Año VI
La Habana

7 al 13 de JUNIO
de 2008

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Insomnio por la tinta

Yamilé Haber Guerra • Santiago de Cuba

 

Cuando decidí optar por la carrera de Periodismo, hace más de 25 años (a “confesión de fechas, relevo de edades”), mis compañeros se asombraron; mis profesores se sintieron frustrados, ellos que me habían soñado en una central nuclear o fabricando vacunas contra el cáncer; amigos intentaron persuadirme de que no lo hiciera —de algunos argumentos prefiero no acordarme; otros me martillan aún la memoria como un eco: “te lo dije, de lo advertí…”—; mi familia, insultada, aceptó con una mezcla de resignación e inconformidad.

He desandado en este lapso, sin estridencias, casi todos los caminos, desde las páginas de un periódico provincial, hasta las ediciones on line, pasando por la corrección de estilo, la televisión, la docencia, la investigación, con altos para el recuento de algunos saldos y otras tantas insatisfacciones.

Recuento con génesis en aquellos primeros y atrevidos (vaya redundancia) apuntes acerca del Che periodista[1], a los que sucedieron incursiones académicas[2], y pininos recientes[3], para intentar acercarme, a sombrero quitado ante los grandes maestros cubanos y universales de la teoría y la práctica periodísticas, a un nuevo discurso acerca del periodismo.

No voy a tratar en esta historia que tangencialmente me involucra,  la urgencia de replantear la ética y la deontología periodísticas a la luz de las nuevas formas de producción, transmisión y recepción de la noticia; ni las antinomias polares oligomonopolios de la información-periodismo alternativo, hiperinflación de la información-noticias “no sucedidas” (no contadas).

Sería demasiado pretencioso, asimismo, pronunciarse por reformar la prensa como sistema y poder en el concierto de la sinergia mediática y el desorden informativo mundial, o por cambios respecto a la formación de periodistas (de esto ya se han venido encargando voces muy autorizadas) o por un mejor periodismo imitando los patrones clásicos de calidad y referencia dominante.

Quisiera referirme a los procesos de escritura y lectura de la noticia.

Porque ahora, cuando como nunca antes en la historia de la prensa, ni aun cuando surgieron la radio, la TV, el cine o en los albores de la propia era web, la noticia había emergido entre tantas formas no periodísticas y paraperiodísticas de plasmación de la información: dramatización y narrativización de la noticia; infotainment (information+entertainment), información como espectáculo; administración de la información; cuando es ostensible la alternancia de la comunicación empresarial e institucional, la persuasión política (propaganda), la persuasión comercial (publicidad), las relaciones públicas y el marketing; cuando cobran auge el vacío lleno con rumores, los proveedores de contenido y gestores de información (information brokers) para los portales de Internet, los diarios gratuitos (cuánto ha advertido al respecto el director de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, quien considera esta gratuidad como una de las “amenazas a la información”); cuando aumenta el volumen de datos como garantía de veracidad; proliferan los opinólogos y los significantes emergentes, y se retorna al periodismo tradicional como opción de credibilidad, todo el periodismo es escrito.

Estar informados: necesario pero no suficiente

Cuántos nos leen (escuchan, ven). Quiénes y cómo son. Dónde residen. Qué mensajes prefieren o aprehenden más y mejor, e incluso, qué segmento del mensaje llega primero y por qué, son preguntas de cuyas respuestas disponemos. Otra, sin embargo, subyace en el complejo terreno de las subjetividades: cómo nos interpretan.

Me cuestiono pensando en nuestros lectores de Yaguajay, Tacajó y Mantua; Toulousse, Singapur, Bahía, ante informaciones sobre campañas antivectoriales, cascos blancos, donaciones de sangre, estrategias de manejo de marabú, cursos de capacitación para operarios de sacrificio… en un mundo que legitima la velocidad como valor (mientras más rápido, mejor) y con una latente ortodoxia objetivista en cuyo nombre se siguen aplicando acríticamente instrumentos y concepciones.

En qué medida, pues, informar (decir, explicar) más, y más rápidamente, a más personas, en más medios, con más soportes, garantiza la comprensión de la noticia y legitima una u otra interpretación del texto periodístico y con este, de la realidad noticiada. En otras palabras, estar informados ¿implica entender lo que está pasando? ¿Sabrán los cubanos de mañana cómo éramos sus predecesores leyendo los periódicos de hoy?

