|
En la primera década del siglo XX las
revistas, a la usanza europea,
pretendían ser "bonitas", "elegantes".
En América, y por supuesto en Cuba, las
publicaciones de este tipo repetían el
esquema; estaban dirigidas
fundamentalmente a un público integrado
por burgueses, profesionales y
burócratas acomodados, que aspiraban a
ver reflejado su modo de vida en las
páginas ilustradas de los magazines del
momento.
El 10 de mayo de 1908 irrumpe en el
ámbito publicitario de La Habana la
revista Bohemia. Su dueño, Miguel
Ángel Quevedo Pérez, inspirado en su
ópera preferida, La Boheme, de
Puccini, había nombrado aquel semanario
que pasaría inadvertido para los
lectores. Esto desanimó a su creador,
quien hasta dos años más tarde no
retomaría la empresa con un éxito
aceptable.
Para complacer el gusto de la época, la
revista tenía un formato de 10 y media
por 14 pulgadas, doce páginas y 5 mil
ejemplares por tirada. Cumplía las
funciones de portada su página de
apertura.
Como negocio editorial, Bohemia
prosperó a partir de 1914, momento en
que abandonó su viejo local de la calle
Habana, para ocupar uno propio en
Trocadero 89, 91 Y 93, en la propia
capital. La técnica impresora fue
totalmente renovada: por primera vez en
Cuba se aplicó la tricomía, lo cual
benefició a las portadas de la
publicación que, a demás, comenzó a
emplear un logotipo, el cual variaría de
lugar y forma, y aumentó a 40 las
páginas del ejemplar.
A partir de ese momento, Bohemia
se transforma constantemente. Si durante
los primeros años los anuncios tenían un
carácter eminentemente nacional (tiendas
de ropa, mueblerías, farmacias) ya en la
década del 20 aparecen los anuncios
extranjeros, en especial los
norteamericanos.
Pero si bien los cambios eran formales,
el contenido continuaba basándose en las
frivolidades que satisfacían el gusto de
la burguesía y gran parte de las capas
medias: crónica social de la capital y
ciudades de provincia y secciones para
señoras. La realidad política —cada vez
más compleja— era un tema que no
interesaba mucho a la revista, y cuando
lo abordaba lo hacia a manera de crónica
social.
En la segunda década del siglo XX la
arribazón del capital norteamericano
trajo aires de prosperidad a la
burguesía nacional: se quintuplicó la
zafra azucarera y con ello la riqueza de
algunos sectores.
Bohemia
supo reflejar bien el lado agradable de
la vida: vestir y vivir con elegancia;
así se fue imponiendo sutilmente a las
demás publicaciones y ganó aceptación.
Un fenómeno no pudo advertir Quevedo
Pérez: el auge del movimiento obrero
cuyas reivindicaciones clamaban porque
la política saltara a las páginas de las
publicaciones periódicas, Bohemia
declinó ante revistas que no sólo
asumieron esta temática con seriedad,
sino que apelaron a recursos
informativos modernos: es el caso de
Social, Chic y Carteles.
Entraría en escena luego Miguel Ángel
Quevedo de la Lastra, hijo del fundador,
un buen negociante y conocedor del
periodismo. Era el año 1928. Cuba vivía
momentos difíciles, Machado se procuraba
la reelección y a ello se oponían el
proletariado, la burguesía y hasta los
políticos tradicionales. Estalla la
revolución del 30, protestas
estudiantiles, un verdadero clima
revolucionario que da al traste con el
tirano y que se mantiene hasta 1935.
Bajo la nueva dirección, Bohemia
va adquiriendo otra tónica: como
expresara el colega Luis Sexto, comienza
a aplicar los mismos resortes que sus
rivales, y se colocó en la órbita de la
contemporaneidad (1), y acometió el
enjuiciamiento de la realidad nacional;
tomó partido, adoptó posiciones
abiertamente antimachadistas.
En Noviembre del 30 participó en una
huelga de publicaciones ante la censura
de prensa, denunció los crímenes
cometidos. En ocasiones fue clausurada y
hubo irregularidades en su salida.
