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Con el tema "Raza y racismo", La
Jiribilla, revista de cultura
cubana, propone a sus lectores un
acercamiento plural, polémico y
multisemántico a una problemática poco
tratada en nuestros medios de
comunicación.
Con toda intención se unen, esta vez,
las revistas Caminos y La
Jiribilla para dar a conocer una
parte imprescindible de nuestra memoria
histórica e identidad cultural, al
tiempo que la inclusión de variados
materiales —que van desde artículos
hasta fotos, letras de canciones y
documentos inéditos— abre nuevas
oportunidades para contribuir desde el
pensamiento y la cultura a la lucha
contra las manifestaciones de racismo
aún presentes en la Cuba actual.
Ha animado también la aparición de este
dossier, el hecho de la creación
de la Comisión para Celebrar el
Centenario del Partido Independiente de
Color (PIC).
Esta publicación viene a llenar ciertos
vacíos sobre raza y racismo en Cuba. Su
propósito es contribuir a un debate
necesario, a la vez, que dar fe —desde
distintas miradas y expresiones de la
sociedad cubana— de cómo se ve, se
piensa y se siente el tema de la raza
entre nosotros.
No es extraño que aparezcan aquí desde
la letra de un rap, hasta fotos, poemas
y documentos, algunos inéditos, del
Partido Independientes de Color
aportados por el Archivo Nacional de
Cuba.
Los materiales tomados para este
dossier, originalmente publicados en
el N. 47 de la revista Caminos
del Centro Memorial Martin Luther, se
insertan a las diversas actividades que
durante todo este año tendrán lugar en
el país para recordar la impronta dejada
por el PIC y las luchas reivindicativas
de negros y mulatos en la historia y la
vida pasada y presente de la nación
cubana; negros y mulatos que, al decir,
del destacado ensayista y Premio
Nacional de Ciencias Sociales, Fernando
Martínez Heredia “componen nuestra rica
y variada identidad”.
A continuación fragmentos de las
palabras de Martínez Heredia en la
presentación de la revista que tuvo
lugar recientemente en el Centro Martin
Luther King, ubicado en el populoso
barrio de Pogolotti:
“En aquel año 2002 el Centro Memorial
Martin Luther King publicó el libro
Los independientes de color, escrito
por Serafín Portuondo Linares un negro
de Santiago de Cuba que solo llegó a
tabaquero. Su padre había sido capitán
del ejercito mambí, uno de los que se
alzaron con Guillermo Moncada, cinco
días antes del 24 de febrero, y a los 24
años era secretario general del Partido
Comunista de Cuba en Santiago. Digo todo
esto porque de él casi nada se sabe.
Veinte años después, viviendo en un
cuarto en El Cerro, este investigador
marxista fue el primero, en Cuba y en el
mundo, que se animó a preparar un texto
sobre el PIC, fundado en 1908. Tras
varios esfuerzos logró que se lo
publicarán —en aquel tiempo algo
verdaderamente difícil—, mediante las
gestiones de Rául Roa. Así aparece este
libro en 1950. Nunca más hubo una
segunda edición hasta que en 2002,
cincuenta y dos años después, la
Editorial Caminos del Centro
Memorial Martin Luther King lo sacó a la
luz. Personalmente hice muchas gestiones
para tratar de que las nuevas
generaciones lo conocieran. Creo que en
esto concurrió no solo el racismo sino
el sectarismo, el dogmatismo, la idea de
que aquel hombre no había sido fiel a
una disciplina partidista, y por eso
había escrito el libro para que se lo
publicara un hombre que no era del
"partido del proletariado", como se
decía entonces.
Pero los caminos son largos, por suerte,
y como aquella vez, ahora quiero
agradecer nuevamente al Centro Memorial
Martin Luther King que ha sabido estar
en la lucha contra todo tipo de
discriminaciones, contra cosas como el
racismo, la opresión de clases o de unos
países sobre otros.
