Apenas han transcurrido cinco minutos
del sábado 6 de agosto, cuando el
Ministro de Defensa de Angola llama al
general de división Leopoldo Cintra
Frías. Está muy preocupado por la
situación en Cangamba y le solicita que
participe en una reunión que sostendrá
con los soviéticos.
Menos de una hora después, el general de
división Senén Casas Regueiro envía a la
Misión Militar Cubana en Angola las
últimas indicaciones del Comandante en
Jefe: continuar con las dos columnas
hacia Tempué; seguir reforzando Luena;
si en Cangamba no se ha recibido la
orden de intentar romper el cerco,
desistir de esa variante y que sigan
resistiendo; dar máxima prioridad al
rescate. El Jefe de la Revolución
ratifica su confianza en el general de
división Cintra Frías y le expresa que
sabe que siempre ha mantenido la calma,
que siga así. Le indica que si logra
hablar con los combatientes de Cangamba,
les trasmita la seguridad de que los
vamos a sacar del cerco. El jefe de la
Misión informa que se traslada a Luena
nuevamente antes del amanecer y solicita
tripulaciones de helicópteros, pues las
que se encuentran en Angola están
agotadas, se le responde que salen
rumbo a Luanda el día 8.
GENERAL DE DIVISIÓN CINTRA FRÍAS
Mando a Martínez, el jefe de Operaciones
de la Misión, en un An-26 para hablar
con la gente de Cangamba, para que la
cosa sea rápida. Vengo para Luanda e
informo al Comandante en Jefe. Le digo
lo de tratar de romper el cerco y
retirarnos. Me responde: "No, ve para
allá y trata de que la gente no se vaya,
que aguanten, que van nuestras columnas,
los tanques y todo eso".
Un An-26 parte de Luanda a las 02:00
horas con la misión de tratar de
establecer comunicación con Cangamba
mediante el radio del apuntador de la
aviación; pero no le responden, por
tanto tampoco logra saber si lo han
escuchado.
CORONEL LUSSÓN
Yo oigo en Luena que manda a romper el
cerco y me preocupo mucho, porque la
única alternativa es salir hasta Tempué,
y pienso que si hacen eso los van a
chivar de verdad. Poco después
afortunadamente llega la contraorden de
que aguanten.
CORONEL ESCALANTE
En el Estado Mayor de la Misión
mantenemos la comunicación con Luena,
fundamentalmente con Lussón, que dirige
de manera directa las acciones. Claro,
en esa situación no se trata de estar
pidiendo que informen decisiones ni
dando órdenes, solo se imparten las
indicaciones necesarias, porque nuestra
gente realmente se está batiendo con lo
que hay allí. O sea, es una dirección
incluso de darles ánimo.
Mientras, en la aldea, los combatientes
se preparan para la posible ruptura del
cerco. El teniente coronel Peraza conoce
el grave peligro que encierra ese
intento y decide analizar con su pequeño
estado mayor qué posibilidades objetivas
existen de hacerlo, a partir de la única
opción viable: avanzar esa madrugada
paralelo a la cerca de alambre de púas
que se extiende a lo largo de la pista,
atravesar un pequeño campo minado y
tratar de alcanzar, avanzando hacia el
noroeste, el camino de Tempué. El jefe
de los internacionalistas cubanos
también consulta individualmente la
opinión de otros compañeros de su
absoluta confianza, desde oficiales
hasta soldados. Es unánime el criterio
de que cualquier intento de abandonar la
posición conducirá a una muerte casi
segura. En consecuencia, ya en plena
madrugada, decide continuar defendiendo
el pequeño reducto.
TENIENTE CORONEL PERAZA
Recibimos la orden de que apreciemos la
situación y valoremos si rompemos el
cerco o no. Estamos manejando eso y hay
muchas opiniones entre nosotros sobre
qué hacer, al extremo de que tomamos
medidas adelantándonos para ejecutar
eso, pero sin decidirlo todavía.
Quemamos el cifrado; destruimos algunas
armas que están buenas pero no tienen
municiones, para que no vayan a caer en
manos del enemigo. Todo se destruye,
once radios Racal nuevecitos los
rompemos a patadas, pues no tienen
baterías; se queman los documentos,
todo, para la posible retirada de
nosotros. Pero valoramos qué opina este
y el otro. Al fin, llegamos a la
conclusión de que ya tenemos un muerto y
varios heridos. Somos un grupo de
hombres hambrientos y gastados
físicamente, con poco parque, sin
comunicaciones, porque nos queda un solo
radio y es un Racal de magneto, sin
transporte, a la distancia que estamos
de la región militar, por caminos
desconocidos para nosotros. Además el
enemigo nos tiene uno, dos, tres cercos,
y aparte de eso puntos de resistencia a
nivel de pelotón y compañía en distintos
lugares. Llegamos a la conclusión de que
no es posible, que no vamos a caminar ni
cien metros.
|
 |
CAPITÁN FUENTES
Cuando Peraza me llama y me plantea la
situación, les digo a mis hombres en el
sector: "Vamos a preparar las cosas,
vamos a quedarnos nada más con las
municiones, la colcha y eso", pero más
tarde hablo con Mustelier, Félix y
Fernando Arango, los tres que me han
dicho que no se sienten con fuerzas para
esa caminata. Converso con ellos y les
preciso: "Nosotros nos vamos a quedar,
porque yo tampoco estoy en condiciones
de... ¡vamos a protegerles la retirada a
los demás!".
SOLDADO FÉLIX
Le digo a Fuentes: "Jefe, yo no me puedo
ir" y él me contesta: "Tú y yo les
cuidamos la retirada".
SUBTENIENTE BERNIS
Se ordena quemar las cartas, las
fotografías, el dinero, etcétera. Y
bueno, nosotros lo hacemos dentro del
marco de nuestras posibilidades allí,
tratamos de quemar, de romper todo eso.
Pero atendiendo a lo que hemos observado
durante el desarrollo de las acciones de
ese mismo día, planteamos que va a ser
muy difícil romper el cerco.
SUBTENIENTE GRANDÍA
Quemo el libro del Partido, mi carné de
oficial, la documentación que tengo del
político y la mía de jefe de pelotón, la
correspondencia, incluidas las carticas
de mi pequeña de siete añitos con las
primeras palabras que aprendió a
escribir. Pero cuando llega la hora de
quemar la foto de ella que traje en las
vacaciones, me la echo en el bolsillo,
junto al corazón, y me digo: "No, esta
se va conmigo".
SOLDADO CRUZ
La situación es difícil, se están
acabando las municiones, tratamos de
recoger las de los compañeros que caen.
