Año VI
La Habana

14 al 20 de JUNIO
de 2008

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ENTREVISTA CON ANTONI MIRÓ

“Lo más importante es la humanidad”

Johanna Puyol • La Habana

 



Tate
Gallery,2005

Casi 50 años de trayectoria artística no han agotado las fuentes creativas del pintor valenciano Antoni Miró. El largo camino que lo ha llevado al reconocimiento universal recorre, entre gran variedad de técnicas y estilos, la pintura, la escultura, el grabado, la cerámica y el dibujo; el fotocollage, el pop-art y lo figurativo. Pero Antoni Miró es, ante todo, un artista plástico que analiza y cuestiona la realidad humana, y este empeño fundamental es un hilo conductor en toda su obra artística.

En el Museo Nacional de Bellas Artes, en La Habana, se inauguró su exposición Transeúntes de silencios, en cuya ceremonia se le otorgó la Distinción por la Cultura Nacional cubana. Las obras  expuestas para el público cubano, que podrá disfrutarlas hasta el 15 de septiembre, son una muestra más del compromiso que siente el artista con su tiempo, y de la importancia que concede a la reflexión sobre los valores y los comportamientos de la sociedad contemporánea.

Su amistad con Cuba data de muchos años, y su visión de la cultura como un derecho de los pueblos, más allá de intenciones mercantiles, ha hecho posible que los cubanos conozcan su obra de primera mano en varias ocasiones, y que haya quedado en las instituciones culturales de nuestro país un buen número de ella, donada generosamente junto a una amplia muestra de otros pintores españoles contemporáneos. 

¿Qué encontrará el público cubano en Transeúntes de silencios?

La obra que se presenta en el Museo Nacional de Bellas Artes pertenece a mi última serie, que se llama Sin título. Es una serie dedicada principalmente a los viajes. Casi todos mis viajes son dedicados al trabajo, porque en la vida lo que más me gusta es trabajar, y viajar es una consecuencia. Normalmente no necesito más viajes que los que hago por la profesión. La serie se refiere a estos viajes, el paso por todas las culturas que voy conociendo, y uno de los temas que más predomina en el conjunto de la serie es el de la gente en las calles, que me llama mucho la atención, sobre todo en el mal llamado Primer Mundo donde hay tanta riqueza y al mismo tiempo tanta miseria; esa exageración de gente que se encuentra fuera de los circuitos normales, que no forma parte del reparto y queda totalmente excluida de la sociedad.

Como contraste, en el mundo de la cultura están esos grandes museos actuales que han ido creando una cantidad de circuitos nuevos que muchas veces obedecen más al espectáculo y a otras razones que a la propia cultura. Hay museos que son excesivamente espectaculares como conjunto, como edificio, pero sus contenidos son a veces un poco extraños, o tienen muy poco contenido. Esto también obedece a una moda según la cual cada provincia y cada región quiere tener su propio museo. Estaría muy bien si se hiciera con una ambición cultural y no como una forma de atraer turistas, como si fuera un circo. 



Admirant Velázquez, 2006

Ha expuesto en Cuba dos veces, en 1997 y en 1999, he incluso donó una importante colección a nuestras instituciones culturales en esta última exposición. ¿Cómo surge su relación con la Isla y por qué decide realizar aquí estas muestras?

La primera exposición que hice fue en 1997, en el Centro 23 y 12 y en el Museo Guayasamín al mismo tiempo. Al año siguiente volví para empezar a preparar una exposición en el Centro Wilfredo Lam, que sería itinerante y que al final se convirtió en una donación de 129 obras para el pueblo cubano  —100 grabados y 29 piezas

grandes, una mezcla de gráfica con pintura, piezas únicas. La exposición itinerante se fue prolongando y ha durado prácticamente hasta hoy, después de pasar por las ciudades más grandes de todas las provincias cubanas.

