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Octubre es mes de connotaciones
para la nacionalidad y la
cultura cubana, y por tanto,
para su identidad, ingrediente
imprescindible en cualquier
perfil individual o colectivo.
El 10 y el 20 de Octubre,
respectivamente, signan el
estallido insurreccional
―al
mando del Padre de la Patria―,
y la ejecución por primera vez
―en
la rebelde Bayamo―
de las notas del himno nacional.
Fue a la segunda de esas fechas
―Día
de la Cultura Cubana―
a la que el Anfiteatro del
Centro Histórico de la ciudad se
anticipó con un concierto
homenaje a una de las figuras
más distintivas del ámbito
cultural cubano. Rosa Fornés, la
perdurable Rosita para tres
generaciones que han tenido el
privilegio de calibrar la
inmensidad de su arte, celebró
esa noche su aniversario 70 de
vida artística.
El tradicional cañonazo de los
Tres Reyes del Morro, dio paso,
el sábado 18, a un espectáculo
sobrio y elegante, con dirección
general de Alfonso Menéndez.
Tanto la Orquesta, el Coro y
Ballet de la Televisión Cubana,
y la dirección musical de Miguel
Patterson; la presencia de
jóvenes talentos como Ariel
Venero, Camilo Mederos y
Bernardo Lichilín, junto a Café
con Tap, hilvanaron, con
fluidez, la continuidad de la
propuesta que contó con la
excelente y magistral conducción
de Héctor Quintero.
Una vez más, la Fornés, derrochó
la excepcionalidad, talento y
absoluta entrega que la han
distinguido en su fecunda,
intensa y exitosa carrera de
siete luminosas décadas. Su
sentido de pertenencia y
compromiso con el público que la
ha seguido, aclamado y
respetado, latió en cada una de
sus interpretaciones. Tres
salidas espectaculares
―sin
que este calificativo resulte
excesivo―
no menguaron los aplausos y
ovaciones de larga duración
desde el primer momento.
Muchas cuartillas seguirían
siendo insuficientes para
reseñar la trayectoria de quien
por derecho propio, con
dignidad, se ha ganado un
espacio en la historia del
espectáculo cubano e
internacional. Sirva retomar
algunos de los datos del
programa de mano del homenaje:
29 obras teatrales con solo 20
años; 39 operetas entre 1940 y
1950; cientos de revistas y
grandes shows en diversos
escenarios; rancheras, tangos,
baladas, boleros, couplets,
rumbas y guarachas.
Dominio, rigor y carisma,
pudieran agregarse, para sus
desempeños en los grandes medios
donde ha actuado: teatro,
televisión y cine. Bastaría
recordar la Violeta de Barrio
Chino, la Nora de Casa de
Muñecas, su viuda alegre
bajo la piel de Ana de Glavarys
o la contemporánea Gloria de
La permuta.
Múltiples reconocimientos,
distinciones y el Premio
Nacional de Teatro 2001
pudieran constituir referentes
para inferir la estela de
triunfos de la Vedette de
América, un término
―según
ha reiterado en varias
entrevistas―
con el que no estuvo muy a gusto
cuando le fue atribuido; pero
que se amolda perfectamente a su
órbita personal.
Sin embargo, nada mejor que
verla en cada una de sus
entregas para justipreciar sus
potencialidades y comprender las
razones por las que se ha
conservado incólume y lozana en
el imaginario y la preferencia
popular, factores clave que han
sido decisivos en la integridad
y solidez de su leyenda.
Quizá, un criterio expresado muy
cerca de quien redacta este
comentario, pudiera resultar
elocuente. En el emocionante
cierre con su“Hello Dolly” a
coro, un espectador,
refiriéndose al famosísimo
musical, susurró: ¡Es la única
que ha logrado llevarlo a
nuestra escena!
De seguro, hasta la propia Rosa
Fornés está convencida de que
como la Dolly, ella nunca se irá
ni del corazón ni del amor del
pueblo por quien, con la
modestia de los grandes, ha
hecho repetidas renuncias
millonarias y muchos otros
sacrificios que el decoro y su
sentido de la ética han sabido
poner a resguardo de toda
opinión.
Nada mejor para un 20 de Octubre
que ese homenaje a nuestra
eterna Rosita. "Honrar, honra"
dijo quien supo pulsar las
cuerdas del periodismo crítico
con el trino del cascabel.
Larga vida entonces para ella y
para todas las razones que
resultan suficientes para que
una y otra vez, Rosa saque a
escena, con orgullo evidente,
su mejor vestuario: el de la
cultura y la identidad cubanas.
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