Año VI
La Habana

5 al 11 de ABRIL
de 2008

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Entrevista con José Luis Cortés

El decálogo Cortés

Emir García Meralla • La Habana

 

José Luis Cortes, “el Tosco”, sabe que es un hombre polémico. El mismo hecho de su sola presencia en cualquier lugar, provoca enconados encuentros y desencuentros. Con él no hay términos medios, o se le quiere hasta el fanatismo más feroz o se le estigma; lo sabe y por momentos siente vergüenza. Más de una vez ha confesado que le gustaría que lo olvidaran por cinco minutos; eso no parece ser posible, desde su llegada la música cubana es otra. Estas son diez razones para mirar su vida y su música. 

¿Cuál es  la música que busca,  que sueña hacer José Luis Cortés?

Es complicado. Una vez influenciamos bastante en la música popular bailable, que ya necesita una renovación, una sustitución; todavía tengo juventud  y la mente fresca para intentar volver a influir en ese acontecimiento. Pero esa música que busco aun no la encuentro. Cuando esté lista, confío en que a la gente le guste y a mí me satisfaga.  

¿Hasta dónde eres deudor de la música cubana que te antecedió?

El que no sabe tocar son de tónica y dominante, que es el ABC de la música popular cubana, no sabe ni puede hacer lo otro, es decir, el songo, la timba y hasta el jazz latino. Yo estoy en deuda con esa música toda la vida y seguiré estando mientras viva. Si no hay abuelos no hay padres, si no hay padres no hay hijos. 

¿Entonces, cuál es tu función en esta historia?

Soy el hijo y a la vez me preparo para ser abuelo un día. 

A estos padres, ¿qué les agradeces y que les reprochas?

No hay nada que reprochar. Tú no les puedes reprochar nada a un Matamoros, a un Ñico Saquito, a un Ignacio Piñeiro. Si ellos hubieran tenido la oportunidad que tuvimos nosotros, de estudiar en una escuela, hubieran sido más grandes ellos y su música.

Les agradezco todo. No hay cosa más linda que las melodías de Corona, de Sindo Garay, que muchos sones de Ignacio Piñeiro. En aquel tiempo, hacer una Perla marina, Longina, Mercedes, o un Échale salsita, era un acto de creación supremo. Que estaban hechos con acordes naturales, perfecto, pero hay que ver la disposición de los acordes; son maravillosos. 

La gente te identifica como el hombre que hace música para bailar e ignora tu afinidad con este tipo de música. ¿Cuál es tu vínculo con la trova y el son?

He tenido la oportunidad de tocar y grabar a todos los grandes de la música, y se aprende mucho con eso… 

No hablo del músico. Hablo de la persona, del hombre.

Hace años, yo vivía en el Vedado, en la calle I y 17, y allí fueron muchas figuras de esas que hoy llamamos viejos, comprábamos una botella de Coronilla (¿te acuerdas de la Coronilla?) y nos sentábamos a conversar por horas.

Quería saber cómo era La Habana que ellos vivieron, los conflictos de la música, los chismes, me interesaba todo. Allí estuvo Chapottín, Cuní, Cotán, era un máster en sabiduría y en vivencias. Conversé mucho con José Antonio Méndez, con César Portillo, que la gente se siente incómoda a veces con su carácter, pero tengo el placer de contarlo entre mis amigos. Nos llevamos muy bien; César es un sabio. Siento un profundo respeto por todo lo que ha hecho esa gente tanto en lo musical, como en lo personal y no te cuento de su poesía, de sus textos, que a mi manera intento interpretar. 

Hablemos de los fenómenos y las contradicciones de la música en los últimos años. ¿Qué espera José Luis Cortés, y qué piensa proponer para continuar trabajando?

En los últimos diez años han pasado cosas interesantes en la música cubana, fenómenos que nadie esperaba. Lo primero que ocurre es que todo el mundo está perdido. Los músicos andan dando tumbos sonoros y creativos.

Sin ser petulante, NG la Banda fue pionera en el trabajo con el hip hop. Ahí esta "El rap de la muerta", "Te la aplicaron toda", "Échale limón", la lista es grande y sonorísima. Desde ese momento yo empecé a mezclar cosas. Creo que es válido y necesario para la música cubana, y no he parado todavía.  