Se nos plantea prepararnos para romper
el cerco por la noche. Nuestra moral
combativa es alta, estamos conscientes
de que tenemos que defender aquello y ya
ha caído un cubano. Sentimos deseos de
seguir combatiendo allí, pero bueno, nos
dan esa misión. Posteriormente cambian
la orden, dicen que no, que vamos a
quedarnos.
PRIMER TENIENTE AURELIANO FRANCISCO
El ministro de Defensa da la orden de
retirada, pero la unidad está cercada y
todo el mundo está ya en el puesto de
mando de la brigada, ¿cómo retirarse?
Preferimos morir aquí.
CAPITÁN ANGOLA LIBRE
Estamos listos para retirarnos pero no
podemos. Tenemos que enfrentar al
enemigo.
A las 04:45 horas, mucho antes que en
los días anteriores, despegan los Mig-21
rumbo a la aldea sitiada. En los puestos
de mando en La Habana, Luanda, Menongue
y Luena reina una gran preocupación.
Quince minutos más tarde parte de Luanda
hacia Luena el general de división
Cintra Frías. El reloj marca las 06:00
horas y no se ha logrado restablecer la
comunicación con Cangamba. La tensión
hace olvidar que es algo que ocurre
habitualmente y solo se piensa en dos
posibilidades: que han roto el cerco o
lo peor, el asalto final del enemigo.
Poco después en los receptores de radio
se escucha la tan esperada frase: "Jiquí,
Guamá". Los sitiados aún resisten y
ratifican que seguirán haciéndolo hasta
la victoria.
CORONEL ESCALANTE
En el Estado Mayor pensamos: "¿Coño, qué
habrá pasado?". Nos metemos la noche con
una preocupación tremenda. Cuando se
restablecen las comunicaciones aquello
parece una fiesta.
CAPITÁN FUENTES
El día comienza con una fuerte
preparación artillera desde todas las
direcciones. Sobre las 09:00 horas
amaina un poco, pero se reinicia con
toda intensidad de inmediato. Delante
del Sector No. 1, a cincuenta o sesenta
metros, se levanta mucho humo y una gran
polvareda, y pronto un nutrido fuego de
infantería; disparan con las balitas
explosivas esas que dan la sensación de
que el enemigo está al alcance de la
mano. Se siente que salen y de nuevo tun,
tun, cuando caen. Eso lo desorienta a
uno, porque piensas que te están tirando
de aquí y en realidad lo están haciendo
de allá. Las utilizan para pedir el tiro
de la artillería, hacen señales con las
balitas esas. Es constante el tirito ese
y desagradable como carajo.
SOLDADO FÉLIX
Tienen a todo el mundo loco; suenan dos
veces, porque cuando caen explotan.
TENIENTE CORONEL PERAZA
Es como un arma psicológica, un fusil
que parece una telegrafía y no se
localiza de dónde sale el proyectil. Da
la impresión que le pasa a uno por la
frente, cerca así.
En el Sector No. 1, frente al poblado,
la artillería comienza a tirar detrás de
la trinchera y a la vez también lo hace
la infantería. De pronto, el fuego de
morteros regresa hacia delante de la
trinchera y así se va moviendo hacia
delante y hacia atrás de manera
sucesiva, hasta que finalmente se
concentra sobre la misma línea
defensiva. La treta empleada por el
enemigo da el resultado que espera. Hay
muy pocos combatientes cubanos y
angolanos en los refugios, casi todos
están acurrucados en el fondo de sus
pozos de tirador, mientras los
observadores se esfuerzan por vislumbrar
algo que indique el inicio de un nuevo
ataque de la infantería a través del
humo y la espesa capa de polvo.
SOLDADO FÉLIX
Tenemos las casas pegadas, los
eucaliptos y la pila de palos ahí mismo,
todo el kimbo ese frente a nosotros,
pegadito, pegadito. Esto explica que
ellos batallen más por romper la defensa
por el Sector No. 1. A cada rato tiran
los francotiradores, la bala pasa cerquita y nosotros bobos buscando, pero
no los vemos, aunque parece que no son
muy buenos, porque en realidad han
herido a pocos compañeros de las FAPLA y
a ningún cubano. Avanzan medio
encorvados y disparando.
En eso sí son indisciplinados como
carajo, pegan a avanzar a un kilómetro
y ya están tirando. Desde que salen es
tira y tira, y de aquí para allá
nosotros nada, hasta que no se acercan
no disparamos.
CAPITÁN FUENTES
En el techo de una casa ubicada frente a
nosotros está subido un francotirador.
Levanta un poquito nada más el zinc para
disparar el muy cabrón. El otro está en
el horno. A los dos los detectamos
rápido, porque conversando ahí, tac, el
tiro del jodido hombre que por fin
aniquilamos.
Todos, con los sentidos en máxima
tensión, esperan que tras la hecatombe
de llamas y explosiones, el enemigo
traslade el fuego de la artillería a la
profundidad, y desde las viviendas
situadas a escasos metros frente a
ellos, se abalance su infantería en un
nuevo intento de asalto final. No ocurre
así y en cambio se produce algo
inesperado. Cae con gran precisión
sobre la misma trinchera del Sector No.
1 una andanada de proyectiles de
mortero.
SOLDADO FÉLlX
Estamos todo el grupo apeñuscado en el
tramo de trinchera cubierto, que tiene
encima la cama de un camión llena de
tierra. Siento que, además de con los
morteros, están disparando con fusiles.
Me digo: "Coño... ¿estos locos vendrán
tirando debajo de la preparación
artillera?" y decido salir. En cuanto lo
hago, ¡oiga!, parece que el proyectil
cae en la parte de atrás, en la
esquinita de la trinchera. La impresión
que me da es que me han echado un camión
de tierra encima. ¡Me quedo sonámbulo!
Salgo dando tumbos para el puesto de
mando. Allí me desmayo y cuando me
repongo me llevan para el puesto médico.
Tengo cazacobra106 y todo
puesto, pero el médico me ve bañado en
sangre y pica todo eso con la tijera, me
deja casi en cueros.
SUBTENIENTE BERNIS
Estoy en el pozo de tirador cuando
empieza a incrementarse el fuego de los
morteros. Fuentes está como a dos o tres
metros, en un tramo de trinchera
cubierto, y me dice: “Ven para acá, eso
ahí no hay quien lo resista". En el
momento que voy a salir cae una granada
de mortero, recibo el impacto de
diecisiete esquirlas. Me caigo, pero
además se derrumba la pared de la
trinchera y me cae toda esa tierra
encima, solo me queda la cabeza y un
brazo afuera. Me embarga una sensación
como si todo se fuera alejando. Me viene
a la mente mi familia, me digo: "¿Será
posible que yo venga a morir tan lejos y
no pueda volver a ver a mis hijos?".