Por suerte, hemos ido avanzando. En este
2008 se ha creado una comisión para
rememorar aquellos sucesos, una comisión
creada por el Partido Comunista de Cuba,
una ruptura tremenda frente a un mundo
de silencio, de olvido en el que no
participaron solamente las antiguas
clases dominantes, sino también el
propio sistema y también los negros y
mulatos de Cuba. Y yo que soy uno de
ellos, recuerdo cómo todo el mundo en mi
familia trataba de olvidar que hubo un
1912, como también que hubo el “año del
cuero”, en el siglo XIX. Es que la gente
de abajo siente a la esclavitud, a esta
forma de opresión, como un defecto suyo.
Frente a un Nicolás Guillén que dice
“que se avergüence el amo”, está la
realidad de la vida y es que, la mayoría
de las veces, la gente en una sociedad
considera que su desgracia se debe a un
defecto propio.
Por suerte, repito, en este año, es el
Partido Comunista el que ha dado el paso
tremendo de crear una comisión para
tratar de rescatar la memoria histórica
y, en algunos aspectos, establecerla
porque en muchos casos nunca ha
existido; pero también porque la idea de
crear la comisión no es solo la de
recuperar la memoria histórica. La
creación de dicha comisión —como expresé
en el acto de constitución en diciembre
pasado— responde a realidades,
necesidades y proyectos de la Cuba
actual. La gran crisis que atenazó al
país hace 15 años —y las medidas que
exigió su superación— han producido
notables cambios en numerosos aspectos
de la vida material y espiritual, han
afectado los comportamientos, los
valores, los modos de vida, las
motivaciones, las expectativas.
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La disgregación social ha sacado a la
luz numerosas diversidades —y en algunos
casos las ha promovido—, pero no estamos
mirando esos procesos con temor. La
diversidad social no es una debilidad de
la nación, sino una instancia muy
importante de su riqueza. No se trata de
admitirla o llegar a tolerarla, hay que
comprenderla como una fuerza con
potencialidades extraordinarias. El
camino socialista se hará fuerte y se
profundizará si es capaz de asumir esas
diversidades y vivir con ellas, de
conducirlas y aprender de ellas al mismo
tiempo, de respetar sus identidades y
atender sus demandas a la vez que les
pide contribuir a la empresa de todos y
entregar buena parte de sus virtudes y
su trabajo a la comunidad.
La cuestión racial se ha ido levantando
en estos años. Volvemos a constatar que
son negros y mulatos una parte
apreciable de los que están o quedan en
mayor desventaja, y que el racismo
muestra su vitalidad cuando se aflojan
los vínculos de solidaridad y los
valores socialistas. En la sorda pero
tremenda pugna cultural que está en
curso entre esos vínculos y las
relaciones y valores del capitalismo,
está claro dónde se situarán los que
tengan conciencia de su posición social
y del proyecto que deben defender. Hoy
una parte de los cubanos son, por sobre
todo, cubanos, como lo fueron los
independientes de color de hace casi un
siglo, pero se identifican a sí mismos
también como negros y mulatos.
Necesitamos que esas identidades y esa
conciencia marchen unidas, y sean una
fuerza de la revolución socialista y su
proyecto. Y esto, como todas las cosas
importantes, es muy difícil en su
realización práctica.
Desde inicios de este 2008 hemos venido
atendiendo diversas actividades que
tienen que ver con la creación de esta
comisión y también celebrando
conscientemente la presencia histórica y
actual de los negros y los mulatos, esa
parte importante de la rica identidad
que es Cuba. Y ahora, precisamente, sale
a la luz el número 47 de Caminos,
donde se incluyen importantes textos
sobre el tema de la raza en Cuba.
Quisiera mencionar algunos. Entre ellos
el de Walterio Carbonell, que escribió
Cómo surgió la cultura nacional,
libro de una significativa importancia
en los años 60 del siglo pasado donde
daba cuenta de los orígenes de nuestra
cultura, pero que fue prácticamente
eliminado de la circulación, y que si
tiene algún defecto es el de ser
“demasiado marxista”, sin embargo, fue
ocultado y es hoy, lamentablemente, casi
desconocido. La Biblioteca Nacional sacó
hace dos años la segunda edición. En
Caminos reproducimos el primer
capítulo de este libro capital para
entendernos como nación. Lo hicimos para
llamar la atención sobre el texto y
sobre su autor, que desgraciadamente
falleció, poco antes de que saliera la
revista de imprenta. Así que su trabajo
en las páginas de Caminos es a la
vez un homenaje.
