Año VII
La Habana

27 de SEPTIEMBRE al 3 de OCTUBRE
de 2008

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

ENREDOS

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 

Una tarde para Adriano

Carlos E. León • La Habana
Fotos: Vicente Feliú

 

Una tarde —no precisamente de enero sino de septiembre— tomé mi canoa, llámese la ruta de ómnibus 195, y me dirigí a una peña que me gusta definir como auténtica: la peña Marcos Valcárcel, construida, dirigida y dispuesta por un soñador, también de los más auténticos: Pepe Ordás. Del nombre de la peña me “empeñaré” en otros escritos, así lo prometo. Por ahora recordar o informar, a quienes aún no lo saben, que se hace los terceros sábados de cada mes, en el Museo de Guanabacoa —sito en Martí, No. 108, entre Versalles y San Antonio, Municipio Guanabacoa—, con el apoyo de su directora, la Lic. María Cristina Peña, y el auspicio del Instituto Cubano de la Música.

Esta vez se trataba de rendir homenaje a los 85 de alguien que nos enseña qué es cantar, que nos enseña cubanía: el maestro Adriano Rodríguez. Un cantante que hizo, y hace, historia en nuestra música. Uno de los mejores barítonos ―en primas y segundas voces―, una leyenda viva de la cancionística cubana, desde los años 30 hasta nuestros días.

Guanabacoense de pura cepa. En 1939, integró el grupo folclórico Lulú Yonkori que actuaba en las conferencias que, sobre temas afrocubanos, impartía el Dr. Fernando Ortiz en aquellos años. Más tarde, este grupo tomaría el nombre de Rapsodia Negra, con frecuentes intervenciones en la radio y en la televisión. De esa época datan dos discos: Guaguasones y Él vive bien.

Nuestro octogenario amigo también participó en algunas de las producciones más importantes de los cabarets Tropicana y Sans Souci, dos de los centros nocturnos más prestigiosos de los 50, compartiendo escenario con figuras de la talla de Benny Moré, Celia Cruz, Paulina Álvarez, Las D’Aida, Merceditas Valdés y otros.

En 1962 funda, junto a Odilio Urfé, el grupo Los Trovadores integrado, además, por Guarionex y Raúl Garay (hijo y nieto de Sindo respectivamente), Mario Hernández, Dominica Verges, Octavio y  Mayito Sánchez (Cotán), Luis Peña (el Albino) y Elías Castillo; también, por aquella época, actúa con reconocidas estrellas de la canción cubana, como Esther Borja y Ramón Calzadilla.

A propósito de la realización de la película cubana Hacerse el sueco (2000), del director Daniel Díaz Torres, participó en su banda sonora junto a Edesio Alejandro, con quien sigue trabajando y grabando eventualmente.

En este pequeñísimo currículum, no quiero dejar de mencionar su intervención, haciendo la segunda voz en "La canción de la Trova", junto a Silvio Rodríguez, en la última entrega discográfica de este último: el álbum doble Érase que se era.

Volviendo a la peña, la tarde pasó con algunos de los fundadores de la Nueva Trova ―que ya no son tan “nuevos” ― y, también, con algo de la más joven ―esa que algunos teóricos llaman “novísima”, o vaya usted a saber.

Pepe abrió con dos temas queridos por todos los que han tenido la suerte de escucharlo, desde sus épocas del grupo Guaicán hasta los tiempos que corren: "Conceptos" y "Me gusta verte así".

Como él bien sabe hacer, galanteó sinceramente el anuncio del cumpleaños de Adriano, adobado con regalos del Museo de Guanabacoa y del Instituto Cubano de la Música, algunos dulces y brindis al efecto, breves, porque la magia estaba por hacerse.

Como si se abrieran las ventanas de los múltiples cuartos de aquella casa-museo, sin que se escucharan sus oxidadas bisagras pintadas de azul, y sin que ninguna voz ordenara silencio, comenzó el sortilegio.

Tuvo su turno el “Rafa” con sus drelos y su manera de decir, perdón, con su manera de decirle a Adriano ―que miraba fijamente y absorto―, que se le puede dedicar a un grande lo que se piensa desde joven, desde otra esfera, donde la ternura también tiene su espacio.

Caramba, había olvidado comentar que las primeras canciones de Pepe las acompañó Pablo Ordás en el cajón ―como que suena el apellido; pero en adolescencia―, y que apareció "La perla marina" a cuatro manos, mejor dicho, a dos guitarras: las de Pepe y José Manuel Ordás, como que se reitera el apellido –y ahora suena a niñez. Preciosa manera de homenajear en familia. No se quedaría ahí el tema familia, porque en algún momento fueron a escena los García: Lázaro, su hija Maureen y su nieta Brenda, de una afinación florecida, cantando con background desde sus pequeños años. El final de esta actuación estuvo a cargo del propio Lázaro, regalándonos "Al sur de mi mochila", canción que nos sigue evocando las épocas de Angola, con la ternura y la firmeza que solo pueden ofrecer los poetas como él.

Más trovadores pasaron por el maravilloso patio de ese museo (los guanabacoenses Wicho y Valdivia, por ejemplo), en el que se respira a mambí y a música cubana desde que traspasas su umbral, escoltado por dos faroles que, confieso, quisiera tener en casa; pero que dono gustoso a la Cultura Nacional. Hubo, también, un joven estudiante de la CUJAE (Serpa) que me llamó particularmente la atención, porque me parece que es de los que están en la punta de la pista, dispuestos a levantar vuelo, esperemos por él.

Párrafo aparte a la aparición del dúo Ad libitum, por esa profesionalidad con que resuelven lo que proponen ―entre canto, poesía y narración oral―, y por el encanto y el “enganche” que logran en el público. Amén de disfrutarlos, también me dediqué a observar los rostros de los presentes, y puedo asegurar que más del 90% andaban levitados.

Confieso haber tenido una conversación con Vicente Feliú ―allí presente con su actual manía de rescatarlo todo en fotografías, sin saber a ciencia cierta, creo yo, que sus canciones se imbrican en ellas―, en la que le comentaba que habían sido un hermoso obsequio ―teniendo en cuenta la celebración―, sus interpretaciones, a capella, con Lázaro García, de la inolvidable "A mi manera", y con Pepe en "Longina", de nuestro Manuel Corona. Estoy seguro de que el público presente pensó lo mismo que yo, si me remito a los aplausos que se escucharon; pero el mayor premio estuvo en el rostro, sonriente y satisfecho, del propio Adriano.

"Muriendo la tarde", aquello terminó con las voces de Pepe y Adriano, entonando canciones y boleros, de los cuales las antologías de la canción cubana más exigentes no debieran prescindir.

Ya era noche, el tremendo patio colonial de este museo, donde otrora caminaran esclavos con sus pesares ―que de alguna manera estuvieron insertos en las canciones escuchadas―, escoltado también por faroles similares a aquellos del umbral, selló esa peña, ese encuentro donde, aseguro, ondeó la cubanía y la amistad.

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
IE-Firefox, 800x600