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El presente artículo constituye
el segundo de tres referidos a
las crisis financieras
(crediticias y bursátiles)
iniciadas en EE.UU. y propagadas
a casi todo el mundo durante el
verano del año 2008, en este
caso referido a las propias
crisis financieras y bursátiles.
Durante la primera mitad del año
2008 se profundizaban los
grandes desequilibrios de la
economía de EE.UU. Además del
paquete de estímulo de 152 000
millones de US dólares para
reactivar la economía basado en
reembolsos de impuestos para
reactivar el consumo y permitir
que los propietarios volvieran a
financiar sus hipotecas a través
de bonos libres de impuestos, en
marzo la Reserva Federal
empleaba 29 000 millones de US
dólares para facilitarle al
banco J.P. Morgan Chase la
adquisición de la fracasada
firma de inversiones Bear
Stearns, en abril 75 000
millones para un programa de
préstamos estudiantiles, en
julio hasta 200 000 millones
para respaldar las operaciones
de las grandes instituciones
hipotecarias Fannie Mae y
Freddie Mac junto con la
autorización a la Federal
Housing Administration
(Administración Federal de
Viviendas) para ayudar con
300,000 millones a propietarios
de viviendas endeudados en sumas
mayores al valor de mercado de
sus propiedades, más un
acumulado hasta julio de 167 000
millones para apuntalar al
sistema bancario privado.
A principios del mes de
septiembre del año 2008 se
producía la bancarrota del banco
Lehman Brothers considerado el
cuarto banco de inversiones en
EE.UU. y noveno en el mundo con
muy poco entusiasmo de parte de
inversionistas privados para la
adquisición de sus acciones o
activos como ocurría en
definitiva con el Banco Barclays
de Gran Bretaña con 1,750
millones de US dólares para
comprar algunos de sus activos.
Horas después la Reserva Federal
tuvo que actuar con 85 000
millones equivalente al 80% del
valor de las acciones a favor
del American Internacional Group
(AIG), una gran corporación
transnacional con presencia en
más de 130 países y más de 70
millones de clientes.
En esos momentos se ponía de
manifiesto la continuación
progresiva y acumulada de las
condiciones para la explosión de
burbujas financieras y
bursátiles en forma generalizada
en EE.UU. con graves
proyecciones internacionales,
burbujas que constituyen
elementos importantes del
capitalismo neoliberal actual
cada vez más concentrado y
utilizando mecanismos de defensa
anticíclicos también cada vez
más agotados e inoperantes. Se
avizoraba el completo colapso de
la confianza en el actual
Sistema Financiero Internacional
con el aumento del retiro por
parte de los depositarios de
fondos del mercado monetario y
mayores compras por inversores
de Bonos del Tesoro de EE.UU. a
un mes de plazo pagando más que
lo que recibirían a su normal
vencimiento.
Como siempre, la comunidad
financiera de los Bancos
Centrales del occidente
desarrollado se lanzó de nuevo
al salvataje de la nueva crisis
financiera para lo cual el
Consejo Federal de Mercado
Abierto autorizó 180 000
millones de US dólares, de ellos
80 000 millones aportados por el
Banco Central Europeo (BCE) para
el intercambio bancario de
divisas recíprocas temporales (swap
lines). Una semana después el
BCE inyectaba otros 40 000
millones y a la siguiente semana
otros 50 000 millones para
iguales propósitos.
Según el Mish´s Global Economic
Trend Analysis a medianía de
septiembre existían 6,84
billones de US dólares en
depósitos bancarios en EE.UU.,
de ellos 2,6 billones no
asegurados, y solo 53 000
millones en seguros de la
Corporación Federal de Seguros
de los Depósitos Bancarios, en
inglés Federal Deposit Insurance
Corporation (FIDIC) para cubrir
los 6,84 billones, igualmente se
conocía que en junio del año
2008 desde Asia habían ingresado
a EE.UU. 46 000 millones de US
dólares en valores extranjeros
mientras que en julio los
inversores privados extranjeros
de esa región extrajeron 92 900
millones netos de EE.UU.