Todo eso ocurre en un instante antes de
perder el conocimiento. Los demás
piensan que estoy muerto. Me dejan allí
en espera de que amaine el fuego de la
artillería, incluso cuando empiezo a
recuperar el conocimiento siento los
pasos encima de mí, porque ellos se
mueven en la línea de trincheras.
Empiezo a mover la mano y la cabeza, a
llamar a la gente: "¡Caballero, sáquenme
de aquí!". Entonces un muchacho, uno de
Mayarí, dice: "¡Coño, el Chino está
vivo!". Van para allá dos o tres, me
sacan y me llevan para el puesto médico.
Se multiplica el ya irresistible olor a
pólvora quemada, el humo y el polvo que
insiste en pegarse a la piel
ennegrecida; martillan en los oídos,
junto a las ya habituales explosiones,
los quejidos y gritos de los heridos que
piden ayuda. Ante los enrojecidos ojos
de los defensores, muchos de ellos
semisepultados en sus destruidos
puestos de combate, una imagen terrible
supera lo presenciado hasta ahora por
quienes creían haberlo visto todo:
frente a ellos yacen inertes en las
trincheras derrumbadas y ya
inservibles, los subtenientes Pedro
Pérez Oliva y Miguel J. Espinosa García,
y los soldados José A. Bacallao Pérez y
Emilio Jardín López; allí también están
los cuerpos de tres soldados de las
FAPLA que hasta hace unos minutos
combatían heroicamente junto a los
internacionalistas cubanos. El
subteniente Ramón Martínez Nácer está
herido de muerte y el suboficial René
González Sarmiento también sufre serias
lesiones.
SOLDADO ROSABAL
Tengo dieciocho años y hace solamente un
mes que estoy en Angola. Reyes me dice:
"Víctor, ¡mataron a Miguel!". Me echo a
llorar allí mismo en la trinchera;
recuerdo que el día 3, cuando
desembarcamos bajo el fuego, a bala y
mortero todo el tiempo, él me había
dicho: "¡Si salimos de esta, tú te casas
con mi hermana!", y yo le respondí:
"¡Vamos a salir!". Y ahora resulta que
está muerto. Empiezo a gritar: "¡Aquí
hay que matar, coño, fuego!", me siento
como si estuviera en Cuba. Grito "¡Viva
Cuba libre! ¡Viva Fidel!".107
SOLDADO REYES
Cada vez que caía una andanada de
proyectiles, Miguel decía: "¿Reyes?" y
yo contestaba: "¡Tunas!", así sabíamos
que seguíamos vivos. Pero cae el mortero
y no oigo nada: "¡Tunas!, ¡Tunas!".
Corro para su pozo de tirador y veo que
le ha caído el mortero arriba. Es muy
doloroso. 108
SOLDADO VARGAS
Es muy difícil para mí cuando matan a
Jardín. Éramos del mismo barrio,
andábamos siempre juntos y habíamos
hecho veinte planes para cuando
estuviéramos en Cuba. Yo, con mis veinte
años, siempre lo estaba fastidiando
porque él era el único varón y tenía
varias hermanas. 109
CAPITÁN FUENTES
Jardín y Bacallao, los dos soldados que
mueren, son los que traje del Sector No.
3, uno tirador de ametralladora y el
otro de lanzacohetes. Ellos hacen como
una gaveta en el talud de la trinchera y
ahí se meten. Cae el proyectil y los
mata a los dos, derrumba la trinchera y
los sepulta. Tenemos que dejarlos en ese
lugar hasta que termina el combate.
Los que milagrosamente se mantienen
sanos no pueden darse el lujo de un
minuto de silencioso sufrimiento, hay
que atender de inmediato a los numerosos
heridos, abandonar las fortificaciones
destruidas, ocupar nuevas posiciones y
seguir combatiendo al enemigo que se
aproxima cada vez más, aprovechando la
protección que le brindan las
desvencijadas pero aún sólidas casas del
poblado.
CAPITÁN FUENTES
A Martínez esa mañana le digo: "Tú eres
el logístico y quien tiene que
garantizar el agua y la comida aquí
―jodiendo con él―, así que te voy a dar
el BRDM para que vayas a buscar agua".
Él era de origen moro, grandón y gordo,
al poquito rato viene y me dice: "Bueno,
capitán, ¿adónde hay que ir?”. Yo le
había puesto Moriviví, porque dos o tres
veces antes del cerco, lo habían cogido
los ataques del enemigo fuera del
campamento, y cuando pensábamos que lo
habían matado, se aparecía el Moro sano
y salvo. Teníamos una gran amistad,
habíamos hecho cuarenta planes para
cuando termináramos, hasta que yo fuera
al Segundo Frente donde él vivía.
SUBOFICIAL RENÉ
Para mí, es el día más difícil. Cae una
tonga de compañeros en el Sector No. 1.
Casi todos quedamos sepultados porque la
trinchera se derrumba. Como allí el
terreno es arenoso, los que no estamos
heridos logramos salir de debajo de la
tierra esa y ubicarnos en unos tramos de
trinchera cubiertos y una posición de
mortero. Ahí están también Martínez, el
logística, que ya cumplió la misión, y
un compañero de comunicaciones, en un
tramito de trinchera cubierto, esperando
que amaine el fuego un poco para poder
refugiarnos en otro lugar, cuando
explota una granada de mortero casi
dentro de ese tramo de trinchera
cubierto. Hiere mortalmente al logístico
y a mí me hace una herida en la espalda
que me impide caminar; no me siento las
piernas. Entre el compañero de
comunicaciones y yo tratamos de
arrastrar a Martínez, pero es un hombre
fuerte, más bien grueso, y no podemos.
Arrastrándome llego a la jefatura y digo
que Martínez está herido, que hay que
rescatarlo, y sigo a rastras para el
puesto médico. Allí Galván me cura y
dice: "Bueno, vamos a esperar a ver qué
pasa, si no te ha cogido el nervio de la
columna y te ha dejado inválido". Al
poco rato traen a Martínez ya agonizando
prácticamente y fallece casi de
inmediato.
En el Sector No. 3, frente a la cabeza
de la pista, pierde la vida el soldado
Manuel González Suárez. Ahora suman
siete los cubanos caídos en combate,
seis de ellos en este aciago día.
MAYOR SESSÉ
Siento una explosión grande, cerquita y
cuando miro, ellos están en el piso. Me
tiro allí y veo al cubano echando sangre
por dondequiera. Lo agarro, empiezo a
revisarlo y me doy cuenta de que está
muerto. Los angolanos también están
destrozados.
