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Para acallar críticas a ediciones
anteriores (respecto a la manera en que
se menospreciaban las mejores películas
latinoamericanas) y con el fin de
ponerse más a tono con lo más
interesante y desconocido del acontecer
cinematográfico mundial, las autoridades
que gobiernan la 61 edición del Festival
internacional de Cannes decidieron que
el filme inaugural sería Blindness,
adaptación cinematográfica de Ensayo
sobre la ceguera, hablada en inglés,
producida mayormente por Canadá y
Brasil, protagonizada por Julianne Moore,
Mark Ruffalo, Danny Glover y Gael Garcia
Bernal, y dirigida por el brasileño
Fernando Meirelles, el autor de
Ciudad de Dios.
Cinco o seis años atrás, en la época en
que aquella película estremecedora sobre
la violencia en las favelas cariocas
conmovía a medio mundo, Meirelles
aseguraba que Cannes ignoraba “la nueva
ola del cine latinoamericano”. El gesto
de desagravio, que ojalá trascienda la
presente temporada, alcanza la totalidad
del próximo festival, cuyas principales
secciones (competencia oficial, Una
cierta mirada, Semana de la Crítica) se
han inclinado respetuosas ante varios
títulos procedentes de Latinoamérica, o
con tema muy relacionado con estas
tierras.
¿Exotismo coyuntural y ansias de
pintoresquismo y folclor? ¿Falso
paternalismo de gente rica que regala
migajas? ¿Fidelidad al ecumenismo
europeo y a los ideales siempre modernos
de Liberté, Égalité y
Fraternité? Un poco de todo. Pero el
caso es que Gilles Jacob, presidente del
Festival, ha celebrado la importante
presencia del cine latinoamericano en el
Festival: “Da gusto que un continente
emerja de nuevo —declaró a la agencia
EFE como si fueran cosas de hoy mismo
los acontecimientos registrados en el
cine latinoamericanos desde finales de
los años 90—, la muestra está muy
identificada con México, Argentina y
Brasil, pero en medio de todo esto se
puede sentir una ebullición muy
importante, y sobre todo los jóvenes
directores parecen muy prometedores”.
Para Gilles Jacob, esta vitalidad del
cine latinoamericano ilustra “una
cultura que amamos y que es un placer
que esté en Cannes, venga de Brasil,
Argentina u otros países, a la espera de
que lleguen también filmes de Perú o de
Chile”.
A la espera de que lleguen tales
milagros, Cuba incluida, Brasil y
Argentina están en competencia por la
Palma de Oro. El autor de Estación
central y Abril despedazado,
Walter Salles, en codirección con
Daniela Thomas, concursa con Linha de
passe, road movie sobre varios
hermanos de una familia pobre, que
buscarán cumplir sus sueños y salir
adelante en medio de una situación más
que compleja. Argentina logró colar nada
menos que dos títulos en la
superselectiva clasificación. El Deseo,
la productora de los hermanos Almodóvar,
financia La mujer sin cabeza, de
Lucrecia Martel, la historia de una
mujer que, después de pasar la tarde en
la piscina con unas amigas, conduce de
vuelta a casa; en el trayecto golpea a
algo, o a alguien; pero, aturdida y
asustada, sigue adelante. La aparición
del cadáver de un adolescente en las
proximidades de donde ella tuvo su
percance, la hace dudar de si no fue
ella misma quien lo atropelló.
La otra película argentina en
competencia es Leonera, de Pablo
Trapero, un drama carcelario
protagonizado por la esposa y productora
del director, Martina Guzmán, quien hace
el papel de una mujer embarazada,
condenada a prisión, que deberá aprender
lo que significa ser madre y criar a su
hijo detrás de las rejas. A diferencia
de Lucrecia Martel y de Walter Salles,
quien ya tomaron parte en Cannes con
La niña santa y Diarios de
motocicleta, respectivamente,
Trapero está por primera vez en busca
del palmarés, por más que se le deban
títulos de muy alto interés para el cine
regional como Mundo grúa, El
bonaerense o Nacido y criado.
En busca de los premios principales está
también Che, el filme
norteamericano de Steven Soderbergh de
cuatro horas conformado por dos grandes
partes, Guerrilla y El
argentino, donde el boricua Benicio
del Toro interpreta a Ernesto Guevara en
un relato biográfico que trasciende los
años juveniles, ya cronicados por Walter
Salles en la mencionada Diarios de
motocicleta. Además, se confirmó la
participación del documental Maradona,
realizado por el célebre cineasta serbio
Emir Kusturica (quien vino a Cuba
mientras estaba realizándolo con vistas
a recoger testimonios).