La crisis se generalizaba, y el
26 de septiembre se anunciaba la
bancarrota del Washington Mutual
(WaMu), el mayor banco de
depósitos y préstamos en EE.UU.
con el sexto lugar en términos
de activos con 5 400 oficinas en
el país así como la debilidad de
grandes bancos de inversiones
como Morgan Stanley. Por su
parte, el FMI elevaba a 1,3
billones de US dólares el costo
de la crisis financiera situando
entre 640 000 y 735 000 millones
las pérdidas de los bancos
europeos y estadounidenses por
la caída del valor de sus
activos principalmente en EE.UU.
y ni China ni Arabia Saudita
estaban comprando más bancos de
inversiones en ese país. No se
podía esperar ni un minuto más
para salvar a los magnates
financieros y preservar su
impunidad, así como activar las
bolsas de valores en los
principales mercados bursátiles
en especial las bolsas de Wall
Street y a más largo plazo
restablecer el flujo de crédito
a las actividades económicas.
En consecuencia, el gobierno de
George W. Bush anunciaba una
nueva política de rescate
estatal masivo de bancos
privados con todo tipo de deudas
incluyendo activos inservibles
(valores tóxicos) con un Plan de
Rescate Financiero inicialmente
por 700 000 millones de US
dólares presentando un proyecto
de solo tres páginas al Congreso
para su aprobación. Por su
parte, gobiernos europeos como
el de Gran Bretaña propugnaban
por reforzar la intervención y
regulación estatal de sus
sistemas financieros nacionales,
lo cual significó un duro golpe
a las bases de las teorías y
dogmas del neoliberalismo
capitalista en cuanto a la no
participación del
estado-gobierno en la regulación
de los mercados, en este caso
los financieros y bursátiles,
demostrando una vez más la
naturaleza falsa, cínica y
oportunista de las oligárquicas
y las clases dominantes
capitalistas con tal de mantener
sus riquezas y privilegios, al
menos temporalmente,
garantizando además la impunidad
y recompensando a los
delincuentes para que puedan
seguir delinquiendo.
Debido a las dificultades
encontradas en el primer intento
de aprobación en la Cámara de
Representantes de EE.UU. del
Plan de Rescate Financiero, el
lunes 29 de septiembre las
bolsas de valores de Nueva York
sufrían grandes pérdidas,
constituyendo récord histórico
caídas como las del índice Dow
Jones Industrial (componente del
Dow Jones Composite junto con el
Dow Jones Utility Average y el
Dow Jones Transportation
Average) por más de 775 puntos
para una caída de cerca del 7%,
el índice Standard & Poor´s 500
del 8,81% y el índice Nasdaq del
9,14%, para una pérdida total
estimada en las bolsas de Wall
Street por 1,2 billones de US
dólares.
La resistencia inicial de muchos
de los Representantes en EE.UU.
se debió a la no aceptación de
los conservadores en general a
la intervención del estado en la
regulación de los mercados y
sobre todo a la repulsa al Plan
de Rescate por parte de la
mayoría de los electores en
medio de un próximo proceso
eleccionario de renovación de
toda la Cámara de
Representantes. Cada vez más el
público estadounidense adquiría
conciencia de que el Plan de
Rescate para rescatar a bancos
intercapitalizados,
sobreapalancados, desregulados y
manejados en forma al menos
irresponsable a favor de sus
grandes accionistas privados y
en muchos casos de ejecutivos
corruptos y donde los fraudes y
engaños financieros se hicieron
práctica común, constituía un
nuevo asalto descarado para
saquear aun más al Tesoro de
EE.UU. a costa de los impuestos
de la población y de otras
muchas futuras afectaciones
adicionales, ya que no atacaba o
modificaba las causas que dieron
origen a esta nueva y profunda
crisis financiera y bursátil.
En definitiva, por presiones de
las elites y oligarquías
capitalistas dominantes, el
Congreso de EE.UU. el 3 de
octubre aprobó el Plan de
Rescate a ser ejecutado por la
Reserva Federal como la “Ley de
Estabilidad Económica de
Urgencia 2008” que de una
propuesta de tres páginas
presentadas por el Secretario
del Tesoro, Henry M. Paulson Jr.,
ex presidente de Goldman Sachs,
y por el presidente de la
Reserva Federal, Ben S. Bernanke,
en pocos días pasó a ser un
proyecto de ley de 106 páginas
rechazado inicialmente por la
Cámara de Representante y luego
a otro proyecto de ley de 451
páginas aprobado en definitiva,
sin posibilidades de haber sido
estudiado ni analizado por
ninguno de los legisladores que
votaron a favor.
