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Como sucede con no pocos
trovadores de predios
capitalinos, creo haber
escuchado a Erick Sánchez, por
vez primera quiero decir, en una
de aquellas peñas noventeras que
bajo la batuta de Joel, otro
Sánchez, e Iván Camejo, del
grupo Humoris Causa, se hacían
en el caluroso y atestado piso 8
de la Residencia Estudiantil
Lázaro Cuevas; para todos F y
Tercera. Por entonces, descubrí
un par de temas de este trovador
que me llamaron poderosamente la
atención y se hizo después
hábito y gozo seguir sus
creaciones. Si sumamos a esto el
hecho de que ya desde entonces
era de los pocos entre sus
coetáneos (todavía hoy sigue
siendo de los privilegiados),
con un impresionante dominio del
repertorio trovero cubano de
todos los tiempos y de no pocas
de esas canciones clásicas y de
todas partes que no debemos
olvidar, además de la innegable
calidad de sus propias
composiciones, aparecerán
algunos de los argumentos para
apostar a la valía de la obra de
Erick Sánchez. En concordancia
con este bagaje de canciones de
todos los tiempos de nuestra
trova, recuerdo siempre una
broma musical que hiciera el
trovador al finalizar un
concierto y que no me resisto a
contar: Mientras el público
pedía "Mercedes", una
obra de Erick, este se dio el
lujo de sustituir la suya y
cantar entonces la "Mercedes"
inmortal de Manuel Corona. Un
simple juego como este requiere,
no solo talento para la
interpretación, sino cultura y
conocimiento de nuestra música.
Un elemento imprescindible este,
la cultura, que a ratos parece
haber desaparecido entre algunos
que se dicen artistas, ya sean
trovadores o de otros predios
musicales.
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Igual amoroso que marginal,
crítico que lírico, dramático o
hasta tragicómico en la gama de
sus temáticas versadas, sí creo
que una de las virtudes de este
trovador radica en que sus
canciones no pasan sin provocar
marejadas en quienes le
escuchan. Inadvertidos, nunca
será un adjetivo cercano a los
temas de Erick Sánchez. No
obstante, los cuestionamientos
críticos de algunas de sus
obras, a ratos
sobredimensionados por algunos
“delimitadores de las
primaveras”, como reza el verso
sílvico, han acortado un tanto
la oportunidad de conocer el
amplio resto de una obra que
sobrepasa con creces los asuntos
que pudieran considerarse
“conflictivos”, según la jerga a
la usanza de quienes casi
siempre son el blanco de esos
conflictos. Canciones de muy
hermosa factura, "Casa de
cristal", "Canción para la mujer
730427" o "Ena Lucía",
por solo citar tres ejemplos,
prueban que Erick es capaz de
moverse con soltura, en verso y
música, por una amplia gradación
de registros ideotemáticos.
Ahora, como parte de una calmada
serie de entrevistas que La
Jiribilla ha ido amablemente
haciendo pública, aparece la voz
de este trovador. Uno de los
artistas que dentro de su
generación, para usar sus
propias palabras, tiene de
seguro un buen escaño en lo que
calidad y validez de sus
canciones se refiere. Su obra y
el aplauso de quienes le
conocemos y disfrutamos, son los
votos mejores para tal
imaginaria elección. Escuchemos
entonces las respuestas de Erick
Sánchez.
¿De modo general, en qué estado
ves a la Trova en Cuba en estos
momentos?
Esta es una pregunta muy
formulada. Yo la he contestado
muchas veces; pero el tiempo y
los momentos cambian. Recuerdo
que cuando comenzaba a componer
mis primeras canciones bebí de
muchos trovadores,
principalmente de Silvio
Rodríguez, Pablo Milanés, Noel
Nicola, Augusto Blanca, Pedro
Luis Ferrer y de otros, un poco
más jóvenes, pero bien
establecidos como Santiago Feliú,
Donato y Roberto Poveda, Adrián
Morales, José Raúl García, José
Antonio Quesada, Marta Campos,
Frank Delgado y varios otros.
Puedo confesarte que beber de
esa fuente con aguas tan puras
me forjó, no solo en las formas
musicales a la hora de hacer una
canción, sino también en la
función social que debe tener la
obra de un trovador y en su
honor de artista un tanto
distinto.
En aquel momento tuve que
iniciar mi carrera conviviendo
con ese todos estrellas y fue
difícil darme a conocer, hecho
que ocurrió unos diez años
después. Junto conmigo se
iniciaron todos los que hoy
integran ese grupo que se ha
dado en llamar Habana Abierta y
otros como Samuel Águila,
Fernando Bécquer, Diego Cano, en
fin. También en otras provincias
como Santa Clara y Santiago de
Cuba, surgieron trovadores y
agrupaciones que defendieron
este tipo de creación.