Che, y otros (buenos) motivos

Hemingway soñaba con ser escritor: se convirtió en el más célebre periodista del mundo. Siendo uno de los novelistas que más dinero había ganado en la historia, siguió haciendo periodismo.

Aseguran que Marx fue poeta, pero que su mayor don era el de periodista polémico que hacía un uso brillante de epigramas y aforismos.

Lenin escribió[4]: “Las grandes fábricas, las comunas agrícolas, los comités de campesinos pobres, los consejos de economía locales, ¿cuentan verdaderamente con éxitos en la organización de la nueva economía? ¿Se han visto confirmados? ¿No son más bien quimeras, jactancias, promesas de intelectuales (‘las cosas comienzan a arreglarse’, ‘el plan está trazado’, ‘ponemos en marcha las fuerzas’, ‘ahora responderemos del éxito’, ‘la mejora es indudable’ y demás frases charlatanescas en las que nosotros somos maestros consumados)? Menos parloteo político. Menos razonamientos intelectuales. Mantenerse más cerca de la vida.”

Al novelista palestino Gasan Kanafani (1936-1972), le fue conferido, post mortem, en 1974, el premio de la Organización Internacional de Periodistas.

Vladimir Gubarev, cuya obra teatral El sarcófago, basada en el accidente nuclear ocurrido en Chernobil en 1986, le granjeó fama mundial, fue uno de los líderes de mayor prestigio dentro del periodismo soviético.

Treinta años antes de que Scott estableciera (1921) que “los comentarios son libres pero los hechos son sagrados”, José Martí publicaba[5]: “Una es la prensa, y mayor su libertad, cuando en la república segura se contiende, sin más escudo que ella, por defender las libertades de los que las invocan para violarlas, de los que hacen de ellas mercancía, y de los que las persiguen como enemigas de sus privilegios y de su autoridad. Pero la prensa es otra cuando se tiene enfrente el enemigo. Entonces, en voz baja, se pasa la señal. Lo que el enemigo ha de oír, no es más que la voz del ataque”.

De ese mismo año son asertos proverbiales: “decir lo que a todos conviene y no dejar de decir nada que a alguien pueda convenir”.Que todos encuentren en el diario lo que pueden necesitar saber…” “El periódico deber ser útil, sano, elegante, oportuno, valiente…” “La verdad llega más pronto a donde va cuando se la dice bellamente…” “No hay cetro mejor que un buen periódico…”

Tanto nos legó el Che, en tantos textos periodísticos:

“Cada vez que haya un Fidel Castro que levante la bandera de redención de los humildes habrá que investigar rápidamente para descubrir al comunista que hay detrás y liquidarlo.” (“El desarme continental y otras claudicaciones”. Verde Olivo, 24 de abril 1960).
 

“…un imperialismo desesperado e histérico… Días negros esperan a América Latina y las últimas declaraciones de los gobernantes de los Estados Unidos parecen indicar que días negros esperan al mundo…” (“Cuba, ¿excepción histórica o vanguardia en la lucha anticolonialista?” Verde Olivo, 9 de abril de 1961).

“Los yanquis intervendrán por solidaridad de intereses y porque la lucha en América es decisiva… Pero, de ahora en adelante, lo harán con todas sus energías; castigarán a las fuerzas populares con todas las armas de destrucción a su alcance; no dejarán consolidarse al poder revolucionario y, si alguno llegara a hacerlo, volverán a atacar, no lo reconocerán, tratarán de dividir las fuerzas revolucionarias, introducirán saboteadores de todo tipo, crearán problemas fronterizos, lanzarán a otros estados reaccionarios en su contra…(los subrayados son míos)… De hecho, la eclosión de la lucha americana se ha producido. ¿Estará su vórtice en Venezuela, Guatemala, Colombia, Perú, Ecuador? (“Guerra de guerrillas: un método”. Cuba Socialista, septiembre de 1963).

“Ellos, que vivieron el cuento de una lucha que no hicieron… despreciados por todos los revolucionarios puros, pero admitidos, aunque a regañadientes, eran un insulto a nuestra conciencia de revolucionarios. Constantemente con su presencia nos mostraban nuestro pecado; el pecado de la transigencia frente a la falta de espíritu revolucionario, frente al traidor en potencia o de hecho, frente al débil de espíritu, al cobarde, al ladrón, al “comevaca”. …Muchas gracias por darnos esta lección, por demostrarnos que no se puede comprar conciencias con la dádiva revolucionaria, que es exigua y exigente para con todos, por demostrarnos que tenemos que ser inflexibles frente al error, la debilidad, el dolo, la mala fe de cualquiera y levantarnos y denunciar y castigar en cualquier lugar en que asome algún vicio que vaya contra los altos postulados de la Revolución.”
 

