Año VII
La Habana

27 de SEPTIEMBRE al 3 de OCTUBRE
de 2008

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

ENREDOS

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 

Sin tiempo para sufrir

Jorge Martín Blandino • La Habana

 Fotos: Cortesía Editorial Verde Olivo

 


Apenas han transcurrido cinco minutos del sábado 6 de agosto, cuando el Ministro de Defensa de Angola llama al general de división Leopoldo Cintra Frías. Está muy preocupado por la situación en Cangamba y le solicita que participe en una reunión que sostendrá con los soviéticos.

Menos de una hora después, el general de división Senén Casas Regueiro envía a la Misión Militar Cubana en Angola las últimas indicaciones del Comandante en Jefe: continuar con las dos columnas hacia Tempué; seguir reforzando Luena; si en Cangamba no se ha recibido la orden de intentar romper el cerco, desistir de esa variante y que sigan resistiendo; dar máxima prioridad al rescate. El Jefe de la Revolución ratifica su confianza en el general de división Cintra Frías y le expresa que sabe que siempre ha mantenido la calma, que siga así. Le indica que si logra hablar con los combatientes de Cangamba, les trasmita la seguridad de que los vamos a sacar del cerco. El jefe de la Misión informa que se traslada a Luena nuevamente antes del amanecer y solicita tripulaciones de helicópteros, pues las que se encuentran en Angola están agotadas, se le responde que salen rumbo a Luanda el día 8. 

GENERAL DE DIVISIÓN CINTRA FRÍAS

Mando a Martínez, el jefe de Operaciones de la Misión, en un An-26 para hablar con la gente de Cangamba, para que la cosa sea rápida. Vengo para Luanda e informo al Comandante en Jefe. Le digo lo de tratar de romper el cerco y retirarnos. Me responde: "No, ve para allá y trata de que la gente no se vaya, que aguanten, que van nuestras columnas, los tanques y todo eso".

Un An-26 parte de Luanda a las 02:00 horas con la misión de tratar de establecer comunicación con Cangamba mediante el radio del apuntador de la aviación; pero no le responden, por tanto tampo­co logra saber si lo han escuchado.

CORONEL LUSSÓN

Yo oigo en Luena que manda a romper el cerco y me preocupo mucho, porque la única alternativa es salir hasta Tempué, y pienso que si hacen eso los van a chivar de verdad. Poco después afortunada­mente llega la contraorden de que aguanten.

CORONEL ESCALANTE

En el Estado Mayor de la Misión mantenemos la comunicación con Luena, fundamentalmente con Lussón, que dirige de manera directa las acciones. Claro, en esa situación no se trata de estar pidiendo que informen decisiones ni dando órdenes, solo se imparten las indica­ciones necesarias, porque nuestra gente realmente se está batiendo con lo que hay allí. O sea, es una dirección incluso de darles ánimo.

Mientras, en la aldea, los combatientes se preparan para la posible ruptura del cerco. El teniente coronel Peraza conoce el grave peligro que encierra ese intento y decide analizar con su pequeño estado mayor qué posibilidades objetivas existen de hacerlo, a partir de la única opción viable: avanzar esa madrugada paralelo a la cerca de alambre de púas que se extiende a lo largo de la pista, atravesar un pequeño campo minado y tratar de alcanzar, avanzando hacia el noroeste, el camino de Tempué. El jefe de los internacionalistas cubanos también consulta individualmente la opinión de otros compañeros de su absoluta confianza, desde oficiales hasta soldados. Es unánime el criterio de que cualquier intento de abandonar la posición conducirá a una muerte casi segura. En consecuencia, ya en plena madrugada, decide continuar defendiendo el pequeño reducto.

TENIENTE CORONEL PERAZA

Recibimos la orden de que apreciemos la situación y valoremos si rompemos el cerco o no. Estamos manejando eso y hay muchas opiniones entre nosotros sobre qué hacer, al extremo de que tomamos medidas adelantándonos para ejecutar eso, pero sin decidirlo todavía. Quemamos el cifrado; destruimos algunas armas que están buenas pero no tienen municiones, para que no vayan a caer en manos del enemigo. Todo se destruye, once radios Racal nuevecitos los rompemos a patadas, pues no tienen baterías; se queman los documentos, todo, para la posible retirada de nosotros. Pero valoramos qué opina este y el otro. Al fin, llegamos a la conclusión de que ya tenemos un muerto y varios heridos. Somos un grupo de hombres hambrientos y gastados físicamente, con poco parque, sin comunicaciones, porque nos queda un solo radio y es un Racal de magneto, sin transporte, a la distancia que estamos de la región militar, por caminos desconocidos para nosotros. Además el enemigo nos tiene uno, dos, tres cercos, y aparte de eso puntos de resistencia a nivel de pelotón y compañía en distintos lugares. Llegamos a la conclusión de que no es posible, que no vamos a caminar ni cien metros.

CAPITÁN FUENTES

Cuando Peraza me llama y me plantea la situación, les digo a mis hombres en el sector: "Vamos a preparar las cosas, vamos a quedarnos nada más con las municiones, la colcha y eso", pero más tarde hablo con Mustelier, Félix y Fernando Arango, los tres que me han dicho que no se sienten con fuerzas para esa caminata. Converso con ellos y les preciso: "Nosotros nos vamos a quedar, porque yo tampoco estoy en condiciones de... ¡vamos a protegerles la retirada a los demás!".

SOLDADO FÉLIX

Le digo a Fuentes: "Jefe, yo no me puedo ir" y él me contesta: "Tú y yo les cuidamos la retirada".

SUBTENIENTE BERNIS

Se ordena quemar las cartas, las fotografías, el dinero, etcétera. Y bueno, nosotros lo hacemos dentro del marco de nuestras posibilidades allí, tratamos de quemar, de romper todo eso. Pero atendiendo a lo que hemos observado durante el desarrollo de las acciones de ese mismo día, planteamos que va a ser muy difícil romper el cerco.

SUBTENIENTE GRANDÍA

Quemo el libro del Partido, mi carné de oficial, la documentación que tengo del político y la mía de jefe de pelotón, la correspondencia, incluidas las carticas de mi pequeña de siete añitos con las primeras palabras que aprendió a escribir. Pero cuando llega la hora de quemar la foto de ella que traje en las vacaciones, me la echo en el bolsillo, junto al corazón, y me digo: "No, esta se va conmigo".

