Lo fundamental fue el guión muy bien
estructurado, y la preparación de los
artistas que les permitió cumplir el rol
a la perfección. El trabajo que se llevó
a cabo en el terreno fue increíblemente
fuerte: hubo que sembrar más de cien de
árboles, enterrarlos en la piedra, se
hicieron dos kilómetros de trincheras en
la piedra que después hubo que
enmascarar con tierra que pareciera
tierra angolana. La película cumple su
objetivo de dar un ambiente de guerra
muy creíble. A mí, que he estado en
acciones combativas, me convenció. Me
estaba preservando para no ver la
película por pedazos, la vi ahora por
primera vez en su estructura completa
para poder juzgarla, y realmente me
emocionó, me gustó. Sobre Cangamba se
escribió un libro muy detallado de Jorge
Martín Blandino, pero la película tiene
mucha fuerza y mucho valor emotivo, es
muy justo que la gente joven la pueda
ver y sepa realmente lo que sucedió y
por qué razones tuvo que suceder.
Estoy muy agradecido porque me hayan
dado la oportunidad de hacer este
personaje. Este es mi primer trabajo en
cine cubano y fue un gran regalo en mis
50 años de vida, cuando me llamaron para
participar en Kangamba.
Estamos hablando de una filmación de
hace dos años, y los actores trabajamos
constantemente en otros proyectos. Se
supone que en la medida en que vayamos
haciendo otros personajes nos olvidemos
del anterior, pero el caso de
Kangamba es imposible olvidar.
Como actor, esta es una película que ha
sido una experiencia única en mi vida.
No se trata de montarse en un caballo y
pelear a las espadas o disparar tiros,
ni aprenderse un libreto de hoy para
mañana. Esto ha sido un proceso muy
largo, muy difícil, que requería un
esfuerzo extraordinario, de habilidades,
de una fuerte preparación. Para mí esta
película fue muy fuerte físicamente. Por
el humo, la lluvia y el sereno de la
noche, me enfermé dos veces de neumonía.
Tuvimos que prepararnos con tiempo y
adentrarnos en este mundo militar, tomar
experiencia de los combatientes reales,
que fue uno de los aportes más grandes
que tuvimos como actores, es decir,
poder contar con esa memoria viviente.
En mi caso el compañero Fidencio
González se convirtió en mi amigo: nos
comunicábamos constantemente por
teléfono, tuve la oportunidad de visitar
su casa, etcétera.
Interpreto un personaje de ficción
porque, en realidad, el único
corresponsal que llegó a Cangamba lo
hizo cuando ya habían terminado los
hechos. Es decir, el personaje es una
especie de homenaje a todos los
corresponsales de guerra que sí
estuvieron en Angola.
En cuanto a la preparación, realmente
fue exigente, lo mismo que para los
demás actores. Durante el rodaje, la
preparación militar fue muy fuerte, e
incluso estuvimos toda una noche
durmiendo en las trincheras y sin tomar
agua para saber en realidad lo que ellos
sintieron. El rodaje fue duro, en los
seis o siete meses en que estuvimos
yendo y viniendo de Camagüey… pero ahora
que veo el resultado sé que valió la
pena.
Lo que vivimos durante el rodaje fue
similar para todos, creo. Kangamba
ha sido una película difícil, rodada en
condiciones complejas, incluso hasta
para nuestra integridad física.
Imagínate que hasta volaban piedras cada
vez que se hacía una explosión, en su
mayoría reales.
Pero me siento orgulloso por dos
razones: una, por haber participado en
la película y otra, por haber formado
parte de este homenaje a todos los
combatientes cubanos en Angola.
La película no me sorprendió tanto
porque ya yo había trabajado en la serie
Cabinda, en la que yo hacía un
personaje angolano, y con el propio
Rogelio Paris después estuve ocho meses
en Angola haciendo Caravana,
donde ya me había enfrentado al
portugués. Esa experiencia me dio
ventaja, pero, de todas formas, mi
personaje requería un dominio mayor del
idioma y tuve que trabajar muy duro para
enfrentar lo que sería una de las
mayores dificultades para todos los
actores que trabajamos en Kangamba.
