Año VII
La Habana

25 al 31 de OCTUBRE
de 2008

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Mauricio Figueiral en concierto

Lluvia y no chin chin

Antonio López Sánchez • La Habana

Fotos: Alain Gutiérrez

 

Para quienes seguimos y reseñamos las historias de la grey trovera, no exentas de tragos a veces amargos, hay sin embargo algunas buenas recompensas a lo largo del camino. Con esta idea asumo las primeras líneas del empeño para comentar el concierto de Mauricio Figueiral en el Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes, una plaza que ya se va haciendo importante para la Trova, en especial la menos veterana. Y digo esto, lo de las recompensas, porque en el caso de este todavía muy joven creador, he tenido la fortuna de ir viendo crecer sus primeros pasos hasta encarar empeños de mayor responsabilidad. Y, al menos hasta ahora, ha sido siempre para mejor, para crecer tiempo sobre tiempo, como corresponde al buen arte; ese que debe asentarse primero antes de lograr su definitivo sabor. En esta ocasión fue un concierto en solitario, con banda acompañante, con invitados de grueso calibre y con varios ingredientes agregados al cocido como proyección de audiovisuales y un uso acertado de las posibilidades de la fotografía y la computación.
 
Mauricio Figueiral es uno de los  trovadores que integró en sus inicios esa suerte de pandilla musical conocida por Séptima Cuerda, agrupados inicialmente en una peña trovera y luego en una larga serie de conciertos. Para los exégetas de siempre, valga aclarar que Séptima Cuerda no es ni un título generacional, lógicamente excluyente, pues ninguna generación consta de cinco trovadores, ni es tampoco una etiqueta perenne que arrastrarán de por vida los que fueron sus integrantes. Para quien redacta estas líneas, que sabe del grande desconocimiento que en materia de pertenencias acompaña a nuestra Trova, son importantes estos apuntes. Para cerrar este atajo, Mauricio y sus correligionarios, vienen a ser como la quinta de las generaciones u hornadas troveras, contando desde los fundadores de Movimiento de la Nueva Trova, por allá por los 70. Además, como Adrián Berazaín o Pedrito Beritán, para contar los que se mantienen más activos, Mauricio ya trabaja en su carrera de modo independiente, cada cual con sus respectivos proyectos en solitario. De manera que las etiquetas, después de quedar registrados sus trabajos en un disco colectivo dentro del proyecto Verdadero Complot y salvo para deslindar primeros pasos y ubicaciones a la hora de los estudios y trabajos periodísticos, no tienen ya mayor valía.

De este concierto me gustaría hacer un destaque de varios aspectos. En primer lugar, la eficiente promoción de la presentación, que trajo consigo una sala repleta. Aprovecho y lanzo el reto: Va siendo hora de que los trovadores, los menos veteranos, repito, se arriesguen a presentarse en sitios algo mayores, Bellas Artes empieza a ser una plaza ganada para la buena Trova. Ojo, plaza ganada que hay que mantener sin descuidos, aunque sea válido el intento de espacios mayores. En segundo término, hay que destacar el guión, la dramaturgia de toda la presentación. En estos tiempos de multimedias, hacer algo semejante en vivo, con uso de imágenes fotográficas, con proyección de cortos audiovisuales, es un notable esfuerzo por la implicación tecnológica que requiere y por la exigencia para que salga bien en directo, pero sus resultados se agradecen. Además, nuestros trovadores necesitan hacerse a la idea, por duro que sea producirlo (porque lo es, porque todo ese añadido se traduce en más trabajo), de que hoy son necesarios este tipo de espectáculos planificados de modo global, múltiple, integrador de medios y soportes para comunicar.

Y los resultados fueron buenos. Quizá, para futuros empeños, Mauricio debe tener en cuenta que una secuencia de fotos como la que acompañó al tema "El hijo de Chavela", debe llevar consigo una canción algo más conocida y no una casi acabada de salir del horno. Ante lo bien hilvanado de las imágenes, con un toque medido y bien logrado de humorismo en texto y edición, la canción pasó sin que casi nadie, y este redactor se incluye, sea capaz de repetir luego una estrofa. Igualmente, cumplido en este caso, el corto debe ser eso, un corto. Que no rompa el devenir del concierto, y de ser posible (aunque se trataba de un material ingenioso, fresco, también en una cuerda de humorada), que guarde alguna relación con el protagonista y con la presentación en cuestión. Aunque aquí, valga aclararlo, la relación es evidente si sabemos que Mauricio, recién graduado de la Facultad de Medios Audiovisuales del Instituto Superior de Arte, comparte su carrera musical con la de realizador y director en esta cuerda creativa.
 
