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Otro de los títulos sobresalientes de
Ediciones Alarcos en la Feria del Libro
de la Habana de este 2008, es, a no
dudarlo, Piedras de Agua, Cuaderno de
una actriz del Odín Teatro. La
actriz le da este título singular al
libro porque asocia el aprendizaje al
decursar de los rápidos y cascadas de un
río zigzagueante. Un texto
notable que acumula y transmite la vasta
experiencia de la actriz Julia
Varley, por largos años comprometida en
la escena contemporánea con este grupo
emblemático. Y que aquí viene a cerrar
el ciclo de textos en derredor de Barba
y el Odín que este sello editorial ha
venido asumiendo en los últimos tiempos
con una prioridad muy atinada.
Este es un libro atípico y peculiar,
primero porque está escrito con cierta
perspectiva de género, ofreciendo una
mirada femenina hacia un itinerario de
vida y trabajo a todas luces de gran
rigor y profesionalidad. Segundo, porque
no es común que los actores sean los que
construyan el relato concerniente a la
metodología y la técnica. Por una
extraña paradoja quienes viven el
proceso pocas veces lo describen. En
este sentido el texto penetra en zonas
donde la intimidad de la actriz y su
proceso se hace visible, que no eran tan
palpables a la luz del pensamiento del
director. Un discurso que casi siempre
ha permanecido bajo la superficie. En el
cual se integran viajes, training,
funciones y giras mil, el desarrollo e
investigación de la técnica en cada
etapa, un largo recorrido en que aún con
división por capítulos con diversos
temas, da la impresión de que todo se
superpone y amalgama. Porque tal vez la
experiencia del ser en vida, como dice
Eugenio Barba, transcurre en un nivel
diferente al de la teoría. Cada cosa
descrita, parece llevarnos a un tipo
particular de aprendizaje, poco común en
Occidente, pero que nos lleva a las
puertas del verdadero saber. Hacía falta
este libro, y hacía falta poder
metabolizar esta experiencia por parte
nuestra, para los teatristas de Cuba.
Nada como el viaje personal de una
actriz para explicarnos obsesiones,
anhelos, motivaciones. Y este libro no
solo lo hace sino que nos da ciertas
claves cargadas de vivencia. Entonces,
aunque la metáfora de la Varley acerca
del título es perceptible, prefiero
pensar que las rocas no son de agua. Son
rocas bien sólidas, que dejarán una
huella permanente. Pasará mucho tiempo
para que estas piedras se disuelvan.
Usted, querido lector, tal vez concuerde
con nosotros. |