Yo hace mucho que no veía una película
con este tamaño y con tanta calidad en
la fotografía, el sonido… la
profesionalidad de los actores,
etcétera.
Me gustó mucho. Yo nunca doy mi opinión
sobre las películas en las que
participo; pero sobre esta no puedo
dejar de decir que me ha encantado.
Para el dominio del idioma contamos con
el apoyo de una profesora. Teníamos como
una preocupación importante cómo
sonarían los diálogos en la película. No
es habitual en los filmes cubanos que un
actor hable en otro idioma todo el
tiempo. Además, en nuestro caso,
teníamos que interpretar el texto como
militares. Aún hoy recuerdo a la
perfección cada uno de los textos.
En general, fue una experiencia muy
rica. Agradezco a París por haberme
permitido participar en la película. No
todos los días un actor tiene la
posibilidad de estar en un filme con
este tema.
Mi rol es el de Artemiso. A diferencia
de otros compañeros, no es un personaje
histórico, aparentemente. Digo esto
porque aunque es ficticio, es un cubano
más, un reservista que se comporta a la
altura de los otros. La preparación para
el papel fue igual a la de los demás:
entrenamientos militares, encuentros y
ensayos. Está de más decir el trabajo
que pasamos, fue un rodaje muy difícil
por las condiciones del tiempo, estuvo
lloviendo mucho. Fue una experiencia
nueva y tenemos la satisfacción de ver
el producto terminado, estamos
satisfechos con los resultados. Todo
cubano está cerca de la historia de
Angola. Aunque no estuve allí me han
hecho muchas historias y las sentía
cercanas, pienso que a todo el mundo le
haya pasado igual.
Reinier en la película nace a partir de
un personaje real, René González
Sarmiento, el herido más grave en ese
combate. Tuve la oportunidad de
conocerlo y la experiencia fue muy
buena, incluso en los momentos de
entrenamiento estuvo con nosotros aunque
ha quedado débil visual. Y nos ayudó
mucho, porque es un cubano con un
excelente carácter. Fue de los que
lloraron con otros combatientes cuando
vieron Kangamba. La experiencia
en general fue muy aportadora, aunque
evidentemente la realidad supera la
ficción y lo que pasaron ellos fue muy
grande, porque fueron muchos días sin
agua, en una situación muy tensa y
viendo morir a muchos compañeros.
En lo personal es una gran oportunidad,
porque yo me gradué como ingeniero y
estuve a las Tropas Coheteriles
Antiaéreas como militar, en un grupo de
combate. La película fue como la
trasposición al cine de lo que yo viví
en ese período. Además el hecho de
convivir tanto tiempo entre actores
resultó muy interesante, porque se
crearon muy buenas amistades, e incluso
creo que hay una mayor hermandad después
de esta filmación.
Creo que el público lo va a gradecer,
porque hay un pedacito de cada cubano
que tiene que ver algo con Angola, y van
a agradecerlo no solo desde el punto de
vista del espectáculo; sé que a algunos
les va a hacer recordar y van a recibir
con tristeza la película, pero lo
importante es que se hace un homenaje a
quienes estuvieron valientemente allí en
aquel momento.
Kangamba me hizo revivir la etapa en la
que estuve en Angola. En cuanto al
idioma, su especificidad, a la hora de
hablar con las exigencias del director,
que quería un portugués de una región
específica de ese país, la experiencia
me servía, pero tuve que acudir a la
profesora, que nos ayudó muchísimo. Fue
un tremendo trabajo, muy arduo. Estoy
muy emocionado con los resultados. Desde
el principio Rogelio París nos avisó de
que “teníamos que ponernos los
pantalones”. Desde la historia inicial
con que nos recibió hasta las clases de
idioma, nos exigía una gran
responsabilidad. |