El Senado de EE.UU. fue el
primero en aprobar el Plan de
Rescate y para disminuir en algo
las protestas de la población
estadounidense aumentó el
paquete en 150 000 millones más
como estímulo para la
exoneración de impuestos y
desgravaciones fiscales a
familias de clase media y
empresarios, llevando el Plan
hasta los 850 000 millones de US
dólares, mientras mantenía los
límites de las enormes
indemnizaciones para los
ejecutivos especuladores de los
bancos y de las bolsas de
valores y otorgaba poderes
prácticamente ilimitados y casi
sin control alguno a favor de
Henry M. Paulson como Secretario
del Tesoro y de esa forma
mantener el sistema de fraudes y
la impunidad más rampante en el
sistema financiero de EE.UU. De
los 700 000 millones de US
dólares aprobados, 250 000
podrían usarse de inmediato, 100
000 a discreción del Presidente
de la república y 350 000 a
discreción del Congreso.
Inicialmente el Plan de Rescate
hacía énfasis en un Programa de
Alivios para Activos en
Problemas (TARP, por sus siglas
en inglés) para la compra por
parte del Departamento del
Tesoro de deudas incobrables y
de inversiones fracasadas que no
pudieran venderse a ningún
precio (salvataje de bancos en
quiebra y su recapitalización).
Sin embargo, otras medidas
adoptadas en la “Ley de
Estabilidad Económica de
Urgencia 2008” incluyeron el
aumento de 100 000 a 250 000
millones de US dólares la
garantía de depósitos,
incentivos fiscales para las
inversiones en la producción de
etanol o comprar autos
eléctricos o híbridos y
exenciones a empresas que
inviertan en nuevos mercados,
entre otras.
Es bueno aclarar que la Reserva
Federal de EE.UU. no constituye
un Banco Central típico con
fondos estatales, sino que
constituye una corporación
privada creada desde el año 1913
facultada para imprimir dinero,
estando constituida por la
asociación de varios de los más
grandes bancos privados de los
más de 10 000 bancos todos
privados que existen en EE.UU.,
por lo que cuando acude por su
cuenta al rescate en forma
directa de alguna institución
financiera privada como las
correspondientes a la anterior
“Acta de Recuperación Económica
del 2008” y su correspondiente
“Ley de Vivienda y Recuperación
Económica de 2008” no se produce
una estatización y mucho menos
una nacionalización, sino el
financiamiento o compra de
acciones o activos de entidades
privadas a favor del grupo de
bancos privados que constituyen
la Reserva Federal.
En el caso de los 700 000
millones de US dólares del Plan
de Rescate del gobierno de Bush
hijo la situación es algo
diferente ya que el Departamento
o Secretaría del Tesoro actúa en
cierta forma como un Banco
Central típico. Por su parte la
Reserva Federal actúa solo como
emisor del dinero
correspondiente por lo cual le
paga un impuesto a la Tesorería
por la impresión de los billetes
y le cobra al gobierno un
interés sobre el dinero creado a
una tasa de interés fijada por
la propia Reserva, intereses que
salen no de fondos del gobierno
sino de impuestos sobre los
ingresos de la población, con
una tasa de ganancia neta que
nunca es menor del 6%. Esto
quiere decir que de la nada y
sin hacer prácticamente nada los
bancos privados de la Reserva
Federal obtuvieron ganancias
netas de al menos 45 000
millones de US dólares con el
Plan de Rescate de 700 000
millones aprobados por el
Congreso.
El presidente John F. Kennedy
intentó poner fin a esta
inmoralidad de la Reserva
Federal al promulgar el 4 de
junio del año 1963 la Orden
Ejecutiva 11110 dando al
Departamento del Tesoro la
autoridad para crear e imprimir
dinero, los llamados “Billetes
del Tesoro” en reemplazo de los
“Billetes de la Reserva
Federal”, Orden Ejecutiva que
fue revocada por el presidente
Lyndon Johnson después del
asesinato de Kennedy,
restableciendo de esta forma el
bochornoso sistema imperante
hasta la actualidad.
Aparentemente en los medios
informativos existe una gran
confusión entre los términos y
conceptos de nacionalización y
de estatización. En la forma en
que el gobierno de EE.UU.
utilice los 700 000 millones
aprobados para el rescate de
bancos se podrían producir
estatizaciones (a inversionistas
y accionistas nacionales) y aun
nacionalizaciones (si hay
accionistas extranjeros
involucrados) en los casos que
se produzca la adquisición
(propiedad) de acciones o
activos de las entidades
intervenidas, no así en los
casos del otorgamiento de
préstamos o créditos para su
supuesta recuperación. En el
primer caso, los ingresos del
gobierno provendrían de las
posibles utilidades netas a
distribuir como accionista y en
el segundo por el repago de los
préstamos con los intereses
correspondientes.