Bohemia
había ganado una gran batalla: al
sumarse a los tiempos que corrían, se
proporcionó un lugar en la historia. Se
atemperó a los nuevos tiempos: se tornó
una publicación general con marcado
interés en la realidad nacional,
dirigida a un público lo más diverso
posible. Los viejos modelos europeos
fueron sustituidos por los patrones de
la moderna prensa norteamericana.
Aparecieron nuevas secciones de
entretenimiento, crucigramas, secciones
fijas para la mujer y el hogar, se
amplió el espacio humorístico, se
incluyó la crónica deportiva. En la
esfera internacional retomó artículos de
la prensa norteamericana en especial de
la revista Times: cuando daba
espacio a las plumas nacionales en este
terreno era porque los redactores se
basaban en los datos de UPI y AP Y
mantenían la misma tónica.
Sin lugar a dudas, la realidad nacional
ganó en calidad en las páginas de la
publicación. Secciones fijas como Por la
Isla, La Semana Política y opiniones de
carácter editorial así como también la
aparición del humor político fueron
parte de la clave del éxito. Sin olvidar
que el punto culminante estuvo en la
aparición el 4 de julio de 1943, de la
sección En Cuba, que con el tiempo seria
de lo más leído del periodismo cubano.
Imposible hablar de la historia de
Bohemia sin detenerse en la sección
En Cuba. Le había sido propuesta
a Quevedo de la Lastra por el periodista
Enrique de la Osa. Como buen hombre de
negocios que era Quevedo comprendió lo
que aquello reportaría a la revista y
aceptó de inmediato. En Cuba
tenía carácter anónimo y recogía lo más
notable del acontecer del país, casi
siempre de manera exclusiva; así llegó a
convertirse en un vehículo de denuncia
de la corrupción imperante en defensa de
las causas populares. Desbordó las
fronteras del país para tratar, en buena
medida, el acontecer latinoamericano y
muy especialmente la intervención
norteamericana en algunos países.
Está sección la iniciaría sólo De la
Osa; luego se le sumarían otros
redactores. Podemos afirmar que
excelentes plumas; de nuestro país
colaboraron en la sección: Carlos
Lechuga, Marta Rojas, Ángel Augier,
Fernando G. Campoamor, Jacinto Torras,
entre muchos otros; casi todos
enmascarados tras una plaza en otro
órgano de prensa, ofrecían testimonio
anónimo de trascendentales hechos.
Se trataba En Cuba de páginas cargadas
de texto, cuidadosamente preparadas,
bajo la batuta impecable de De la Osa,
quien unificaba los materiales para
darles un estilo único, ligero y
atractivo. Cada quién se despojaba de su
personalidad estilística, arriesgaba a
veces hasta el pellejo para conseguir la
información veraz, inédita, inesperada.
Fue, sin dudas, una obra colectiva.
Para ganarse el apego de los lectores,
un recurso curioso supieron encontrar
los redactores de En Cuba: la narración
de la noticia, la descripción dinámica y
el diálogo para darle frescura y
naturalidad a los hechos.
"Procurábamos atraer al público hacia el
tema que desarrollábamos. De ahí la
escenificación de cada episodio, de
sucesos políticos, económicos,
culturales... Hurgábamos en la noticia
hasta atrapar diálogos, debates,
pormenores, que le insuflaban frescura y
amenidad." (2)
A mediados de la década del 50,
Bohemia se atemperó una vez más a
los tiempos que corrían. Si bien nuevas
frivolidades ocuparon sus páginas como
la crónica roja, el altruismo y las
predicciones astrológicas, las
manifestaciones anticomunistas,
particularmente el antisovietismo,
también se hacían notar, en concordancia
con los años dé la Guerra fría.
Desde el punto de vista formal
igualmente se harían sentir los cambios
de la publicación. A no dudar, el
negocio editorial prosperó. Se adoptó un
formato de 9 por 12 pulgadas que ha
llegado a nuestros días, abrió paso a la
cuatricomía en las portadas, donde
aparecieron dibujos multicolores de
afamadas firmas, como la del pintor
Yanes, y estableció definitivamente un
logotipo que ocuparía siempre la parte
superior.