A pesar de que en aquel momento
la radio atendía mucho más
nuestra obra, era muy difícil
realizar grabaciones que
tuvieran calidad radiable; por
lo que no se pudieron dar a
conocer muchas canciones en el
tiempo de su propia realización,
sino a veces muchos años después
de haber sido compuestas.
Hoy esta situación ha cambiado,
en especial a partir de los
avances de la computación, que
facilita el hecho de grabar con
mucha mejor calidad. También
estamos casi todos vivos,
residentes en el extranjero o en
la isla, con diversidad de
criterios políticos y estéticos.
Ahora compartimos con nuevas
generaciones de trovadores donde
brillan Pedro Beritán, Adrián
Berazaín, Mauricio Figueiral y
otros que tienen muchísimo
talento. Ellos se han impuesto
con su obra en estos tiempos de
una manera más rápida: lo que a
mi generación le costó diez
años, ellos lo han podido lograr
en cuatro o en cinco. En eso
también influye que los
invitamos a compartir nuestras
escenas, nuestros amigos,
nuestras ideas, y muchas veces
nos confrontaron sus canciones y
nosotros, me refiero a los de mi
generación, les cedimos
fácilmente un espacio que en
otros tiempos no nos dieron
muchos de nuestros antecesores.
Ahora, casi todos somos buenos
amigos, nos respetamos,
admiramos y corregimos con
sinceridad. Los temas de las
canciones, aunque no hablen
siempre de lo mismo, tienen el
punto de contacto del estilo
trovadoresco; tienen la audacia
e inteligencia que nos distingue
de otros compositores que no
asumen esta línea de creación.
No nos radian mucho o casi nada,
pero la gente va a nuestros
conciertos y nos pide y tararea
los coros de nuestras canciones,
incluso de las que no se han
difundido nunca por los medios.
Esto da muestra de que tenemos
salud, pero como diría alguna
vez el trovador Ariel Díaz, lo
que anda mal es la atención
médica.
¿Cómo ubicarías a tu generación
de trovadores, qué parte forma
de ese contexto?
Para definir mi generación
tomaré a los que comenzaron a
hacer sus primeras canciones por
el mismo tiempo en que yo hice
las mías y no por la
contemporaneidad de edades.
Puedo decirte que muchos de
aquellos que empezamos juntos la
labor ahora viven en otros
países y voy más bien entonces a
referirme a los que nos quedamos
aquí en Cuba. No por marginar a
los que se fueron, sino porque
conozco mejor a los que han
convivido conmigo y sé muy bien
lo que hacen y cómo lo hacen.
Creo que hemos sido constantes y
hemos soportado todos los
embates del silencio, de
la crítica y de la convivencia
con otras maneras de hacer arte
en lo que a la cancionística se
refiere. Somos pocos y, sin
quererlo ni ponernos de acuerdo,
hemos cargado con la
responsabilidad de hacernos
sentir. Eso se lo admiro mucho a
Fernando Bécquer, Samuel Águila
y Diego Cano, entre otros. Y
para ser más concreto y dar
respuesta a tu pregunta después
de estos argumentos, te puedo
decir que a mi generación la
ubicaría dentro de este
contexto: como la generación de
la resistencia; porque todavía
resistimos y aún más te aseguro
que resistiremos.
¿Cuál es tu valoración de la
difusión en general hacia el
trabajo de tu generación de
trovadores?
La difusión ha sido poca o casi
ninguna. Pasamos por momentos de
un gardeo muy fuerte en cuanto a
los trovadores en general, era
difícil hacer grabaciones
cuando comenzamos. Luego
anduvimos todo el período
especial, el boom de la
salsa, el rap, el hip hop, la
timba y el reguetón. Y uno
siguió aquí, apostándole a lo no
comercial, a lo polémico y más
profundo. Afortunadamente hoy
andamos un poquito mejor.
En el plano opuesto, ¿qué han
hecho los trovadores por merecer
esa difusión, para
que los medios e
instituciones los tomen en
cuenta seriamente?
Creo que han hecho poco y en la
mayoría de los casos nada.
Muchos esperan por el milagro de
que los descubran y otros no
saben a qué puertas llamar o
cómo funcionan las cosas. Es
complicado pero no imposible. En
lo personal he sido de los
despreocupados, un poco porque
parte de mi obra no pasaría la
barrera evaluativa de algunos
funcionarios. Y otro poco,
porque he esperado a la madurez
de mi manera de hacer canciones:
para luego no arrepentirme de
grabaciones que guarda por ahí
la gente; como les pasa a muchos
compositores que a veces
quisieran pagar por desaparecer
parte de su obra porque la
consideran fatal. Ahora trabajo
por primera vez con vistas a
terminar unas grabaciones que
convertiré en un disco que se va
a comercializar nacionalmente.
He hecho algunos cambios en
cuanto a la sonoridad con la que
normalmente he trabajado y el
formato, pero te confieso que me
gusta.
