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Un perro llamado Dolor y otros animales asombrosos

Joel del Río • La Habana

La sala 1 del multicine Infanta, desde el 17 y hasta al 19 de marzo, ofrece parte de la obra audiovisual realizada por uno de los más importantes cantautores del habla hispana: Luis Eduardo Aute. Así, el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) se suma a la jornada de clausura del Festival Barnasants de cantautores, que se celebra anualmente en Barcelona.

Aunque se exhiben varios cortos dignos de verse (Chapuza uno, A flor de piel, El muro de las lamentaciones, Minutos después, La pupila del éxtasis), que engalanarían la filmografía de cualquier cineasta profesional, aunque tan solo fuera por su arriesgado soplo vanguardista, el protagonista indiscutible del ciclo es el largometraje de animación Un perro llamado Dolor, con guión, dirección, dibujos y música de Luis Eduardo Aute. Cuatro mil ilustraciones fueron “movidas” con tecnología digital en una obra colosal que requirió todo un lustro para llegar a la culminación, desde que se realizaron los primeros dibujos, en 1995, hasta el final: un rodaje que abarcó dos años hasta su estreno en 2001.

Un perro llamado Dolor son siete historias, o retratos, de igual número de pintores célebres, en sus complicadas relaciones afectivas con sus modelos, con el entorno y con la historia, sin olvidar a los perros que los acompañan, suerte de hilo conductor que hilvana todos los relatos, acompañados por hermosa banda sonora. Aquí se habla, con imágenes humorísticas o desgarradas, eróticas o filosóficas, sobre el arte y los artistas, algunos de los más grandes pintores que ha dado sobre todo España, es decir, Goya, Picasso, Dalí y Velázquez.

El nombre del perro del título, Dolor, corresponde al del perro de la pintora mexicana Frida Kahlo, quien ha tenido bastante suerte en el cine y aquí vuelve a ser homenajeada, junto a Diego Rivera, en el corto que le da título a todo el largometraje. Los otros episodios son Haberlas... las hay (relativo al más grande de los pintores españoles del siglo XIX, Francisco de Goya); Un espejismo inmortal, Falso (Joaquín Sorolla); Striptease o caracruz andaluz (Julio Romero de Torres y Pablo Picasso); Can-con-quinqué o la estrellada luz de Rose Sélavy (Marcel Duchamp y Pablo Picasso); Cada quien es... en Cadaqués (Salvador Dalí) y Entre bastidores (Diego Velázquez).

Producida por Story Board, compañía creada en 1990 y vinculada profesionalmente al desarrollo de nuevas tecnologías, Un perro llamado Dolor se presentó en la sección Zabaltegi del Festival de Cine de San Sebastián 2001, luego fue candidata a la mejor película de animación de los Premios Goya 2002.

Sobre Un perro llamado Dolor —ya fuera en versión cinematográfica o libresca, pues el largometraje tuvo una exitosa versión literaria, profusamente ilustrada como había de esperarse— ha dicho el escritor Ernesto Sábato: “Un perro llamado Dolor contiene momentos de una belleza intensa en los que se advierte el riesgo, pero también la grandeza de los hombres que se han entregado al arte con auténtica pasión”. Pero no solo los hombres de letras aplaudieron este intento del prestigioso cantautor, célebre por incursionar en la canción de contenido poético, social, filosófico, también los cineastas le regalaron flores al extraño animado. Dice Gonzalo Suárez que “artistas y modelos (son) captados con la intuición inocente y primitiva de nuestros lejanos ancestros y la sofisticación de un hombre de nuestro tiempo”, mientras que Arturo Ripstein asegura que “Aute es de los hombres, que contra viento y marea, hace. Y el arte es hacer”.

Aplaudido por literatos, cineastas y pintores, no faltan los músicos aficionados a tan singular obra. Ha dicho nuestro José María Vitier sobre esta película que “cada fragmento musical, autónomo y delimitado estilísticamente se mantiene fiel a su propia alegoría, pero el resultado total es el de una verdadera suite, diversa sí, pero a la vez unívoca en su pulso, acaso porque es el pulso de un director que es músico y que es además un dibujante excepcional”.

Las canciones de Luis Eduardo Aute aparecen repletas de imágenes poéticas, metafóricas, que muy bien admitirían un tratamiento cinematográfico desde el cine más imaginativo, experimental o vanguardista. Recuerdo fragmentos de canciones bellísimas como aquel que dice: “si te dijera amor mío que temo a la madrugada, no sé qué estrellas son estas que hieren como amenazan, dicen que sangra la luna, y al filo de su guadaña, presiento que tras la noche, vendrá la noche más larga”, o aquel otro bellísimo poema de desamor que se duele: “mis labios no encuentran tu beso oportuno, ni encuentra mi cuerpo en tu cuerpo refugio, tan solo pasivo abandono, distante, desnudo, que entregas como algo que no fuera tuyo, dejándote hacer en ausente actitud, qué mortal desazón es hacerte el amor cuando ya no eres tú, no quisiera saber, cuando sueles temblar, en qué brazos estás” … que parece la sinopsis de un tremendo melodrama erótico, nunca visto por mí al menos, en el cual el protagonista se queja de estar perdiendo a la persona amada, aunque no haya dejado de poseerla sexualmente.

Y hablando de erotismo y poesía, de imágenes pictóricas y metáforas visuales entrelazadas en  la obra de Aute, quién puede refutarle algo a la sensual invocación que contiene aquella canción que decía “anda, quítate el vestido, las flores y las trampas, ponte la desnuda violencia que recatas, y ven a mis brazos, dejemos los tactos, seamos un cuerpo enamorado; anda, deja que descubra los puentes de tu mapa, la concupiscencia secreta de tu alma, y ven a mis brazos, dejemos los tactos, seamos un cuerpo enamorado; anda, pídeme que viole las leyes que te encarnan, que no quede intacto ni un poro en la batalla…” En la obra de Luis Eduardo Aute se alojan, en espacios confortables y contiguos, la poesía, el cine, la música y la pintura.
 

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