En este período, en 2003, también en colaboración con el Consejo Nacional de Artes Plásticas, pensamos en hacer una exposición colectiva de pintores españoles de varias procedencias —vascos, andaluces, castellanos, catalanes y valencianos principalmente— y algunos extranjeros residentes en España. Este conjunto también lo planteamos de forma que quedara como una colección de donación para Cuba, y todos los artistas aceptaron. Esa exposición también ha tenido carácter itinerante, tengo entendido que casi ha recorrido toda Cuba y está previsto que vaya a finalizar en La Habana. Se ha aplazado un poco, pero creo que será para el próximo año. 

Tuvo una estrecha relación con otro gran amigo de Cuba, también un gran artista español, Antonio Gades, que quizá lo contagiara del afecto que sentía por Cuba…

Sí me contagió. Me contagió bastante. En los años 70 vivía en Altea, un pueblo marinero del Mediterráneo, en Alicante, y Gades se retiró unos años y estuvo viviendo en el mismo pueblo. Teníamos mucha relación. Esto no lo sabe mucha gente, pero Gades también pintaba y lo hacía muy bien, y casi todas las tardes venía a pintar un rato y a charlar. Teníamos muchas cosas en común. Como él estaba en continuo contacto con la embajada cubana y con cubanos que venían a verlo y a pasar unos días en Altea, pues empecé también a tener mucha relación con ellos.

Sin embargo, cuando vine la primera vez fue de una forma totalmente curiosa y espontánea. Me invitaron a una exposición colectiva en el Centro 23 y 12 y dije que sí. De repente llegó la fecha de la exposición, me decidí a venir y no le dije a nada a nadie, ni siquiera a los amigos cubanos. Me presenté aquí y a los tres días se enteraron de que había llegado, porque empezaba la exposición. Tuve la oportunidad de conocer al pueblo cubano directamente, sin ningún tipo de intermediarios, lo cual me interesó mucho y creo que fue lo que me hizo pro-cubano absolutamente. Venía cargado de un afecto ya de años, pero quería conocer Cuba sin amistades que me guiaran, y eso fue lo que realmente me convirtió en un defensor de Cuba y en un enamorado del pueblo cubano. 



Pompidou respira, 2007

Su exposición coincide con la conmemoración del  aniversario 80 del nacimiento del Che, el 14 de junio. ¿Qué significa para usted el Che, que ha devenido icono en el mundo contemporáneo?

Es una feliz coincidencia, y también lo es el 95 aniversario del Museo de Bellas Artes.  Hay muchas celebraciones, lo cual me encanta.

El Che es el héroe de nuestra juventud, si no de los revolucionarios por lo menos de los progresistas europeos. Hoy es una imagen que está reproducida mundialmente. Es uno de los más grandes iconos que existen. Personalmente, en el año 70 pinté un cuadro con la imagen del Che, y después ha aparecido en distintas series mías como un personaje al cual hay que imitar en muchas cosas, y sobre todo querer y respetar, porque lo dio todo por los demás, como otros tantos compañeros. Estos son los ejemplos que muchas veces hacen falta para tener una guía en las vidas de las personas, para saber por donde enfocarse. 

Su arte ha sido calificado como político. ¿Es fundamental para su impulso creativo el cuestionar, denunciar, analizar, hacer un arte comprometido?

Siempre he pensado que el arte, como cualquier otra cosa en la vida, forma parte de la política. Puedes saberlo y expresarlo explícitamente o intentar decir que no tienes nada que ver con la política, lo cual, al fin y al cabo, es de otro signo político. La pintura que se hace solo para decorar, la kitsch, de mal gusto, también tiene su política: en el mundo capitalista es una obra para explotar a la gente, para engañarla, para contarle una historia falsa y una felicidad que no existe.

