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Brasilia, 14 de junio de 2008
Querido Che:
Cuando trabajábamos en el Ministerio de
Industrias, nunca me enteré de la fecha
de tu cumpleaños. Era tan intenso el
bregar de aquellos días, tratando de
resolver los enormes problemas que se
presentaban para emprender el camino de
la industrialización que tú con empeño
dirigías, que de tu onomástico muy pocos
se enteraban y, mucho menos, se haría
una fiesta por ese motivo. Tu modestia y
tu sensibilidad no lo habrían permitido.
Por otra parte, había mucho por hacer.
Era necesario, en primer lugar, resolver
la falta de casi todo por culpa del
bloqueo que el imperialismo nos impuso
criminalmente, Además, las agresiones y
sabotajes ― ¿te acuerdas de los días de
Playa Girón, cuando se te escapó un tiro
de la pistola y el enemigo corrió la
“bola” que te habías suicidado?, ¿y de
la Crisis de Octubre, cuando avisaste
desde tu puesto de mando militar que se
tramaba un criminal sabotaje contra el
sistema eléctrico de la principal mina
de cobre del país, que podría causar
innumerables víctimas? Recuerdo cómo
todos nos movilizamos para hallar una
planta eléctrica y, en menos de 48
horas, dejarla instalada. Fueron
momentos en que todos nos multiplicamos.
Tomando la experiencia de esos días,
dijiste que debíamos continuar
trabajando siempre con ese espíritu que
llamaste de “alarma de combate”.
También, la fuga de cerebros promovida
por los EE.UU. nos dejó las fábricas con
pocos recursos humanos calificados. El
75% de los ingenieros que había en el
país ―que no eran muchos― se marcharon.
Tus llamados a estimular la inventiva
de la clase obrera ―los Consejos
Técnicos Asesores, el Movimiento
Construye tu propia Maquinaria, los
Comités de Piezas de Repuesto―
resultaron esenciales para la
participación masiva de los trabajadores
en la solución de los problemas de sus
fábricas y suplir la falta de recursos
técnicos. En definitiva, la clase obrera
estaba tomando el poder.
También era imperioso estudiar,
capacitarse. La hermosa Campaña de
Alfabetización había concluido y se
acabó para siempre el analfabetismo en
Cuba; pero eso no era suficiente. El
Ministerio con todas sus fábricas a lo
largo del país se convirtió en una gran
escuela: el Seguimiento, el Mínimo
Técnico y otra infinidad de cursos se
organizaron. Todos estudiábamos. En ese
empeño, tú fuiste el ejemplo que nos
impulsó a superarnos. Estudiaste
Economía, Contabilidad, Matemáticas y
fuiste nuestro profesor, además en un
curso de Programación Lineal para el
Consejo de Dirección, integrado en su
casi totalidad por personal inexperto,
pero que te seguíamos con dedicación.
Fuiste ejemplar en el impulso al trabajo
voluntario, como motor ideológico de la
Revolución. Íbamos los domingos, bien
temprano en la madrugada, a las fábricas
y a los cañaverales ¡Cómo cortamos caña
contigo y cómo nos hacías sudar! Aunque,
¿recuerdas?, el trabajo era duro, pero
nos divertíamos.
Fuiste muy exigente, inclusive contigo
mismo, podíamos errar ―no mucho― pero no
perdonarías la negligencia o la
irresponsabilidad. Sin embargo, fuimos
también testigos de tu sensibilidad
humana y de tu sentido de amistad, así
como de tu austeridad. Insistías en los
controles económicos para que ni un
centavo del pueblo se perdiera.
La discusión colectiva fue un método
permanente de trabajo. Eso nos permitió
tratar de tomar siempre las mejores
decisiones y crear un equipo muy unido
en el Ministerio.
Tu visión estratégica impulsó la
creación de institutos de investigación,
muchos de los cuales hoy mantienen su
vigencia y obtienen resultados de
importancia para nuestra economía. En
esa tarea tuve el privilegio de
acompañarte.
He conversado con muchos compañeros
quienes trabajamos contigo en el
Ministerio de Industrias. Todos sentimos
que nuestras vidas quedaron marcadas con
todas las cosas que aprendimos contigo.
Conocimos tu firme lealtad a la
Revolución y a Fidel. Aprendimos, sobre
todo, a ser más revolucionarios y más
solidarios.
Creo que nunca imaginaste que tu imagen
alcanzaría una dimensión universal que
continúa expandiéndose sin detenerse. Tu
figura es querida y respetada, no solo
por los cubanos que te conocimos más de
cerca, sino por millones de seres de
todas las razas y credos. Tu ejemplo es
inspiración y motivo de acción para
todos los hombres y mujeres que sienten
en carne propia el dolor ajeno.
Por eso, Che, por primera vez voy a
homenajearte por tu cumpleaños y
agradecerte el privilegio de haber
estado a tu lado y conocerte. En este
día te recordamos con gran cariño por
todo lo que fuiste, por lo que sigues
siendo y por lo que eternamente serás.
HASTA LA VICTORIA SIEMPRE.
Tirso.
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