¿Es esa la música que estás buscando?

Ahí voy. Ahora está todo el mundo metido en eso,  la gente no sabe para dónde va a coger, qué rumbo tomar. Están desorientados. Hay un vacío, y yo pienso, es mi criterio, que eso fue ideado por alguien; que ese vacío en la música popular es artificial, y eso te lo demuestran los conciertos. NG la Banda hizo un concierto, no hace mucho, con los Van Van y la gente coreó las canciones, bailo; eso confirma que esa música no está vieja para la gente; eso es importante para un músico, saber que su música gusta, que la gente está cerca de ella, es un estímulo.

Lo que no se avizora, ahora mismo, es el futuro, el relevo, yo estoy de acuerdo en todo con Formell en cuanto a que nada interesante está pasando. A lo mejor mañana salen muchachos nuevos y dan un palo con una cosa nueva, que mueva los cimientos de la música y a la sociedad misma.

Esa música que yo quiero hacer es complicada; no me quiero repetir, pero tampoco puedo apretar mucho la tuerca, para que no me tilden de loco. Tú sabes el trabajo que pasamos para que entendieran esa música que hacemos y al final pudimos dar el palo.

No quiero apretar la tuerca, prefiero que quede un poco floja, pero no puedo repetirme; debo tener guantes de seda. Hace diez años la gente se sabía las canciones, las repetía dondequiera, hasta el día que empezaron a secuestrarle el oído. Al bailador cubano le secuestraron el oído y eso es un crimen.

No me crees. Mira el bailador tiene una manera muy especial de comunicarse con el músico, que es en el momento de bailar, para eso tiene que estar en contacto con la música de uno; si tú cierras las puertas a un tipo de música, la que sea, acabas con el músico, con la música y con el bailador. Eso es un ciclo cerrado. De todas formas el hecho de bailar y el bailador nos trasciende.

Hubo alguien, no sé quién, que comenzó a bombardear esa música que nosotros hacemos, la que baila la gente, y salió desesperado, o salieron, a buscar con qué sustituir nuestra música. Se viraron para el rock y la gente que podía hacerlo, o que lo hacía se fue, y aunque hay excelentes roqueros en Cuba, esa no es una música cercana a la gran mayoría de los cubanos.

Después fueron atrás del reggaeton y es el desastre. Aclaro que no tengo nada en contra del reggaeton, de hecho NG en algún momento de su trabajo utilizó el reggaeton o el hip hop más puro; para ser honesto tampoco es mayoritario para el bailador cubano. 

Has sido parte de los dos proyectos más importantes y trascendentes de la música cubana de los últimos 50 años. ¿Qué te duele no haber hecho en Irakere y en los Van Van?

Soy un Van Van, que quede claro. En el caso de los Van Van, me duele que cuando le recomendé a Formell introducir metales no me hizo caso. Al final la vida le obligo a hacerlo. Hubo un tiempo en que las charangas apabullaron a los conjuntos, pero un día la fuerza de los metales fue tal que dejó fuera al formato de la charanga. Era muy macho el sonido. El último que ha logrado hacer algo interesante con una charanga es Pachi Naranjo, un músico fuera de serie.

Con Irakere, no haber tocado más para el público cubano. Irakere no paraba de viajar, pero en Cuba tocábamos dos o tres veces al año. Había un concierto obligado en Pogolotti el 24 de febrero, fuera de ahí rara vez. A diferencia de Van Van que siempre estaba en Santiago, en Matanzas, en cualquier lugar; lo lógico era tocarle a la gente y que bailaran. Quemar la liga.

Una cosa importante, y creo que fue el comienzo de muchas cosas que han pasado después en los años 90; a Irakere lo criticaban por temas como "Cimarrón" y "Atrevimiento". Nadie vio la clase de música, de instrumentación, que tenían esas canciones; eran aplastantes. Si eso pasó con Irakere, que ha sido desde los indios la mejor banda u orquesta que ha habido en Cuba, imagínate qué sería para el resto. 

¿Veinte años después qué es NG la Banda?

NG, además de ser mi sueño, está en una nueva etapa, está renovándose. Habrá quien no entienda lo que está ocurriendo, quien me critique porque no suena como antes, esa puede ser su apreciación. Seguimos sonando tan macho como el primer día, aunque haya nuevos músicos.             

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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