Por lo tanto, como la pintura es un medio de comunicación importante, que por demás tiene un lenguaje que se entiende en casi todo el mundo y en culturas muy diversas, tenemos la obligación —o por lo menos yo la tengo— de intentar comunicar lo más claramente posible las cosas que pensamos. Para mí lo más importante es la gente, la humanidad, y también poder colaborar con mi pequeña aportación por ese mundo ideal que pensamos que algún día existirá, aunque parece que cada vez vamos más para atrás que para adelante. Pero la intención es que algún día pueda haber un mundo con más justicia social y que toda la gente sea respetada y pueda vivir tranquilamente. 

Sus obras se caracterizan por su diversidad de temas y de técnicas, por la manera en que maneja diferentes códigos en su creación. ¿Existe un concepto, una idea central, que haya guiado y que cohesione su larga carrera artística?

Soy un pintor autodidacta, porque nací en la posguerra española. La situación era muy difícil y casi nadie podía estudiar, solamente los hijos de los ricos. El hijo de un trabajador lo tenía muy difícil, a no ser que fuera con alguna beca, pero normalmente era conducido a trabajar directamente y no había muchas oportunidades. Empecé a pintar de noche —una costumbre que sigo manteniendo— porque todavía estaba trabajando y aprovechaba las horas de sueño para la pintura. Al día siguiente estaba muy cansado y era un sacrificio muy grande. Mi padre era herrero y tenía un pequeño taller de carrocerías, así que aprendí con los materiales industriales más que con los de bellas artes. Poco después empecé a intentar aprender académicamente. Eso fue en los años 60, y a partir de ahí me decidí a probar materiales diversos y todas las técnicas posibles. Eso duró unos diez años hasta que en los 70 decidí continuar con la pintura acrílica dentro de la abstracción, que fui dejando hasta que me decidí por el realismo social crítico.

Al fin y al cabo pienso que cualquier expresión tiene un contenido, y este no es muy distinto. Siempre me ha preocupado la investigación aunque en la actualidad sea un pintor muy realista, casi fotográfico, porque a veces se puede confundir una obra mía con una fotografía. Pero una fotografía no se puede seleccionar, sale todo lo que está ante la cámara, y un artista no puede pintar así porque no quedaría como un cuadro, sino como una fotografía. Hay una elaboración que te hace desechar muchas cosas para conseguir una obra en la que el protagonismo esté asentado en una imagen, en unas figuras, pero no en la inmensidad de pequeños detalles que aparecen en cualquier fotografía. Lo explico porque en mi obra la realidad que se ha ido acentuando más y más hasta llegar a un modismo casi fotográfico. 

Es recurrente en sus pinturas la apropiación contemporánea de las grandes obras del pasado, como hizo con el arte pictórico griego en la serie Suite erótica. ¿Cuál es el propósito de estas apropiaciones?

Desde el año 80 hasta el 90 hice una serie pictórica llamada Pintar la pintura. Era como una propuesta para los demás pintores, porque era una etapa de mucha confusión y pensé que era un momento bueno para reflexionar sobre la pintura del pasado. Al fin y al cabo, un pintor pinta porque ha visto los museos, porque reconoce y conoce la obra de los grandes maestros. Trabajando me di cuenta de que convivían perfectamente obras contemporáneas o de las vanguardias del siglo XX con obras del 1500 y del 1600, con el barroco español, y en general con las grandes obras de la pintura. Muchas veces una misma obra integraba cuadros de Picasso o de Dalí o de Joan Miró, en los que, estando en la absoluta vanguardia, podían convivir perfectamente en armonía con pequeños fragmentos de obras clásicas. Me llevó mucho tiempo y me hizo profundizar en el mundo de la pintura. Creo que es un trabajo importante para cualquier pintor sentarse a conocer, a aprender y a estudiar un poco a los maestros.

