Año VI
La Habana

9 al 15 de AGOSTO
de 2008

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Esther Montes de Oca, Premio Maestro de Juventudes de la AHS

Sus hijos multiplicados en miles

Alina Alarcón Martínez • La Habana

 Foto: Tomada de Juventud Rebelde

 

A 51 años del monstruoso crimen que privó a Cuba de la presencia física de dos jóvenes intelectuales revolucionarios, la Asociación Hermanos Saíz reconoce a una mujer que no solo tiene el mérito de haberles dado la vida, sino de haberles inspirado el respeto por el derecho a la libertad plena; una mujer que llevando consigo el dolor por la pérdida de sus seres más queridos, tiene la fuerza de denunciar la vileza, pero confía en el futuro. En agosto de 1958 escribe a Manuel Iglesias, periodista de Radio Continente, en Venezuela:

"A usted dirijo, con el ruego de su publicación, esta carta.

Usted no me conoce, pero tal vez no será extraño a sus oídos el nombre de dos jóvenes, vilmente asesinados el pasado 13 de agosto de 1957, en plena vía pública... , en San Juan y Martínez, que se nombraron Luis y Sergio Saíz Montes de Oca, de 18 y 17 años de edad respectivamente; pues bien yo soy la madre de esas víctimas que no cometieron otras faltas que tener esa edad, ser jóvenes estudiantes y oposicionistas, si tal puede llamársele al que no apruebe los desquiciamientos de un régimen como el que padecemos...

Mi carta no es una queja, la queja deshonra..."

Años después Esther escribe:

"Junto a Fidel y a la Revolución Cubana, mis dos hijos pueden sentirse contentos y confiados, este es el ejemplo más digno que se le puede brindar. Ellos lo dijeron: —así concluye— 'Si uno solo de nosotros vive, la Revolución triunfa y si ese uno es Fidel, la Revolución llegará al final. Cuba será la Cuba del mundo'."

A pesar de que la facultad de ser madre podría llamarse categoría social que otorga especial sensibilidad a la mujer, no pretenden estas cuartillas solo parecerse a la voz interior de una que elogia la lucidez e irreductible conducta de otra mayor. No hace falta ser hombre o mujer para distinguir las luces que asoman desde su ejemplo, Esther. Existir en un estadio superior de nuestro compartimiento cívico y apego a la Patria es la mejor manera 'de honrar a la cubana que es usted, y que denunciara, con la educación que le caracteriza, a los que han intentado silenciar la historia.

Para los artistas, escritores e intelectuales que integramos la Asociación cubana que lleva por nombre y espíritu el de sus hijos, querida Esther, es un privilegio poder decirle, como tantas otras veces, que su eticidad nos conduce a sembrar en la memoria quiénes somos y por qué seguimos luchando. También esencialmente martianos nos reconocemos nosotros, puesto que en la virtud han de descansar nuestros actos cotidianos, como organización y como seres individuales, que nos estrechamos en una familia, barrio, ciudad, país.

Así fueron los hijos que crecieron desde usted: antimperialistas, veraces, justos, martianos, revolucionarios hasta el último suspiro, cómo no serlo si vinieron de la madre que escribiera la carta de denuncia, antes citada:

"Habrá como en las minas viejas, en su padre y en mí, una veta que explotar, y esta será de fortaleza y de valor para poder luchar, vivir y... esperar que la luz se haga en el horizonte de mi Patria, que la libertad y la justicia sean una realidad tangible... entonces el sacrificio de mis hijos no habrá sido inútil."

San Juan y Martínez es también su Patria, una dentro de la mayor que hace suya, porque al decir de ella: "Patria son los hijos, la madre, el padre, cómo no defenderla de igual manera". Allí nació y ha vivido casi un siglo. Fue miembro del Comité Cívico Todo por San Juan. En 1937 inició el ejercicio del magisterio, oficio largo y que resulta más hermoso cuando se hace honda la necesidad de enseñar en cualquier tiempo y espacio. No escapa de mi mente la respuesta, durante su reciente cumpleaños, cuando le preguntaron si le gustaría volver al aula ante el llamado que hizo Raúl durante la pasada sesión de la Asamblea Nacional, con la voluntad que le caracteriza dijo que sí, que tal vez no podría permanecer todo el horario, pero que podría impartir algunos turnos de clases. De todas maneras Esther no ha dejado de ser maestra, su casa-museo es la escuela otra, signada por la capacidad de servicio, urgencia de estos tiempos.

Nunca distante de la tristísima verdad que guarda su hogar y que conmovió y conmueve a los seres decentes, que hallan en los ideales el impulso, la razón, el poder ser, Esther ha asumido más que el dolor, el amor. Pasó algún tiempo, otro día, y en este vuelve a mostrar su decisión por asumir el papel que le corresponde: la alianza entre su generación y la nuestra.

En las palabras finales de la carta de Esther a la radio venezolana expresa su irrevocable elección:

"Mientras tanto, no dejaré que el dolor me amilane, viviré, no feliz pero sí orgullosa, más orgullosa que antes, de ser la madre de Sergio y Luis."

No es el azar el que nos convoca ahora, es la poética en que coexisten los héroes en el tiempo futuro, en este, cuando Sergio y Luis ya no tienen 17 y 18 años y Fidel no tiene 31; pero en la dimensión humana donde habitan se es joven siempre. A Fidel, líder indiscutible de su generación y de la nuestra, justo en el día de su cumpleaños 82, llegue la felicitación de la juventud cubana, la gratitud, el abrazo.

Elogios a maestros de juventudes, nunca serán suficientes, y por esa naturaleza del "ser" es que supone existir más allá de ellos mismos; elogios serán siempre los detalles humanos que componen la grandeza. Los que alcanzan el mérito de ser entendidos como Maestros por generaciones diversas, poseen el don de hacer realidad todo lo que la mente puede crear; entonces perduran en la sencillez y no resulta difícil dedicarles el gesto, la palabra.

Cercana al precepto de que la Cultura en y desde José Martí define la vida espiritual y moral como modo de enriquecernos en el camino hacia la revitalización ética. Nunca aislada pese a la ruina del dolor que pudo ser, Esther María del Rosario Montes de Oca Domínguez prefiere la memoria que trae hacia sí a muchos hijos, es esa una manera muy suya de saberse útil. Se incorporó a la lucha junto a sus hijos y continuó después de los hechos del 13 de agosto de 1957. Pese a la vigilancia que fue sometida realizó las tareas que el movimiento 26 de Julio le asignara. Con el acierto de quien apuesta por el mejoramiento humano participó al llamado de 1961 en la Campaña de alfabetización. Es fundadora del Partido Comunista de Cuba y ha participado en todos los Congresos de la Federación de Mujeres Cubanas. Fue nombrada delegada del Movimiento Por la Paz.

No hay ocasión mejor para decirle, Esther, que somos esos jóvenes en la continuidad, los hijos otros que la admiramos y que elegimos también la poesía, no la barbarie que somete y fatiga al espíritu.

Con sus 98 años, por el día tras día con que se entrega a la vida y se esmera en guiarnos al bando de los que aman y fundan, reciba de la Asociación Hermanos Saíz, de sus hijos multiplicados en miles, el Premio Maestro de Juventudes, el más alto que otorga la joven vanguardia artística e intelectual cubana. Ningún reconocimiento será suficiente, así pensamos, pero reciba este como gesto de cariño y gratitud.

Un beso apretado,

Muchas gracias. 

*Palabras de elogio pronunciadas el 13 de agosto en el Memorial José Martí, La Habana.
 

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La Habana, Cuba. 2008.
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