SOLDADO CRUZ

La situación es difícil, se están acabando las municiones, tratamos de recoger las de los compañeros que caen. Se nos plantea prepararnos para romper el cerco por la noche. Nuestra moral combativa es alta, estamos conscientes de que tenemos que defender aquello y ya ha caído un cubano. Sentimos deseos de seguir combatiendo allí, pero bueno, nos dan esa misión. Posteriormente cambian la orden, dicen que no, que vamos a quedarnos.

PRIMER TENIENTE AURELIANO FRANCISCO

El ministro de Defensa da la orden de retirada, pero la unidad está cercada y todo el mundo está ya en el puesto de mando de la brigada, ¿cómo retirarse? Preferimos morir aquí.

CAPITÁN ANGOLA LIBRE

Estamos listos para retirarnos pero no podemos. Tenemos que enfren­tar al enemigo.

A las 04:45 horas, mucho antes que en los días anteriores, despegan los Mig-21 rumbo a la aldea sitiada. En los puestos de mando en La Habana, Luanda, Menongue y Luena reina una gran preocu­pación. Quince minutos más tarde parte de Luanda hacia Luena el general de división Cintra Frías. El reloj marca las 06:00 horas y no se ha logrado restablecer la comunicación con Cangamba. La tensión hace olvidar que es algo que ocurre habitualmente y solo se piensa en dos posibilidades: que han roto el cerco o lo peor, el asalto final del enemigo. Poco después en los receptores de radio se escucha la tan esperada frase: "Jiquí, Guamá". Los sitiados aún resisten y ratifican que seguirán haciéndolo hasta la victoria.

CORONEL ESCALANTE

En el Estado Mayor pensamos: "¿Coño, qué habrá pasado?". Nos metemos la noche con una preocupación tremenda. Cuando se restablecen las comunicaciones aquello parece una fiesta.

CAPITÁN FUENTES

El día comienza con una fuerte preparación artillera desde todas las direcciones. Sobre las 09:00 horas amaina un poco, pero se reinicia con toda intensidad de inmediato. Delante del Sector No. 1, a cincuenta o sesenta metros, se levanta mucho humo y una gran polvareda, y pronto un nutrido fuego de infantería; disparan con las balitas explosivas esas que dan la sensación de que el enemigo está al alcance de la mano. Se siente que salen y de nuevo tun, tun, cuando caen. Eso lo desorienta a uno, porque piensas que te están tirando de aquí y en realidad lo están haciendo de allá. Las utilizan para pedir el tiro de la artillería, hacen señales con las balitas esas. Es constante el tirito ese y desagradable como carajo.

SOLDADO FÉLIX

Tienen a todo el mundo loco; suenan dos veces, porque cuando caen explotan.

TENIENTE CORONEL PERAZA

Es como un arma psicológica, un fusil que parece una telegrafía y no se localiza de dónde sale el proyectil. Da la impresión que le pasa a uno por la frente, cerca así.

En el Sector No. 1, frente al poblado, la artillería comienza a tirar detrás de la trinchera y a la vez también lo hace la infantería. De pronto, el fuego de morteros regresa hacia delante de la trinchera y así se va moviendo hacia delante y hacia atrás de manera sucesiva, hasta que finalmente se concentra sobre la misma línea defensiva. La treta empleada por el enemigo da el resultado que espera. Hay muy pocos combatientes cubanos y angolanos en los refugios, casi todos están acurrucados en el fondo de sus pozos de tirador, mientras los observadores se esfuerzan por vislumbrar algo que indique el inicio de un nuevo ataque de la infantería a través del humo y la espesa capa de polvo.

SOLDADO FÉLIX

Tenemos las casas pegadas, los eucaliptos y la pila de palos ahí mismo, todo el kimbo ese frente a nosotros, pegadito, pegadito. Esto explica que ellos batallen más por romper la defensa por el Sector No. 1. A cada rato tiran los francotiradores, la bala pasa cerquita y nosotros bobos buscando, pero no los vemos, aunque parece que no son muy buenos, porque en realidad han herido a pocos compañeros de las FAPLA y a ningún cubano. Avanzan medio encorvados y disparando.

En eso sí son indisciplinados como carajo, pegan a avanzar a un kilómetr­o y ya están tirando. Desde que salen es tira y tira, y de aquí para allá nosotros nada, hasta que no se acercan no disparamos.

CAPITÁN FUENTES

En el techo de una casa ubicada frente a nosotros está subido un francotirador. Levanta un poquito nada más el zinc para disparar el muy cabrón. El otro está en el horno. A los dos los detectamos rápido, porque conversando ahí, tac, el tiro del jodido hombre que por fin aniquilamos.

Todos, con los sentidos en máxima tensión, esperan que tras la heca­tombe de llamas y explosiones, el enemigo traslade el fuego de la artillería a la profundidad, y desde las viviendas situadas a escasos metros frente a ellos, se abalance su infantería en un nuevo intento de asalto final. No ocurre así y en cambio se produce algo ines­perado. Cae con gran precisión sobre la misma trinchera del Sector No. 1 una andanada de proyectiles de mortero.

SOLDADO FÉLlX

Estamos todo el grupo apeñuscado en el tramo de trinchera cubierto, que tiene encima la cama de un camión llena de tierra. Siento que, además de con los morteros, están disparando con fusiles. Me digo: "Coño... ¿estos locos vendrán tirando debajo de la preparación artillera?" y decido salir. En cuanto lo hago, ¡oiga!, parece que el pro­yectil cae en la parte de atrás, en la esquinita de la trinchera. La impre­sión que me da es que me han echado un camión de tierra encima. ¡Me quedo sonámbulo! Salgo dando tumbos para el puesto de mando. Allí me desmayo y cuando me repongo me llevan para el puesto médico. Tengo cazacobra106 y todo puesto, pero el médico me ve bañado en sangre y pica todo eso con la tijera, me deja casi en cueros.