Sobre los invitados, unas palabras. Mauricio trae a su concierto a sus “padres” troveros: Erick Sánchez y Fernando Bécquer. Lindo gesto y muy válido el agradecimiento a los que con algún consejo y crítica ayudan a encontrar la propia voz. Los dos estuvieron muy bien en sus actuaciones y hay una idea que no quisiera dejar en el tintero. Que un público, muy joven en gran medida, aplauda y reciba con las demostraciones de afecto y conocimiento de causa (coreando las canciones de ambos) como lo hizo con Erick y a Fernando, es un muy buen síntoma. Si por causas y azares de la vida y las difusiones, nuestra propia generación no pudo encontrar sus voces, desgarrones y alegrías en las voces y cantos de estos dos excelentes trovadores, y de otros, que al menos lo hagan las venideras. En igual fila agregamos a Raúl Torres, igualmente bien recibido y escuchado.

Otro punto que resulta importante destacar es la idea de Mauricio de proporcionar el concierto, recién grabado, a los que pudieran llevarlo en soportes digitales. Las nuevas tecnologías pueden ayudar en buena medida a difundir la Trova. Y aunque todo músico desea la mayor calidad para sus registros, algo casi imposible de lograr en vivo por el despliegue tecnológico que exige el mercado musical moderno y por las sabidas limitantes que sufre nuestra Isla, esta es una buena manera de hacer conocer el trabajo. Ese mismo público, además de colaborar en la difusión pasando grabaciones de mano en mano, es luego el que regresa a los conciertos.

De lo menos logrado, un par de notas. Lo más negativo del concierto estuvo en que dentro de la sala no se escucharon jamás los coros de cada canción. Quizá una ecualización más alta hubiera ayudado, pues las voces podían notarse en el sonido, aunque en un plano demasiado bajo como para percibirlas con claridad dentro del resto de los instrumentos. Una pena, pues el sonido funcionó sin grandes problemas. Asimismo, un par de baches entre tema y tema hubieran sido salvables. Y como sugerencia de índole más conceptual, quisiera subrayar que aunque se presente con una banda, Mauricio no debe priorizar sus temas más movidos y guarachosos en detrimento de su canción más trovera, profunda e íntima. No porque sus textos y músicas bailables no posean poesía, profundidad y mensaje, sino porque además de aportar variedad rítmica y ganar en riqueza dentro del concierto, mostrar esas otras obras, permite que Mauricio exhiba sus experimentos en otros lares sonoros. Sus inquietudes como creador lo llevan a zonas amplias de la Trova, la musicalización de poemas, por solo poner un ejemplo, que también deben darse a conocer. Por bien que suene su banda y por sabrosos que salgan los temas, también su poesía, su cuerda más lírica y menos “gozable”, en términos de ritmo y baile, hecha guitarra en ristre y con algún agregado para vestir, necesita cantarse, mostrarse al público, para educarlo en ese otro modo de también disfrutar la trova. Algunos de sus temas mejor logrados, en especial de este aire más calmo, se extrañaron en este concierto, entre los que hemos seguido su obra desde los inicios.
De cualquier modo, vale anotar entre signos de admiración esta actuación. Para Mauricio las felicitaciones y los buenos deseos de que siga en esta senda. La anotación también para su banda acompañante, en especial para David Hernández en la percusión y para Jorgito (El Pibe) Herrera, en la guitarra eléctrica. Ojalá sus próximos intentos, en creaciones y en presentaciones en directo, lleven el mismo aire de trabajo serio, de disciplina y de pensar sobre lo que desea que vimos en este concierto. Viene bien tomarse la Trova en serio. Así, como ocurrió en esta oportunidad, podrá seguir mostrando logros y ganando canciones.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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