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Si las emociones se
midieran igual que los huracanes, las
que emergieron aquí, entre artistas,
escritores y pobladores durante las
jornadas por el Día de la Cultura
Cubana, clasificarían en cuarta
categoría de la escala Saffir Simpson.
Nueva Gerona y los
asentamientos poblacionales de la Isla
de la Juventud recibieron a un nutrido
grupo de creadores e intérpretes durante
38 horas, a los que se sumaron los
integrantes de la brigada Martha
Machado, que organizada por el escultor
Alexis Leyva Machado (Kcho), se instaló
en ese territorio apenas cesaron los
vientos y las lluvias de Gustav.
En una dinámica
singular, los artistas y escritores no
solo dieron de sí, sino recibieron una
lección inefable, la de un pueblo que a
la vez que se reconstruye en el orden
material, empina su espíritu resistente.
Nancy Morejón, notable
poeta y ensayista, Premio Nacional de
Literatura, sintetizó la experiencia con
estas palabras: “En estos tiempos está
naciendo un nuevo tipo de compromiso
intelectual desde la humildad y la
sensibilidad”.
Había que ver los
rostros de las mujeres y los hombres
pineros al comprar libros en una feria
que desafió el duro sol de la mañana;
departir con el creador de Elpidio
Valdés, Juan Padrón, escuchar la
evocación de Cecilia Valdés por Reynaldo
González, disfrutar los versos de
Marylin Bobes y Mirta Yáñez,
desternillarse de risa con las
ocurrencias de Nelson Gudín, Osvaldo
Doimeadiós, Ulises Toirac y Carlos
Gonzalvo, ya para siempre Mentepollo;
conversar con los actores Jorge Ryan,
Renecito de la Cruz y Jorgito Martínez;
contar de cerca con Armando Tomey,
Felito Lahera y Omar Franco,
protagonistas de Kangamba;
soñar con Norma Reyna, Michaelis Cué y
su sombrilla amarilla; y bailar a fondo
con Manolito Simonet y su Trabuco y el
pop trepidante de Nassiry y Moneda Dura.
Pero habrá que pensar
también lo que en estos y otros artistas
y escritores dejó una experiencia
multiplicada a lo largo y ancho de las
islas apenas marcharon los huracanes.
Un solo ejemplo
bastaría. Chucho Valdés, que anda de
estreno con una nueva banda, abrió un
paréntesis en su apretada agenda
internacional para presentarse en la
Plaza El Pinero con sus músicos, una
formación de lujo que tiene a Alexander
Abreu y Reinaldo Milián en las
trompetas, a Gernán Velasco en el
saxofón, Juan Carlos Rojas en la
batería, Lázaro Rivero en el bajo,
Yaroldi Abreu en las tumbadoras y como
vocalista a Mayra Caridad Valdés.
Al término del
espectacular concierto, Chucho afirmó:
“No me hubiera perdido esto por nada del
mundo. Uno tiene que estar atento a sus
raíces; perderlas sería fatal para los
que soñamos con un país mejor”. Ese
concierto de Chucho y sus músicos
hubiera costado en la boletería de
cualquier teatro de Londres o París el
equivalente a unos 80 euros.
El huracán de arte sobre
la Isla fue protagonizado por gente de
vanguardia y eso también marcó una ruta
en la batalla contra la banalidad y el
populismo.
“Esto sí es un congreso
de la cultura, de artistas y pueblo”,
exclamó ufano Ulises, quien remarcó su
expresión con un dicho de Chivichana:
“¡Le zumba el merequetén!”
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