SUBTENIENTE BERNIS

Estoy en el pozo de tirador cuando empieza a incrementarse el fuego de los morteros. Fuentes está como a dos o tres metros, en un tramo de trinchera cubierto, y me dice: “Ven para acá, eso ahí no hay quien lo resista". En el momento que voy a salir cae una granada de mortero, recibo el impacto de diecisiete esquirlas. Me caigo, pero además se derrumba la pared de la trinchera y me cae toda esa tierra encima, solo me queda la cabeza y un brazo afuera. Me embarga una sensación como si todo se fuera alejando. Me viene a la mente mi familia, me digo: "¿Será posible que yo venga a morir tan lejos y no pueda volver a ver a mis hijos?". Todo eso ocurre en un instante antes de perder el cono­cimiento. Los demás piensan que estoy muerto. Me dejan allí en espera de que amaine el fuego de la artillería, incluso cuando empiezo a recu­perar el conocimiento siento los pasos encima de mí, porque ellos se mueven en la línea de trincheras. Empiezo a mover la mano y la cabeza, a llamar a la gente: "¡Caballero, sáquenme de aquí!". Entonces un mu­chacho, uno de Mayarí, dice: "¡Coño, el Chino está vivo!". Van para allá dos o tres, me sacan y me llevan para el puesto médico.

Se multiplica el ya irresistible olor a pólvora quemada, el humo y el polvo que insiste en pegarse a la piel ennegrecida; martillan en los oídos, junto a las ya habituales explosiones, los quejidos y gritos de los heridos que piden ayuda. Ante los enrojecidos ojos de los defensores, muchos de ellos semisepultados en sus des­truidos puestos de combate, una imagen terrible supera lo pre­senciado hasta ahora por quienes creían haberlo visto todo: frente a ellos yacen inertes en las trincheras derrumbadas y ya inservi­bles, los subtenientes Pedro Pérez Oliva y Miguel J. Espinosa García, y los soldados José A. Bacallao Pérez y Emilio Jardín López; allí también están los cuerpos de tres soldados de las FAPLA que hasta hace unos minutos combatían heroicamente junto a los internacionalistas cubanos. El subteniente Ramón Martínez Nácer está herido de muerte y el suboficial René González Sarmiento también sufre serias lesiones.

SOLDADO ROSABAL

Tengo dieciocho años y hace solamente un mes que estoy en Angola. Reyes me dice: "Víctor, ¡mataron a Miguel!". Me echo a llorar allí mismo en la trinchera; recuerdo que el día 3, cuando desembarcamos bajo el fuego, a bala y mortero todo el tiempo, él me había dicho: "¡Si salimos de esta, tú te casas con mi hermana!", y yo le respondí: "¡Vamos a salir!". Y ahora resulta que está muerto. Empiezo a gritar: "¡Aquí hay que matar, coño, fuego!", me siento como si estuviera en Cuba. Grito "¡Viva Cuba libre! ¡Viva Fidel!".107

SOLDADO REYES

Cada vez que caía una andanada de proyectiles, Miguel decía: "¿Reyes?" y yo contestaba: "¡Tunas!", así sabíamos que seguíamos vivos. Pero cae el mortero y no oigo nada: "¡Tunas!, ¡Tunas!". Corro para su pozo de tirador y veo que le ha caído el mortero arriba. Es muy doloroso. 108

SOLDADO VARGAS

Es muy difícil para mí cuando matan a Jardín. Éramos del mismo barrio, andábamos siempre juntos y habíamos hecho veinte planes para cuando estuviéramos en Cuba. Yo, con mis veinte años, siempre lo estaba fastidiando porque él era el único varón y tenía varias hermanas. 109

CAPITÁN FUENTES

Jardín y Bacallao, los dos soldados que mueren, son los que traje del Sector No. 3, uno tirador de ametralladora y el otro de lanzacohetes. Ellos hacen como una gaveta en el talud de la trinchera y ahí se meten. Cae el proyectil y los mata a los dos, derrumba la trinchera y los sepulta. Tenemos que dejarlos en ese lugar hasta que termina el combate.

Los que milagrosamente se mantienen sanos no pueden darse el lujo de un minuto de silencioso sufrimiento, hay que atender de inmediato a los numerosos heridos, abandonar las fortificaciones destruidas, ocupar nuevas posiciones y seguir combatiendo al enemigo que se aproxima cada vez más, aprovechando la protección que le brindan las desvencijadas pero aún sólidas casas del poblado.

CAPITÁN FUENTES

A Martínez esa mañana le digo: "Tú eres el logístico y quien tiene que garantizar el agua y la comida aquí ―jodiendo con él―, así que te voy a dar el BRDM para que vayas a buscar agua". Él era de origen moro, grandón y gordo, al poquito rato viene y me dice: "Bueno, capitán, ¿adónde hay que ir?”. Yo le había puesto Moriviví, porque dos o tres veces  antes del cerco, lo habían cogido los ataques del enemigo fuera del campamento, y cuando pensábamos que lo habían matado, se aparecía el Moro sano y salvo. Teníamos una gran amistad, habíamos hecho cuarenta planes para cuando termináramos, hasta que yo fuera al Segundo Frente donde él vivía.

SUBOFICIAL RENÉ

Para mí, es el día más difícil. Cae una tonga de compañeros en el Sector No. 1. Casi todos quedamos sepultados porque la trinchera se derrumba. Como allí el terreno es arenoso, los que no estamos heridos logramos salir de debajo de la tierra esa y ubicarnos en unos tramos de trinchera cubiertos y una posición de mortero. Ahí están también Martínez, el logística, que ya cumplió la misión, y un compañero de comunicaciones, en un tramito de trinchera cubierto, esperando que amaine el fuego un poco para poder refugiarnos en otro lugar, cuando explota una granada de mortero casi dentro de ese tramo de trinchera cubierto. Hiere mortalmente al logístico y a mí me hace una herida en la espalda que me impide caminar; no me siento las piernas. Entre el compañero de comunicaciones y yo tratamos de arrastrar a Martínez, pero es un hombre fuerte, más bien grueso, y no podemos. Arrastrándome llego a la jefatura y digo que Martínez está herido, que hay que rescatarlo, y sigo a rastras para el puesto médico. Allí Galván me cura y dice: "Bueno, vamos a esperar a ver qué pasa, si no te ha cogido el nervio de la columna y te ha dejado inválido". Al poco rato traen a Martínez ya agonizando prácticamente y fallece casi de inmediato.

En el Sector No. 3, frente a la cabeza de la pista, pierde la vida el soldado Manuel González Suárez. Ahora suman siete los cuba­nos caídos en combate, seis de ellos en este aciago día.

MAYOR SESSÉ

Siento una explosión grande, cerquita y cuando miro, ellos están en el piso. Me tiro allí y veo al cubano echando sangre por dondequiera. Lo agarro, empiezo a revisarlo y me doy cuenta de que está muerto. Los angolanos también están destrozados.

