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Mucho se ha escrito en pocas
horas, a raíz de su muerte este
26 de septiembre, de Paul Newman.
No es para menos: con el hombre
dueño absoluto de los ojos más
azules y transparentes de
Hollywood se fue otro gran mito
del cine, quizás el último de
toda una época en la que el
séptimo arte demostró que había
llegado para quedarse.
De las múltiples opiniones
recogidas por la prensa, el
británico Daniel Craig, fue el
más categórico: "Creo que ha
terminado una era".
Robert Redford que compartió con
Newman dos filmes antológicos -Dos
hombres y un destino (Butch
Cassidy and the Sundance Kid,
1969) y El Golpe (The
Sting, 1973), - no vaciló en
expresar “Hay momentos en los
cuales los sentimientos no
pueden traducirse en palabras.
He perdido a un verdadero amigo.
Con su presencia, él mejoró mi
vida y a este país”.
Meryl Streep,
por su parte, quiso destacar la
faceta no actoral de la estrella
“Le echaré de menos, todos lo
echaremos de menos, no hay otro
como él. Tuvo una vida de la
cual puede estar orgulloso por
su familia, su actividad de
beneficencia".
A su vez Julia Roberts declaró
"No sólo fue un colega, sino
también un ejemplo personal; era
mi héroe".
Lo cierto es que con Newman el
cine pierde además de un gran
actor a un caballero y un hombre
que luchó por los derechos
civiles, contra la guerra de
Vietnam y que se sentía
orgulloso de estar en la lista
de enemigos de Richard Nixon.
Participó en campañas por el
Partido Demócrata y en la
Conferencia de Desarme Nuclear.
En 1982 fundó una línea de
productos alimenticios que
incluyó aderezos y salsas para
pastas, la marca Newman's own,
cuyas ganancias –se dice que mas
de 200 millones de dólares hasta
hoy- las donó íntegramente a
obras de caridad.
Considerado un sex-symbol, en
1990 fue electo por la revista
People como uno de los 50
hombres más bellos del mundo,
un lustro mas tarde Empire
Magazine publicó que Newman era
una de las 100 estrellas más
sexys en la historia del cine.
Estos atributos, sin embargo, no
hicieron de él un divo, ni se
caracterizó por escándalos
actorales o de pareja.
Casado en 1949 con Jackie
Witte, tuvo tres hijos, y otros
tres con Joanne Woodward con
quien se contrajo matrimonio en
1958 y lo acompañó hasta su
muerte, cosa rara en la meca del
cine y mucho más cuando se habla
de una mutua fidelidad “¿Por qué
ir a buscar una hamburguesa
cuando tienes una chuleta en
casa?”, afirmó cierta vez al
referirse a su unión con Joanne,
a quien, a propósito dirigió en
tres filmes.
Porque si
Newman es reconocido como actor
(mas de 60 películas) fue
también productor y director
cuando decidió hacer un cine
distinto, más de personaje que
de acción. Entre las cintas que
realizó despunta Rachel,
Rachel, su debut en la
dirección, y una de las mejores
radiografías de la condición
femenina de Estados Unidos.
Hijo de un próspero padre judío
y una madre húngara católica,
nacido el 26 de enero de 1925 en
Shaker Heights, Ohio, Newman
debutó con 7 años en una obra
escolar. Luego se enroló en el
ejército y sirvió como artillero
de cola en el Pacífico en la
Segunda Guerra Mundial. Se
reincorporó a la universidad,
terminó estudios de economía y
realizó los de actuación en
Yale.
Como luciérnaga tras la luz fue
a Nueva York y matriculó
en Actors Studio.
“Allí aprendí casi todo lo que
sé de la actuación. Una vez que
comencé las clases, lamenté
haber perdido tanto tiempo con
el fútbol” declaró años después.
El mítico director Lee Strasberg,
uno de los pilares de la
singular academia, declaró en
alguna oportunidad que “si Paul
Newman no hubiera sido tan
guapo, habría sido tan buen
actor como Marlon Brando.” Un
tema para discutir y en el que
entró el propio Newman cuando
dijo “Algún
día tendrán que reconocer que es
Brando el que se parece a mí”.
Su primera película, calificada
por el mismo como la peor de la
década fue The Silver Chalice
en la que sustituyó precisamente
a Brando. El éxito le llegó con
Marcado por el odio (1956) en el
que encarna al boxeador Rocky
Graciano, papel que debió
interpretar James Dean, pero la
muerte se lo impidió. Luego
vendría, junto a Elizabeth
Taylor otra sonada cinta La
gata sobre el tejado de zinc,
por la que Newman fue nominado
por primera vez al Oscar. Lo fue
en diez ocasiones y sólo lo
obtuvo en una, en 1986 con
El color del dinero,
dirigido por Martin Scorsese.
“Es como perseguir a una mujer
preciosa durante 80 años” dijo
el actor al recibir el premio,
al que siguieron otras dos
nominaciones, por Nobody's
Fol. (1994) y Road to
Perdition (2002). En total
recibiría otros dos Oscares: uno
honorífico por su carrera y otro
por su obra humanitaria.
El de 10 mayo pasado en un
evento automovilístico –su otra
gran pasión- Newman hizo su
última aparición física. En el
2006 había dicho que no actuaría
más “No estoy más disponible
para trabajar como un actor y
estar al nivel que me gustaría.
Uno comienza a perder su
memoria, uno comienza a perder
su confianza, uno comienza a
perder su capacidad de inventar”
y por todo ello, “creo que esto
es más bien un capítulo cerrado
para mí”. Ese mismo año prestó
su voz a un animado Cars.
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Al preguntarle que consejos daba
para actuar había dicho “Estudia
tus fuerzas y conoce quién eres
y qué tienes de especial.
Descubre qué hace cada uno en un
set de filmación, pregunta y
escucha. Asegúrate de vivir la
vida, lo que significa no hacer
cosas para conseguir celebridad,
y devuelve algo positivo a
nuestra sociedad”.
Entre los directores con los
que trabajó se encuentran Alfred
Hitchcock (Cortina rasgada,
1966), George Roy Hill (Dos
hombres y un destino, 1969)
junto a Robert Redford; John
Huston (El hombre de
Mackintosh, 1973), John
Guillermin (El coloso en
llamas, 1974), Robert Altman
(Buffalo Bill y los indios,
1976) y James Ivory (Esperando
a Mr. Bridge, 1990).
Además de las estatuillas obtuvo
cuatro Globos de Oro (Mejor
actor de reparto de serie en
2006; Premio Cecil B. DeMille en
1984; Mejor director por
Rachel, Rachel en 1969 y
Globo de Oro a la nueva estrella
del año en 1957 por El cáliz
de plata). Y en el 2005 ganó
un Emmy y un Globo de Oro por su
aparición en la mini-serie para
televisión Empire Falls.
Al final de sus memorias, el
bello octogenario escribió “Me
gustaría ser recordado como un
tipo que lo intentó, que trató
de ser parte de su tiempo y de
que la gente se comunicara con
los demás, que buscó algo de
decencia en su propia vida, que
quiso engancharse como ser
humano”. |