La sección Un certain regard también
arropa al cine latinoamericano con la
presencia de las óperas primas
brasileñas A sesta da menina morta
y Afterschool, y Los bastardos,
del mexicano Amat Escalante. Además,
Argentina, Uruguay y Chile marcaron
también en la prestigiosa Quincena de
Realizadores, cuyo director Olivier Père
declaró a ANSA que “la prueba de la
buena salud del cine latinoamericano
está no solo en los varios títulos que
destacan por la fuerza, el coraje y la
independencia de sus autores”. En ese
espacio clasificaron Liverpool,
coproducción franco-germano-argentina de
Lisandro Alonso; Acné, del
director uruguayo Federico Veiro, en
coproducción con Argentina y México; el
chileno Pablo Larrain con la
coproducción entre Chile y Brasil
titulada Tony Manero, y el
argentino Pablo Agüero, con la
coproducción argentino-franco-alemana
Salamandra. De la Quincena de los
Realizadores saldrá el ganador del
jugoso premio Cámara de Oro, otorgado al
mejor debut.
El desfile de latinos invadió también la
Semana de la Crítica (donde siempre
mayorea el cine europeo) con dos
títulos, La sangre brota, del
argentino Pablo Fendrik, y Desierto
adentro, del mexicano Rodrigo Pla.
La sangre brota cuenta la historia de un
taxista que debe conseguir mil dólares
en menos de 24 horas, mientras que
Desierto adentro, premiada
prolijamente en el reciente festival de
Guadalajara, es la historia de una saga
familiar bajo una maldición.
Además de los títulos latinoamericanos
presentes en la competencia, en Una
cierta mirada, en la Quincena de los
Realizadores y la Semana de la Crítica,
tampoco fueron ajenas al impacto la
competición de cortometrajes y la
Cinéfondation. Dos de los nueve cortos
en competición son el uruguayo Buen
viaje y el mexicano El deseo,
y de las 17 obras realizadas por
escuelas de cine de todo el mundo fueron
seleccionadas El reloj, de la
Universidad del Cine de Buenos Aires, y
O som e o resto, enviada por la
Escola do Cinema Darcy Ribeiro.
Fuera de competencia estará el más
famoso y celebrado de los actores
españoles, nuevamente hablando en
inglés. Javier Bardem —de quien acabamos
de ver en Cuba su oscarizada No
Country for Oldmen, y conoceremos en
este mes de mayo su criticada Amor en
tiempos del cólera— estará en
Cannes, acompañado por Penélope Cruz, y
representando ambos Vicki Cristina
Barcelona, el más reciente filme de
Woody Allen, quien fatigado del escaso
interés que despierta su cine en el
público, y entre los productores
norteamericanos, ha continuado su
carrera desde diversas ciudades
europeas. En el jurado oficial, en
tanto, se incluye el mexicano Alfonso
Cuarón, quien acompañará en la tarea de
decidir los premios del festival a Sean
Penn (presidente), las actrices
norteamericanas Natalie Portman, y
rumano-alemana Alexandra Maria Lara, el
italiano Sergio Castellitto, el francés
Rachid Bouchareb y el director tailandés
Apichatpong Weerasethakul.
Y ya termino. Pero debo mencionar antes
del punto final —por si el lector
todavía no se ha enterado con los miles
de artículos que se han destinado a
promocionar estos asuntos— que en Cannes
tendrá su premier mundial, fuera de
competencia, Indiana Jones y el reino
de la Calavera de Cristal, de Steven
Spielberg, con el veterano Harrison Ford,
y que también compiten los nuevos filmes
de consagrados como el norteamericano
Clint Eastwood (Changeling,
protagonizada por Angelina Jolie), los
belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne (Le
silence de Lorna), el alemán Wim
Wenders (The Palermo Shooting) y
el canadiense Atom Egoyan (Adoration),
todos ellos ampliamente reconocidos en
anteriores ediciones de este evento. Ya
veremos si en el reparto de los premios,
y de la atención de los medios, consigue
Latinoamérica la añorada visibilidad de
sus otredades. De cualquier modo, el
Cannes de este año parece un buen paso
en ese sentido. |