Año VI
La Habana

10 al 16 de MAYO
de 2008

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Cuando En Cuba coqueteaba con la literatura

Leandro Estupiñán Zaldívar  • Holguín

 

Uno de los puntos que me lleva a considerar determinado reportaje periodístico como Periodismo de Investigación es su contacto con la literatura. Al respecto, los criterios varían y los niveles declinan o se eleva en dependencia del analista, logrando producir polémicas interminables. Algunos creen que el solo hecho de escribir sobre un tema cuya publicación resulta «inconveniente» a alguien es suficiente para considerar un trabajo como Periodismo de investigación. Otros, se escudan en la importancia de la forma en la que se escribe el reportaje. Así, al colarse el tema estético en la polémica se llega a lo que también es considerado lenguaje literario que, a su vez, nos dejará metidos en los charcos de aquella corriente llamada Nuevo Periodismo en Norteamérica. Una conversación sobre Periodismo de investigación será siempre para los periodistas peor que el tema de la «pelota» en una peña deportiva: explosiva. 

Según los presupuestos que priorizan la forma para llegar al Periodismo de investigación, y haciendo valer mi propia idea de lo que debe ser este, en Cuba debe uno remitirse a En Cuba para abordarlo. Claro, a la En Cuba que hicieron Enrique de la Osa y un grupo de avezados periodistas que, enfrentando enormes riesgos y tomando como punto de partida a la crónica roja, lograron criticar la situación social determinada por el estado político de la Isla. No hay que explicar demasiado el por qué la sección era anónima, aunque la mayoría de los cubanos sabían quién se encontraba detrás. Tanto, que el mismo Fidel Castro, dicen, le escribió desde la sierra Maestra a Enrique de la Osa para agradecerle por la eficacia de la sección en días en que Batista arreciaba su brutalidad.

Enrique de la Osa había nacido en 1909, en La Habana, y con 18 años era colaborador del El Diario de la Marina, órgano reaccionario de gran importancia en la época y desde donde grandes periodistas promocionaron la obra de grandes de la cultura. De la Osa también fundó y dirigió una revista nombrada Atuei. Pero, el 4 de julio de 1943 crea junto a Carlos Lechuga una sección para Bohemia que, según él mismo dijera en 1978, buscaba “exponer, diáfana y francamente, las incidencias de la vida nacional”. En su discurso, el periodismo tomaba ligeramente la forma de la literatura.

Sin embargo, era De la Osa un nadador que prefería no internarse demasiado en las aguas de la ficción, aunque no con pocas ganas disfrutara el resultado de una inmersión satisfactoria. A En Cuba le faltó un poco más de sentido revolucionario en cuanto a la forma para considerarse un ejemplo de lo que los norteamericanos dijeron haber descubierto en los años 60 y llamaron Nuevo Periodismo cuando ya aquí mismo, 30 años antes, teníamos a Pablo de la Torriente Brau haciendo añicos el lenguaje de los diarios según el entendimiento tradicional.

Aún faltándole un narrador en primera persona, diálogos y largas descripciones, el estilo de En Cuba lograba establecer una diferencia con el resto de los reportajes hechos en la Isla y es hoy antecedente para quienes gustan de escribir eso que también se llama periodismo literario. Otros de los reporteros de En Cuba, Ángel Augier, advirtió que “La novedad no era solo de contenido, sino también de forma. El estilo era original, ágil, nervioso, incisivo, envuelto en gracia e ironía de buen gusto”. La característica esencial que sí parecía conectarlo rápidamente a los presupuestos del Periodismo de investigación se halla en que el uso de una red de fuentes certeras.

Al respecto, la doctora y profesora de la Universidad de la Habana Miriam Rodríguez afirma en el prologo del libro Sangre y Pillaje, primer texto donde se recogen algunos de los reportajes de En Cuba, que Enrique de la Osa “dirigía un pequeño grupo de reporteros ubicados con toda la mala intención que el caso requería en puntos claves de la escena política cubana, quienes a su vez iban estableciendo una red  de fuentes informativas.”  Entre esos jóvenes se encuentran hoy nombres trascendentes para la historia del periodismo y la literatura como Mario García del Cueto, Benito Novás Calvo, Ángel Augier, Lisandro Otero, Marta Rojas o Juan David.

La tendencia de la sección por una especie de narrador omnisciente muy recatado estaba condicionada en parte a esa impresionante red de fuentes establecida por el equipo. Su uso permitía al lector una visión mucho más amplia de los problemas que trataba el espacio y le involucraba en una lectura amena y hasta divertida. Por ello, en pocas semanas, En Cuba catapultó al éxito a la revista Bohemia, convirtiéndola en una de las revistas más leídas del país.