SOLDADO VÁZQUEZ
Le digo a Ciro, un tirador de
ametralladora que está conmigo: “ Voy a
darme un trago para nivelar los
nervios", pues todavía me queda un poco
de ron del último séptimo.110
No hago más que salir y me grita:
¡Vázquez, mataron al chamaco que tú
pusiste ahí!". Viro corriendo y veo la
mochila, el fusil y al compañero muerto.
Es la primera vez que choco con algo así
y me atacan los nervios, pero me digo:
"¡No, pa'lante, coño!", voy hasta el
puesto médico, me inyectan y vuelvo para
la trinchera.
SOLDADO FÉLIX
Algunos muchachos al principio se
alteran, se ponen mal, pero después de
que se sedan combaten igual que todos
nosotros. También hay unos pocos que no
son tan jóvenes y realmente no dan la
talla.
SOLDADO AMAURY
El enemigo se aproxima a la posición;
escuchamos sus groseras ofensas y los
vemos avanzar en columnas. Realmente se
aproximan mucho, pero ni uno llega a
nuestras trincheras, las defendemos a
toda costa.
MAYOR SESSÉ
Estos muchachos le dan inspiración a uno
para seguir combatiendo. Hay que caerles
atrás, porque son guapos de verdad. Yo
me digo: "Coño, tan nuevecitos, ¿será la
inexperiencia?". No, es el valor que
tienen los soldados cubanos, son guapos,
guapos. Yo me atrevo a decir que en
muchos casos tan guapos o más que el
jefe, te obligan a echar pa'lante,
porque yo no concibo que ningún soldado
vaya a avanzar más que yo, tengo que ser
ejemplo.
SUBTENIENTE GRANDÍA
Los soldados se portan valientemente.
Luchan en posiciones muy difíciles como
el Sector No. 1. Sin embargo, van para
allí a cumplir, reparan las trincheras
de noche y vuelven para su puesto. Son
muchas las muestras de valor, de
solidaridad. Ante la situación creada,
varios integrantes del puesto de mando
salen hacia el Sector No. 1 a prestar
ayuda.
TENIENTE CORONEL PERAZA
Me informan que mataron al jefe de
Retaguardia. Voy a salir a combatir y
los compañeros tratan de impedírmelo, me
siento indignado, desesperado. Al fin
salgo del puesto de mando y voy para el
Sector No. 1, allí está Martínez tendido
en la trinchera, a lo largo ahí, y yo
estoy sin fuerzas para dar un salto, me
veo obligado a pasar por encima de él
para seguir hacia donde está Fuentes.
Entonces veo a un soldado enemigo que
asoma la cabeza para disparar desde una
de las casas de la aldea, me apoyo en
una matica y le hago fuego con el fusil.
Sigo hacia el refugio del puesto médico
y cae una granada que me deja ciego y
sin respiración momentáneamente.
SUBOFICIAL RENÉ
El enemigo avanza desde la casa azul
parapetándose en las construcciones del
poblado y se nos pega a unos pocos
metros, porque las viviendas llegan casi
hasta la posición nuestra; son de
mampostería, fuertes, y el enemigo pasa
adentro, salta por las ventanas y
prácticamente sale delante de nosotros.
Cuando nos movemos nada más, disparan
con los fusiles a corta distancia sin
que logremos determinar desde dónde. Son
francotiradores vestidos de camuflaje y
con radios Racal, que encaramados sobre
los eucaliptos y en los techos de las
casas, hacen la corrección de tiro de la
artillería.
Un soldado se para frente al jefe de los
asesores y le dice: "¡Teniente coronel,
mire cómo me han puesto!". Tiene el
rostro totalmente cubierto de sangre,
parece una herida inmensa.
Afortunadamente, se trata solo de una
pequeña esquirla que ha penetrado en su
nariz, pero al pasarse la mano por la
cara el joven combatiente crea sin
proponérselo la imagen de algo mucho
peor y él es el principal asustado.
SUBOFICIAL RENÉ
Poco a poco me voy familiarizando con
Fuentes, siempre con el único casco que
se ve por todo aquello. Él asume, digo
yo, un papel importantísimo en el
combate. Se mueve constantemente dando
indicaciones. A toda hora uno ve el
casco aquel, al cambutica aquel ―los
angolanos a la persona gruesa le dicen
cambuta―, brincando de una trinchera a
otra, dándole ánimo a la gente:
"¡Resistan, caballero!". Teniendo en
cuenta que los sitiados tuvieron que
quemar las tablas de cifrado, es preciso
acudir a otras vías para conocer la
situación e impartir indicaciones, de
forma que no se conozcan por el enemigo.
SUBOFICIAL RENÉ
Para no hablar en lenguaje claro, pasa a
primer lugar la famosa charada en las
comunicaciones. Mediante los animales,
los objetos y el resto de las cosas que
representan los números de la charada,
se informa, por ejemplo, la cantidad de
heridos, las bajas, cuándo necesitamos
aviación, cuándo van a llegar refuerzos,
por qué parte van a entrar, esas cosas
se van comunicando mediante la charada.
CORONEL LUSSÓN
Me acuerdo que hay gente vieja allí y
digo: "Oye, ve a ver quién conoce bien
la charada ahí, ¿tú sabes lo que es
cura?". "Sí, sí". ¿Tú sabes lo que es
majá?". "Sí, sí". ''Ah, bueno, pues majá
pa' ti". Majá es 21; cada vez que vaya
decir que los Mig-21 van para allá,
digo: "Oye, majá pa' ti". Otras veces,
como allí hay gente de Santa Clara que
conoce a Chaflán,111 aquello
de que cuando se quita el sombrero es
mentira y cuando se lo pone es verdad,
digo: "¿Tú conoces a Chaflán". "Sí".
"Bueno, pues mira, con sombrero..." o
"sin sombrero..." y la gente entiende.
TENIENTE MAURI
A cada telegrafista de las tripulaciones
de los An-26 se le da una hoja con la
charada.
PRIMER TENIENTE PEDROSA
Se nos dice casi en lenguaje claro "oye,
los ratones están oyendo" y empiezan a
hablar con la charada. Me ponen en una
situación crítica porque no viví esa
época, no la conozco. Uno dice: "Poll se
sabe la charada", lo mandamos a buscar y
se copia completa. Ya cuando dicen gato
se sabe que es el número cuatro y si
oímos: ''Anguila para Guamá" es que
viene un An-26.
Los radares detectan aviones
sudafricanos en vuelo de patrulla al
norte de Longa y en el puesto de mando
de Menongue se toman medidas
pertinentes.
MAYOR ROMERO
Durante la segunda misión, después de
recorrer aproximadamente venta
kilómetros en la travesía hacia
Cangamba, el navegante nos indicaciones
de que se dirigen hacia nosotros aviones
Mirage. Botamos las bombas y pasamos a
la variante aire-aire, curso 100 contra
Mirage, pero a la distancia de treinta
kilómetros nos ordenan ir al aeródromo.