SOLDADO VÁZQUEZ

Le digo a Ciro, un tirador de ametralladora que está conmigo: “ Voy a darme un trago para nivelar los nervios", pues todavía me queda un poco de ron del último séptimo.110 No hago más que salir y me grita: ¡Vázquez, mataron al chamaco que tú pusiste ahí!". Viro corriendo y veo la mochila, el fusil y al compañero muerto. Es la primera vez que choco con algo así y me atacan los nervios, pero me digo: "¡No, pa'lante, coño!", voy hasta el puesto médico, me inyectan y vuelvo para la trinchera.

SOLDADO FÉLIX

Algunos muchachos al principio se alteran, se ponen mal, pero después de que se sedan combaten igual que todos nosotros. También hay unos pocos que no son tan jóvenes y realmente no dan la talla.

SOLDADO AMAURY

El enemigo se aproxima a la posición; escuchamos sus groseras ofensas y los vemos avanzar en columnas. Realmente se aproximan mucho, pero ni uno llega a nuestras trincheras, las defendemos a toda costa.

MAYOR SESSÉ

Estos muchachos le dan inspiración a uno para seguir combatiendo. Hay que caerles atrás, porque son guapos de verdad. Yo me digo: "Coño, tan nuevecitos, ¿será la inexperiencia?". No, es el valor que tienen los soldados cubanos, son guapos, guapos. Yo me atrevo a decir que en muchos casos tan guapos o más que el jefe, te obligan a echar pa'lante, porque yo no concibo que ningún soldado vaya a avanzar más que yo, tengo que ser ejemplo.

SUBTENIENTE GRANDÍA

Los soldados se portan valientemente. Luchan en posiciones muy di­fíciles como el Sector No. 1. Sin embargo, van para allí a cumplir, reparan las trincheras de noche y vuelven para su puesto. Son muchas las muestras de valor, de solidaridad. Ante la situación creada, varios integrantes del puesto de mando salen hacia el Sector No. 1 a prestar ayuda.

TENIENTE CORONEL PERAZA

Me informan que mataron al jefe de Retaguardia. Voy a salir a combatir y los compañeros tratan de impedírmelo, me siento indignado, desesperado. Al fin salgo del puesto de mando y voy para el Sector No. 1, allí está Martínez tendido en la trinchera, a lo largo ahí, y yo estoy sin fuerzas para dar un salto, me veo obligado a pasar por encima de él para seguir hacia donde está Fuentes. Entonces veo a un soldado enemigo que asoma la cabeza para disparar desde una de las casas de la aldea, me apoyo en una matica y le hago fuego con el fusil. Sigo hacia el refugio del puesto médico y cae una granada que me deja ciego y sin respiración momentáneamente.

SUBOFICIAL RENÉ

El enemigo avanza desde la casa azul parapetándose en las construc­ciones del poblado y se nos pega a unos pocos metros, porque las viviendas llegan casi hasta la posición nuestra; son de mampostería, fuertes, y el enemigo pasa adentro, salta por las ventanas y práctica­mente sale delante de nosotros. Cuando nos movemos nada más, dis­paran con los fusiles a corta distancia sin que logremos determinar desde dónde. Son francotiradores vestidos de camuflaje y con radios Racal, que encaramados sobre los eucaliptos y en los techos de las casas, hacen la corrección de tiro de la artillería.

Un soldado se para frente al jefe de los asesores y le dice: "¡Teniente coronel, mire cómo me han puesto!". Tiene el rostro totalmen­te cubierto de sangre, parece una herida inmensa. Afortunadamente, se trata solo de una pequeña esquirla que ha penetrado en su nariz, pero al pasarse la mano por la cara el joven combatiente crea sin proponérselo la imagen de algo mucho peor y él es el principal asustado.

SUBOFICIAL RENÉ

Poco a poco me voy familiarizando con Fuentes, siempre con el único casco que se ve por todo aquello. Él asume, digo yo, un papel importantísimo en el combate. Se mueve constantemente dando indicaciones. A toda hora uno ve el casco aquel, al cambutica aquel ―los angolanos a la persona gruesa le dicen cambuta―, brincando de una trinchera a otra, dándole ánimo a la gente: "¡Resistan, caballero!". Teniendo en cuenta que los sitiados tuvieron que quemar las tablas de cifrado, es preciso acudir a otras vías para conocer la situación e impartir indicaciones, de forma que no se conozcan por el enemigo.

SUBOFICIAL RENÉ

Para no hablar en lenguaje claro, pasa a primer lugar la famosa chara­da en las comunicaciones. Mediante los animales, los objetos y el resto de las cosas que representan los números de la charada, se informa, por ejemplo, la cantidad de heridos, las bajas, cuándo necesitamos aviación, cuándo van a llegar refuerzos, por qué parte van a entrar, esas cosas se van comunicando mediante la charada.

CORONEL LUSSÓN

Me acuerdo que hay gente vieja allí y digo: "Oye, ve a ver quién cono­ce bien la charada ahí, ¿tú sabes lo que es cura?". "Sí, sí". ¿Tú sabes lo que es majá?". "Sí, sí". ''Ah, bueno, pues majá pa' ti". Majá es 21; cada vez que vaya decir que los Mig-21 van para allá, digo: "Oye, majá pa' ti". Otras veces, como allí hay gente de Santa Clara que conoce a Chaflán,111 aquello de que cuando se quita el sombrero es mentira y cuando se lo pone es verdad, digo: "¿Tú conoces a Chaflán". "Sí". "Bueno, pues mira, con sombrero..." o "sin sombrero..." y la gente entiende.

TENIENTE MAURI

A cada telegrafista de las tripulaciones de los An-26 se le da una hoja con la charada.  

PRIMER TENIENTE PEDROSA

Se nos dice casi en lenguaje claro "oye, los ratones están oyendo" y empiezan a hablar con la charada. Me ponen en una situación crítica porque no viví esa época, no la conozco. Uno dice: "Poll se sabe la charada", lo mandamos a buscar y se copia completa. Ya cuando dicen gato se sabe que es el número cuatro y si oímos: ''Anguila para Guamá" es que viene un An-26.

Los radares detectan aviones sudafricanos en vuelo de patrulla al norte de Longa y en el puesto de mando de Menongue se toman medidas pertinentes.

