El tema al que se refiere el título no
tiene que ver directamente con el
deporte, pero en mi caso sí puedo
asociarlo por determinadas razones. Se
trata de la firma de la Ley de Reforma
Agraria, hecho ocurrido en la Sierra
Maestra, el 17 de mayo de 1959.
Y, ¿por qué yo lo puedo asociar a la
actividad deportiva? Bueno, porque
precisamente, como consecuencia de aquel
y de otros hechos trascendentales, yo
estuve al margen de lo que ocurría en
deportes en aquellos meses. Por ejemplo,
en 1959 se celebraron los Juegos
Panamericanos de Chicago y continuaron
efectuándose los campeonatos
profesionales de béisbol en Cuba.
Asimismo, en 1961 se desarrollaba el
Campeonato Mundial de Béisbol Amateur en
San José, Costa Rica. De ninguno de
estos hechos yo me enteré.
En los primeros meses después del
triunfo de la Revolución se hablaba
constantemente de la promulgación de la
Ley de Reforma Agraria. En abril de
aquel año 1959 viajamos en la comitiva
del Comandante en Jefe en un periplo por
EE.UU., Canadá, Brasil, Uruguay y
Argentina. Al regresar, el 5 de mayo,
Fidel citó a los periodistas que le
acompañamos para que nos trasladáramos a
la Sierra Maestra para estar presentes
en el acto de la firma de la Ley de
Reforma Agraria, que tendría lugar en el
Pico de la Plata, el 17 de mayo.
Luego de aquella interesante travesía
por todo el Continente, esta incursión
por los escenarios de la reciente guerra
en la Sierra era, además de un gran
honor, una prueba a la que seríamos
sometidos los que habíamos tenido la
suerte de acompañarle en aquel viaje.
Para los de la radio, la cosa era más
compleja aún, tendríamos que hacer lo
posible por transmitir el acto desde la
Sierra. Conformamos entonces un equipo
de trabajo con un técnico, Horacio
Travieso; un camarógrafo, José García
Osuna; un auxiliar, Pedro Mora Mesa, y
este redactor.
Emprendimos viaje desde La Habana hacia
Manzanillo por vía aérea, transportando
una planta eléctrica portátil de 110
watts, un equipo transmisor de onda
corta y varios bidones de gasolina,
necesarios para hacer funcionar la
planta.
Todo marchó bien hasta llegar a Las
Mercedes, gracias a los consejos del
capitán Felipe Guerra Matos conocedor de
la zona, quien nos recomendó desistir
del propósito de irnos por vía marítima
y, darle la vuelta a Cabo Cruz, para
llegar al Sur de la Maestra. Los que no
oyeron el consejo no llegaron a la
Maestra.
En Las Mercedes contratamos los
servicios de un arriero que con dos
mulos al cabresto, se encargó de
transportar todo el equipamiento y lo
depositó en la casa del "Santaclarero".
La noche del día 16, bajo torrenciales
aguaceros, tratábamos de avanzar sin
guías, nos orientábamos solo por la luz
momentánea de las continuas descargas
eléctricas. En esa situación fuimos
perdiendo el rumbo, el técnico y el
ayudante, no volvieron a encontrarse con
nosotros hasta el regreso, en la
capital. Solo llegamos el camarógrafo
García Osuna y yo.
Era ya la mañana del 17 de mayo, la
fecha señalada para el acto, al que
asistirían el Jefe de la Revolución, el
Presidente de la República y el Consejo
de Ministros en pleno, además de
centenares de campesinos que habían
arribado desde los más apartados
rincones de la Sierra Maestra.
El camarógrafo y el locutor nos dimos a
la tarea de montar los equipos: inventar
una antena para transmitir y colocar la
planta eléctrica fuera de la primitiva
caseta de Radio Rebelde para que no se
escuchara su ruido.
En aquel pequeño local, adaptado a
manera de casamata por los Rebeldes de
la Sierra, donde funcionó la Radio
Rebelde, se reunió la más alta jerarquía
de la Revolución para escuchar la
lectura del articulado de la nueva ley
que, acababa con el latifundio en el
país y hacía propietarios a los
campesinos que trabajaban la tierra.
El capitán Jorge Enrique Mendoza, uno de
los locutores de la emisora rebelde y
yo, dimos lectura a los artículos de la
mencionada ley. Después hablaría Fidel.
Utilizamos un transmisor de onda corta
en la banda de 40 metros, la señal sería
captada en Holguín, donde se hallaba el
ingeniero Adolfo Gil Izquierdo, quien la
insertaba en la línea telefónica que
enlazaba los distintos repetidores de la
Radio Rebelde en todo el país, y que
además, era copiado y reproducido por
las restantes emisoras tanto a nivel
provincial, como nacional.
Durante la transmisión era necesario
hacer pausas cada 25 minutos
aproximadamente, pues teníamos que
apagar la planta eléctrica para
reabastecerla de gasolina y arrancarla
de nuevo para poner en funcionamiento
otra vez el equipo transmisor.
Pueden imaginarse ustedes cómo tuvimos
que hacer las veces de coordinador,
hacerle señas a Fidel para que cortara,
hiciera su pausa y puestas de nuevo en
marcha, la planta y el equipo, reanudara
su discurso.
Terminada la histórica faena, en horas
de la noche y bajo torrencial aguacero,
Fidel y algunos compañeros bajaron hasta
la Casa de la Comandancia, mientras un
numeroso grupo, entre ellos, ministros,
funcionarios y los "técnicos" de la
transmisión nos quedamos a dormir,
hacinados, en la caseta que fuera la
sede de la Radio Rebelde de la Sierra
Maestra.
Al siguiente día, en horas de la mañana,
emprendíamos el viaje de regreso por
todo el firme de la Maestra, pasando por
la loma de la Vela, las Vegas de Jibacoa,
Las Mercedes, donde volvimos a hacer
noche, ―todo esto a pie― y luego, en un
destartalado jeep hasta el aeropuerto de
Manzanillo, desde donde partimos en un
viejo C-47 con rumbo a Ciudad Libertad.
Del grupo de prensa que había acompañado
al Comandante en Jefe por todo el
continente, la mayoría fue quedando en
el camino. Las largas caminatas que
tuvimos que emprender, resultaron
demasiado para algunos, no acostumbrados
a estos menesteres y, para otros,
carentes de voluntad que se habían
sumado al carro de la Revolución y
fueron quedando en el camino.
Entre los que llegaron a la Sierra, en
aquella primera prueba para los
periodistas, recuerdo a Luis Báez,
Ernestina Otero, los fotógrafos René
Díaz, Korda, Corrales y Roberto Salas,
los camarógrafos José García Osuna y
Ramón Rivero (Riverito).
Se comprende ahora por qué, en aquel año
1959, este locutor que devino
comentarista deportivo no se enteraba de
lo que estaba sucediendo en la rama del
deporte.
*
Tomado del libro Memorias a los
setenta y...
del
destacado narrador deportivo
Eddy Martin.
Editorial
Deportes,
2006. |