TENIENTE CORONEL HENRY
Estoy tirado en la rampa, bajo el ala
del avión, conversando Quesada en espera
de que nos toque el próximo vuelo.
Menongue en esa época tiene una
característica: si te pones al sol
sientes un calor terrible; pero te metes
en una sombra y hace tremendo frío. En
eso veo el avión de Oscar Romero, que
acaba de despegar. Viene que jode, a una
velocidad inusitada, y además por el
tiempo transcurrido no puede haber
llegado ni a la mitad del trayecto hacia
Cangamba. No trae tanque auxiliar ni
nada, viene pelado, aterriza y todos
vamos para la rampa. El problema es que
los radares de Lubango detectan varios
Mirage y Martínez ordena el regreso de
los aviones. Vaya vedo; le pregunto:
"Pero, ¿qué hacemos?, si no vamos para
allá, se van a comer a esa gente". Me
dice que sí, que él entiende eso. Desde
luego, lo más correcto fue virar los
aviones, pues no llevan armamento para
el combate aéreo y tú no te puedes fajar
con un Mirage con bombas.
CORONEL MARTÍNEZ PUENTE
Aparecen en los radares dos aviones
sudafricanos. Bueno, cualquiera piensa
"mandamos dos o mandamos cuatro y
combatimos con ellos", pero yo me digo
"¿es la misión principal nuestra en este
momento? No, no lo es". Por eso aunque
algunos quieren acopiar armamento para
fajarse con los sudafricanos, digo "no,
un momento, no hay fajazón con ningún
sudafricano, vamos a rehuir el combate,
ellos se tienen que ir". Mando a parar
los aviones, a reforzar la defensa
antiaérea del aeropuerto, doy alarma
para la protección de la gente, pero
dejamos los aviones artillados con
armamento aire-tierra. Como a los veinte
o veinticinco minutos, en el radar los
dos aviones sudafricanos se convierten
en dieciséis. O sea, soltaron dos más
alto para que los vieran los es y abajo
la gran masa para que no la capten.
Ponen dos como señuelo para que nos
tiremos y entonces salir ellos con el
resto y acabar con la aviación nuestra.
En esa trampa no caemos. Se retiran los
sudafricanos y nosotros seguimos nuestro
combate.
TENIENTE CORONEL HENRY
Le propongo a Lussón seguir cumpliendo
las misiones, pero con una pareja de
cobertura con armamento aire-aire; lo
acepta. Se lo planteo a Martínez y él
decide que los aviones de Olivo, que
tienen menos posibilidades para el
combate aéreo, vayan con cobertura de
los Mig de Lubango.
Parten hacia Cangamba dos parejas de Mig-21.
Una de ellas va artillada con bombas y
cohetes C-S para apoyar a los defensores
de la aldea y la otra lleva armamento
aire-aire, con la misión de dar
cobertura a la primera. Hacen sin
problemas la travesía hasta Cangamba y
atacan las posiciones enemigas, pero al
regreso aparecen nuevamente aviones
sudafricanos al norte de Longa.
TENIENTE CORONEL HENRY
Cuando venimos de regreso me dice el
teniente coronel Gómez Verdia, del
puesto de mando de Menongue, "hay
aviones enemigos en Longa". A Quesada y
a Raúl Fernández, que es el jefe de la
pareja que viene de cobertura, les digo:
"Conectando la mira, conectando los
cohetes, rompiendo por la izquierda", o
sea, empiezo a dar órdenes como si
tuviéramos de todo. En realidad no
podemos romper para ninguna parte, no
hay combustible, de Longa para acá,
venimos planeando para llegar a Menongue.
Pero bueno, antes de dar todas esas
órdenes, les hago señas con el avión de
que no me hagan caso, les meneo la cola
y empiezo a dar órdenes por radio:
"¡Rompe por la izquierda!, ¡rompe por la
derecha!", iy los Mirage se fueron!
"¡Son unos pendejos!", grita eufórico
uno de los pilotos cubanos.
A las 10:15 horas, el general de brigada
Romárico Sotomayor García, jefe de la
Agrupación de Tropas del Sur, se
incorpora a la Columna de Huambo,
cuando todavía la separan setenta y ocho
kilómetros de Munhango. Es poco lo que
permiten avanzar los obstáculos
naturales y el enemigo que se empeña en
retardar su marcha.
GENERAL DE BRIGADA SOTOMAYOR
Le digo al general Polo: "Jefe, hace
falta que usted me autorice darle una
vuelta a la columna a ver cómo va". Voy
hasta Munh y me quedo allí esa noche. En
vez de retornar para Huambo Menongue,
pido permiso para seguir al frente de la
columna, porque tengo una gran
responsabilidad como jefe de la
Agrupación de Tropas del Sur.
SOLDADO DARÍO REYES
Al general lo veo como a los tres días
de estar en el trayecto. Se detiene allí
con nosotros como si fuera uno más de la
columna, dándonos aliento: "¡Vamos, la
gente está allá fajada y hay que llegar.
Caminamos y dondequiera vemos que el
enemigo ha estado posicionado en ese
lugar. Cuando cae la noche, paramos,
establecemos la circular con pozos de
tirador y todo. Es un trayecto difícil
por completo porque se marcha a campo
traviesa de forma muy lenta atravesando
monte, no son dos o tres maticas, es
selva con panales de abejas africanas en
los árboles, más el hostigamiento de la
UNITA, realmente terrible.112
CORONEL VILLEGAS
Polo me pide que hable personalmente con
Sotomayor sobre la marcha de la columna.
Salgo en un helicóptero de las FAPLA,
uno de los chiquitos que ellos tienen, y
nos tiramos en Cuemba donde hay un
batallón angolano, pensando que ya la
columna está allí. Nos dicen: "Los
cubanos, si están, es mucho más atrás".
Tirándonos nosotros empieza la UNITA a
disparar con morteros y los FAPLA a
meterse en los huecos. Le digo al
piloto: "Mira, aquí lo mejor es tratar
de arrancar e irnos ahora mismo pa'l
carajo, porque le van a meter un
morterazo al helicóptero y nos vamos a
tener que quedar aquí sin cumplir la
misión". Así lo hacemos y tenemos que
volar un buen rato para llegar a donde
está la columna.
"Jiquí, Guamá. Hoy, 034: jicotea; 035:
jicotea doble".113
Aproximadamente al mediodía Cangamba
informa del intenso ataque y las
numerosas bajas sufridas. Aprecian que
les están haciendo fuego entre cincuenta
y sesenta piezas de artillería y
morteros, que ahora no cesa ni cuando
actúan los aviones. No obstante, también
se recibe una buena noticia: gracias a
los fuertes golpes de la aviación,
sobre las 13:00 horas el enemigo
abandona la hilera de casas más cercanas
a la posición, frente al Sector No. 1,
las cuales están ardiendo.
