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Gulbenkian Lisboa,2003 |
Antoni Miró es hoy por hoy uno
de los artistas europeos
contemporáneos más conocidos en
Cuba. La presencia de sus
grabados en galerías cubanas
tanto en la capital como, en las
provincias, nos ha permitido
dialogar con sus singularísimas
exploraciones plásticas, siempre
hondas e inquietantes, siempre
reveladoras de la vocación ética
de este creador. Con su arte,
Antoni nos ha traído
invariablemente su solidaridad.
Recordemos que donó a nuestro
país, de manera íntegra, la
colección de su exposición
itinerante “Para Cuba I” y que
concibió y coordinó la muestra
colectiva “Viaje de Papel (Para
Cuba II)”. Para esta iniciativa
de tanto valor cultural y
solidario, se empeñó en
convocar, y lo logró, a otros
muchos artistas de España.
Algunos de ellos conocían muy
poco de nuestra realidad; pero
Antoni los convenció con su
tenacidad y la limpieza de sus
argumentos y llevó adelante el
proyecto trabajando a
contracorriente, en medio del
peor diluvio mediático
anticubano. Y es que, en esta
época, cuando no están de moda
los principios, Antoni pertenece
a la estirpe de los que se
mantienen fieles a sí mismos.
Pienso que la misma coherencia
que percibimos en su conducta se
nos manifiesta también en su
obra. Ella nos habla, de un modo
u otro, directa o
indirectamente, de la criatura
humana, de su desamparo, de la
intemperie moral donde
sobrevive, de todo lo que la
daña y envilece, de todo aquello
que niega o mutila su dignidad.
Un crítico ha considerado los
verbos “humanizar” y
“deshumanizar” como los dos
polos esenciales que definen la
obra de Antoni y lo ha llamado
“un pintor humanista”. Creo que
tiene toda la razón: Antoni
representa el humanismo más puro
y auténtico en tiempos
particularmente crueles. Eso,
por supuesto, sin permitirse
jamás ningún tipo de retórica ni
de melodrama y exigiéndole al
espectador una actitud
inteligente, activa,
cuestionadora. Antoni ha
reflexionado también sobre la
memoria cultural y la
institucionalidad de la cultura
(aquí se expone parte de su
serie sobre museos del mundo) y
creo que con ello nos está
obligando, muy sutilmente, a
preguntarnos si ese legado está
cumpliendo la misión
emancipatoria que le
corresponde, es decir, si está
“humanizando” o contribuyendo
sin proponérselo a la
“deshumanización” generalizada.
Es muy estimulante que nuestro
Museo Nacional de Bellas Artes
reciba a este artista
excepcional, que es, además, un
ejemplo de integridad,
coherencia y lealtad. Después
del derrumbe tan poco glorioso
del llamado “socialismo real” y
ante guerras imperiales cada vez
más impúdicas y el crecimiento
de las tendencias fascistas,
creadores como Antoni Miró
simbolizan, con su obra y con su
conducta, el inevitable regreso
de las utopías.
* Palabras contenidas en el
catálogo de la exposición
Transeúntes de silencios de
Antoni Miró |