El número de páginas se elevó
gradualmente: si en 1930 tenia 80, en
1958 ya eran 162 más un suplemento de 16
a 48 páginas. La ampliación del negocio
comprendió la mudada en 1957 a un lujoso
edificio en la entonces flamante Plaza
Cívica —hoy Plaza de la Revolución—
construido expresamente para ello.
Una vez más la publicación desbordó los
marcos habituales, pero entonces en el
terreno de la circulación internacional
y llegó a leerse en ciudades como Nueva
York y Miami, en Estados Unidos, y en
Paraguay, Argentina, Costa Rica, Panamá,
Venezuela y otras naciones del
continente.
La siguiente estadística nos da muestras
de cómo en sólo seis años Bohemia
casi duplicó su tirada: (3)
Julio 1948………………………… 125 000 ejemplares
marzo 1949…………………….. 174 000
ejemplares
noviembre 1950………………. 200 000
ejemplares
agosto 1951…………………….. 221 000
ejemplares
marzo 1952………………………. 235 000 ejemplares
febrero 1953…………………….. 259 821
ejemplares
Resultaría más fácil para comprender el
fenómeno de la popularidad y el
prestigio ganados por Bohemia
durante aquellos más de 40 años, si
observamos que ya en 1958 la tirada era
de 315 mil ejemplares, lo que nos da un
promedio de acuerdo con la cantidad de
población (algo más de seis millones) de
aproximadamente un ejemplar por cada 21
habitantes. Esto si tenemos en cuenta
que entonces había en el país cerca de
un millón de analfabetos, 600 mil niños
sin escuelas y más de un millón de
semianalfabetos. (4)
Nos gustaría particularizar en este
punto del recuento histórico de la
revista algunos detalles en el aspecto
puramente formal de Bohemia.
Abordándola con el respeto que la
longevidad exige, diremos que el diseño
de esta publicaci6n se divide en tres
etapas o momentos.
Desde su aparición definitiva en 1910,
su diseño se enmarca en los cánones del
llamado art nouveau, también conocido
como arte 1900, cuyas primeras
manifestaciones se presentaron en
Europa, Holanda y Francia, a fines del
siglo XIX, y que en nuestro continente
se mantuvo vigente hasta las primeras
décadas del XX.
Sin saltos violentos —como el que luego
si ocurrió en los 80— el magazine fue
sufriendo transformaciones acordes con
las nuevas concepciones editoriales y
así recibió los aportes del llamado art
decó, etapa centelleante que se
desarrolló entre la década del 20 y la
del .. 30.
Un tercer momento que comenzó en los 40
y se adentra en nuestros días, se
caracteriza —en lo que a diseño se
refiere— por un gran dinamismo. Bajo el
influjo de la prensa norteamericana de
entonces, con los comics cubanizados y
la caricatura política, Bohemia
se puso a la moda. Es la etapa del
sensacionalismo y el amarillismo típicos
de la prensa popular no elitista. Desde
luego, tras el triunfo revolucionario
conjuntamente con el cambio de su línea
editorial, la revista se caracteriza por
la constante búsqueda de lo nuevo, en su
afán dialéctico de lo contemporáneo.
CAPITULO III. BOHEMIA 1958
Durante la mayor parte de 1958,
Bohemia se vio imposibilitada de
recoger la aguda crisis que desangraba
al país, en cuyo seno se suscitaban
fuertes debates frente a la pujanza de
un vigoroso movimiento de liberación
nacional.
La imposición de la censura no dejó
resquicio a la labor periodística para
informar y analizar, salvo en el período
del 2 de febrero al 16 de marzo, cuando
una avalancha de materiales desbordó los
dos centenares de páginas de la
publicación para cubrir los espacios de
silencio y consignar luces y sombras de
la política nacional.
De los 52 números que publicó Bohemia
en 1958, solo siete recogieron el
controvertido panorama cubano, y con un
alto contenido de denuncia social en
consonancia con los momentos cruciales
que vivía la nación, lo que motivó
nuestro interés por la etapa.