TENIENTE MAURI
Hay muy pocos puntos de referencia: la
casa azul, la iglesia, la pista y el
terreno de fútbol. Con esos cuatro
puntos se opera. La cooperación es
grande con la aviación de caza, porque
ellos bajan más para el tiro nos marcan
los blancos. Le dicen al An-26: "¡Viste
donde te marqué, tíralas todas ahí!",
porque ellos vienen más rápido, bajan
más y aprecian mejor el terreno.
Nosotros estamos alto, somos
prácticamente un puesto de mando volante
armado. Después que ellos terminan el
trabajo, entramos nosotros y tiramos
las bombas donde ellos han marcado.
Mientras tanto, en Luanda, el jefe de la
Misión Militar Cubana se reúne con el
presidente Dos Santos, el ministro de
Defensa Pedalé y el jefe del Estado
Mayor General de las FAPLA, coronel
N'Dalu.
GENERAL DE DIVISIÓN CINTRA FRÍAS
Los angolanos con nosotros son sumamente
cuidadosos, nunca nos dicen "hay que
hacer esto" sino hacen su propuesta de
cómo desean que los ayudemos. Esta se
analiza y por nuestra parte tomamos la
decisión, consultamos a nuestros jefes y
después les informamos "se puede hacer"
o "no es posible". Además siempre
escuchan con mucho respeto nuestras
opiniones y generalmente coincidimos.
A las 15:16 horas despegan en Huambo
rumbo a Luena los helicópteros H-08,
H-47 y H-32, con ellos mejora
sensiblemente la situación existente
con esas naves, de las que solo quedaba
una de alta.
CORONEL CALVO
Nos sentimos muy mortificados, es el día
más difícil para nosotros porque no
tenemos helicópteros y la situación allá
abajo es terrible. Nos vemos
prácticamente sin posibilidades de hacer
algo y nos damos a la tarea de ver cómo
podemos tirarles armamento yagua a los
compañeros que están cercados. Cogemos
el único helicóptero que nos queda y
vamos para un polígono que hay cerca de
la pista de Luena; llevamos un balón de
oxígeno lleno de agua y lo lanzamos a
mil y pico de metros, ¡se desaparece!,
se clava como si fuera una bomba.
Tiramos también cajas de cartuchos de
fusil envueltas en colchones, pero
cuando caen explotan y no queda nada.
Entonces sacamos los cartuchos y
empezamos a pincharlos en colchones, una
caja completa, y todos quedan intactos.
Tenemos la idea "bueno, si no hay otra
posibilidad... ", pero en eso llegan los
compañeros de Cuba y preparan las para
el An-26, ya no hay necesidad de
hacerla. También traen de Luanda
helicópteros y piezas de repuesto de
segunda mano. Algunos incluso están
dados de baja por vencimiento, pero
vamos a utilizarlos mientras no implique
un peligro de muerte.
TENIENTE CORONEL TELMO
Llaman y dicen que hace falta un juego
de palas. Voy para el almacén donde
están los supuestamente inservibles o
para mandados a repararlos a la Unión
Soviética, reviso hasta que encuentro
uno completo, no tiene ningún golpe, y
lo envío en un avión rápidamente para
Menongue. Un tanque de combustible que
ha sido averiado, cogemos uno de
cualesquiera de los helicópteros que
están allí en proceso de reparación y lo
mandamos también para allá. Es algo de
mucha tensión. Mientras, en la aldea,
pese a la conmoción producida por el
alto número de compañeros caídos,
continúa firme la resistencia de
cubanos y angolanos en el pequeño
reducto que aún conservan.
CAPITÁN CHIONG
Los morteros que están detrás de la
iglesia nos están golpeando fuerte y le
pido a Henry que los destruya. Yo estoy
un poco alterado por el daño que nos
están haciendo, y le pregunto:
"¿Destruiste los morteros, mi hermano?",
se lo digo alteradito ¿no? Él me
responde: "No, no les di, pero si no les
doy con los cohetes que me quedan, ¡me
voy a tirar contra los morteros!". "Oye,
no tienes que tirarte contra nada, usted
destruye esos morteros, y si no puede,
va, carga de nuevo, viene y lo hace;
nosotros vamos a seguir aguantando
aquí". Me dice: "¡Oye, yo no tengo miedo
a morir!", está alteradísimo, en
definitiva hace el pase, destruye los
morteros y todo queda entre hermanos.
TENIENTE CORONEL HENRY
Al avión mío, al C-111, le meten
cincuenta y seis perforaciones, le ponen
de baja el motor. Como Riverón está para
Huambo, cojo su avión, el C-55, que
tiene un derrape114 que
Riverón conoce porque siempre lo está
volando, como yo conozco las cositas del
mío. Cuando entro y tiro, como no me
percato del derrape, los cohetes se me
van. Vaya, ¡algo espantoso!, porque yo
quiero cumplir con Chiong, quiero darle
a aquello porque además Chiong me está
volviendo loco y yo no me empato con...
hasta que por fin me doy cuenta, en una
de esas veo que la bolita de la mira se
me va y entonces puedo darle al
objetivo.
CAPITÁN FUENTES
En horas de la tarde me siento mal por
todo lo ocurrido. Necesito ver los demás
compañeros, conversar un poco. Voy hasta
el puesto de mando y tan pronto llego
allí es mucho lo que pone el enemigo,
tengo que retirarme para mi sector bajo
el fuego de la artillería. Cuando
“escampa", voy hasta el Sector No. 2:
allí me dan agua, conversamos algunos
señalamientos sobre la organización de
la defensa. En ese sector está el
pelotón de morteros, que ya tiene dos
piezas destruidas y para la restante no
hay parque. Le propongo a Peraza que me
dé el pelotón completo para reforzar mi
sector, por ser el más afectado y donde
el enemigo intenta romper con mayor
insistencia. Peraza está de acuerdo y
después de unos instantes de discusión,
el mayor Sergio accede a entregado. Es
un pelotón bien dirigido y cohesionado
por su valeroso jefe, el subteniente
Grandía, me reúno con ellos, a algunos
no les gusta mucho la idea pero el
malestar dura poco, les explico y
comprenden la realidad. Me vuelve a
coger la lluvia de artillería y me quedo
dormido un rato. Salgo de allí cuando
oscurece.
