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Es muy posible que los
asistentes al debut de la
orquesta Pupy y Los que Son Son
el 4 de octubre de 2001 en la
localidad habanera de Güines no
tuvieran conciencia de ser
testigos del nacimiento de un
nuevo y significativo hito de la
música popular cubana.
Si nos remontamos a los rumores
de la época, tendríamos que
hacernos eco de dudas razonables
y opiniones encontradas. César
Pedroso, sin lugar a duda, ya
era un pianista de amplias
credenciales, acrecentadas
durante su larga permanencia en
Los Van Van, y había aportado
como compositor medulares temas
al repertorio de la formación de
vanguardia liderada por Juan
Formell. Se trataba, entonces,
de saber si al salir al ruedo
con una agrupación propia podía
no solo entrar en sintonía con
los bailadores, sino también
ensanchar con renovados bríos su
contribución a esa historia
reciente que lo tenía como uno
de sus protagonistas.
Oído hace fe: este nuevo
fonograma de Pupy, Tranquilo
que yo controlo
(2008), producido por la EGREM,
implica dos confirmaciones y
anticipa un camino. Pupy ha
logrado consolidar una orquesta
con estilo propio y cuenta con
la plena aprobación de su
público, mientras que al mismo
tiempo enrumba su sonoridad
hacia una atmósfera tímbrica que
pudiera marcar pautas singulares
en lo adelante.
Los 14 temas aquí reunidos
tienen obviamente un
destinatario: el bailador. Este
es el que dará seguramente la
medida del éxito. Sin embargo,
puede aventurarse —como lo ha
probado, por ejemplo, un tema ya
muy difundido, "Báilalo hasta
fuera"— que las pistas no
serán ajenas a la calidad y la
calidez de la entrega. Un dato a
tomar en cuenta: el tema aludido
ha sido rebautizado a escala
popular como "La machacadera".
Cuando algo así acontece, es
señal inequívoca de plena
sintonía social entre la música
y su público.
Pupy se mueve en el entorno de
la timba, esa derivación del
complejo sonero que se convirtió
en el mainstream de la
música popular bailable de la
Isla durante la última década
del pasado siglo. La palabra
"entorno" debe ser asumida de
manera literal: la música de
Pupy no es ciento por ciento
timbera en sentido estricto, en
tanto apela con cierta
frecuencia a enlaces
instrumentales y desarrollos
temáticos procedentes de la
tradición de los conjuntos de
sones y muchas veces a un aire
mucho menos agresivo que el
usual en la timba. También la
diferencia —y la personalidad de
la agrupación— está dada por el
lenguaje pianístico del líder
—alguna vez tendrá que hablarse
de cómo Pupy se empinó sobre el
legado de Lilí Martínez, René
Hernández y Lino Frías— y la
dicción musical de las voces de
Mandy Canteros, Pepito Gómez y
la joven Lilibet Jove. Y algo
más: la consecuencia con que
Pupy, como compositor, ha
abordado la crónica de
costumbres en sus piezas. Desde
el pintoresco e ingenioso
cosmopolitismo de "A la
italiana" a la chispeante
anécdota de "Vecina préstame el
cubo", el autor nos ofrece
estampas que hablan más de
nosotros mismos que los estudios
sociológicos. A tal constancia
en la obra de Pupy pudiera
aplicarse una observación del
musicólogo español Iñigo Sánchez
Fuarros acerca de que la música
popular cubana de nuestra época
“se desarrolla con vocación de
lenguaje de lo real cotidiano
donde las palabras vuelven a
recuperarse para nombrar lo que
existe”.
Para este disco, Pupy ha tenido
la dicha de contar con
colaboradores de lujo, tales los
casos de la gran diva Omara
Portuondo, el inefable
Changuito, el melódico Joaquín
Oliveros, el todoterreno Lázaro
Dagoberto González, entre otros.
Y hasta se decidió a revivir el
género danzón a partir del
archiconocido estándar
norteamericano "As Time Goes By".
De modo que hay suficientes
argumentos como para predecirle
a Tranquilo que yo controlo
una buena andadura en estos
tiempos y su anclaje en la
memoria de quienes conservan los
mejores momentos de una música
hecha para alegrar el espíritu. |