De lo anterior se hace evidente
el alto riesgo del Plan de
Rescate para el gobierno, no así
para los grandes bancos de la
Reserva Federal que siempre
ganan sin arriesgar nada, debido
al alto riesgo de impago de los
créditos otorgados y de pocas o
ningunas utilidades a distribuir
por parte de los bancos
beneficiados, alto riesgo debido
al mantenimiento sin cambio
alguno a las políticas
crediticias utilizadas por
ejecutivos interesados en
obtener ganancias sin freno ni
límites y acostumbrados a
prácticas corruptas, al engaño,
a las trampas y a los fraudes
contables y financieros para su
beneficio personal.
Mientras tanto, en Europa varios
de los Bancos Centrales
intervenían para inyectar
liquidez a favor de bancos
comerciales y de otro tipo como
el de Gran Bretaña con 52 200
millones de libras esterlinas
(64 728 millones de euros) para
rescatar entre otros al Bradford
Bingley (BB), el Banco Real de
Escocia con 17 000 millones (63%
de sus acciones) y la fusión del
Lloyds TBS y el banco Halifax de
Escocia Con 16 500 millones /41%
de sus acciones, los Bancos
Centrales de Luxemburgo y
Bélgica a favor del banco
belga-holandés Fortis por 11 200
millones de euros, el de
Alemania con 50 000 millones de
euros para rescatar al Hypo Real
Estate, el de Islandia para
rescatar a los bancos Icesave y
Glitnir además de recibir un
crédito ruso por más de 4 000
millones de euros para
estabilizar la moneda nacional,
también el de Japón con 24 300
millones de US dólares. En los
casos de los Bancos Centrales
europeos por su carácter estatal
existen mayores posibilidades de
producirse estatizaciones y
nacionalizaciones (no ocurre así
con la Reserva Federal de
EE.UU.) en caso de pasar a ser
propietarios de las acciones y
activos de los bancos afectados.
Sin embargo, la crisis
financiera siguió extendiéndose
y las bolsas y los mercados
bursátiles continuaban en picada
y la UE se vio forzada a
establecer “una posición común”
que se resumía en que los
gobiernos hicieran todo lo
posible por salvar a sus grandes
bancos en bancarrota y salvar a
sus sistemas financieros
nacionales (y regional en lo
posible) sin cambios importantes
en los factores que originaron
las crisis y, en consecuencia,
varios Bancos Centrales
anunciaron operaciones de
salvataje por decenas de miles
de millones de euros adicionales
a las realizadas hasta ese
momento, a pesar de lo cual las
bolsas de valores continuaron a
la baja principalmente las de
EE.UU., de la UE y de Asia
demostrando una gran
desconfianza en el sistema
imperante.
El martes 7 de octubre la
Reserva Federal de EE.UU.
anunció un nuevo plan para
invertir en total hasta 900 000
millones de US dólares en el
rescate de instituciones
financieras en EE.UU. y en la
compra de deudas comerciales de
algunas empresas y así facilitar
el flujo de créditos para el
funcionamiento diario de los
negocios, y el mismo día se
produjo un nuevo desplome de los
índices de Dow Jones, el S&P 500
y el Nasdaq Composite,
manejándose dificultades para el
Bank of America y el Morgan
Stanley. Al día siguiente la
Reserva Federal de EE.UU., el
Banco Central Europeo, el Bank
of England y los Bancos
Centrales de Canadá, Suecia,
China y Suiza y con fuerte apoyo
del Banco de Japón se ponían de
acuerdo para disminuir las tasas
de interés en un 0,5% en sus
respectivos países; sin embargo,
durante en resto de la segunda
semana de octubre del año 2008
varias de las más importantes
bolsas bursátiles de EE.UU. (en
el caso del índice Dow Jones
terminó la semana por debajo de
los 8 500 puntos), la UE y Asia
y en menor grado en América
Latina siguieron reaccionando en
forma impresionante y alarmante
hacia la baja.
El propio viernes 10 de octubre
del año 2008 se reunían los
Ministros de Finanzas del G7 y
acordaban una serie de medidas
que pueden considerarse parte de
una futura pero cercana
estrategia de enfrentamiento a
la crisis financiera y bursátil,
entre las que se encuentran
tomar todas las acciones que
fueran necesarias para:
·
Respaldar por todos los medios a
las instituciones financieras
importantes para el sistema y
prevenir las quiebras.
