Año VI
La Habana
2008

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Con Ñico Saquito en la Bodeguita del Medio
Josefina Ortega • La Habana

Lo recuerdo ya viejo en La Bodeguita del Medio, con su blanca guayabera almidonada, entonando con maliciosa voz su famosa guaracha "María Cristina", mientras mis amigos de entonces y yo degustábamos, en el mejor de los cielos, aquellos insuperables frijoles dormidos, los tostones y el macho (cerdo) asado, que, sin darnos cuenta,  se nos enfriaba en el plato por seguirlo alegremente ¡ay, la juventud! en el pegajoso estribillo: "María Cristina me quiere gobernar/ y yo le sigo, le sigo la corriente..."

Nacido en el Tívoli santiaguero, barriada de trovadores en el año de 1901, a Benito Antonio Fernández Ortiz, más conocido como Ñico Saquito, se le considera como el más grande cultor de la guaracha cubana, género que se dio a conocer desde la colonia, y al que, hacia los años 40 del siglo pasado, este carismático músico le dio un impulso renovador con su manera muy propia de decir, mediante la picardía y el choteo cubano que imprimió a sus composiciones, sin caer jamás en la grosería y la vulgaridad.

En sus composiciones como afirma Radamés Giro en su Diccionario Enciclopédico de la Música en Cuba “se ve reflejado el cubano, su vida cotidiana, porque su música es un reflejo de su idiosincrasia.”

"María Cristina", "Cuidadito, compay gallo", "El jaleo", "Chencha la gambá",  y "La negra Leonor", fueron algunas de sus más de 300 guarachas, que interpretadas por él mismo, le dieron la fama, y perduran hoy  en el repertorio de importantes intérpretes. Incluso en algunas películas del cine latinoamericano su música se incluye en las bandas sonoras.

“Mis canciones nacen de un dicharacho, de un cuento que oigo en cualquier lugar, de un chiste y, por supuesto, de las alegrías y sinsabores que me han sobrevenido en algún momento de la vida. Pero todas, completamente todas, tienen raíz popular.”

Decía Ñico Saquito que jamás había cantado algo que no fuera verdad; claro,  a veces se iba de rosca y le añadía alguna que otra ocurrencia de su pródiga imaginación.

"Cuidadito, compay gallo" por ejemplo popularizada en mil 938, por el trío Matamoros, salió de un cuento que escuchó en un velorio.

Aunque, claro, en su música no todo es diversión y alegría. Durante el machadato, una de sus piezas, "La Columbina", fue suspendida porque hablaba de la explotación del campesino cubano, y su guajira "Al vaivén de mi carreta", no se pudo estrenar, por igual razón, hasta que cayó el tirano.

Contaba que lo de Saquito le vino por la pelota. “Era un saco cogiendo bolas: eso decían los del equipo donde jugaba por unos pesos. Después seguí con el sobrenombre tan pegajoso que me vino bien en la música”.

Desde muy joven tocaba la guitarra, pero por la difícil situación económica de su familia, tuvo que dejar los estudios y olvidarse de las serenatas para dedicarse al oficio de fundidor.

“Yo creo que eso de trabajar hoy en un ingenio y mañana en otro, de tener amigos en todas partes y ver tantas cosas, me hizo cogerle el gusto a la guaracha —le confesó en una ocasión, Ñico Saquito,  a la narradora y periodista Olga Fernández.

A ella le contó también sus relaciones con algunos grandes de la trova santiaguera que mucho influenciaron en él, como Sindo, Villalón, Figarola y Banderas.

Otro que también compartió con él su fascinación por la música fue Ciro Rodríguez, después integrante del trío Matamoros.

En aquellos primeros tiempos la música era para Ñico Saquito un mero entretenimiento, que le gustaba mucho, es cierto, pero hasta ahí la cosa. Los tiempos eran muy duros.

Lo mismo le ocurre con  la pelota, pero en los años 30, cuando Machado cierra los centrales, se va a cantar por los cafés y restaurantes.

 Ahí empieza su historia como guarachero.

A cambio de sus interpretaciones, que tanto hacían reír a la gente, le regalaban hasta cinco y diez pesos, una verdadera fortuna para la época.

Y así, sin imaginárselo siquiera, Ñico Saquito se queda con la música para siempre. Con ella conoció de los grandes aplausos del público en Cuba y otros países, como México, EE.UU. y Venezuela, donde se radicó hasta 1960, cuando regresa a la Isla y se dedica por entero a su arte.

En el año 1979, ya enfermo, graba con el trovador Eliades Ochoa, santiaguero como él, un disco antológico, mientras prestigiosos músicos cubanos como NG La Banda, los Van Van y Adalberto Álvarez y su Son, siguen interpretando sus creaciones.

Ñico Saquito murió en La Habana, en 1982.

Yo lo recuerdo todavía en la Bodeguita del Medio, cantando aquello de "María Cristina me quiere gobernar/ y yo le sigo, le sigo la corriente...”

Con el paso del tiempo,  supe que la tal María Cristina era de argolla, una mujer con ansias de mando, que lo quería seguir a todas partes y lo vigilaba como un policía.

De ahí surgió la discordia entre ellos y la guaracha por la que se le conoce en medio mundo, aquella que mis amigos y yo, tarareamos una tarde de los 60, con Ñico Saquito en la Bodeguita del Medio.
 

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La Habana, Cuba. 2008.
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