Año VI
La Habana

10 al 16 de MAYO
de 2008

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Universidad

Los primeros diez días

Enrique de la Osa

 

La actitud de los estudiantes universitarios a partir del inesperado golpe del día 10 fue de notable firmeza, aunque también de cuidadosa vigilancia. Grupos sucesivos de emisarios más o menos autorizados del gobierno depuesto fueron en busca de la FEU —cuyos megáfonos trasmitían sin cesar protestas contra el nuevo régimen—ofreciéndole o pidiéndole su concurso, no pocas veces hipotético.

Los primeros en acudir a la colina docente fueron Julio López y Conchita Castanedo, llevando una inverosímil apelación: que los alumnos se lanzaran a la calle. La FEU no tomó en consideración lo solicitado por los visitantes y prefirió dialogar directamente con el presidente Prío (Bohemia, marzo 16).

De regreso al Alma Mater, en espera de las armas, que el doctor Prío Socarrás había ordenado remitir a la Universidad y que a la postre no llegaron, los estudiantes recibieron a un segundo grupo, bastante heterogéneo por cierto. Lo integraban el representante Rolando Masferrer, sus amigos Miguel Ángel Hernández, “Chuchifeo” Cárdenas y otros y el equipo español Valentín González (a) “El Campesino”. Llegaron, desde luego, convenientemente armados.

—Venimos a defender la Constitución, la República y las libertades democráticas —comunicó enfáticamente el sublíder parlamentario auténtico a los de la FEU.

Hubo un momento de vacilación. Luego, el dirigente estudiantil, José Hidalgo ripostó:

—Bueno, si es así, la mejor forma en que ustedes pueden contribuir a preservar la autonomía universitaria es abandonando la colina, pues si permanecen aquí pronto tendremos a los tanques atacándonos.

Trabajo costó que los visitantes dejaran el lugar, más al fin se retiraron, prometiendo volver.

Luego llegó una comisión de la CTC, integrada por Irigoyen, Balbuena, Powell y Pomar. Tras breve discusión acordaron decretar un paro general para las 4:00 de la tarde, sincronizado con la protesta estudiantil. Pero a esa hora surgió una imprevista rectificación:

—Algunos líderes sindicales, con Mujal a la cabeza, están en contacto con el nuevo gobierno.

La tercera frustración vino del campo veteranista. Un grupo de mambises se presentó al centro docente ofreciendo acampar allí con tiendas de campaña, solidarizándose con los alumnos. Pasó algún tiempo y la radio informó:

—Una comisión de veteranos acudió a Columbia a entrevistarse con Batista. La encabezaba el general Enrique Loynaz del Castillo. Una reunión conjunta del Consejo Universitario y el ejecutivo de la FEU acordó suspender las actividades académicas mientras no fueran restablecidas las garantías constitucionales. Por la noche, después de impedir un intento de los estudiantes comunistas, que pretendieron apoderarse de la dirección del movimiento, la colina quedó cercada por las fuerzas del ejército, cortando el servicio de agua y de teléfono. Parecía intentarse rendir por hambre a los protestantes, pero estos no cedieron.

Fiel a su actitud prudente, el gobierno de facto alternó dichas medidas de orden público con una declaración respetando la autonomía universitaria. Seguidamente, envió al doctor Avellanal con una oferta:

—Se podría destituir al Consejo y formar un gobierno de profesores y alumnos que acometa la reforma universitaria. Además, el gobierno ofrece diez millones de pesos para construir la ciudad universitaria… que serían administrados exclusivamente por ustedes…

Los líderes estudiantiles replicaron:

—¡Haga el favor de abandonar inmediatamente la Universidad, que nosotros ni nos rendimos ni nos vendemos!

Ya la FEU había acordado solicitar la expulsión de los profesores del Alma Mater que aceptaran cargos en el gobierno de facto.

En horas de la noche del jueves se recibió la noticia de que Ernesto de la Fe, ministro de propaganda de Batista, solicitaba un cambio de impresiones con la FEU. Se aceptó a condición de que asistiera solo a la entrevista y que esta se celebrara en el primer peldaño de la escalinata.

—Quiero que sepan —dijo De la Fe— que Batista reconoce el gesto cívico de ustedes y que es la única organización a la que acepta condiciones. Sólo deseamos que no entorpezcan la paz pública y que respeten las leyes.

—No defendemos a Prío —alegó un dirigente universitario—, sino a la Constitución y las leyes que han sido violadas por el nuevo gobierno.

—Pero los amplificadores que ustedes usan mantienen al pueblo en agitación y ponen en peligro la paz pública…

—Sobre eso debe usted recordar —replicó Álvaro Barba— que a través de esos mismos amplificadores, Ernesto de la Fe, no el ministro de propaganda, sino el periodista, se ha dirigido al pueblo en otras ocasiones en demanda de sus derechos.

No hubo acuerdo posible, y el Ministro se retiró. Todavía los estudiantes rechazaron una nueva gestión conciliadora, esta vez de Carlos Bustamante, delegado político del PAU ante el Tribunal Superior Electoral.

Al mediodía del viernes se produjo una falsa retirada de la fuerza pública que cercaba la colina. La masa estudiantil aprovechó la tregua para obtener alimentos y agua y para llenar de letreros oposicionistas todas las paredes cercanas. Tiempo después, el cerco militar fue restablecido.

El sábado (los amplificadores seguían gritando la protesta) los líderes de la FEU colocaron en el Rectorado una bandera gigante sujeta con un crespón de luto. A las 6:00 de la tarde, tal como lo había solicitado el Consejo Universitario, se marchó de veras la tropa. Fue una retirada pacífica, ilustrada con mutuas exclamaciones. Los soldados, sonrientes, comentaban:

—Nos vamos contentos, porque no ha habido incidentes que lamentar.

Y los estudiantes:

—No cejaremos en la lucha contra este gobierno y en defensa de la Constitución. 

Artículo publicado en la sección En Cuba de la Revista Bohemia, marzo 23 de 1952. Tomado de la antología En Cuba, Tercer Tiempo, 1952-1954 de Enrique de la Osa, Editorial Ciencias Sociales, 2007.                  

 

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La Habana, Cuba. 2008.
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