La nota característica de los trabajos
periodísticos de Bohemia durante
el período no censurado fue la presencia
de una intensa polémica e intercambio de
ideas, reflejo fiel de la norma liberal
burguesa del periodismo.
De manera acuciosa se recogen tanto la
polémica política como el rejuego
politiquero en que se debatía el país y
están presentes, desarrolladas y
argumentadas, las alternativas
─viables
o no─
que se le presentaban a la opinión
pública para el logro de una solución a
la crisis nacional.
De esto, ¿puede inferirse una
correspondencia entre la posición
editorial de imparcialidad defendida por
la revista y su contenido real?
Sin lugar a dudas, maneja de manera muy
acertada el principio de la llamada
imparcialidad.
El hecho de que en un mismo número
convivan los voceros oficiosos con
articulistas defensores de los
postulados del 26 de Julio y otros que
asumen una posición vacilante, y que de
artículos sobre politiquería
intrascendente se pase a otros de
contenido francamente revolucionario,
hace creer a primera vista que
Bohemia abre sus páginas a todas las
tenencias con iguales posibilidades, a
manera de tribuna abierta.
Sin embargo, un análisis más detallado
lleva a otras conclusiones.
A través de los siete números sin
censura de 1958 puede apreciarse una
preeminencia de los trabajos que abordan
directa o indirectamente el fenómeno del
26, así como también textos sobre la
violencia, falta de garantías y estado
de crisis reinante.
Este clima de guerra y tensiones de
extremo a extremo de la revista debe
vérsele en el contexto histórico de la
Cuba que se preparaba para unas
elecciones, que lógicamente requerían de
otros vientos. De este destaque bien
puede inferirse la posición de la
revista con respecto a las elecciones.
En último término aparecen los artículos
progubernamentales y electoristas.
A la preponderancia de los trabajos que
derivan explícita o implícitamente en la
defensa de los principios del M 26-7
viene a sumarse el empleo de sutilezas y
ardides periodísticos que le permitían a
la publicación, sin renunciar a su
ropaje burgués de imparcialidad, ofrecer
a los lectores lo que esperaban
encontrar en ella, tradicionalmente
identificada con posiciones
nacionalistas.
LA CENSURA: COMO LA NOCHE ÁRTICA
El jueves primero de agosto de 1957, el
gobierno batistiano decretaba la
suspensión de las garantías
constitucionales en medio de un clima de
desasosiego popular y crecientes
tensiones por la muerte, en Santiago de
Cuba, de Frank País.
El ministro de Gobernación, Santiago
Rey, se apresuraba dictar la Resolución
1106 que establecía la censura a tenor
de lo preceptuado en el decreto
presidencial número 2111 del primero de
agosto.
El Consejo de Ministro sancionaba el
decreto del ejecutivo y una sesión
conjunta del Congreso emitía el sí a la
medida.
Una vez más las redacciones engrosaban
su personal con los censores.
Estos eran ya conocidos en el ámbito
periodístico cubano desde 1953 cuando,
por el decreto 989 del 26 de julio, se
suspenden por noventa días las garantías
constitucionales incluido, desde luego,
el artículo 33 de la Constitución que
establecía el derecho a la libertad de
expresión.
En el período de nuestro interés fue
designado como censor de Bohemia
Rolando Meruelos Beldaraín.
Con el fin de coordinar el trabajo de
censura en el país e impartir
instrucciones se nombró a Evangelina de
las Lleras, a quien la sección En Cuba
califica como una suerte de "árbitro de
la noticia".
La justificación oficial a esta
aplicación de la mordaza a la prensa
aparece consignada en esa de la sección,
donde se recogen palabras del general
Batista:
"Habíamos considerado en otra
oportunidad la suspensión de las
garantías pero no queríamos inquietar al
país con esa medida, que aun cuando se
encamina a proteger la seguridad del
ciudadano, del hombre que trabaja, de la
mujer, del niño inocente, provoca
cierto grado de inquietud.