·
Descongelar los mercados de
créditos y monetarios y
asegurarse de que los bancos y
otras instituciones financieras
tengan amplio acceso a liquidez
y fondos.
·
Asegurar a esas entidades que
puedan reunir capital de fuentes
públicas y privadas para
restablecer la confianza y
permitirles continuar
concediéndoles préstamos a las
familias y negocios.
·
Actuar, cuando sea apropiado,
para relanzar los mercados
secundarios para hipotecas.
Ese mismo día, el Secretario del
Tesoro de EE.UU. confirmaba que
ese gobierno al igual que el de
Gran Bretaña compraría acciones
preferentes de los bancos, en lo
que posteriormente el presidente
George W.Bush anunciaba como un
plan anticrisis con el empleo de
250 000 millones de US dólares y
que podría comprarse hipotecas
directas a los bancos, ampliando
las inmorales operaciones de
salvamento. Por otra parte, el
domingo 12 de octubre la UE en
la persona del presidente de
Francia, Nicolás Sarkozy después
de una reunión de los 15 países
miembros de la Eurozona en París
acordó solicitar a EE.UU. la
organización de una cumbre para
“refundar el sistema financiero
internacional” y así atacar las
causas de raíz de la crisis
financiera (sin que sea un
regalo a los bancos).
Durante el lunes 13 de octubre
distintos gobiernos de Europa
anunciaban su compromiso de un
total de unos dos billones de US
dólares para respaldar a las
instituciones europeas en
problemas, especialmente por
parte de los gobiernos de Gran
Bretaña (380 000 millones de
euros), Alemania (480 000
millones de euros), Francia (360
000 millones de euros) y Holanda
(200 000 millones de euros),
para rescatar bancos e
instituciones financieras en
quiebra, aumentar la liquidez
con préstamos a corto plazo,
comprar acciones preferentes
(sin voto y, por tanto, sin
posibilidades de influir en
algún cambio ni en cómo usar el
dinero) para un rápido cobro de
dividendos (difícil que esos
bancos tengan dividendos a corto
plazo) y garantizar los créditos
interbancarios.
El lunes 13 y el martes 14 de
octubre se producía la
reanimación de las bolsas de
valores de todo el mundo y una
muy lenta recuperación de la
confianza en los mercados
financieros y bursátiles, sin
embargo, el miércoles 15 de
octubre ante declaraciones
realistas de los principales
dirigentes de la FED (Reserva
Federal de EE.UU.) y la
disminución de las ventas
minoristas en EE.UU. desde enero
de 2008 como reflejo de su
incidencia en la economía real
se producía un nuevo desplome de
las bolsas de Wall Street, las
que a su vez arrastraba a la
baja a otras bolsas del mundo,
mostrando una vez más la actual
y futura inestabilidad,
desconfianza e inseguridad de
los mercados bursátiles.
Es de interés analizar cómo se
está comportando la relación
entre otros destinos de los
compromisos de ayuda financieros
y el dinero destinado a rescatar
bancos e instituciones
financieras en quiebra (objetivo
inicial de los planes de
rescate), lo cual refleja la
intrincada madeja del actual
sistema financiero capitalista
desregulado y sin ninguna
transparencia, relación que
parece estar entre cinco veces
como en Alemania y en GB y ocho
veces como en Francia y al
parecer en EE.UU., lo que
explica que ya se esté
especulando sobre un total de
unos 6 billones de US dólares
entre EE.UU., la UE y Japón el
dinero necesario, mucho del cual
ya está comprometido hasta
mediados de octubre del año 2008
(es difícil cuantificar lo
efectuado, ofrecido y anunciado
en forma difusa por las
autoridades financieras de
EE.UU. durante todo el año 2008,
pero parece estar entre 2,5 y 3
billones de US dólares), para de
esta forma hacer frente y
superar la actual crisis
financiera. "¡Una locura total!"
que presagia movimientos
telúricos y huracanes
financieros y económicos de gran
magnitud en la economía
capitalista mundial.
15 de octubre de
2008
Nota:
El presente
artículo constituye en lo
fundamental parte de un epígrafe
de un extenso ensayo titulado
“Estrategia Global de
Enfrentamiento (EGE) a la
Estrategia de Dominación Mundial
(EDM)” pendiente de publicación.
Ver
Crisis del verano del 2008. La
crisis financiera y bursátil
(Parte 1) |