SUBTENIENTE GRANDÍA
Yo soy el jefe del pelotón de morteros,
pero la artillería del enemigo es muy
potente y grande, está tirando
posiblemente con morteros de 120 o 160
milímetros en grandes cantidades y con
rampas también. Nos tiene prácticamente
neutralizados. Por eso el teniente
coronel Peraza manda un enlace para que
me presente en el Sector No. 1 y apoye
la defensa con los hombres del pelotón
actuando como infantería, ya que el
enemigo va a tratar de romper por esa
zona que está muy cerca de las casas,
con lanzacohetes y lanzagranadas. Me da
la orden de que ocupemos la defensa con
el capitán Fuentes.115
SOLDADO OSNEL
Por la tardecita llega Grandía y dice:
"Pelotón de morteros para frente al
puesto de mando", que es donde está la
situación más dura y ha que apoyar allí.
Siempre alguno refunfuña pero al final
el pelotón completo, menos dos, se
incorpora al Sector No. 1.
SUBTENIENTE CÁNDIDO
Los ataques del enemigo tienen una
agresividad extraordinaria. Ellos
queriéndonos quitar la posición que
tenemos y nosotros diciendo mientras
quede uno en pie, no la cogen. Esta
tierra, con la preparación artillera que
le hacen, tiembla; eso nos lo ha
enseñado Fidel: la tierra puede temblar,
pero los hombres no. Mientras quede un
cubano con un arma, ¡no podrán coger Cangamba!
SOLDADO FÉLIX
La zanja de comunicación entra de frente
al refugio del puesto médico, no en
forma de L ni nada de eso. En la misma
puerta hay literas y yo me acuesto en la
de arriba. Bernis me dice a cada rato:
"Félix, quítate de ahí" y yo "Chino,
déjame quieto ya". No le digo que lo que
tengo en mente es que esa gente no me va
a coger vivo. Si toman la posición, mi
idea es que cada vez que se pare uno en
la puerta matarlo, hasta que me vuelen
allá adentro. Por eso no me quiero ir de
allí y el Chino peleándome todo el
tiempo como si yo fuera hijo suyo,
¡figúrate tú! En esta situación es mejor
ni discutir, sino quedarme callado allí
en mi literita de hierro.
Ya en Cangamba son más de las 17:00
horas cuando aún es mediodía en La
Habana. El general de división Senén
Casas Regueiro le comunica
detalladamente al Ministro de las FAR la
situación de los sitiados. De inmediato
esta información se pone en conocimiento
del Comandante en Jefe. Mientras tanto,
en Luanda, a las 18:00 horas se reúne el
Consejo de Defensa Nacional de Angola.
El ministro de Defensa Pedalé pide al
general de división Cintra Frías que el
Comandante en Jefe hable con los
soviéticos para acelerar los
abastecimientos.
SUBTENIENTE CÁNDIDO
Le damos al kwacha del M-79, sale de un
montecito y le ponemos caña cubana. De
nuevo nos caen encima, les tiramos con
todo lo que tenemos. Ante la situación
existente, oriento recoger los cartuchos
y cargadores de los compañeros que no
pueden seguir combatiendo. El bombardeo
continúa sobre nosotros de manera muy
efectiva, al parecer tienen tremendo
corrector de tiro. Cuando cogen una
línea de trinas, ¡eso no tiene para
cuando acabar!
El coronel Lussón conversa personalmente
a las 17:38 horas con los cercados, la
comunicación radial exige economía de
palabras: ''Todo lo que se prometió se
cumplirá, nunca ha estado más cerca la
victoria. Felicitaciones, confíen en
nosotros, les resolveremos, resuelve tu
tarea. ¡Patria o Muerte! ¡Viva Dos
Santos! ¡Viva Fidel!".
MAYOR SESSÉ
En la tardecita, aproximadamente a las
siete de la noche, empezamos a
injuriarnos mutuamente el enemigo y
nosotros. Ellos me dicen cosas y yo le
contesto. Me paro en una alturita,
porque ya es casi de noche, y:
"Manténganse ahí, que mañana les vamos a
tirar las tropas es cubanas y vamos a
ver para dónde ustedes van a huir, les
vamos a ocupar todas las salidas", se me
ocurre eso para meterles miedo y
talmente parece que Lussón me está
oyendo allá en Luena.
Esa noche una segunda columna blindada
parte de Menongue116 en
dirección norte, para desplazarse
posteriormente por el itinerario Tempué-Cangamba.
La tropa está integrada por un batallón
de tanques, una compañía de infantería
motorizada en transportadores blindados
BTR60-PB, una batería de lanzacohetes
múltiples BM-21 y un pelotón de
instalaciones antiaéreas
autopropulsadas Shilka. Se le ordena
marchar también durante la noche.
SUBTENIENTE FIGUEROA
Yo estoy en la Fílmica de Luanda, en
espera del relevo. El coronel Saucedo,
jefe de la Sección Política de la
Misión, me llama y me dice:
"Fílmico, prepare sus medios que va a
salir a cumplir una misión", no me dice
dónde ni de qué se trata aunque, cuando
llego al albergue me entero de que hay
una pequeña unidad cubana sitiada. Me
entra eso de cuando uno está cumplido y
lo designan para una misión, incluso le
entrego mi reloj a un compañero para si
me pasa algo se lo haga llegar a mi
hijo, y le dejo también los negativos
para que los mande para Cuba. Cuando
llego a Menongue me presento al político
del regimiento y de entrada me pregunta:
"¿Dónde está su fusil?". "No, yo no
tengo fusil". "¿Cómo que no tiene
fusil?". Con la misma me da uno de allí
de la unidad y me incorporo de inmediato
a la columna que se está organizando.117
CORONEL SUÁREZ
Salimos a eso de las ocho de la noche,
nos retrasamos esperando batallón de
infantería que deben damos las FAPLA,
hasta que por llega, aunque no completo,
solamente dos compañías. Avanzamos noche
por carretera cincuenta kilómetros y de
ahí nos desviamos hacia adentro. Cuando
caminamos unos veinte kilómetros, a eso
de las doce de la noche, decido acampar
y ver el terreno como está, pues
llevamos una pipa de combustible de
treinta o veinte mil litros que, cuando
el terreno ―al dejar la carretera y
coger los arenales―, lo primero que
pienso es que no va a llegar y debo
buscar una solución para llevarme el
combustible ese.118
El reloj marca las 16:15 en la oficina
del general de división Senén Casas,
cinco horas menos que en Luanda, cuando
recibe una nueva información de la
Misión Militar Cubana en Angola. En ella
comunican que ha sido la jornada más
violenta y difícil en Cangamba; no
obstante, aprecian que los sitiados aún
pueden resistir al menos dos días más.