Pero también insertamos el poema De
mi abuelo francés de Francia, de
Rogelio Martínez Furé, un texto poético
mucho más profundos de lo que parece, y
que forma parte del libro Eshu (Oriki
a mí mismo) y otras descargas,
publicado en 2007 por Letras Cubanas.
Otro de los artículos importantes es
“Los ñáñigos y los sucesos del 27 de
noviembre de 1871: Memoria histórica,
dinámicas populares y proyecto
socialista en Cuba”, de Mario Castillo,
que ya habla de las historias de las que
está hecha la Historia de Cuba, de cómo
la historia es una selección y, muchas
veces, una selección muy intencionada.
Ernesto Cardenal, el gran poeta
nicaragüense, escribió una vez un poema
acerca de la historia del que no he
olvidado nunca este verso que dice: "la
historia es la secretaria de los
libros", y en este sentido, el artículo
“pelea” contra ese carácter de
“secretaria de los libros” que suele ser
la historia.
Y fíjense cómo son las cosas de la
historia: en la tarde del día 27 de
noviembre de 1871 en la Punta fueron
asesinados ocho estudiantes de Medicina,
ocho muchachos cubanos. En sus
expedientes universitarios aparece su
certificado de pureza de sangre, un dato
imprescindible que había que hacer
constar para efectuar la matrícula. Pues
bien, ese mismo día mueren asesinados
varios abakuás que con cuchillos
atacaron las tropas de España que los
iban a fusilar.
Eso no ha sido suficientemente recordado
nunca, a pesar de que diferentes
autores, entre ellos Luis Felipe Lerroy
y otros, también, Tato Quiñones —aquí
presente—, publicaron sobre este
acontecimiento. Y esto se conocía desde
mucho antes. Gente muy culta conoce el
discurso tremendo de Manuel Sanguily en
Matanzas en el cual dice: “dónde estaba
la población de La Habana en la tarde de
ayer cuando sacaron los muchachos a
morir” (al referirse a los estudiantes
de Medicina). Todo eso es muy
emocionante; pero también pudo haber
sido muy emocionante preguntarse “dónde
estaban esos abakuás que salieron con el
cuchillo en la mano”. El autor de este
artículo nos da un material de análisis
mucho más enriquecedor ya que coloca el
asunto en un punto crucial hoy para
todos que es el de cómo transformar la
educación cubana.
Y por último, no porque con ello cierren
aquí las presentaciones de Caminos
—creo que habrá otra en los próximos
días en el Centro Cultural
Cinematográfico Fresa y Chocolate,
auspiciada por el ICAIC y el Centro
Martin Luther King, y esperamos que
hayan más en lo adelante y que otras
publicaciones cubanas se animen a hacer
estas reflexiones—, me referiré a otros
dos textos: “Desafíos de la problemática
racial en Cuba”, una entrevista con
Esteban Morales, economista e
investigador cubano a propósito de la
presentación de su libro homónimo,
publicado por la Fundación Fernando
Ortiz en 2007, y “José Martí: apuntes
sobre su antirracismo militante”, de
Leyda Oquendo, donde la autora explora
en las visiones de Martí sobre este
asunto.
Nosotros somos un país afortunado. El
más grande de los cubanos, en un tiempo
donde el racismo tenía una explicación
científica, donde los blancos eran
superiores por ciencias como el
evolucionismo, la antropología, Martí
fue antirracista.
Finalmente, perdonen que me haya
extendido tanto, pero cada vez que tengo
oportunidad de hablar de estos temas, lo
aprovecho al máximo, agradezco a todas y
todos los que esta tarde tan
hermosamente soleada nos han acompañado,
y a los amigos y amigas del barrio de
Pogolotti que tan bien lleva en su piel
y en su cultura los colores de Cuba”. |