Año VII
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2008

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Crónicas de la Revolución
Aniversario 50 de la invasión rebelde
William Gálvez • La Habana

El tiempo es indetenible y a pesar de que siempre pensamos que los años son interminables, estos van pasando, y también nuestros cumpleaños, por lo general sin darnos cuenta de cómo transcurren, pero los aniversarios más importantes son de los hechos victoriosos o reveses que forman parte de nuestra historia patria. Celebramos el primero con mucha alegría, los segundos con dignidad, sobre todo si tuvimos el honor de participar en ellos, y lo fuimos repitiendo, hasta que llegamos al quinquenio, al decimoprimero, al decimosegundo, y de momento hemos llegado a los 50 años.

Realmente resulta emocionante poder llegar con vida a ese aniversario. Otros que fueron protagonistas en mayor o menor grado no lo han podido celebrar, ya porque murieron en la lucha por lograr el triunfo revolucionario, o defendiéndola desde entonces, pues los enemigos de adentro y de afuera no han dejado de agredirla desde su inicio, o en cumplimiento de una misión internacionalista, o producto de alguna enfermedad. Pero seguirán siendo los eternos presentes-ausentes. Y precisamente en este agosto celebramos el quincuagésimo aniversario, el medio siglo de la partida de la Sierra Maestra de dos Columnas del Ejército Rebelde, con la misión de llevar a cabo la invasión al centro y al occidente del país, lo que sería el inicio de la ofensiva revolucionaria. Aunque también celebramos el 6 de este mes un aniversario similar de una grandiosa proeza, sin la cual no hubiese sido posible el plan invasor, y ella fue la derrota de la mayor ofensiva enemiga contra el principal frente de combate en la Sierra Maestra, bajo la dirección de nuestro eterno Comandante en Jefe Fidel Castro. La que titularon como Plan FF, que unos la traducen en Fase Final o Fin de Fidel, pero hay quien ha dicho que se aviene mejor a Fin de Fulgencio (nombre del tirano Batista), y el tiempo demostró que así fue.

“El Ejército Rebelde, después de 76 días de incesante batallar en el frente número Uno de la Sierra Maestra, rechazó y destruyó virtualmente a la flor y nata de las fuerzas de la tiranía, ocasionándole uno de los mayores desastres que pueda haber sufrido un ejército moderno, adiestrado y equipado con todos los recursos bélicos, frente a fuerzas militares no profesionales circunscritas a un territorio rodeado de tropas enemigas, sin aviación, sin artillería y sin vías regulares de abastecimiento de armas, parque y víveres.” (Informe del Comandante en Jefe Fidel Castro acerca de la ofensiva final de la tiranía).      

Una vez derrotada la ofensiva enemiga, el Comandante en Jefe está convencido de la necesidad de ampliar la guerra más allá de Oriente. Esta claro para él que la guerra que se circunscriba a una sola región se estanca y a la larga será aniquilada, salvo que hubiese conquistado el territorio que le interesaba. Por lo tanto, todo jefe militar tiene que ir ampliando el terreno de sus operaciones. Desde los más remotos conflictos armados, este es un principio clásico. Muchos tuvieron éxito, otros no, pero siempre es valedero, más cuando el poder político, económico y militar contra el que se lucha está en otra región, y no en la que se libran los combates.

En nuestra historia guerrera por la independencia del colonialismo español, cuando se consideró necesario se intentó la invasión en más de una ocasión en la década gloriosa, pero infructuosa, de 1868 a 1876, que no pudo ir más allá de la provincia de Las Villas en 1875, bajo la dirección del genial Máximo Gómez. La incomprensión y el regionalismo se interpusieron y aquel empeño se malogró.

No sería hasta 1895 que tan necesaria empresa culminaría exitosamente para el Ejército Libertador, que extendió la Guerra Necesaria hasta lo más occidental de Cuba, ahora al mando del genio militar de Antonio Maceo.

El reciente éxito militar revolucionario en la Sierra Maestra ofrecía una oportunidad única para poner en práctica el plan invasor, parte de la estrategia de Fidel para vencer a las fuerzas armadas del tirano, y crear de las columnas que realizarían la invasión rebelde. En Oriente, las operaciones del Ejercito Rebelde eran exitosas e invulnerables. Además del centro y vanguardia heroica en el Primer Frente José Martí, existían el II y III Frentes, Frank País y Mario Muñoz al mando de los comandantes Raúl Castro y Juan Almeida, respectivamente.

En el centro del país existían también destacamentos guerrilleros, pertenecientes a nuestra organización MR-26-7, el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, el Partido Socialista Popular y el Segundo Frente Nacional, de igual forma se iniciaba la lucha armada en Pinar del Río. Sin embargo, aún no estaban consolidados. Agreguemos que la lucha clandestina se había recuperado y se fortalecía en todas las ciudades de la isla, después del descalabro de la Huelga de Abril. Para todos ellos el plan invasor será de gran estimulo y acicate para lograr el triunfo definitivo.

No son pocos los que al conocer la magnitud de aquel empeño pensaron que las tropas seleccionadas para conducir la guerra hasta el extremo occidental de la isla, al ser acosadas por las superiores fuerzas que disponía el enemigo, serían gradualmente aniquiladas durante los combates que se verían obligados a librar. Nunca faltan escépticos. Pero el gran visionario que siempre ha sido Fidel no lo creía así. No es posible imaginar que ordenara una misión sin tener posibilidades de éxito. Esta vez no ha de ser una excepción. No obstante, para realizar el audaz proyecto era imprescindible la selección de jefes de gran temple, inteligencia y poseedores de una sólida moral, fortalecida por la convicción de entregarse por entero a la causa revolucionaria.

La guerra, en su impetuoso desarrollo, había permitido que muchos compañeros se destacaran y pusieran de manifiesto sus dotes para el mando. Che y Camilo están entre los primeros y fue a ellos a quienes Fidel designó la misión de dirigir la Invasión hasta el centro y occidente de la isla, o sea, hasta las provincias de Las Villas y Pinar del Río. La orden del Comandante en Jefe no resultaba imposible de cumplimentar; pero era en extremo riesgosa y difícil, debido al largo recorrido que deben hacer las tropas invasoras por un territorio prácticamente desconocido, además de ser llano en su mayor extensión. Tampoco se pueden descontar los enormes recursos que el enemigo concentraría contra las columnas que marcharían por dicho territorio en cuanto detectaran su presencia. Pero Fidel estaba seguro de que el plan se llevaría a cabo, por tal razón expreso:

“Las columnas rebeldes avanzaran en todas direcciones hacia el resto del territorio nacional sin que nada ni nadie la pueda detener... El Pueblo de Cuba debe prepararse a auxiliar a nuestros combatientes. Cualquier pueblo o zona de Cuba puede convertirse en los próximos meses en campo de batalla”. (Documento citado, 18 y 19 de agosto, 1958. Radio Rebelde).

“El 50 aniversario de la Invasión Rebelde”, recoge desde la fecha de salida de las dos columnas, hasta que llegan a la antigua provincia de Las Villas. Las respectivas campañas militares de los dos destacamentos guerrilleros en territorio villareño no se incluyen, lo que tal vez pueda hacerse más adelante con la misma estructura, incluyendo las acciones de las otras organizaciones que allí combatieron.

 

Continuará…
 

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