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A inicios del siglo XX se incrementa la
presencia de las fotografías en los
medios impresos de Cuba. En las primeras
décadas coexisten en la Isla nuevos
periódicos y revistas ilustradas
herederos de muchos estilos españoles de
la centuria anterior. Se destacan, entre
otros, periódicos como El Mundo y
revistas como Social, Carteles
y Bohemia que en este 2008
celebra su centenario.
Salvo algunos hechos, las páginas de
estas publicaciones reflejaban, en las
dos primeras décadas del siglo XX, un
acontecer social basado en fotos de
grandes desplazamientos burgueses.
“Las fotos de las revistas estaban
―describen
Barceló y Fonte en una tesis de diploma
dedicada a la fotografía en Bohemia―
muy a tono con aquellas crónicas
sociales, dulzonas, plagadas de un
lenguaje excesivamente literario y poco
periodístico. Predominaban los retratos
―con
excelente calidad de impresión―
de señoritas casamenteras y señoras
empechugadas de alta burguesía, así como
retratos de artistas de teatro”.
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Las graves depresiones económicas en
países capitalistas de los años 20,
también tocaron a Cuba y se unieron al
tiempo hostil del gobierno de Gerardo
Machado. Una parte del periodismo cubano
fue foco de combate contra la tiranía.
Las revistas comenzaron a mostrar desde
sus páginas las inquietudes de una
generación de intelectuales que luchó
por recomenzar la revolución
independentistas de las guerras del
siglo XIX. Cada vez más, se hacen
notables las firmas de prestigiosos
cubanos como Rubén Martínez Villena,
Raúl Roa, Pablo de la Torriente Brau,
Juan Marinello, Samuel Feijoo,
Enrique de la Osa, entre otros.
Por su extensión, entre otras
características, las revistas fueron las
publicaciones que más demandaron el
consumo de fotografías. Es precisamente
en Bohemia donde por esa época
ven la luz los resortes que mueven al
fotoperiodismo moderno. Sus páginas
albergan, por ejemplo, el amplio
despliegue gráfico de Generoso Funcasta
en el trabajo Cenizas sin muerto
escrito por Juan Marinello a raíz del
asesinato del líder estudiantil Julio
Antonio Mella y el traslado de sus
restos a Cuba.
Bohemia,
con un perfil hasta entonces dedicado a
reflejar la vida de la clase nacional
burguesa; comenzó a mostrar un
periodismo más apegado al reflejo de la
realidad cubana de entonces.
La fotografía cubana que, hasta ese
momento, había tenido atisbos temerosos
hacia la inmediatez de todo lo que
acontecía en el país, “encontraba
definitivamente en la órbita de la
"fotografía viva", una senda oportuna
para desarrollarse y desarrollar el
periodismo al cual servía”, dicen
Barceló y Fonte.
En las décadas siguientes Bohemia
se convirtió en referencia para las
revistas cubanas y sus influjos
sobrepasaron el ámbito nacional. “Desde
los acontecimientos más insulsos hasta
los más importantes, desde la
insignificante y acaramelada crónica
social hasta la denuncia de
acontecimientos que convulsionaban el
país, pasando por la farándula y la
crónica roja
―a
través de una serie de fotos y del
fotomontaje se narraba el hecho
sangriento dándole visos de realidad
aparente―
Bohemia
hizo un uso de la fotografía que la
situó en un lugar preponderante dentro
del periodismo moderno y contemporáneo”.
(Barceló y Fonte)
Con motivo del triunfo revolucionario
en enero de 1959 Bohemia
editó tres números especiales.
Estas ediciones tuvieron una tirada de
un millón de ejemplares y fueron
denominados Bohemias de la Libertad.
El
11 de enero saltó el primer número con
208 páginas, el 18 del propio mes
continuaría su segunda parte y el 1ro de
febrero la tercera.
El magazín hizo un amplio
despliegue gráfico nunca antes visto en
medios nacionales. Los temas se centran
en el triunfo del pueblo y el Ejército
Rebelde; la marcha triunfal de la
caravana de la libertad por toda la
Isla; un recuento de los crímenes
cometidos por la tiranía derrocada y los
juicios públicos hechos a los esbirros
batistianos. Muchas de las fotos nunca
antes habían sido publicadas motivo de
la férrea censura establecida en Cuba
desde el golpe de Estado de Fulgencio
Batista, el 10 de marzo de 1952.
Las Bohemias de la Libertad
sirvieron de puntal a la etapa gloriosa
del fotoperiodismo cubano que sucedería
en los primeros años de la década del
60.
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