Año VII
La Habana

25 al 31 de OCTUBRE
de 2008

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Rosa Fornés: 70 años de una artista

Miguel Gerardo Valdés Pérez • La Habana

 

Octubre es  mes de connotaciones para la nacionalidad y la cultura cubana, y por tanto, para su identidad, ingrediente imprescindible en cualquier perfil individual o colectivo. El 10 y el 20 de Octubre, respectivamente, signan el estallido insurreccional al mando del Padre de la Patria, y la ejecución por primera vez en la rebelde Bayamo de las notas del himno nacional.

Fue a la segunda de esas fechas Día de la Cultura Cubana a la que el Anfiteatro del Centro Histórico de la ciudad se anticipó  con un concierto homenaje a una de las figuras más distintivas del ámbito cultural cubano. Rosa Fornés, la perdurable Rosita para tres generaciones que han tenido el privilegio de calibrar la inmensidad de su arte, celebró esa noche su  aniversario 70  de vida artística.

El tradicional cañonazo de los Tres Reyes del Morro, dio paso, el sábado 18, a un espectáculo sobrio y elegante, con dirección general de Alfonso Menéndez.

Tanto la Orquesta, el Coro y Ballet de la Televisión Cubana, y la dirección musical de Miguel Patterson; la presencia de jóvenes talentos como Ariel Venero, Camilo Mederos y Bernardo Lichilín, junto a Café con Tap, hilvanaron, con fluidez, la continuidad de la propuesta que contó con la excelente y magistral conducción de Héctor Quintero.

Una vez más, la Fornés, derrochó la excepcionalidad, talento y absoluta entrega que la han distinguido en su fecunda, intensa y exitosa carrera de siete luminosas décadas. Su sentido de pertenencia y compromiso con el público que la ha seguido, aclamado y respetado, latió en cada una de sus interpretaciones. Tres salidas espectaculares sin que este calificativo resulte excesivo  no menguaron los aplausos y ovaciones de larga duración desde el primer momento.

Muchas cuartillas seguirían siendo insuficientes para reseñar la trayectoria de quien por derecho propio, con dignidad, se ha ganado un espacio en la historia del espectáculo cubano e internacional. Sirva retomar algunos de los datos del programa de mano del homenaje: 29 obras teatrales con solo 20 años;  39 operetas entre 1940 y 1950; cientos de revistas y grandes shows en diversos escenarios; rancheras, tangos, baladas, boleros, couplets, rumbas y guarachas.

Dominio, rigor y carisma, pudieran agregarse, para sus desempeños en los grandes medios donde ha actuado: teatro, televisión y cine. Bastaría recordar la Violeta de Barrio Chino, la Nora de Casa de Muñecas, su viuda alegre bajo la piel de  Ana de Glavarys o la contemporánea Gloria de La permuta.

Múltiples reconocimientos, distinciones y el Premio Nacional de Teatro  2001 pudieran constituir referentes para inferir la estela de triunfos de la Vedette de América, un término según ha reiterado en varias entrevistas con el que no estuvo muy a gusto cuando le fue atribuido; pero que se amolda perfectamente a su órbita personal.

Sin embargo, nada mejor que verla en cada una de sus entregas para justipreciar sus potencialidades y comprender las razones por las que se ha conservado incólume y lozana en el imaginario y la preferencia popular, factores clave que han sido decisivos en la integridad y solidez de su leyenda.

Quizá, un criterio expresado muy cerca de quien redacta este comentario, pudiera resultar elocuente. En el emocionante cierre con su“Hello Dolly” a coro, un espectador, refiriéndose al famosísimo musical,  susurró: ¡Es la única que ha logrado llevarlo a nuestra escena! 

De seguro, hasta la propia Rosa Fornés está convencida de que como la Dolly, ella nunca se irá ni del corazón ni del amor del pueblo por quien, con la modestia de los grandes, ha hecho repetidas renuncias millonarias y muchos otros sacrificios que el decoro y su sentido de la ética han sabido poner a resguardo de toda opinión.

Nada mejor para un 20 de Octubre que ese homenaje a nuestra eterna Rosita. "Honrar, honra" dijo quien supo pulsar las cuerdas del periodismo crítico con el trino del cascabel.

Larga vida entonces para ella y para todas las razones que resultan suficientes para que una y otra vez, Rosa saque a escena, con orgullo evidente, su  mejor vestuario: el de la cultura y la identidad cubanas.
 

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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