Año VI
La Habana
2008

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Una mujer excepcional
Josefina Ortega • La Habana
Fotos: Cortesía del autor
 

Se dice que aunque desde pequeña María de los Ángeles Santana estudió música, jamás soñó con la escena, pero un día, un amigo que conocía de su inclinación por las artes, le pidió que participara en una película.

—Cantando lo que quieras, le dijo.

Y así comenzó su carrera artística, casi por accidente, esta gran dama de la escena, quien interpretó en 1938 el bolero “Si me pudieras querer” de su amigo Bola de Nieve en uno de los primeros filmes sonoros realizados en Cuba: Sucedió en La Habana, dirigido por Ramón Peón.

Desde entonces María recibe los más entusiastas elogios y su vida se transforma en un torbellino: cine, teatro, radio y televisión.

En todos esos medios ha dejado su huella esta mujer excepcional que el pasado dos de agosto cumplió sus primeros 94 años de vida, lo que no le impidió, sin embargo, aparecer unos días antes, como un regalo inesperado para sus admiradores, en un breve papel en la telenovela “Polvo en el viento”, que se viene transmitiendo por las frecuencias de Cubavisión.

Por cierto, el primer rostro que apareció en la televisión de nuestro país fue el suyo cuando en 1946 se realizaron sus pruebas primarias en un improvisado estudio de La Rampa, en el Vedado, adelantándose así a la fundación en la Isla de este medio pronosticado como el más grande del siglo, y en cuyos primeros tanteos aquí mucho tuvo que ver Julio Vega, su compañero de sueños y aventuras, su esposo por tantísimos años, lamentablemente ya fallecido. 

¡Paralizó la Gran Vía! 

Mimada por el público de varios países, María es, sin duda, una de las más notables intérpretes de la escena cubana de todos los tiempos.

El eminente músico Ernesto Lecuona la hizo recorrer medio mundo, y ella, con sus grandes cualidades vocales, su aire de cubanía y su impresionante belleza, deslumbra a todos los auditorios.

Los teatros repletos le brindan sus más ardorosos aplausos. En la calle la esperan con flores. La muchedumbre la aclama.

En España se convierte en un ídolo.

Es la primera actriz que hace una temporada tan larga en ese país europeo con la obra Tentación, que se mantiene en cartelera durante cuatro años, hecho inusual para la época.

Un día va a cruzar la Gran Vía madrileña y un policía que dirige el tránsito lo detiene para dejar pasar a la diva.

La historia se hizo célebre: ¡La Santana paralizó la Gran Vía!

“Si me hubiera ido a tomar las botellas solamente de champaña que me enviaban mis admiradores habría estado borracha todos los días… y yo, por aquellos tiempos no tomaba”, confesaría años después con esa alegría de vivir tan suya que le ha impedido anquilosarse a pesar del paso del tiempo.  

La joven de la Harley Davidson  

María guarda un mundo de vivencias único e irremplazable. Y no solo el que se relaciona con su magnífico arte.

Fue la primera mujer que piloteó en Cuba una moto, en la década del 40 del pasado siglo, cuando romanceaba con su entrañable Julio, a quien le encantaba andar en esos vehículos y le propuso a la gran vedette aprender a manejar su enorme y potente Harley. Con su carácter aventurero acepta el desafío. Y él deja conducir sola por el Malecón de La Habana a aquella bellísima muchacha, esbelta y atractiva, que seduce la atención de los paseantes.

Su aventura motoril  —como ella la llama— causó sensación.

Todavía hay quienes la recuerdan como la impactante joven de la Harley Davidson. 

¡Agamenón! ¡Agamenón! 

Con su gracia criolla, desde la pequeña pantalla, María nos hizo querer durante más de dos décadas a Remigia, la alcaldesa de San Nicolás del Peladero, personaje de una época ya pasada, pero pleno de la gracia incomparable de quien la personificaba.

Sus afinados agudos al llamar a Agamenón y concluirlos con un desaforado grito, hicieron reír a todo el país de un extremo a otro, sin distinción de edades ni culturas.

Para la artista aquel programa fue un reto. Porque el humor —explicaba ella— es algo muy difícil. “Se puede caer en la chabacanería, en el mal gusto”.

Después, con el serial “Los abuelos se rebelan”, junto al querido Armando Soler, Cholito, demostró con ternura infinita que el amor también puede florecer en la ancianidad.

Enamorada de las tablas, en la década del 40 se desempeñó como primera figura de aplaudidas revistas musicales. Y más tarde, en comedias, donde siempre resplandeció su talento, como en “Las mujeres se rebelan”, en la sala Arlequín, y “Mujeres”, en la Hubert de Blanck. Dos sucesos  en la vida teatral cubana de esos tiempos.

Otros hitos en su quehacer teatral fueron “Tía Meim”, y “Una casa colonial”, considerado este último por la crítica cómo uno de los hechos más sobresalientes del teatro cubano en los 80.

Con esta pieza de Nicolás Dorr, la singular intérprete nos hizo admirar a Amparo, la protagonista,  a quien supo imprimirle aliento  vital a sus legítimos sentimientos. 

Cada cien años

De “gran artista y orgullo nuestro” la valoró el maestro Ernesto Lecuona. Según el creador de la radionovela y compositor Félix B. Caignet ella era “una de las voces más bellas de Cuba”.

“Gran artista de temperamento” la consideró el destacado músico Eliseo Grenet, autor del clásico tango congo “Mamá Inés”.

Y más próximo a nuestros días, el reconocido escritor Miguel Barnet declaró que María de los Ángeles Santana “pasó por varios escenarios del mundo y dejó el nombre de Cuba muy alto. Creo que una personalidad como la suya nace cada cien años”.

Entre sus múltiples reconocimientos han estado el Premio Nacional de las Artes Escénicas y la Orden Félix Varela de Primer Grado. 

Es, como dice el Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal, “una gran defensora de la cultura que representa, lo que la convierte en una parte de la vida espiritual del pueblo cubano”.

 

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La Habana, Cuba. 2008.
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