MAYOR ROMERO

Durante la segunda misión, después de recorrer aproximadamente venta kilómetros en la travesía hacia Cangamba, el navegante nos indicaciones de que se dirigen hacia nosotros aviones Mirage. Botamos las bombas y pasamos a la variante aire-aire, curso 100 contra Mirage, pero a la distancia de treinta kilómetros nos ordenan ir al aeródromo.

TENIENTE CORONEL HENRY

Estoy tirado en la rampa, bajo el ala del avión, conversando Quesada en espera de que nos toque el próximo vuelo. Menongue en esa época tiene una característica: si te pones al sol sientes un calor terrible; pero te metes en una sombra y hace tremendo frío. En eso veo el avión de Oscar Romero, que acaba de despegar. Viene que jode, a una velocidad inusitada, y además por el tiempo transcurrido no puede haber llegado ni a la mitad del trayecto hacia Cangamba. No trae tanque auxiliar ni nada, viene pelado, aterriza y todos vamos para la rampa. El problema es que los radares de Lubango detectan varios Mirage y Martínez ordena el regreso de los aviones. Vaya vedo; le pregunto: "Pero, ¿qué hacemos?, si no vamos para allá, se van a comer a esa gente". Me dice que sí, que él entiende eso. Desde luego, lo más correcto fue virar los aviones, pues no llevan armamento para el combate aéreo y tú no te puedes fajar con un Mirage con bombas.

CORONEL MARTÍNEZ PUENTE

Aparecen en los radares dos aviones sudafricanos. Bueno, cualquiera piensa "mandamos dos o mandamos cuatro y combatimos con ellos", pero yo me digo "¿es la misión principal nuestra en este momento? No, no lo es". Por eso aunque algunos quieren acopiar armamento para fajarse con los sudafricanos, digo "no, un momento, no hay fajazón con ningún sudafricano, vamos a rehuir el combate, ellos se tienen que ir". Mando a parar los aviones, a reforzar la defensa antiaérea del aero­puerto, doy alarma para la protección de la gente, pero dejamos los aviones artillados con armamento aire-tierra. Como a los veinte o vein­ticinco minutos, en el radar los dos aviones sudafricanos se convierten en dieciséis. O sea, soltaron dos más alto para que los vieran los es y abajo la gran masa para que no la capten. Ponen dos como señuelo para que nos tiremos y entonces salir ellos con el resto y acabar ­con la aviación nuestra. En esa trampa no caemos. Se retiran los sudafricanos y nosotros seguimos nuestro combate.

TENIENTE CORONEL HENRY

Le propongo a Lussón seguir cumpliendo las misiones, pero con una pareja de cobertura con armamento aire-aire; lo acepta. Se lo planteo a Martínez y él decide que los aviones de Olivo, que tienen menos posibilidades para el combate aéreo, vayan con cobertura de los Mig de Lubango.

Parten hacia Cangamba dos parejas de Mig-21. Una de ellas va artilla­da con bombas y cohetes C-S para apoyar a los defensores de la aldea y la otra lleva armamento aire-aire, con la misión de dar cobertura a la primera. Hacen sin problemas la travesía hasta Cangamba y atacan las posiciones enemigas, pero al regreso aparecen nuevamente aviones sudafricanos al norte de Longa.

TENIENTE CORONEL HENRY

Cuando venimos de regreso me dice el teniente coronel Gómez Verdia, del puesto de mando de Menongue, "hay aviones enemigos en Longa". A Quesada y a Raúl Fernández, que es el jefe de la pareja que viene de cobertura, les digo: "Conectando la mira, conectando los cohetes, rompiendo por la izquierda", o sea, empiezo a dar órdenes como si tu­viéramos de todo. En realidad no podemos romper para ninguna parte, no hay combustible, de Longa para acá, venimos planeando para llegar a Menongue. Pero bueno, antes de dar todas esas órdenes, les hago señas con el avión de que no me hagan caso, les meneo la cola y empiezo a dar órdenes por radio: "¡Rompe por la izquierda!, ¡rompe por la derecha!", iy los Mirage se fueron!

"¡Son unos pendejos!", grita eufórico uno de los pilotos cubanos.

A las 10:15 horas, el general de brigada Romárico Sotomayor García, jefe de la Agrupación de Tropas del Sur, se incorpora a la Colum­na de Huambo, cuando todavía la separan setenta y ocho kilóme­tros de Munhango. Es poco lo que permiten avanzar los obstáculos naturales y el enemigo que se empeña en retardar su marcha.

GENERAL DE BRIGADA SOTOMAYOR

Le digo al general Polo: "Jefe, hace falta que usted me autorice darle una vuelta a la columna a ver cómo va". Voy hasta Munh y me quedo allí esa noche. En vez de retornar para Huambo Menongue, pido permiso para seguir al frente de la columna, porque tengo una gran responsabilidad como jefe de la Agrupación de Tropas del Sur.

SOLDADO DARÍO REYES

Al general lo veo como a los tres días de estar en el trayecto. Se detiene allí con nosotros como si fuera uno más de la columna, dándonos aliento: "¡Vamos, la gente está allá fajada y hay que llegar. Caminamos y dondequiera vemos que el enemigo ha estado posicionado en ese lugar. Cuando cae la noche, paramos, establecemos la circular con pozos de tirador y todo. Es un trayecto difícil por completo porque se marcha a campo traviesa de forma muy lenta atravesando monte, no son dos o tres maticas, es selva con panales de abejas africanas en los árboles, más el hostigamiento de la UNITA, realmente terrible.112

CORONEL VILLEGAS

Polo me pide que hable personalmente con Sotomayor sobre la marcha de la columna. Salgo en un helicóptero de las FAPLA, uno de los chiquitos que ellos tienen, y nos tiramos en Cuemba donde hay un batallón angolano, pensando que ya la columna está allí. Nos dicen: "Los cubanos, si están, es mucho más atrás". Tirándonos nosotros empieza la UNITA a disparar con morteros y los FAPLA a meterse en los huecos. Le digo al piloto: "Mira, aquí lo mejor es tratar de arrancar e irnos ahora mismo pa'l carajo, porque le van a meter un morterazo al helicóptero y nos vamos a tener que quedar aquí sin cumplir la misión". Así lo hacemos y tenemos que volar un buen rato para llegar a donde está la columna.