TENIENTE CORONEL PERAZA
Como todos los días, a las 20:00 horas,
nos reunimos la jefatura y el Partido
para evaluar la situación, que hoy ha
sido especialmente difícil. El mando
angolano designa, como cada noche, un
grupo de hombres para que vaya a una
pequeña ciénaga que hay al sur de la
aldea a buscar fango. Se destila con
gasa y esa es el agua que se les da
preferentemente a los heridos y
enfermos, y después al resto del
personal.
SUBOFICIAL RENÉ
Por la noche Ricardo manda a unos
sanitarios angolanos, arrastrándose por
dentro del caserío, a buscar agua en
unas cantimploras. Realmente traen más
fango que otra cosa, pero bueno..., al
menos se le puede poner a los heridos un
poco de algodón húmedo en la boca. Son
acciones bonitas, valientes, de ellos en
medio del combate.
Durante la tensa jornada se realizan
veintiocho vuelos de la aviación
reactiva y siete de transporte. Resultan
averiados dos Mig-21, uno de ellos el
del teniente coronel Henry Pérez. Ahora
solo se dispone de cuatrocientos cohetes
C-S. Si el enemigo ataca nuevamente,
habrá que tirarlos todos, el domingo.
Posteriormente el Comandante en Jefe se
reúne con el general de división Senén
Casas Regueiro. Se envían cables a
Luanda con instrucciones precisas.
GENERAL DE DIVISIÓN CINTRA FRÍAS
Hay que mantenerles la aviación encima,
además de que lo necesitan realmente es
también un problema psicológico. ¿Qué
pasa?, cuando la UNITA siente el avión
no tira prácticamente con la artillería,
se va el avión y de inmediato empiezan
con los morteros, los fusiles, con todo.
Hasta por la noche tenemos a veces un
An-26 volando, que ellos lo oigan,
porque es muy duro sentirse abandonado,
aunque saben también lo que va por
tierra para allá, se les dice.
PRIMER TENIENTE ORTEGA
La táctica es tener siempre durante la
noche un avión volando sobre Cangamba;
haciendo bulla y como puesto de mando,
porque si disparan se ve de dónde sale
y ahí mismo les metemos las bombas, eso
les aplaca las ínfulas de superioridad.
Es la tarea de nosotros, mantenernos
allí hasta el amanecer en que
prácticamente nos releva la aviación
reactiva y los helicópteros. Como se
bombardeó muy severamente durante el día
y el enemigo también disparó mucho con
los morteros, hay una capa de polvo que
se ve medio rojiza en la oscuridad, y
distinguimos más o menos que esa es el
área de la aldea. Pero como no hay
puntos de referencia y además la noche
es muy oscura, no nos decidimos a lanzar
las bombas por miedo a afectar a
nuestras tropas.
Nos mantenemos sobre Cangamba dos horas,
orbitando y orbitando. El An-26 puede
estar unas cinco horas y media en el
aire con todo el combustible, pero
llevamos cuatro bombas de 500
kilogramos, dos a cada lado del
fuselaje, son enormes, la parte de atrás
de la primera casi toca la espoleta de
la segunda: dos toneladas más de peso,
además carga externa que hace más
resistencia al aire y el consumo de
combustible aumenta. Tomo altura para
disminuir el consumo, pero eso reduce la
apreciación visual, que de noche es
mínima. No tenemos comunicación con
Cangamba, aunque sí con Lussón que está
en Luena. Estamos volando cerca de
cuatro horas, creo que es el An-26 que
más tiempo se mantiene en el aire.
Aterrizamos en Luanda a punto de
amanecer, ya casi sin combustible y con
un procedimiento a ciegas, pues el
casimbo es terrible.
PRIMER TENIENTE PEDROSA
Cuando no hay aviones encima de nosotros
nos caen a morterazos, sin embargo,
cuando tenemos el An-26 allá arriba
tiran menos. Ellos cuidan porque viene
cargado de bombas y puede liquidar sus
piezas de artillería. Por eso le
comenzamos a llamar "el paraguas", me
parece que es un soldado el que lo
bautiza así, porque cada vez que viene
tenemos un respiro por la noche para
darles mantenimiento a las trincheras,
ya que por la cantidad de proyectiles
que nos tiran se derrumban. Cuando se
siente el ruido del avión, la gente
dice: "¡Coño, al fin!, por ahí viene el
paraguas".
CORONEL CALVO
En Luena y Menongue, cuando concluyen
los vuelos, se plantean las misiones a
los helicópteros y a la aviación
reactiva: "Tú tienes que llegar a tal
hora", "tú vas aquí y tú aquí". Lussón
nos plantea la misión a nosotros ―a
veces directamente Polo―, y a partir de
ahí hacemos la formación y le planteamos
las misiones al personal: "Mañana van a
volar fulano y fulano con los
helicópteros tal y tal, vamos a llevar
tropas, salimos a tal hora".
Esa noche, por primera vez, no se
detecta movimiento de vehículos enemigos
en la aldea.
*Tomado del libro Cangamba, de
Jorge Martín Blandino, publicado por la
Casa Editorial Verde Olivo, Ciudad de La
Habana, 2006. pp. 147 – 169.
Notas
106 Nombre con que se
conocía a una prenda multiuso que servía
de abrigo y saco de dormir.
107 Entrevista realizada
por el director Rogelio París a Víctor
Milanés Rosabal, integrante del
refuerzo.
108 Entrevista realizada
por el director Rogelio París a Ventura
Reyes Núñez, integrante del refuerzo.
109 Entrevista realizada
por el director Rogelio París a Raimundo
Vargas Yera, fusilero.
110 Cada siete soldados
se asignaba mensualmente una botella de
ron de 760 mililitros, de ahí el nombre
de “séptimo” con que se conocía a la
norma individual.
111 Famoso humorista
cubano, ya fallecido, que residió
siempre en esa ciudad.
112 Entrevista realizada
por el director de cine Rogelio París a
Darío Reyes Fonseca, integrante de la
Columna de Huambo.
113 Jicotea corresponde
al número 6 en la charada. A su vez, 034
y 035 significan muertos y heridos,
respectivamente, en la tabla de cifrado
manual. Por tanto, se informan seis
mortales y doble número de heridos.
114 Deslizamiento lateral
por descompensaciones técnicas de la
nave.
115 Declaraciones en el
documental Cangamba.
116 Esta columna, al
igual que la de Huambo, recibió diversas
denominaciones durante los días de
combate. Para evitar posibles
confusiones, en lo adelante se le
llamará siempre Columna de Menongue.
117 José A. Figueroa
Daniel, camarógrafo y fotógrafo cubano.
Había ido a Angola dieciocho meses antes
para filmar un reportaje sobre la guerra
en ese país, pero su estancia se
extendió por diversas razones.
118 Juan A. Suárez
Manero, entonces segundo jefe del RIM de
Lubango y designado al te de la Columna
de Menongue. |