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Compañero Abel Prieto Jiménez,
Ministro de Cultura
Compañero Roberto Fernández
Retamar, Presidente de la Casa
de las Américas
Dr. Eusebio Leal Spengler,
Historiador de la Ciudad
Compañero Miguel Barnet,
presidente de la UNEAC
Premios Nacionales de Literatura
y de Ciencias Sociales invitados
a este acto
Colegas y amigos todos:
Caliban,
el anagrama formado por William
Shakespeare de la voz caníbal,
procedente de caribe, y que en
la tradición del pensamiento
emancipador de Nuestra América
—Aníbal Ponce, Aimé Césaire,
George Lamming,
Edward Brathwaite,
Roberto Fernández Retamar—,
ha devenido símbolo de
resistencia cultural de los
pueblos frente a las
dominaciones foráneas, da título
a esta revista digital de
historia y pensamiento. Y lo
hace en un momento y lugar de
notable significación. El
momento es el de la crisis del
capitalismo a escala mundial, el
cuestionamiento cada vez mayor
de la hegemonía estadounidense,
y la llegada al poder de
gobiernos progresistas en
América Latina, que impulsan
cambios radicales en pro de sus
pueblos. El lugar es Cuba y su
Revolución, a medio siglo de la
gran transformación política,
económica, social, cultural y de
las personas que se inició con
el triunfo del 1ro. de Enero de
1959.
Caliban
tendrá, pues, vocación por la
historia y el pensamiento social
en todos sus ámbitos, siempre
enfocado desde reflexiones
liberadoras, latinoamericanistas
y universales. Nos interesa la
historia por la misma razón que
una vez le confesó Antonio
Gramsci a su hijo: “porque se
refiere a los hombres que han
vivido y todo lo que se refiere
a los hombres, a cuantos más
hombres es posible, a todos los
hombres del mundo en cuanto su
reunión en la sociedad, en el
trabajo y en la lucha, en su
afán por su propia superación,
no puede dejar de interesarte
más que cualquier otra cosa”.
Frente a las distorsiones y
mentiras que sobre la historia
de Cuba y de otras naciones
enarbolan el pensamiento
hegemónico, los intelectuales
miopes y los grandes medios al
servicio del capital, Caliban
defenderá la verdad, y su divisa
será la calidad y el rigor, la
diversidad de criterios y la
superación del conocimiento
existente, pero también el
compromiso, la honestidad
intelectual y la defensa de los
ideales de soberanía de nuestros
países.
Además, los lectores de
Caliban encontrarán en sus
páginas digitales documentos de
gran trascendencia histórica,
estudios y ensayos clásicos de
nuestra historiografía,
entrevistas, reseñas de libros
publicados y avances de títulos
relacionados con la historia y
las ciencias sociales, de
próxima aparición en las
editoriales de nuestro país.
Este primer número quiere servir
de homenaje a uno de los hechos
más trascendentales de la
historia cubana, y también de
América Latina: el inicio el 10
de octubre de 1868, de la guerra
de independencia guiada por el
abogado bayamés Carlos Manuel de
Céspedes, y que tras diez años
de epopeya sin alcanzar el
triunfo definitivo, nos legó una
conciencia nacional fraguada,
tradiciones de luchas, una
legión de héroes y un arsenal de
ideas que abonaría futuras
revoluciones.
Asimismo, la revista ha decidido
abrir un foro de discusión en
torno a uno de los personajes
más sórdidos de la historia
cubana del siglo XX. Nos
referimos a Fulgencio Batista,
ex sargento taquígrafo, golpista
consuetudinario y funesto
dictador, quien parece haber
vuelto a “resucitar” en la pluma
y los discursos de algunos
escribas trasnochados. Este
rescate de su figura, nada
ingenuo por cierto, tiene
ejemplos como el de un profesor
cubano americano que afirma que
“Su mente era muy sutil,
entendía el poder y los
mecanismos para manejarlo. Se
convirtió en un hombre fuerte
dentro de un gobierno débil”.
Otro novelista español, con
premio incluido, ha publicado
una obra donde se interesa por
un Batista “de carne y hueso.
Ver cómo se enamora de su mujer
después de atropellarla mientras
ella paseaba, cómo sufre por las
consecuencias para su familia al
producirse al ataque al Palacio
Presidencial”.
Una escritora mediocre no vacila
en aseverar que “hizo mucho bien
a su país por un lado, y vivió
un exilio digno, hasta su
muerte”, y un ensayista
conjetura que Batista era “un
político dentro de un militar” y
para dar fe de esta tesis acude
al siguiente sofisma: “Que
Batista era un político lo
demuestra la manera en que se
enfrentó al asalto a Palacio, el
13 de marzo del 57. Desde varios
días antes, había sido
notificado por el jefe del Buró
de Investigaciones, Orlando
Piedra, sobre el operativo
revolucionario. Los responsables
de la seguridad presidencial
advirtieron a la guardia de
Palacio, pero Batista se opuso a
cerrar el tránsito en los
alrededores y a impedir el
acceso del público a las
oficinas de la presidencia y la
mayordomía”.
Creo innecesario insistir en que
este tipo de análisis, plagado
de tergiversaciones y
falsedades, ignora o pretende
ignorar quien fue el que
ordenó disparar al pueblo
durante el entierro de las
cenizas de Mella, en septiembre
de 1933; contribuyó
decididamente al derrocamiento
del gobierno de Grau en enero de
1934; reprimió a sangre y fuego
la huelga general de marzo de
1935, y ordenó el asesinato de
Antonio Guiteras y Carlos Aponte
pocos meses más tarde, y de los
moncadistas en julio de 1953.
También soslaya al corrupto
gobernante que en pocos años
devino millonario. Por no hablar
del desvergonzado nepotismo que
favoreció a sus hermanos,
familiares y amigos con
importantes cargos públicos,
gobernadores, representantes a
la cámara, senadores y alcaldes.
O de los estrechos vínculos que
mantuvo con la mafia
estadounidense afincada en Cuba.
O del trato bárbaro y despiadado
que dio a los opositores a su
régimen de facto. Como bien
dijera la revista Bohemia
en los albores de la Revolución,
el Batistato había sido “la
más perfecta combinación de robo
y asesinato que ha conocido la
República”.
En la próxima entrega de
Caliban, aparecerán trabajos
que abordarán las razones del
fracaso político, social y moral
de la República burguesa
neocolonial, y abrirá nuevos
debates sobre la necesidad
histórica de una revolución en
Cuba, como la acontecida hace ya
casi medio siglo. Hasta
entonces, los invito al primer
número de Caliban, y lo
hago con aquellas palabras
fulgurantes de Martí sobre
Céspedes: “Es preciso haberse
echado alguna vez un pueblo a
los hombros, para saber cual fue
la fortaleza del que, sin más
armas que un bastón de carey con
puño de oro, decidió, cara a
cara de una nación implacable,
quitarle para la libertad su
posesión más infeliz, como quien
quita a una tigre su último
cachorro —¡tal majestad debe
inundar el alma…!”
Muchas gracias a todos
Palabras de presentación del no.
1 de Caliban. Biblioteca
Rubén Martínez Villena, La
Habana Vieja, 9 de octubre de
2008 |