Lo mejor y lo que parece haber avivado el interés de un público acostumbrado al periodismo informativo o de crónicas sociales fue su rescate del espíritu aventurero que distingue a un tipo de periodismo casi mitológico en nuestra realidad. Su método no era el de lanzar al reportero hacía la aventura, sino el de traer la aventura hasta el periodista. Los modos de de la Osa y su equipo, no radicaban tanto en la experiencia personal para convertirse en participe de lo que luego sería contado, costumbre en paradigmas del periodismo investigativo como el alemán Gunter Walrraf. Su fuerte se encontraba en la red de informantes de las que se valía para entregar cada semana un reportaje que, unidos los del mes, podían competir con un buen relato de peripecias.

Casi diez años después de instaurada, la sección mostraban ya buen dominio de la técnica y avizoraba que sus reportajes iban en busca de algo más que lo acostumbrado en las simples crónicas de espigadas señoras y señoritos acaudalados. El 24 de agosto de 1952 publicaron una con el titulo de Un hecho vandálico donde narraban la golpiza que recibiera el periodista Mario Kuchilán y el proceso que siguió, en el cual el mismo Batista desde un yate en altamar dijo en un telegrama al enterarse que ninguna de las fuerzas bajo su mando tenían nada que ver en el incidente:

“Ciertamente, Mario Kuchilán no era de los que confiaban en la protección paternal de las autoridades, pero, ¿quién puede saber si le tocará o no sufrir un desmán? En todo caso, le quedaba siempre la esperanza de ser tratado como merecía un periodista en una capital civilizada de América. No creía en el máximo de garantías invocado por el gobierno…pero se inclinaba a soñar con el mínimo.

Por eso, cuando lo visitó aquella noche un supuesto agente policial —la chapa y el carnet parecían indicarlo— no temió lo peor.

Mario —le dijo el individuo, trajeado de civil—, quiero que me acompañes un momento a la Decimocuarta Estación… El capitán quiere que prestes declaración en un problema que tenemos…

La sonrisa, los modales del visitante abrían un margen de confianza, pero el pequeño Kuchi quiso saber de qué se trataba:

      No, no lo sabemos, pero ven con nosotros para averiguarlo.”

Recurrir al uso de recursos propios de la literatura, sin decidirse por ellos, le permitía describir lugares nunca visitados o reflejar momentos de los cuales el periodista sólo podía dar fe gracias a la información obtenida por una fuente y recreada luego con su imaginación. Lo eficaz del empleo de estas técnicas le impregnaba tal autenticidad que nadie dudaba de la veracidad del texto recreado ya mediante la imaginación.

En Cuba era un medio eficaz de subversión social. Se decía en sus páginas lo que todos trataban de decir. Su intención crítica le permitió descubrir zonas poco agradables de nuestra realidad como habían hecho los famosos “rastrilladores norteamericanos. Esta intención politizante la entendieron los políticos y no dudaron en prohibirla durante meses en la década del 50, según la nota publicada en las páginas de aquellas memorables Bohemias de la libertad.

La propia revista asumió nuevamente la sección y la acercó, luego de atravesar periodos de largas épocas dedicadas a la propaganda socialista, a sus preceptos originarios. Buscaba volver a mostrar la realidad, ahora desde un punto de vista más analítico y valiéndose menos (o prescindiendo totalmente) de analogías con un relato de ficción.

El espacio ha logrado grandes reportajes al punto de que son de los pocos en practicar un periodismo cercano al llamado Periodismo de investigación como pudiera ser. Sin embargo, cuando En Cuba perdió a de la Osa dilapidó con ella el tono que la convirtiera en un espacio poderoso y de referencia en la isla para el llamado Periodismo de investigación. Tampoco los nuevos tiempos fueron muy buenos para sus propósitos fundadores y el hecho de criticar de la manera en que ella lo hacía pudo parecer un oprobio.

En la actualidad, los trabajos de esta sección se mantienen distantes de la literatura. La forma es seca, hecha de un lenguaje demasiado centrado en lo técnico y cuantitativo. Mientras ello sea así, En Cuba, la de antes, será sólo un memorable antecedente. Y el Periodismo de investigación de la Bohemia de antes, tan próximo al periodismo literario y a punto de convertirse en un ejemplo de nuevo periodismo, el pasado al cual a veces se puede acceder cuando uno se cuela en los archivos.  

 

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La Habana, Cuba. 2008.
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