"Jiquí, Guamá. Hoy, 034: jicotea; 035: jicotea doble".113 Aproximada­mente al mediodía Cangamba informa del intenso ataque y las numerosas bajas sufridas. Aprecian que les están haciendo fuego entre cincuenta y sesenta piezas de artillería y morteros, que ahora no cesa ni cuando actúan los aviones. No obstante, también se recibe una buena noticia: gracias a los fuertes golpes de la aviación, sobre las 13:00 horas el enemigo abandona la hilera de casas más cercanas a la posición, frente al Sector No. 1, las cuales están ardiendo.

TENIENTE MAURI

Hay muy pocos puntos de referencia: la casa azul, la iglesia, la pista y el terreno de fútbol. Con esos cuatro puntos se opera. La cooperación es grande con la aviación de caza, porque ellos bajan más para el tiro nos marcan los blancos. Le dicen al An-26: "¡Viste donde te marqué, tíralas todas ahí!", porque ellos vienen más rápido, bajan más y aprecian mejor el terreno. Nosotros estamos alto, somos prácticamente un puesto de mando volante armado. Después que ellos terminan el trabajo, entram­os nosotros y tiramos las bombas donde ellos han marcado.

Mientras tanto, en Luanda, el jefe de la Misión Militar Cubana se reúne con el presidente Dos Santos, el ministro de Defensa Pedalé y el jefe del Estado Mayor General de las FAPLA, coronel N'Dalu.

GENERAL DE DIVISIÓN CINTRA FRÍAS

Los angolanos con nosotros son sumamente cuidadosos, nunca nos dicen "hay que hacer esto" sino hacen su propuesta de cómo desean que los ayudemos. Esta se analiza y por nuestra parte tomamos la decisión, consultamos a nuestros jefes y después les informamos "se puede hacer" o "no es posible". Además siempre escuchan con mucho respeto nuestras opiniones y generalmente coincidimos.

A las 15:16 horas despegan en Huambo rumbo a Luena los helicópteros H-08, H-47 y H-32, con ellos mejora sensiblemente la situación existente con esas naves, de las que solo quedaba una de alta.

CORONEL CALVO

Nos sentimos muy mortificados, es el día más difícil para nosotros porque no tenemos helicópteros y la situación allá abajo es terrible. Nos vemos prácticamente sin posibilidades de hacer algo y nos damos a la tarea de ver cómo podemos tirarles armamento yagua a los com­pañeros que están cercados. Cogemos el único helicóptero que nos queda y vamos para un polígono que hay cerca de la pista de Luena; llevamos un balón de oxígeno lleno de agua y lo lanzamos a mil y pico de metros, ¡se desaparece!, se clava como si fuera una bomba. Tiramos también cajas de cartuchos de fusil envueltas en colchones, pero cuando caen explotan y no queda nada. Entonces sacamos los cartuchos y empezamos a pincharlos en colchones, una caja completa, y todos quedan intactos. Tenemos la idea "bueno, si no hay otra posibilidad... ", pero en eso llegan los compañeros de Cuba y preparan las para el An-26, ya no hay necesidad de hacerla. También traen de Luanda helicópteros y piezas de repuesto de segunda mano. Algunos incluso están dados de baja por vencimiento, pero vamos a utilizarlos mientras no implique un peligro de muerte.

TENIENTE CORONEL TELMO

Llaman y dicen que hace falta un juego de palas. Voy para el almacén donde están los supuestamente inservibles o para mandados a repararlos a la Unión Soviética, reviso hasta que encuentro uno completo, no tiene ningún golpe, y lo envío en un avión rápidamente para Menongue. Un tanque de combustible que ha sido averiado, cogemos uno de cualesquiera de los helicópteros que están allí en proceso de reparación y lo mandamos también para allá. Es algo de mucha tensión. Mientras, en la aldea, pese a la conmoción producida por el alto número de compañeros caídos, continúa firme la resistencia de cuba­nos y angolanos en el pequeño reducto que aún conservan.

CAPITÁN CHIONG

Los morteros que están detrás de la iglesia nos están golpeando fuerte y le pido a Henry que los destruya. Yo estoy un poco alterado por el daño que nos están haciendo, y le pregunto: "¿Destruiste los morteros, mi hermano?", se lo digo alteradito ¿no? Él me responde: "No, no les di, pero si no les doy con los cohetes que me quedan, ¡me voy a tirar contra los morteros!". "Oye, no tienes que tirarte contra nada, usted destruye esos morteros, y si no puede, va, carga de nuevo, viene y lo hace; nosotros vamos a seguir aguantando aquí". Me dice: "¡Oye, yo no tengo miedo a morir!", está alteradísimo, en definitiva hace el pase, destruye los morteros y todo queda entre hermanos.

TENIENTE CORONEL HENRY

Al avión mío, al C-111, le meten cincuenta y seis perforaciones, le ponen de baja el motor. Como Riverón está para Huambo, cojo su avión, el C-55, que tiene un derrape114 que Riverón conoce porque siempre lo está volando, como yo conozco las cositas del mío. Cuando entro y tiro, como no me percato del derrape, los cohetes se me van. Vaya, ¡algo espantoso!, porque yo quiero cumplir con Chiong, quiero darle a aquello porque además Chiong me está volviendo loco y yo no me empato con... hasta que por fin me doy cuenta, en una de esas veo que la bolita de la mira se me va y entonces puedo darle al objetivo.

CAPITÁN FUENTES

En horas de la tarde me siento mal por todo lo ocurrido. Necesito ver los demás compañeros, conversar un poco. Voy hasta el puesto de mando y tan pronto llego allí es mucho lo que pone el enemigo, tengo que retirarme para mi sector bajo el fuego de la artillería. Cuando “escampa", voy hasta el Sector No. 2: allí me dan agua, conversamos algunos señalamientos sobre la organización de la defensa. En ese sector está el pelotón de morteros, que ya tiene dos piezas destruidas y para la restante no hay parque. Le propongo a Peraza que me dé el pelotón completo para reforzar mi sector, por ser el más afectado y donde el enemigo intenta romper con mayor insistencia. Peraza está de acuerdo y después de unos instantes de discusión, el mayor Sergio accede a entregado. Es un pelotón bien dirigido y cohesionado por su valeroso jefe, el subteniente Grandía, me reúno con ellos, a algunos no les gusta mucho la idea pero el malestar dura poco, les explico y comprenden la realidad. Me vuelve a coger la lluvia de artillería y me quedo dormido un rato. Salgo de allí cuando oscurece.