“La conducta revolucionaria es espejo de la fe revolucionaria y cuando alguien que se dice revolucionario no se conduce como tal, no puede ser más que un desfachatado. Un pecado de la revolución.” (Verde Olivo, 12 de febrero de 1961)


Resucitar la noticia
 

La sinergia mediática ha traído, al menos, dos nefastas consecuencias: dispersión informativa y periodismo efímero y perecedero. No cuenta el viejo axioma de nacer y morir todos los días como la noticia, sino una noticia que ya nace muerta: la realidad noticiosa parece estar exigiendo varios significantes y no sólo aquél que designa de manera unívoca a cierta (parte de la) realidad.

Para llegar a la noticia deben confluir capacidad de percepción (no todos sentimos igual el hecho) y capacidad lingüística (aparte de normas, cartas de estilo, técnicas consabidas, no todos disponemos del mismo lenguaje): hay que percibir el hecho noticioso y convertirlo lingüísticamente en texto periodístico.

Por eso nuestro periodismo no puede ser homogeneizador —ese tono con el que aludimos a las bondades de la computación o la agricultura urbana, a las proezas laborales o estudiantiles, a los hallazgos científicos o la lucha contra el delito; el pionero que habla igual que el abuelo, el médico, el constructor.

Mejor autorreflexivo que totalizador. Debe entenderse como una integridad funcional con arreglo a la complejidad del mundo y de la información. Ello implica reconocer una emergencia de procesos, hechos y objetos multidimensionales, multirreferenciales, interactivos y con componentes de aleatoriedad, azar e indeterminación. Mejor electivo[6], heredero de la tradición filosófica cubana y el postulado de Luz y Caballero “todas las escuelas y ninguna escuela, he ahí la escuela”.

Un discurso periodístico que reconozca al receptor (lector, radioescucha, televidente) como lo más importante: periodista y destinatario de la información son capaces de interactuar y producir socialmente sentido. Esto significa que los límites de lo que un medio quiere informar terminan donde comienza lo que el receptor quiere saber e interpreta.

Tenemos “nuevas” noticias, nuevos medios, nuevos soportes, nuevos receptores. Sin embargo, no tenemos nuevo discurso periodístico ni nuevo texto periodístico.

Por eso quizá sea necesario reemplazar los tradicionales qué, quién, cuándo, dónde, de la noticia, por el qué de quién(es) y hacia quién(es); el desde cuándo y hacia cuándo; el desde dónde y hacia dónde.

Posdata

No somos omniabarcadores: no tenemos el poder sobre los hechos noticiosos ni sobre sus condiciones de producción, difusión (transmisión, distribución…) y recepción de la noticia. Tampoco media workers: tenemos el poder de la escritura. Y ya que nos han perdonado, al menos, la palabra escrita y el teclado, me permito evocar una canción que hacía furor en mi generación cuando irrumpíamos en las redacciones: “soy lo que fui, y lo que fui, es lo que seré mañana también, porque yo soy, solamente una ventana…”


[1] 1986, Trabajo de Diploma 

[2] Que culminaron en 2004,  con la defensa de la tesis Elementos para una teoría del lenguaje de los textos periodísticos, en opción al título  de doctora en Ciencias Filológicas.

[3]
2005,  “El texto periodístico en la era digital. Hacia un nuevo estatuto epistemológico del periodismo” en  Estudios sobre el mensaje periodístico (Universidad Complutense de Madrid), Nº 11,  págs. 45-52. En la misma revista, en el Nº 13 de 2007, “Repensar el Periodismo. Metadiscurso y concomitancias”, págs. 83-90

[4] Sobre el carácter de nuestros periódicos, en La literatura y el arte, pp.. 138-140. Los entrecomillados son del texto consultado. 

[5] A nuestra prensa De Patria. Nueva York, 14 de marzo de 1892. Tomo I. pp. 322 a 323.

[6] Armando Hart, Martí y Marx, raíces de la Revolución Socialista de Cuba. Disponible en Cuba Socialista: http://www.cubasocialista.cu/texto/cs0016.htm , [2007, septiembre 12]

 * En aras del espacio omitimos algunas fuentes. 

 

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La Habana, Cuba. 2008.
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