas, algunas
de carrera profesoral.
"Creo que ahí es cuando realmente
surge Endedans, lo anterior fue
un preámbulo necesario. Endedans
es mi casa, y yo puedo ir
tanteando las cosas en el
momento en que las quiero y como
las quiero. A lo mejor no
resultan pero es mi laboratorio.
Además de que les debo mucho a
mis bailarines en ese sentido
porque son como mis conejillos
de india, también ellos me
aportan mucho a mí. Me he dado
cuenta de que necesito tener un
espacio donde me pueda sentir
como en casa, pues siempre que
uno va a otra compañía tiene que
adaptarse a otras normas y
respetar sus políticas. Con mi
compañía no pasa eso, yo me
siento muy libre, en otras
entrevistas he dicho que no me
cierra ninguna política, no es
que quiera ser disidente ni nada
por el estilo, pero me siento
libre de hacer lo que quiera. De
pronto quiero trabajar en
puntas, vamos a trabajar en
puntas, de pronto vamos a
cantar, o vamos a hacer una obra
más gestual, o hacer danza
arena, yo voy dictando la
política de Endedans y eso me
hace, creo, mejor artista."
Esta camagüeyana, amante de su
casa, sus hijos, su esposo
―artista plástico―
y su ciudad,
también quisiera trabajar con
otras compañías, y le encantaría
hacer temporadas en La Habana.
No ve en Camagüey ni en Endedans
una cárcel. ¿Acaso tiene límites
la creación? ¿Por qué
imponérselos entonces? Cuando se
le pregunta por coreógrafos que
tenga como patrones su respuesta
es muy clara y certera:
"Mats Ek por lo osado, por lo
crudo y a la vez desenfadado, a
veces tanto que parece ingenuo,
y Jiri Killian porque es un
poeta del movimiento y porque
entiende la música de una manera
muy peculiar. Me hablabas antes
de mi conocimiento musical, yo
creo que logro entender la
atmósfera del compositor, a lo
mejor no exactamente lo que
quiso decir pero me parece que
entro en un mundo homogéneo a la
persona que escribió la
partitura, en cuanto a
atmósfera, y que la atrapo en
mis obras. En 'A los confines de
la tierra' logro eso, los
matices musicales están
representados con movimientos y
los movimientos responden a los
matices musicales, hay una
reciprocidad, un hermanamiento,
diría que se da una relación de
dependencia que para mí es
buena. Porque a veces ser
demasiado dependiente de la
música es muy malo, pero
haciéndolo con mesura me parece
que resulta bien. Un gran
ejemplo lo tenemos en un
espectáculo de Jiri Killian, su
ballet 'Blanco y Negro', que
utiliza incluso espadas, y no
hay matiz, no hay una tecla del
piano, un sonido que no lleve,
al unísono, un empeine que se
quitó, una contracción, una
cabeza, Killian es un maestro en
eso."
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Tania habla con respeto de
maestros, coreógrafos,
bailarines; pero además en su
expresión tanto oral, como
coreográfica, nunca pasa por
alto el público, aquellas
personas que percibirán desde
afuera su obra.
"Pienso en cómo va a entender la
obra, no tanto si entenderá
exactamente lo que quiero decir,
pero sí trato de que cuando se
abra el telón, haya algo mágico
que capte su atención. Cualquier
cosa que pueda aburrir o dejar
de ser interesante, la elimino.
El ritmo de una obra es vital
para que la atención del público
se mantenga, la relación que
establecen los bailarines, entre
otros elementos, porque en el
teatro pasa que las personas se
viran para ver quién es el que
entró o porque de pronto abren
el monedero o se acuerdan de
algo, y ese momento en que la
persona habla, comenta, mira
para el otro lado, bosteza, en
ese momento está perdiendo parte
de la obra. Yo trato que mis
coreografías llenen y vibren de
una manera que el público tenga
que estar atento y no quiera
perderse qué está sucediendo,
porque no es fácil de entender o
porque trato que tenga que
llevarle tiempo el resolverse la
obra. Esto sin dejar de ser
directa, pues no quiero que me
pase como con el ballet clásico,
que la gente algunas veces se
aleja porque no entiende qué
está pasando. Trato de que las
obras mías sean agradables
visualmente y asequibles."
“A los confines de la tierra”
convocará un sinfín de lecturas
el 1ro de noviembre en la sala
García Lorca del Gran Teatro de
La Habana. Ese día Tania Vergara
recibirá de manos de Alicia
Alonso el Premio del VI Concurso
Iberoamericano de Coreografía
2008 y, además, el aplauso de un
público ansioso de palpar una
poesía del movimiento más
contemporánea. Probablemente, en
su exploración de los confines,
muchos se reconozcan. |