SUBTENIENTE GRANDÍA

Yo soy el jefe del pelotón de morteros, pero la artillería del enemigo es muy potente y grande, está tirando posiblemente con morteros de 120 o 160 milímetros en grandes cantidades y con rampas también. Nos tiene prácticamente neutralizados. Por eso el teniente coronel Peraza manda un enlace para que me presente en el Sector No. 1 y apoye la defensa con los hombres del pelotón actuando como infantería, ya que el enemigo va a tratar de romper por esa zona que está muy cerca de las casas, con lanzacohetes y lanzagranadas. Me da la orden de que ocu­pemos la defensa con el capitán Fuentes.115

SOLDADO OSNEL

Por la tardecita llega Grandía y dice: "Pelotón de morteros para frente al puesto de mando", que es donde está la situación más dura y ha que apoyar allí. Siempre alguno refunfuña pero al final el pelotón com­pleto, menos dos, se incorpora al Sector No. 1.

SUBTENIENTE CÁNDIDO

Los ataques del enemigo tienen una agresividad extraordinaria. Ellos queriéndonos quitar la posición que tenemos y nosotros diciendo mientras quede uno en pie, no la cogen. Esta tierra, con la preparación artillera que le hacen, tiembla; eso nos lo ha enseñado Fidel: la tierra puede temblar, pero los hombres no. Mientras quede un cubano con un arma, ¡no podrán coger Cangamba!

SOLDADO FÉLIX

La zanja de comunicación entra de frente al refugio del puesto médico, no en forma de L ni nada de eso. En la misma puerta hay literas y yo me acuesto en la de arriba. Bernis me dice a cada rato: "Félix, quítate de ahí" y yo "Chino, déjame quieto ya". No le digo que lo que tengo en mente es que esa gente no me va a coger vivo. Si toman la posición, mi idea es que cada vez que se pare uno en la puerta matarlo, hasta que me vuelen allá adentro. Por eso no me quiero ir de allí y el Chino peleándome todo el tiempo como si yo fuera hijo suyo, ¡figúrate tú! En esta situación es mejor ni discutir, sino quedar­me callado allí en mi literita de hierro.

Ya en Cangamba son más de las 17:00 horas cuando aún es mediodía en La Habana. El general de división Senén Casas Regueiro le comunica detalladamente al Ministro de las FAR la situación de los sitiados. De inmediato esta información se pone en conocimiento del Comandante en Jefe. Mientras tanto, en Luanda, a las 18:00 horas se reúne el Consejo de Defensa Nacional de Angola. El ministro de Defensa Pedalé pide al general de división Cintra Frías que el Comandante en Jefe hable con los sovié­ticos para acelerar los abastecimientos.

SUBTENIENTE CÁNDIDO

Le damos al kwacha del M-79, sale de un montecito y le ponemos caña cubana. De nuevo nos caen encima, les tiramos con todo lo que tenemos. Ante la situación existente, oriento recoger los cartuchos y cargadores de los compañeros que no pueden seguir combatiendo. El bombardeo continúa sobre nosotros de manera muy efectiva, al pare­cer tienen tremendo corrector de tiro. Cuando cogen una línea de trin­as, ¡eso no tiene para cuando acabar!

El coronel Lussón conversa personalmente a las 17:38 horas con los cercados, la comunicación radial exige economía de palabras: ''Todo lo que se prometió se cumplirá, nunca ha estado más cerca la victoria. Felicitaciones, confíen en nosotros, les resolveremos, resuelve tu tarea. ¡Patria o Muerte! ¡Viva Dos Santos! ¡Viva Fidel!".

MAYOR SESSÉ

En la tardecita, aproximadamente a las siete de la noche, empezamos a injuriarnos mutuamente el enemigo y nosotros. Ellos me dicen cosas y yo le contesto. Me paro en una alturita, porque ya es casi de noche, y: "Manténganse ahí, que mañana les vamos a tirar las tropas es cubanas y vamos a ver para dónde ustedes van a huir, les vamos a ocupar todas las salidas", se me ocurre eso para meterles miedo y talmente parece que Lussón me está oyendo allá en Luena.

Esa noche una segunda columna blindada parte de Menongue116 en dirección norte, para desplazarse posteriormente por el itinerario Tempué-Cangamba. La tropa está integrada por un batallón de tanques, una compañía de infantería motorizada en transpor­tadores blindados BTR60-PB, una batería de lanzacohetes múltiples BM-21 y un pelotón de instalaciones antiaéreas auto­propulsadas Shilka. Se le ordena marchar también durante la noche.

SUBTENIENTE FIGUEROA

Yo estoy en la Fílmica de Luanda, en espera del relevo. El coronel Saucedo, jefe de la Sección Política de la Misión, me llama y me dice:

"Fílmico, prepare sus medios que va a salir a cumplir una misión", no me dice dónde ni de qué se trata aunque, cuando llego al albergue me entero de que hay una pequeña unidad cubana sitiada. Me entra eso de cuando uno está cumplido y lo designan para una misión, incluso le entrego mi reloj a un compañero para si me pasa algo se lo haga llegar a mi hijo, y le dejo también los negativos para que los mande para Cuba. Cuando llego a Menongue me presento al político del regimiento y de entrada me pregunta: "¿Dónde está su fusil?". "No, yo no tengo fusil". "¿Cómo que no tiene fusil?". Con la misma me da uno de allí de la unidad y me incorporo de inmediato a la columna que se está organizando.117

CORONEL SUÁREZ

Salimos a eso de las ocho de la noche, nos retrasamos esperando batallón de infantería que deben damos las FAPLA, hasta que por llega, aunque no completo, solamente dos compañías. Avanzamos noche por carretera cincuenta kilómetros y de ahí nos desviamos hacia adentro. Cuando caminamos unos veinte kilómetros, a eso de las doce de la noche, decido acampar y ver el terreno como está, pues llevamos una pipa de combustible de treinta o veinte mil litros que, cuando el terreno ―al dejar la carretera y coger los arenales―, lo primero que pienso es que no va a llegar y debo buscar una solución para llevarme el combustible ese.118

El reloj marca las 16:15 en la oficina del general de división Senén Casas, cinco horas menos que en Luanda, cuando recibe una nueva información de la Misión Militar Cubana en Angola. En ella comunican que ha sido la jornada más violenta y difícil en Cangamba; no obstante, aprecian que los sitiados aún pueden resistir al menos dos días más.