"Pero las cosas han tomado un camino
escabroso a pesar de nuestra cordura y
de nuestro respeto a los adversarios más
enconados. Y son ellos, con su
terrorismo atroz, con la quema de
escuelas públicas, con el atentado a la
economía de la nación, los que de verdad
crean la alarma… (5)
Como un intento de amortiguar los
efectos que para su gobierno significaba
la aplicación de la censura, el tirano
Batista promete que solo será por 45
días, en los cuales "tenemos que
devolverle la confianza y la paz al
pueblo."
Por En Cuba conocemos cómo transcurrió
esa etapa, que como veremos se
prolongaría mucho más:
"Se abrió un amargo paréntesis para el
periodismo nacional. Las planas de los
diarios se transformaron en un enorme
bostezo tipográfico. Algunas
publicaciones, partiendo de la premisa
de que la política y la pelota
constituían las dos grandes pasiones del
criollo, ensayaron levantar el interés
por las peripecias del campeonato
beisbolero. La trifulca por el conteo de
un strike se hizo cintillo (…)
"La delincuencia común ganó excepcional
categoría publicitaria. En la urgencia
de llenar el vacío dejado por los
tópicos tabúes hubo que inflar la
crónica roja, describiendo las hazañas
de cualquier ratero audaz o reseñando
hasta el mínimo detalle la riña en un
bar, la captura de un marihuanero o el
crimen de ribetes morbosos. Parejamente
la crónica social alargaba sus columnas
en una interminable sucesión de frívolos
eventos.
"La censura logró términos rígidos y
absolutos. El lápiz rojo,
implacablemente utilizado, mutilaba las
informaciones más inocuas. A veces, no
satisfechos con ceñirse al texto, los
inquisidores hacían incursiones en el
mundo subjetivo para interpretar, a su
manera, la intención de una frase o un
calificativo." (6)
Por obra y gracia de la censura de
prensa, el antes tan fustigado dictador
Trujillo se convertía en benemérito y
generalísimo, y se suscitaban otros
incidentes de igual incongruencia.
Durante la etapa de eclipse de la prensa
nacional, comprendida entre agosto del
57 y enero del 58, observamos que
Bohemia se esfuerza por ofrecer a
sus lectores una publicación
interesante, capaz de suplir en alguna
medida las carencias informativas y para
ello sus materiales se tiñen de un
subido tono sensacionalista.
Crímenes perfectos, estafas
sensacionales, robos del siglo y
trágicos destinos son epígrafes que se
suceden página tras página junto a
trabajos de un exacerbado anticomunismo,
entre ellos cuatro grandes reportajes de
un enviado especial a la Unión
Soviética.
A estos materiales se suman otros de un
incuestionable valor histórico cultural
y científico como artículos de
costumbres, sobre grandes figuras de la
humanidad o los avatares de la ciencia
contemporánea.
Es a mediados de octubre de 1957 cuando
sesiona en los Estados Unidos la
Decimotercera Asamblea General de la
Sociedad Interamericana de Prensa, donde
el tema de Cuba se convirtió en motivo
de debates y se demandó el inmediato
cese del régimen de censura en la isla,
con lo cual la prensa cubana recibió el
espaldarazo que necesitaba.
Finalmente, en la madrugada del 25 de
enero de 1958, el Consejo de Ministros
acordó el restablecimiento de las
garantías constitucionales en cinco
provincias, exceptuando la de Oriente.
Un intento tardío por imponer su amañado
proceso electoral y justificar el
continuismo batistiano.
La censura, como la noche ártica, había
durado seis meses, por esta vez.
NOTAS
(1) Sexto, Luis:
"Periodismo y Literatura ", trabajo de
diploma. Facultad de Periodismo.
Universidad de la Habana, 1988.
(2) Ibidem.
(3) Rodríguez, Pedro
Pablo: "Biografía de Bohemia",
Bohemia. Número 18, 5 de mayo, 1978, p.
7.
(4) Comité Estatal de
Estadísticas: Anuario Estadístico de
Cuba 1988, La Habana, 1988.
(5) En Cuba, en
Bohemia N. 5 del 2 de febrero de
1958 p. 20 sup.
(6) Ibidem.
Fragmentos de la tesis
de licenciatura Bohemia-1958 (sin
censura). Facultad de Periodismo.
Universidad de La Habana. 1991 |