En tu caso específico, aunque
otros trovadores de tu
generación también trabajan esos
temas en sus obras, se te ha
encasillado un poco como el
crítico social a pesar de lo
amplio de tus temáticas a la
hora de componer y de cantar. Sé
que lo has contestado en otras
ocasiones pero me gustaría
incluir acá tus reflexiones al
respecto: ¿Qué critica Erick
Sánchez? ¿Qué consecuencias
positivas o negativas te ha
traído este trabajo en tus
canciones?
Mira, mis temas han rondado
generalmente las canciones de
amor y desamor de todo tipo; las
canciones del mundo bajo, de
entorno un poco marginal por
decirlo de algún modo; las
canciones de venganza a los
embates femeninos, y también las
críticas sociales, pero más bien
en este punto es donde la gente
ha fijado su interés. Creo que
todo parte de la manera directa
en que suelo abordar los temas y
dar mis impresiones; también el
público esta ávido de oír lo que
en muchas ocasiones no puede o
no podía decir. Yo he criticado
el absurdo, las cosas con las
que no he estado de acuerdo y
también algunas barbaridades que
de vez en cuando ocurren en este
país bloqueado; bloqueado como
sabemos, pero a veces también
bloqueado por dentro.
Las consecuencias positivas que
he sacado de esto son que mucha
gente sigue mi trabajo por estas
razones y ahí entonces escuchan
las otras canciones que no
tenían que ver exactamente con
la crítica y que forman parte
más bien de un retrato cantado
de mi vida y mi historia
personal.
Las consecuencias negativas han
sido que se me ha juzgado mal
más de una vez; me he hecho de
algunos enemigos y del odio de
algún suegro temporal. Solo te
puedo decir que en algunas
oportunidades esos problemas los
he convertido en oportunidades
que me han beneficiado mucho.
Dime qué triunfo, qué éxito o
qué logro tiene tu generación de
trovadores que ya nadie le pueda
arrebatar.
Haber resistido la convivencia
con el todos estrellas que te
conté en la primera pregunta;
haber sobrevivido los peores
momentos del período especial,
de las crisis de las ideologías
y los medios, sin abandonar la
labor ni hacer concesiones. Y
sobre todo permanecer hoy
haciendo nuestro trabajo, desde
Cuba o desde otros rincones del
hemisferio, siempre con un sello
de cubanía. Creo que esto no es
solo un logro de mi generación,
sino también de otras
colindantes con la nuestra.
Y en otra perspectiva, ¿qué te
parece que no han logrado, qué
les falta todavía?
Nos falta unidad y también
invadir los medios; cosa que
tendríamos que hacer como si
fuéramos el ejército mambí, que
al machete venció contra los
buenos fusiles y los cañones.
¿Me hago entender, verdad?
¿Cómo te ubicas en tu generación
de trovadores, quién es Erick
Sánchez en medio de ese
entramado?
He sido uno de los que más ha
criticado. He sido sincero y
consecuente; no he tenido miedo.
He podido madurar mi trabajo y
he tenido la suerte de ser
ayudado por algunos trovadores
de otras generaciones, incluso
por algunos del todos estrellas
que te nombraba al principio y
que me antecedió. En mi
generación no creo ser de los
mejores, pero tengo la seguridad
de que no ocuparé un mal escaño
en su parlamento.
Y esta última es exclusiva y
fuera de la serie porque hace un
tiempo no se te ve en los
escenarios. Como dicen los malos
periodistas, ¿qué planes futuros
tienes en tu carrera artística?
Tuve que hacer cambios y fundar
un nuevo proyecto; cambiar de
empresa artística, montar mi
repertorio con otro músico, en
este caso una mujer que se llama
Enid Rosales Villazón. Ella toca
el tres y me hace las segundas
voces. He tenido que trabajar
para ganarme el pan nuestro, y
ya hubiera hecho un concierto si
el Museo de Bellas Artes me
hubiera programado antes. Pero
solo tengo fecha para el 4 de
septiembre y de aquí para allá
falta todavía un tramo.
Podría haber tocado nuevamente
en el Auditórium Amadeo Roldan,
que nunca me lo niegan, pero me
gustaría hacerlo en el museo. Es
que su sala tiene óptimas
condiciones de luces y audio y
quiero grabar con tres cámaras y
a tomar un buen sonido para
hacer un DVD por mi cuenta y
riesgo. También estoy grabando
el disco que te comenté, que
todavía no tiene título. En ese
voy a poner canciones viejas con
las que tengo un compromiso de
perpetuidad como son "Casa de
cristal", "Niurka y Salima", "El
Cristo de La Habana", y otras
nuevas como "Cecilia", "Vivir en
mi edificio" y "Con tal de
caerte arriba me tiro de la
azotea". Eso es en cuanto
a mi carrera artística.
En cuanto a mi carrera personal,
de lo que no me preguntaste, te
diré que mi meta es vivir una
larga vida, conocer gentes de
diversos credos, manías,
profesiones y costumbres. Y
tratar de alcanzar la felicidad,
porque creo que ya se me fue. |