TENIENTE CORONEL PERAZA

Como todos los días, a las 20:00 horas, nos reunimos la jefatura y el Partido para evaluar la situación, que hoy ha sido especialmente difícil. El mando angolano designa, como cada noche, un grupo de hombres para que vaya a una pequeña ciénaga que hay al sur de la aldea a buscar fango. Se destila con gasa y esa es el agua que se les da preferentemente a los heridos y enfermos, y después al resto del personal.

SUBOFICIAL RENÉ

Por la noche Ricardo manda a unos sanitarios angolanos, arrastrándo­se por dentro del caserío, a buscar agua en unas cantimploras. Realmente traen más fango que otra cosa, pero bueno..., al menos se le puede poner a los heridos un poco de algodón húmedo en la boca. Son acciones bonitas, valientes, de ellos en medio del combate.

Durante la tensa jornada se realizan veintiocho vuelos de la aviación reactiva y siete de transporte. Resultan averiados dos Mig-21, uno de ellos el del teniente coronel Henry Pérez. Ahora solo se dispone de cuatrocientos cohetes C-S. Si el enemigo ataca nuevamente, habrá que tirarlos todos, el domingo. Posteriormente el Comandante en Jefe se reúne con el general de división Senén Casas Regueiro. Se envían cables a Luanda con instrucciones precisas.

GENERAL DE DIVISIÓN CINTRA FRÍAS

Hay que mantenerles la aviación encima, además de que lo necesitan realmente es también un problema psicológico. ¿Qué pasa?, cuando la UNITA siente el avión no tira prácticamente con la artillería, se va el avión y de inmediato empiezan con los morteros, los fusiles, con todo.

Hasta por la noche tenemos a veces un An-26 volando, que ellos lo oigan, porque es muy duro sentirse abandonado, aunque saben también lo que va por tierra para allá, se les dice.

PRIMER TENIENTE ORTEGA

La táctica es tener siempre durante la noche un avión volando sobre Cangamba; haciendo bulla y como puesto de mando, porque si disparan se ve de dónde sale y ahí mismo les metemos las bombas, eso les aplaca las ínfulas de superioridad. Es la tarea de nosotros, mantenernos allí hasta el amanecer en que prácticamente nos releva la aviación reactiva y los helicópteros. Como se bombardeó muy severamente durante el día y el enemigo también disparó mucho con los morteros, hay una capa de polvo que se ve medio rojiza en la oscuridad, y distin­guimos más o menos que esa es el área de la aldea. Pero como no hay puntos de referencia y además la noche es muy oscura, no nos decidimos a lanzar las bombas por miedo a afectar a nuestras tropas.

Nos mantenemos sobre Cangamba dos horas, orbitando y or­bitando. El An-26 puede estar unas cinco horas y media en el aire con todo el combustible, pero llevamos cuatro bombas de 500 kilogra­mos, dos a cada lado del fuselaje, son enormes, la parte de atrás de la primera casi toca la espoleta de la segunda: dos toneladas más de peso, además carga externa que hace más resistencia al aire y el consumo de combustible aumenta. Tomo altura para disminuir el consumo, pero eso reduce la apreciación visual, que de noche es mínima. No tenemos co­municación con Cangamba, aunque sí con Lussón que está en Luena. Estamos volando cerca de cuatro horas, creo que es el An-26 que más tiempo se mantiene en el aire. Aterrizamos en Luanda a punto de amanecer, ya casi sin combustible y con un procedimiento a ciegas, pues el casimbo es terrible.

PRIMER TENIENTE PEDROSA

Cuando no hay aviones encima de nosotros nos caen a morterazos, sin embargo, cuando tenemos el An-26 allá arriba tiran menos. Ellos cuidan porque viene cargado de bombas y puede liquidar sus piezas de artillería. Por eso le comenzamos a llamar "el paraguas", me parece que es un soldado el que lo bautiza así, porque cada vez que viene tenemos un respiro por la noche para darles mantenimiento a las trincheras, ya que por la cantidad de proyectiles que nos tiran se derrumban. Cuando se siente el ruido del avión, la gente dice: "¡Coño, al fin!, por ahí viene el paraguas".

CORONEL CALVO

En Luena y Menongue, cuando concluyen los vuelos, se plantean las misiones a los helicópteros y a la aviación reactiva: "Tú tienes que llegar a tal hora", "tú vas aquí y tú aquí". Lussón nos plantea la misión a nosotros ―a veces directamente Polo―, y a partir de ahí hacemos la formación y le planteamos las misiones al personal: "Mañana van a volar fulano y fulano con los helicópteros tal y tal, vamos a llevar tropas, salimos a tal hora".

Esa noche, por primera vez, no se detecta movimiento de vehículos enemigos en la aldea. 

*Tomado del libro Cangamba, de Jorge Martín Blandino, publicado por la Casa Editorial Verde Olivo, Ciudad de La Habana, 2006. pp. 147 – 169.

Notas

106 Nombre con que se conocía a una prenda multiuso que servía de abrigo y saco de dormir.

107 Entrevista realizada por el director Rogelio París a Víctor Milanés Rosabal, integrante del refuerzo.

108 Entrevista realizada por el director Rogelio París a Ventura Reyes Núñez, integrante del refuerzo.

109 Entrevista realizada por el director Rogelio París a Raimundo Vargas Yera, fusilero.

110 Cada siete soldados se asignaba mensualmente una botella de ron de 760 mililitros, de ahí el nombre de “séptimo” con que se conocía a la norma individual. 

111 Famoso humorista cubano, ya fallecido, que residió siempre en esa ciudad.

112 Entrevista realizada por el director de cine Rogelio París a Darío Reyes Fonseca, integrante de la Columna de Huambo.

113 Jicotea corresponde al número 6 en la charada. A su vez, 034 y 035 significan muertos y heridos, respectivamente, en la tabla de cifrado manual. Por tanto, se informan seis mortales y doble número de heridos.

114 Deslizamiento lateral por descompensaciones técnicas de la nave.

115 Declaraciones en el documental Cangamba.

116 Esta columna, al igual que la de Huambo, recibió diversas denominaciones durante los días de combate. Para evitar posibles confusiones, en lo adelante se le llamará siempre Columna de Menongue.

117 José A. Figueroa Daniel, camarógrafo y fotógrafo cubano. Había ido a Angola dieciocho meses antes para filmar un reportaje sobre la guerra en ese país, pero su estancia se extendió por diversas razones.

118 Juan A. Suárez Manero, entonces segundo jefe del RIM de Lubango y designado al te de la Columna de Menongue.
 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
IE-Firefox, 800x600