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Se dice que aunque desde pequeña María
de los Ángeles Santana estudió música,
jamás soñó con la escena, pero un día,
un amigo que conocía de su inclinación
por las artes, le pidió que participara
en una película.
—Cantando lo que quieras, le dijo.
Y así comenzó su carrera artística, casi
por accidente, esta gran dama de la
escena, quien interpretó en 1938 el
bolero “Si me pudieras querer” de su
amigo Bola de Nieve en uno de los
primeros filmes sonoros realizados en
Cuba: Sucedió en La Habana,
dirigido por Ramón Peón.
Desde entonces María recibe los más
entusiastas elogios y su vida se
transforma en un torbellino: cine,
teatro, radio y televisión.
En todos esos medios ha dejado su huella
esta mujer excepcional que el pasado dos
de agosto cumplió sus primeros 94 años
de vida, lo que no le impidió, sin
embargo, aparecer unos días antes, como
un regalo inesperado para sus
admiradores, en un breve papel en la
telenovela “Polvo en el viento”, que se
viene transmitiendo por las frecuencias
de Cubavisión.
Por cierto, el primer rostro que
apareció en la televisión de nuestro
país fue el suyo cuando en 1946 se
realizaron sus pruebas primarias en un
improvisado estudio de La Rampa, en el
Vedado, adelantándose así a la fundación
en la Isla de este medio pronosticado
como el más grande del siglo, y en cuyos
primeros tanteos aquí mucho tuvo que ver
Julio Vega, su compañero de sueños y
aventuras, su esposo por tantísimos
años, lamentablemente ya fallecido.
¡Paralizó la Gran Vía!
Mimada por el público de varios países,
María es, sin duda, una de las más
notables intérpretes de la escena cubana
de todos los tiempos.
El eminente músico Ernesto Lecuona la
hizo recorrer medio mundo, y ella, con
sus grandes cualidades vocales, su aire
de cubanía y su impresionante belleza,
deslumbra a todos los auditorios.
Los teatros repletos le brindan sus más
ardorosos aplausos. En la calle la
esperan con flores. La muchedumbre la
aclama.
En España se convierte en un ídolo.
Es la primera actriz que hace una
temporada tan larga en ese país europeo
con la obra Tentación, que se mantiene
en cartelera durante cuatro años, hecho
inusual para la época.
Un día va a cruzar la Gran Vía madrileña
y un policía que dirige el tránsito lo
detiene para dejar pasar a la diva.
La historia se hizo célebre: ¡La Santana
paralizó la Gran Vía!
“Si me hubiera ido a tomar las botellas
solamente de champaña que me enviaban
mis admiradores habría estado borracha
todos los días… y yo, por aquellos
tiempos no tomaba”, confesaría años
después con esa alegría de vivir tan
suya que le ha impedido anquilosarse a
pesar del paso del tiempo.
La joven de la Harley Davidson
María guarda un mundo de vivencias único
e irremplazable. Y no solo el que se
relaciona con su magnífico arte.
Fue la primera mujer que piloteó en Cuba
una moto, en la década del 40 del pasado
siglo, cuando romanceaba con su
entrañable Julio, a quien le encantaba
andar en esos vehículos y le propuso a
la gran vedette aprender a
manejar su enorme y potente Harley. Con
su carácter aventurero acepta el
desafío. Y él deja conducir sola por el
Malecón de La Habana a aquella bellísima
muchacha, esbelta y atractiva, que
seduce la atención de los paseantes.
Su aventura motoril —como ella la
llama— causó sensación.
Todavía hay quienes la recuerdan como la
impactante joven de la Harley Davidson.
¡Agamenón! ¡Agamenón!
Con su gracia criolla, desde la pequeña
pantalla, María nos hizo querer durante
más de dos décadas a Remigia, la
alcaldesa de San Nicolás del Peladero,
personaje de una época ya pasada, pero
pleno de la gracia incomparable de quien
la personificaba.
Sus afinados agudos al llamar a Agamenón
y concluirlos con un desaforado grito,
hicieron reír a todo el país de un
extremo a otro, sin distinción de edades
ni culturas.
Para la artista aquel programa fue un
reto. Porque el humor —explicaba ella—
es algo muy difícil. “Se puede caer en
la chabacanería, en el mal gusto”.
Después, con el serial “Los abuelos se
rebelan”, junto al querido Armando
Soler, Cholito, demostró con ternura
infinita que el amor también puede
florecer en la ancianidad.
Enamorada de las tablas, en la década
del 40 se desempeñó como primera figura
de aplaudidas revistas musicales. Y más
tarde, en comedias, donde siempre
resplandeció su talento, como en “Las
mujeres se rebelan”, en la sala
Arlequín, y “Mujeres”, en la Hubert de
Blanck. Dos sucesos en la vida teatral
cubana de esos tiempos.
Otros hitos en su quehacer teatral
fueron “Tía Meim”, y “Una casa
colonial”, considerado este último por
la crítica cómo uno de los hechos más
sobresalientes del teatro cubano en los
80.
Con esta pieza de Nicolás Dorr, la
singular intérprete nos hizo admirar a
Amparo, la protagonista, a quien supo
imprimirle aliento vital a sus
legítimos sentimientos.
Cada cien años
De “gran artista y orgullo nuestro” la
valoró el maestro Ernesto Lecuona. Según
el creador de la radionovela y
compositor Félix B. Caignet ella era
“una de las voces más bellas de Cuba”.
“Gran artista de temperamento” la
consideró el destacado músico Eliseo
Grenet, autor del clásico tango congo
“Mamá Inés”.
Y más próximo a nuestros días, el
reconocido escritor Miguel Barnet
declaró que María de los Ángeles Santana
“pasó por varios escenarios del mundo y
dejó el nombre de Cuba muy alto. Creo
que una personalidad como la suya nace
cada cien años”.
Entre sus múltiples reconocimientos han
estado el Premio Nacional de las Artes
Escénicas y la Orden Félix Varela de
Primer Grado.
Es, como dice el Historiador de la
Ciudad, Eusebio Leal, “una gran
defensora de la cultura que representa,
lo que la convierte en una parte de la
vida espiritual del pueblo cubano”. |