Esto dio paso a la siguiente serie, que fue sobre la ecología, llamada Vivace, que también es una preocupación constante en mi obra. El mundo globalizado en el que estamos viviendo se está destruyendo paulatinamente, cada vez se ve que las consecuencias son más graves de lo que parecería y que si no se echa freno el mundo no aguanta esta presión. Ya sabemos, los artistas poco podemos hacer para cambiar las cosas; pero podemos señalarlo, denunciarlo, condenarlo y ser conscientes, para que los poderosos que pueden cambiarlas lo sepan, que no somos tan tontos ni nos creemos todo lo que nos cuentan. Tendrán que contar algún día con nuestra opinión, y la mayoría de la gente quiere vivir en paz. La cultura es la que más puede aportar para este fin.

Su obra ha alcanzado fama universal, sus temas se ha universalizado y, como ha dicho, ha viajado todo el mundo. ¿Sigue siendo Valencia, su tierra de origen, importante para su desarrollo artístico?

Valencia para mí es vital por ser mi tierra de origen pero también porque hay una cultura importante que no es reconocida internacionalmente. Formamos parte de la misma lengua, literaria y cultural, de Cataluña y las Islas Baleares, somos los mismos, y aunque aquí nos identifiquen a todos como españoles, en España hay cuatro naciones distintas y otras posibles. Lo que está claro es que nuestra cultura es distinta, tanto como lo pueden ser la italiana o la francesa, o cualquier otra lengua y cultura latina, es decir, que son diferencias notables, pero al mismo tiempo somos casi iguales.

Me importa mucho Valencia porque es una cultura totalmente desconocida, creo que gracias al Barça se conoce más que por cualquier otra cosa. La gente habla de pintores españoles como Tapias o Miró, y son todos catalanes. Se desconoce mucho, no se divulga lo suficiente, no se respeta lo suficiente. Somos una cultura hermana de la castellana, pero un poco distinta, y se merece respeto y reconocimiento como cualquier pueblo del mundo. Las culturas y las lenguas no se miden por kilos, se tiene que sopesar por las delicadezas, por los matices, por las pequeñas cosas que aportan y por los conocimientos. Cuando una lengua, aunque sea de una pequeña tribu, desaparece, todos hemos perdido un gran patrimonio, aunque no lo sepamos nunca. Debemos que ser conscientes de que aunque seamos pocos, la importancia es la misma que si fuéramos 200 millones.

Es una batalla más que va conmigo, porque somos una cultura poco reconocida, machacada, y que de alguna manera tenemos derecho a sobrevivir, y lo conseguiremos. Pienso que es solo cuestión de tiempo. Un día u otro seremos reconocidos como una nación española y europea, que da lo mismo, y seremos uno más en el conjunto de estos pueblos. Lógicamente ya no sería necesario pasar por Madrid para representar los intereses de nuestro pueblo. Esperemos que sea todo siempre pacíficamente y de la mejor forma posible.

Con casi 50 años de carrera artística, innumerables exposiciones personales y premios, ¿qué le queda por hacer?

Creo que me queda todo por hacer. Vengo, no a enseñar, sino a aprender. Quiero seguir trabajando muchos años, porque la pintura es un oficio de viejos. Hoy ha cambiado un poco la cosa, porque la verdad es que cuando tenía 20 años —ahora tengo 63—, me decían en las galerías y en los centros de arte: ¡Vuelve cuando tengas 40 que ya sabrás pintar! Ahora tengo 60 y sigo siendo un desubicado, sin saber dónde estoy, pero creo que me ha venido bien porque siempre he estado al margen de directrices, de galerías, de intereses, y he tenido la suerte de poder hacerlo por mi cuenta y con plena libertad. Eso lo valoro como algo muy preciado, el que haya podido vivir, sobrevivir y hacer mis cosas sin interrupciones ni interferencias. Pienso que me queda mucho por hacer, espero tener tiempo para hacerlo, y si no lo hago yo, ya lo harán los que vengan porque al fin y al cabo todo tiene continuación.
 

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La Habana, Cuba. 2008.
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